El impacto emocional de The Leftovers

Estoy sorprendida: ya me ha había pasado pero no deja de sorprenderme lo difícil que es escribir sobre algo que amo con pasión si lo comparo con escribir sobre algo de lo que puedo ofrecer más racionalidad. Pero en realidad no debería sorprenderme. ¿Qué tiene de extraño que sea difícil articular un sentimiento tan intenso? Limitarlo y restringirlo a las palabras que elijo, porque utilizar el lenguaje es delimitar, y en ocasiones como estas, cuando lo que queremos describir se siente tan expansivo, cada palabra que utilizamos es reducirlo un poquito más. Dicho esto, soy fan del lenguaje, así que acepto el desafío de intentar convertir esa sustancia amorfa de sentimientos en un lenguaje digerido, con el propósito de que vos, quizás, puedas eventualmente sentir lo mismo, o tu versión de lo mismo.

En esta oportunidad les vengo a contar sobre una hermosa serie de HBO que por estos lados pasó prácticamente desapercibida. Se llama The Leftovers (lo que podría traducirse como “las sobras”), un nombre que recuerdo me causó muchísimo rechazo y me alejó de la serie hasta que un par de recomendaciones me convencieron de darle una oportunidad, cuando la serie llevaba ya dos temporadas y estaba en producción para la tercera y última. También me preocupaba que la serie fuera co-creada por Damon Lindelof, un hombre que me generó sentimientos encontrados en el mundo de la televisión, como a muchos de ustedes seguro que también: Lindelof es uno de los creadores de LOST y uno de los principales escritores de la serie, y a pesar de que es una de las primeras series televisivas que me impactó muy sinceramente, hubo muchos elementos que me provocaron extrema frustración y hasta enojo.

Además, The Leftovers tiene parecidos con LOST. Ambas series juegan con misterios aparentemente sin respuestas, pero mientras que en LOST estos misterios a menudo eran los protagonistas y la solución a los enigmas se presentaba como uno de los atractivos de la serie (lo que condujo a una de las principales frustraciones cuando muchos de estos recibieron explicaciones pobres o quedaron sin resolver), en The Leftovers esos misterios funcionan únicamente como catalizadores para los personajes, los cuales siempre tienen el foco principal. El mayor de estos misterios, que es otra manera de decir el mayor catalizador de la serie, es su premisa original: The Leftovers comienza con un mundo igual al nuestro pero en el que ocurrió una especie de apocalipsis. Sucede que de un día para el otro, sin previo aviso (aunque en el universo de la serie esto es debatible), el 2% de la población mundial desaparece instantáneamente. Y es así como lo describo, sin importar lo que estaban haciendo, ese 2% dejó de existir, al menos en este plano. Por supuesto que a esto le sigue un gran WTF.

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La serie comienza tres años después de este acontecimiento al que nombran “the Sudden Departure” (en español lo he visto por ahí como “el abandono repentino”) o “the Rapture” (el Arrebatamiento), para aquellos que lo asocian con mitología cristiana, y justamente lidia con las repercusiones de este devastador momento para la humanidad. Si bien tenemos algunas pistas sobre cómo se manejó la catástrofe a nivel global, Lindelof y Perrota (el autor del libro en el que se basa la primera temporada y co-creador de la serie) elijen mostrarnos las consecuencias que tuvo en un selecto grupo de personajes. Y es así que llegamos a la familia Garvey, encabezados por Kevin (Justin Theroux), su esposa Laurie (Amy Brenneman) y sus hijos Tommy (Chris Zylka) y Jill (Margaret Qualley). Kevin es el jefe de policía en el pequeño pueblo de Mapleton, New York, tras haber heredado el cargo luego de que su padre, Kevin Sr. (Scott Glenn) aparentemente perdiera la cabeza. Aunque Kevin fue uno de los afortunados que no perdió un miembro de su familia en la Sudden Departure, su vida fue, como la de todo el mundo, completamente afectada por el evento. Para empezar, su esposa Laurie abandonó la familia y se unió a uno de los tantos cultos que nacen a partir de la catástrofe, “the Guilty Remnant” (“los Culpables Remanentes”), una secta misteriosa de gente que se viste de blanco, no habla y fuma un cigarro tras otro, cuya misión tal cual la describen ellos es que la gente no olvide lo que pasó. Por otro lado, Tommy está a la deriva, acompañando a una de las tantas figuras salvadoras que se alzan como mitos para brindar consuelo al 98% que quedaron; en este caso, Tommy sigue a Magic Wayne, un hombre que dice poder quitarte todas tus penas con tan solo un abrazo. Y Jill, aún viviendo en la casa familiar junto a Kevin, es una adolescente con un nivel de nihilismo y apatía bastante mayor a lo normal.

Por otro lado, también en el pueblo de Mapleton, tenemos a quien considero el corazón de la serie, Nora Durst (Carrie Coon). Nora es lo que en el show se llama una triple legacy (de legado), lo que significa que perdió a tres personas en la SD, a su esposo y a sus dos hijos. Su hermano, Matt Jamison (Christopher Eccleston) es un cura que también se vio afectado por la SD, la cual fue -de modo indirecto- responsable por la parálisis total de su esposa Mary, a quien sin embargo cuida a diario con verdadero amor. Redondeando el elenco principal con el que comenzamos la serie, tenemos a Meg (Liv Tyler), una mujer que está siendo cortejada por los Guilty Remnant y a Patti Levin (Ann Dowd), quien parece ser una de las líderes del culto en el pueblo de Mapleton, aunque según ellos, no tienen líderes.

Así que, como les comenté antes, si esta serie no trata tanto de los misterios, es porque decide entregarse completamente a estos personajes (y algunos otros que aparecerán más adelante). Los misterios, las cosas extrañas que condimentan la serie por aquí y por allá (como el caso de los perros sin dueños que andan en jaurías, las figuras que dicen lograr milagros, las señales que perciben los personajes, las aventuras por el más allá reales o imaginadas y por supuesto la naturaleza de la Sudden Departure en sí misma, entre muchos otros) no dejan de ser fascinantes y tener su importancia no solo por la atmósfera intrigante y casi que espiritual que generan sino porque hacen que los personajes confronten duras verdades sobre sí mismos hasta movilizarlos a encontrar algún significado que los satisfaga.

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Porque mucho en The Leftovers trata sobre esto, personajes que se encuentran perdidos de diversas maneras, algunos por estar luchando contra una pérdida que es demasiado dura para superar, otros porque necesitan encontrar una explicación para lo que sucedió -así como sucedió esto, pudo haber sucedido cualquier otra cosa-, otros porque no pueden continuar con sus vidas sin un propósito especial y otros que, por alguna razón, no pueden explicarse porque no son felices. O quizás sea una combinación de todas estas cosas. Y, no sé ustedes, pero se me ocurren pocas cosas con las que puedo empatizar más. Esta maravillosa sensación de empatía es uno de los grandes fuertes de The Leftovers y lo que hace que la experiencia de mirarla sea tan catártica; ver a estos personajes atravesar estas emociones de forma tan cruda y real, verlos sufriendo por no poder conectar con otros plenamente, por balancearse peligrosamente entre los mitos y realidades que luchan por el control de su mente, por construirse una historia que los ayude a dormir de noche -de forma masiva con las religiones y cultos pero también de forma más personal-, en fin, verlos sufriendo de cualquier forma sintiéndome ya tan conectada con ellos, sintiendo tan desesperadamente que los entiendo y que veo su dolor, qué decirles, es imposible no llorar.

Y lloro no necesariamente porque The Leftovers logra personajes tan reales y los coloca en situaciones verdaderamente tristes y porque estos parecen personas de verdad y me dan pena, no es necesariamente que me den pena, sino que en su lucha reconozco mi propia lucha, en sus intentos por responder a esas preguntas, por superar esos obstáculos que se interponen entre ellos y algún semblante de paz y felicidad y conexión con aquellos que queremos, reconozco mi propia búsqueda, una búsqueda que quizás me lleva por paisajes diferentes, pero que en definitiva busca lo mismo y sufre decepciones similares, miedos compartidos, autoboicots y por sobre todas las cosas, incertidumbre. Y a través de ese proceso catártico de ver a estos personajes episodio a episodio, a la par que conectamos con ellos y aprendemos a quererlos, sentimos como nuestros sentimientos y vivencias del mundo real son validadas.

Es por esto, también, que la música en The Leftovers es tan importante. Las composiciones de Max Richter tienen un poder descomunal de conectarnos con nuestros sentimientos más íntimos, de volvernos más comprensivos, más humanos. No se sorprendan de que en YouTube hay un submundo de videos con escenas del cine y la televisión reeditadas con la música de la serie, y es fascinante ver cómo logran cambiar nuestra perspectiva, cómo nos mueven a ir más allá de los que vemos en la superficie, de entender al otro por la suma de experiencias y pensamientos y sentimientos que es. Max Richter no es el único que presta su maestría técnica a la serie; esta no sería nada sin sus maravillosos escritores (incluyendo a Lindelof) que se esfuerzan por brindarnos personajes complejos y multidimensionales, que no le tienen miedo ni al absurdo ni a la incertidumbre, que nos invitan a ese mundo no para frustranos sino para que nos entreguemos y podamos ver más allá de las superficies. También me gustaría destacar la labor de la directora Mimi Leder, quien dirige varios episodios con un talento innato para evocar emociones y construir imágenes inolvidables.

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Finalmente, es el elenco, las caras y cuerpos de esos seres sufrientes y hermosos y reales, que nos terminan de conectar con sus historias. De verdad creo que puede ser el pico de las carreras de varios de estos actores, y destaco tan solo a un grupo para no aburrirlos con tantos superlativos: el Kevin de Justin Theroux, un personaje masculino que se aleja muchísimo de los clichés a los que estamos acostumbrados, un hombre que quizás no sea brillante, ni un héroe ni un villano, pero que intenta tan sinceramente ser bueno y poder entregarse a sentir amor y paz con su familia, un hombre que muestra tantas vulnerabilidades pero que no puede evitar guardarse algunas porque teme que lo alejarían de todo lo que ama; la Nora de Carrie Coon, una mujer aguerrida e independiente, una mujer que se fuerza a seguir adelante tras la peor tragedia que podía haberle ocurrido, una mujer que busca por reencontrase con alguna de sus identidades perdidas, una mujer que quiere aceptar salidas fáciles pero que no se permite dejarse engañar, una mujer que no se deja pisotear, una mujer que tiene que decidir arriesgarse a amar otra vez; la Patti de Ann Dowd, lo más cercano a un villano que nos da la serie, que logra ser amenazante, fría, graciosa y, para mi sorpresa, absolutamente desgarradora; y el Matt de Christopher Eccleston, un líder religioso sin pretensiones de superioridad, un hombre que pone a sus compañeros humanos antes que a un rígido código de valores, un hombre cuyo amor no tiene límites.

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The Leftovers no es una serie fácil de ver, no se presta tanto para el binge a menos que seas una masoquista emocional como yo, pero es una de las obras artísticas que me ha hablado más sobre lo que significa ser humano y sentir las cosas que siento. La primera temporada es especialmente dura en cuanto a que los personajes están aún con las heridas bien abiertas, pero no por esto reniega del sentido del humor seco y absurdo que caracteriza a la serie. La segunda temporada es una de las obras maestras de la televisión, conjugando la intensidad emotiva de la primera con episodios más arriesgados y surreales, alimentando la parte mitológica de la serie sin dejar de concentrarse en sus personajes; y la tercera, aunque más corta y por eso quizás enfocada en un grupo todavía más selecto de los mismos personajes, le da un cierre maravilloso y altamente satisfactorio a sus historias, especialmente a nuestra historia principal, una historia de amor y aceptación.

Me parece que no hace falta convencerlos más de que The Leftovers es una de las series más hermosas que vi en mi vida, pero quizás todavía me falte convencerlos de que le den una chance. Y aquí se encuentra un poco la dificultad, porque The Leftovers, es, en realidad, difícil de recomendar; no es, a pesar de todo, una serie para cualquiera. Como cuando empezás terapia, es una serie que precisa de tu entrega completa, que confíes en su proceso. Pero si te gustan las atmósferas misteriosas cargadas de simbolismos, si sos más de las preguntas que de las respuestas y no te molesta no entender todo lo que pasa, si valorás el desarrollo de los personajes por sobre todas las cosas, si tenés un gusto por lo surreal y, por sobre todas las cosas, si te gusta llorar desconsoladamente, entonces quizás encuentres en The Leftovers lo mismo que yo: una obra poderosa, inteligente, catártica y magistral. Una obra maestra.

Veredicto: 10/10
IMDb:
 http://www.imdb.com/title/tt2699128/

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Las citas más impactantes de la temporada 3 de Bojack Horseman

Recién salida la tercera temporada de Bojack Horseman, noté que mucha gente está uniéndose a este maravilloso mundo de animales antropomorfizados y me dio muchas ganas de hacer un posteo sobre esto. Pero en vez de hacer un comentario sobre lo maravilloso del humor, los excelentes personajes multidimensionales, la belleza colorida de la animación, las espectaculares actuaciones de los protagonistas y los actores invitados y todo lo demás que amamos de Bojack, quise enfocarme sobre otro aspecto que todos admiramos: los momentos más oscuros, tristes, profundos y reveladores que aparecen a menudo en sus diálogos. Así que, sin que sea necesaria más introducción, acá les dejo algunas de estas frases que más me impactaron, ya sea porque revelaron algo sobre los personajes mismos, sobre el mundo en general o, muchas veces, sobre mí misma.

S03E01 – Cuando Bojack se desahoga con una extraña (no muy oportuna).

S03E01 – Cuando un personaje secundario le dice algo que no tiene nada que ver con su vida pero que resuena bastante.

S03E03 – Cuando Diane se harta de que otros le pregunten si está bien, si está feliz, pero está incluso más harta de preguntárselo ella misma.

S03E03 – Cuando ser egoísta y poner tu felicidad sobre todo el resto y sobre todos los demás es lo único que podés hacer para salvarte.

S03E05 – El discurso de Bojack sobre “settling”.

S03E07 – Cuando Bojack hace terapia con atención al cliente y descubre su modus operandi.

S03E07 –  Cuando NO PUEDO NI DECIR NADA PORQUE ESTA ESCENA ME HIZO MIERDA.

S03E08 – Cuando un labrador deprimido le da su visión del amor emo a Diane.

S03E09 – Cuando Princess Carolyn nos tiró un palito a todos los masoquistas autocompasivos.

S03E09 – Cuando Bojack hizo algo realmente desinteresado por Princess Carolyn.

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S03E10 – Cuando Ana pronuncia una de las mejores frases de la serie.

S03E11 – La bendita historia de salvavidas de Ana.

S03E12 – Cuando Bojack bate su propio récord de autocrítica.

Y, dicho esto, no voy a dejar afuera el mejor episodio de la temporada, porque a pesar de que este episodio no tiene casi diálogo, a veces las palabras sobran:

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Una oda de amor a Stranger Things

Gente como yo, que nos pasamos la adolescencia entera encerrados viendo películas, bueno a veces sentimos que se nos acabaron los clásicos, que ojalá nos quedara Blade Runner o Alien o The Thing o mil otras más por ver, pero no, sentimos que ya agotamos casi todo. Media hora después de comenzar Stranger Things me empecé a sentir como en esa época, sentí que estaba viendo un clásico, ya desde ese momento supe que iba a ser fantástica y no es por agrandarme, pero no estaba equivocada. Y sí, en parte se siente como un clásico porque está llenísima de referencias a otros clásicos de terror y ciencia ficción, principalmente de los 80, por otra parte la serie también se desarrolla en esta década, así que la recreación de época nos ayuda a distanciarnos de nuestro día a día y ver la serie como algo que trasciende una época, pero en definitiva, Stranger Things ya se siente como un clásico porque es una serie de la puta madre, y ahora les voy a contar algunos motivos sin spoilers que justifican mi gran declaración.

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La serie tiene varios grupos de protagonistas, pero el corazón absoluto de Stranger Things está en el grupo de niños, a quienes primero conocemos mientras están jugando una partida de Dungeons & Dragons: Will, Dustin, Mike y Lucas. Desde el vamos la química entre estos cuatro amigos es tan palpable que ni en pedo me avergüenza decirles que amaría ser parte de su grupo. Es muy difícil encontrar niños actores que no sean irritantes, y encontrar cuatro y que se lleven bien entre sí ni me imagino, lo lograron en la hermosa y clásica Stand By Me, y lo lograron para esta serie también. Los niños viven en el pequeño pueblo de Hawkins, Indiana, donde por supuesto nunca pasa nada, un contexto típico para estas historias. Terminada la partida, los niños se van cada uno a su casa y ahí es cuando Will se topa con algo extraño y finalmente desaparece. La desaparición de Will es lo que dará comienzo a las diversas aventuras con las que se toparán nuestros protagonistas, las cuales se tornan más interesantes aún cuando buscando a su amigo se topan con una niña vestida con ropas de hospital y con la cabeza rapada, a quien apodarán El. Deciden llevarla a la casa de Mike para ver qué hacer con ella, pero la niña apenas habla y descifrar quién es y qué le paso es otro de los misterios que deberán resolver. Ya había dicho que encontrar 4 buenos niños actores era casi imposible, ¿Y CINCO? Porque chicos, esta niña es una estrella. Y nuevamente reitero, la química que se va generando entre los chicos y la niña es absolutamente hermosa, tan hermosa que al traerla a mi mente para escribir esto se me llenaron los ojos de lágrimas, y sí, soy bastante llorona, pero AMERITA.

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Con todo lo geniales que son, los niños no son los únicos protagonistas. Lo interesante de la serie es que tenemos tres narrativas con tres grupos distintos de personajes avanzando en paralelo: ya hablamos de los niños, pero también hay adolescentes y adultos. Los adolescentes están representados principalmente por la hermana mayor de Mike, Nancy (¡qué nombre ochentoso, por dios!), una chica perfecta, preciosa e inteligentísima, comenzando quizás un amorío con Steven, el adolescente basicón que quizás se esté tratando de aprovechar de ella o quizás tenga unas capas más de profundidad, habrá que ver, y por otro lado tenemos al adolescente más freaky, el hermano mayor del desaparecido, Jonathan. Jonathan es el personaje que menos me convenció, es el adolescente atormentado que saca fotos y escucha The Clash, yo qué sé, no está mal pero no me motivó mucha cosa. Nancy también se verá involucrada en los misterios cuando desaparezca su amiga Barb y  sea ella la única que cree que fueron circunstancias sospechosas y no simple rebelión adolescente. Otra vez, los actores brillan, y Nancy en particular es un personaje que me pareció súper interesante.

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En tercer lugar están los adultos, representados principalmente por la única verdadera estrella de la serie: Winona Ryder, winona rydeando (es un verbo, sí) como nunca haciendo de la madre del niño desaparecido Will; y luego el Sheriff del pueblo, Hop, un tipo con un bagaje emocional importante, un policía de ciudad que se mudó a un pueblo tranquilo para meter piloto automático hasta el fin de sus días. Y en una rama más lejana aún están los hombres del laboratorio, a los que vemos más que nada en flashbacks y con los que se toparán nuestros protagonistas eventualmente.

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Me detuve bastante en dar un panorama de los personajes porque para mí el éxito de Stranger Things se debe a cómo están escritos y actuados. ¿Y saben qué es lo que más me impactó de todas sus geniales dinámicas? Esto va a sonar cursi, pero fue su amor, su desinterés en sí mismos, su coraje. Es una serie que de la forma menos empalagosa posible está llenita de amor: en particular ver a los niños y a los adolescentes tan preocupados el uno por el otro, tan despojados de sus egoísmos, me pareció súper conmovedor: vean a los chicos preocupándose y cuidando a una niña desconocida que los está poniendo en peligro, vean a Nancy olvidándose de un momento importante de su vida para concentrarse en su amiga, vean a Mike dispuesto a sacrificarse por su amigo bulleado, vean a la pequeña El haciendo lo mismo, vean a la madre desesperada por encontrar a su hijo no queriendo abusar de la única persona que la podrá ayudar a encontrarlo, en fin, hay muchísimos momentos y miles de demostraciones del cariño que se tienen los personajes, así que, ya saben, si son como yo cuenten con que va a haber lágrimas y empatía a raudales.

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Pero, bueno, al final de cuentas, esto no es un drama, es más que nada una serie de aventura, ciencia ficción y terror, aunque los géneros están tan bien integrados que trasciende de uno en particular. ¿Qué pueden esperar sobre estos elementos? El terror está, pero a los más asustadizos les diría que es muy tolerable: la serie es apta para mayores de 14 así que no hay mucha sangre, lo que sí hay es una criatura antagonista bastante desagradable, pero como en las mejores películas de terror, vemos poco de ella. Sí pueden esperar una gran cantidad de suspenso, la edición es impecable y la acción está muy bien distribuida en sus 8 episodios así que cuidado si la empiezan un día de semana porque quizás no quieran ponerla en pausa hasta terminarla. La perspectiva de los niños también trae momentos más livianos, tanto humor como una sensación de asombro y maravilla que es contagiosa. En particular fue genial y nostalgioso verlos con sus walkie-talkies y sus brújulas y hondas y bicicletas, siempre listos para todo. Y para darle el golpe final hay también una fantástica línea conspirativa, para los fans de X-Files, un gobierno mentiroso y oscuro y personajes que van descubriendo pedacitos de verdad y son desestimados como locos, hasta que, quizás, estos locos se van encontrando y compartiendo sus pedacitos de verdad y descubriendo que quizás tan locos no estaban. Inmensamente satisfactorio.

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En definitiva, dicho todo esto, admito que Stranger Things se puede resumir en una sola palabra: magia. Es una serie mágica, y ahora, de vuelta, al escribir esto se me llenan los ojos de lágrimas, y es por esto mismo, porque le habló quizás a mi niña interior, a la que moría por un aventura como esta con amigos como esos. Es una mini serie que perfectamente podría haber sido una adaptación de Spielberg de una historia de Stephen King, pero el Spielberg que te hizo ET Close Encounters, no el de A.I. La recreación de época es alucinante desde la decoración de los sets y ambientación hasta la música llena de sintetizadores y la excelente selección de canciones y el neón brillante de los créditos iniciales. Se nota que los hermanos Duffer, los genios creadores de esta hermosa serie, sienten una verdadero amor por la época y las películas que engendró, y ahora nos regalaron 8 episodios emocionantes y maravillosos, excelentemente escritos, fotografiados y dirigidos. Podrán decir que no es muy original, que es homenaje tras homenaje, o que no sorprende demasiado; es verdad que mucho de lo que pasa es bastante predecible, pero como ya he dicho en otras oportunidades, estas dos “quejas” no deberían acarrear juicios de valor negativos solo por inercia; el cine, la televisión, el arte, no se trata de innovar siempre, ni de sorprender, se trata de hacer sentir, y Stranger Things me paseó por todo mi rango de emociones. Stranger Things es de esas creaciones que te deja sonriendo y llorando a la misma vez, porque es hermosa, porque es mágica, porque te toca ahí, donde ya sabés.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4574334/

5 razones para empezar a ver Peaky Blinders

Qué lindo es cuando encuentro una serie que me gusta y que además está MUY buena. Especialmente cuando sigue “al aire”, porque así puedo vivir el suspenso de una manera más o menos alineada al ritmo de los capítulos, y ahorrarme la decepción de ver el final en cualquier tipo de búsqueda online (como me pasó con The Sopranos, por ejemplo). Si hace mucho tiempo no sentís eso, entonces te recomiendo ver Peaky Blinders, a lo mejor se convierte en tu nueva serie favorita. Acá te dejo cinco excusas para que la empieces a ver.

SU MÚSICA
La principal razón por la que la empecé a ver (además de mi amor por Cillian Murphy) fue por su selección musical, que tanto alababan ciertos sitios “respetables”. Y es que es imposible que pase desapercibida; ya en la intro nos encontramos con la espectacular “Red Right Hand” de Nick Cave and the Bad Seeds. Sí, el tono lúgubre y la criminalidad de las letras del genio de Cave le sientan perfecto a Peaky Blinders, pero es la forma en que la serie explota la canción a su favor lo que hace a esta elección simplemente maravillosa. Si bien la intro va variando de capítulo a capítulo (incluso, para los episodios más dramáticos se utiliza un cover de mi querida PJ Harvey), casi siempre podemos ver un paralelismo entre la canción y lo que vemos en esa primera escena. Sobre todo, vemos la relación ente el protagonista, Tommy Shelby, y el sujeto del que trata “Red Right Hand”.

He’s a god, he’s a man,
He’s a ghost, he’s a guru
They’re whispering his name
Through this disappearing land
But hidden in his coat
Is a red right hand

Después está la banda sonora. ¿Qué serie de hoy en día cuenta con un soundtrack compuesto por Nick Cave and the Bad Seeds, Radiohead, PJ Harvey, The White Stripes y otros destacados de la escena de rock contemporánea? Más al tratarse de un contexto de hace cien años atrás. Aparte de este original recurso (que ya en María Antonieta Sofía Coppola supo utilizar), es la relación que tiene cada canción con la escena que musicaliza lo que potencia toda la narrativa de la serie. Nada es al azar, todo está súper curado.

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SU PROTAGONISTA, CILLIAN MURPHY
Confieso que vería y volvería a ver cualquier película o serie en la que haya actuado Cillian Murphy (sí, incluso In Time), simplemente porque me encanta. Aunque empecé a ver Peaky Blinders por un motivo algo inmaduro, lo que me terminó pasando fue aún más irracional: me enamoré del personaje que creó Murphy: Tommy Shelby. El protagonista es el jefe de una mafia de Birmingham que se dedica a las apuestas de caballos. Pero Tommy no es de esos mafiosos a lo Tony Montana: él tiene cierta moral y códigos, es el jefe de familia y el sostén para una banda de gángsters irascibles. “Things I do, I do it for my family” resumiría bastante el motor de su conducta.

Lo que más fascina de Tommy es la forma en que evoluciona con las temporadas, sin caer en cambios abruptos para mostrarnos una nueva cara del personaje. En cambio, lo que podemos apreciar a lo largo de la serie son leves ajustes de sus códigos y comportamientos, producidos por el poder y las preocupaciones que va ganando. Así, se va haciendo más complejo, más humano, más interesante. Tal como nos pasaría en la vida real, a medida que lo vemos reaccionar ante distintos hechos más lo vamos conociendo, aunque también más confundidos nos deja su complejidad. Y si bien el guion es excelente, Tommy Shelby sería poca cosa sin Cillian Murphy. No podría imaginarme a este personaje sin la mirada desafiante pero semi-risueña del actor, sin el énfasis picante que le da a sus comentarios irónicos o su caminar tan cool cada vez que entra y sale de cuadro.

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SU FOTOGRAFÍA Y ARTE
Me encanta cuando las series hacen un “esfuerzo” extra y de verdad te sumergen en un ambiente que solo conocés a través del arte o libros de historia. Tal es el caso de Agatha Christie’s Poirot y su hermosa interpretación de la Inglaterra de los treinta. Pero bueno, si buscás la belleza de la arquitectura y el estilo elegante de los veinte, te advierto que no los vas a encontrar en Peaky Blinders. Lo que logra su arte es trasladaros a un contexto totalmente desconocido: el de Birmingham después de la Primera Guerra Mundial, cubierto de humo y barro. 

Todos los esfuerzos artísticos (desde el diseño de producción, la cinematografía, el estilismo, etc.) se unen para crear tomas que podríamos congelar en frames que superan la belleza de stills de cualquier megaproducción cinematográfica. Por su parte, la fotografía te aleja y te acerca, entra y sale de foco, como si fueras un habitante más de Birmingham, chusmeando y cuidándote de no ser descubierto. El arte te envuelve en una bruma de putrefacción y humedad que hacen que sientas una pesadez que quizás experimentás en un ómnibus, un día lluvioso, a las ocho de la mañana. Y no me olvido del vestuario o maquillaje, dos de los sellos de la serie. El gracioso pero original corte de pelo de los Shelby y el diseño de gorra que lucen todos ellos se convirtieron en signos representativos de la pandilla y de la serie.

Quizás no veas la elegancia de la arquitectura y la increíble moda de la época, pero esta forma de mostrarnos el contexto es la que permite que entendamos a sus personajes. Y tal como su arte, no los vemos en blanco y negro: es en grises que se maneja la serie.

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SUS PERSONAJES FEMENINOS
Cada vez más, como mujeres pero también como espectadores, estamos exigiendo más variedad de personajes femeninos. Estamos cansados de la estereotipificación de las mujeres en la pantalla, de obsesiones de guionistas y directores que se convierten en clichés (como la tan poco vigente manic pixie dream girl), o de la clásica reducción de papeles al estilo “la esposa de…”, “la madre de…”, etc. Por eso es que me alegré tanto cuando encontré una serie como Miss Fisher’s Murder Mysteries. Y a pesar de que es muy difícil escapar de ser la-algo-de-alguien, lo que logra Peaky Blinders es construir personajes femeninos que van más allá de roles.

No voy a ahondar en detalles (después de todo, esto no es una review) pero te puedo adelantar que te vas a encontrar con una espía y con una mujer que supo liderar a una pandilla. Todo eso mientras desafían al patriarcado inglés. Nice.

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Peaky Blinders

SU “PERFECTO EQUILIBRIO”
Este apartado resume la unión de distintos componentes que hacen de Peaky Blinders una serie original y entretenida. Seguro alguna vez escuchaste o dijiste: “Ay, pero no estoy para ver tanta sangre”. O también: “Me aburren los dramas ingleses”. A pesar de ser un drama, tener un poquito de sangre y ser una producción inglesa, esta serie desafía los preconceptos que tenemos de todas estas y otras tantas clasificaciones.

A modo de ejemplo, por más que esté situada en Birmingham, no describiría a Peaky Blinders como una serie bien británica al estilo Downton Abbey. Este tipo de series siempre buscan transmitir la cultura británica de la época, los valores conservadores y el prototipo del lord inglés y de la English Rose. Esto no sucede en ningún momento en Peaky Blinders. Y si bien se trata de la lucha de una pandilla por mantenerse a flote, es más la forma en que todo va entretejiéndose que la acción sangrienta lo que vemos en la pantalla. Además, en caso de ver sangre, no es nada que no hayamos visto en otras series. Por lo menos, acá las muertes son más “humanas” o realistas.

Pero PB también tiene su dosis de romance, aunque no de la manera en que estamos acostumbrados a verlo. No se nos muestran amores a primera vista o historias perfectas. Por el contrario, las historias de amor se sitúan en medio de un ambiente de tensión y criminalidad. Pero no por eso son menos románticas, ¿no?

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Si esta enumeración no te convenció de empezar a ver Peaky Blinders quizás David Bowie sí lo logre. ¿David Bowie? Sí, porque él era un GRAN fan de la serie; tal es así que pidió (sí, PIDIÓ) que incluyeran su música en la banda sonora e incluso se sacó fotos disfrazado de Tommy Shelby. Y hay más anécdotas como estas… En conclusión: David Bowie te recomendaría ver Peaky Blinders, y seguro su opinión te parece más relevante que la mía, ¿no?

Poirot, o cómo superar a tus series favoritas

El otro día tuve que hacer algo que venía evitando hace tiempo: ver el último episodio de Agatha Christie’s Poirot, la serie que me venía acompañando en tardes de relax y noches de planes cancelados desde hace más de cinco años. ¿Cinco años? Sí, porque logré lo que parece imposible en la era del Torrent y Netflix: ver un contenido de a poco. Pero bueno, todo lo bueno tiene un final (o eso dicen los dramáticos), ¿y qué hacemos o tenemos que hacer cuando terminan nuestras series favoritas?

Admito que tengo una obsesión con algunos temas. Todo lo que sea británico, tenga a detectives de protagonistas y/o esté ambientado en una época pasada va a estar en mi watchlist. Poirot es la serie que mejor ejemplifica este patrón. Centrados en Hércules Poirot, el famoso detective creado por Agatha Christe, los episodios son adaptaciones de los libros de la autora (de los que soy fan), en los que se nos presentan distintos crímenes, meros desafíos para el peculiar detective belga, quien resuelve todos sus casos con facilidad, basándose en el razonamiento deductivo. Él ya era uno de mis personajes literarios preferidos, pero la interpretación de David Suchet en esta adaptación hizo que Hércules se ganara mi corazón.

Pero el personaje principal no fue lo único que hizo de esta serie una de mis favoritas. La ambientación es increíble: la arquitectura y decoración art decó que abundan en las primeras temporadas hicieron que me arrepintiera de no estudiar arquitectura. La vibra de la década de los treinta que se transmite, así como la exhibición de la cultura británica en su máxima expresión hacían de ver Poirot una experiencia no solo entretenida, sino también estética y placentera; lo que resulta un poco irónico dado el componente criminal de la mayoría de los episodios.

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El edificio art decó en el que vive Poirot. En la serie se llama Whitehaven Mansions.

A lo mejor fue ese placer estético que me aportaban los capítulos lo que me percató que no era sabio consumirlos todos de una vez. No es común que suceda esto, pero sí me ha pasado antes con, por ejemplo, The X Files, The Wire y The Sopranos, cuyas últimas temporadas me estoy reservando para disfrutar uno de estos días. Así que no tengo que preocuparme, para mi futuro de entretenimiento me espera crimen y drama de sobra. Pero eso sí, en su versión americana (que aunque es genial, NO es lo mismo…).

Para llegar a este milagroso ritmo (¡trece temporadas, setenta episodios, en media década!) tuve que disciplinarme así como sobrellevar obstáculos imprevistos que se me presentaban. A continuación, un breve recuento de mi complicada pero linda relación con Poirot.

Todo empezó en la facultad, cuando tuve que hacer la reseña de El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie. Nunca había leído a la famosa autora, lo que me sorprende ya que el misterio siempre fue uno de mis géneros favoritos. Me encantó la sensación que me transmitía, la descripción que hacía de los personajes y los lugares, todo muy británico (mi debilidad). Después de leerlo, empecé a devorarme cada uno de sus libros que se topara en mi camino. En fin, volviendo al tema, un día estaba haciendo zapping (¡wow, los tiempos del zapping!) y me encontré con un episodio que estaba comenzando de Poirot en Film&Arts. Fue en ese momento cuando de verdad se destapó mi obsesión poirotesca.

Cuando me avivé y busqué la serie en Internet, me encontré con que Cuevana la tenía en su lista. ¡Qué emoción! Sí, pero poco me duraba la emoción con la lentitud de mi conexión. La solución que tenía a mi alcance era dejar cargando el episodio durante un tiempo para después poder verlo entero, sin interrupciones. Por temas de paciencia, esto me impedía ver más de un capítulo a la vez.

Pero llegó un mes en que Poirot dejó de estar disponible en Cuevana. ¡No! Lo bueno es que enseguida aprendí cómo funcionan los Torrents (suerte que estoy escribiendo esto desde Uruguay) y logré bajarme hasta la novena temporada. Estos capítulos fueron mis acompañantes perfectos para las tardes de fin de semana, cuando podía desenchufarme de verdad, y terminé asociando a la serie con esos momentos de placer y relax. Naturalmente, esos días no eran muchos, por lo que la iba viendo a un ritmo lento.

Un tiempo después (no recuerdo cuánto, pero más de un año), se me rompió el disco duro en el que tenía guardados todos los gigabytes poirotescos. ¡Noo! Para peor, fui a buscar el Torrent y no estaba más, ni cualquier otro aceptable disponible. Mientras asimilaba esta decepción, decidí retomar la lectura y completar de a poco mi biblioteca de Agatha Christie. Fue una experiencia distinta pero muy positiva, al exigirle un poco más a mi imaginación. A medida que pasaba las hojas me iba imaginando cada vez más los escenarios como si estuviera viendo uno de los episodios, y a David Suchet pronunciando las palabras de Poirot.

Finalmente, llegó el momento en que “descubrí” Netflix. No estaba Poirot en el repertorio, pero cuando navegué con el VPN de Estados Unidos me llevé de las mejores sorpresas (en temas no muy trascendentales de la vida): ¡estaba Poirot! Esto fue hace poco más de un año, y todavía me quedaban aproximadamente cinco temporadas para ver. ¿Cómo hice para dosificar los capítulos con el peligro de caer en una fuerte adicción y ya con un leve síndrome de abstinencia que venía arrastrando hace tiempo? Engancharme con otras series similares, por supuesto. Gracias a Netflix y su modo “Porque viste Agatha Christie’s Poirot”, conocí y miré distintas series que se encontraban en mi umbral previamente mencionado: desde la popular Sherlock a la más desconocida Rosemary&Thyme, pasando por la de culto Luther a la más liviana Elementary. ¡Y cómo olvidarme de la joya feminista de Miss Fisher’s Murder Mysteries! Seguro estoy omitiendo alguna, y otras ni menciono porque fueron una GRAN decepción (sí, te espera un post aparte, Jo) pero lo importante es que pude seguir conociendo y encariñándome con detectives sin privarme de mi querido Poirot.

third0Y bueno, acá estoy. Hice de todo para evitar este momento. Voy a extrañar a Hércules, a su presencia tranquilizadora, al impresionante edificio en el que vivía y otras increíbles construcciones art déco, a sus hermosos viajes por la campiña inglesa y a los violines de la intro. Lo bueno es que son muchísimos episodios, cada uno de ellos con tremendo valor en contenido y forma, así que la serie nunca va a dejar de darme ese relax e inspiración estética que tanto busco en el día a día.

Al finalizar el último capítulo, ya con la tristeza que venía anticipando desde antes, decidí hacer click en lo primero que me recomendó Netflix: Midsomer Murders, que parecía poder reemplazar mis principales necesidades de entretenimiento: serie/inglesa/de detectives. Ahora me enfrento a una potencial adicción con este nuevo contenido, si bien no es de la misma “calidad” que Poirot. Será que el tema no pasa por superar una serie, sino en el estar siempre enganchado con una, la sensación de poder depender de esa solitaria pero placentera compañía.

Fargo – Temporada 2 (2015)

Si sos como yo, estás cada vez más fascinado con la calidad de la programación que nos ofrece esta época que muy acertadamente fue bautizada “La era de oro de la televisión”. Es fácil reconocer sus comienzos en uno de los canales que empujó los límites de lo que se podía hacer en la pantalla chica: HBO y su serie estrella Los Sopranos. Pero como toda corriente propiamente dicha, esto fue simplemente el comienzo de una época que todavía se encuentra en pleno auge; productores, directores, escritores, actores y demás artistas vieron el potencial no explotado que tenía la tv y comenzaron a desarrollar obras que rivalizan con las del cine y otras formas de arte más respetadas; tanto es así que ya nadie se consideraría desprestigiado si, por ejemplo, pasara de ser un actor de cine a trabajar en la tv, porque la tv ahora es un lugar donde pasan cosas buenas.

Una de estas es, sin lugar a dudas, la serie de antología Fargo. Cabe comenzar con dos comentarios: ¿qué es una serie de antología? Son aquellas series que no tienen continuidad de temporada a temporada, sino que presentan una historia serializada en capítulos pero cuya historia culmina en el período que dura una misma temporada (otros ejemplos son American Horror Story True Detective). Lo segundo es que Fargo es también el nombre de una película de 1996 de los hermanos Coen. ¿Tienen relación? Sí, y no. Lo fantástico de la serie es que lo que preservan de la película es más a nivel de estilo, estética, atmósfera y humor, y no necesariamente a nivel de trama. Admito que la primera temporada de Fargo tiene alguna otra cosa más que se relaciona con la película (sin dejar de ser nunca una obra que funciona perfectamente al margen de esta), pero esta vez nos concentraremos en la segunda temporada que finalizó hace poco, por supuesto sin entrar en territorio de spoilers.

FARGO -- Pictured: (L-R) Ted Danson as Hank Larsson, Patrick Wilson as Lou Solverson. CR: Chris Large/FX

Los primeros episodios nos presentan a los diversos personajes y nos ubican a finales de la década de los 70 en una zona que abarca los pueblos de Luverne, Minnesota, Fargo, Dakota del Norte y Sioux Falls en Dakota del Sur. En Fargo conocemos a la familia Gerhardt, una familia de mafiosos que domina el área y consiste del patriarca con su esposa y sus tres hijos varones (algunos también con hijos propios). Descendientes de alemanes y fieles a la institución de familia como vehículo para realizar sus actividades criminales, los Gerhardts serán una de las principales fuentes de la violencia que se dará en la serie. Floyd (una fenomenal Jean Smart) tendrá dificultades para controlar a sus impulsivos hijos, en particular al hijo mayor, Dodd, un tipo machista y brutal ayudado por su leal soldado indio Hanzee, y esto traerá consecuencias fatales para todos.

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Por otro lado tenemos a los Blumquists, que consisten de la pareja de Ed (Jesse Plemons, también como conocido como el Todd de Breaking Bad, pero tan fantásticamente maravilloso que si no fuera por su look casi albino, sería irreconocible como personaje) y Peggy (una Kirsten Dunst más gordita en lo que es mi papel favorito que haya hecho hasta el momento). Ed es un ayudante de carnicero y Peggy trabaja en una peluquería. Ed es un tipo sencillo, bueno, familiero y trabajador; Peggy es… muchas cosas, el arco de su personaje es una de las cosas más interesantes que tiene la serie, pero bastará decir con que al comienzo es una mujer fantasiosa, excéntrica (más en el sentido de loca que en el de bizarra) y, podría decirse, determinada. Tiene la mala fortuna de estar en el lugar y momento equivocados, como era necesario que sucediera, y su vida tranquila se ve indefectiblemente interconectada con la de los Gerhardts, que tras un accidente buscarán venganza contra ella. Ya el contraste entre las vidas y las personalidades de los Gerhardts y los Blumquists, que de repente se ven enfrentados, es en sí mismo algo fascinante de ver. Pero además, el guión se desarrolla con tanta inteligencia que los eventos que se suceden son a la vez impredecibles e inevitables, logrando así, a mi entender, un suspenso de la más alta calidad.

FARGO -- Pictured: (l-r) Kirsten Dunst as Peggy Blumquist, Jesse Plemons as Ed Blumquist. CR: Chris Large/FX

Pero esto no es todo, ¿dónde tenemos a nuestros buenos oficiales de la ley ahora? La temporada 2 de Fargo nos presenta a dos excelentes personajes: Lou Solverson, a quien recordarán de la temporada 1 como el padre de Molly, y el sheriff Hank Larson (el encantador Ted Danson), quien a su vez es suegro de Lou. Lou, interpretado por Patrick Wilson con adorable solemnidad, recién vuelto de Vietnam, se ve enfrentado a una nueva guerra territorial y a un nivel de violencia que jamás se hubiera imaginado en su pequeño pueblo. Porque además del enfrentamiento entre los ya mencionados, tenemos otra guerra contra otra mafia de la ciudad de Kansas, que busca expandir su territorio. Como verán, la trama es súper intrincada, pero la escritura es tan buena que ninguna parte es descuidada, y todo funciona en tantos niveles que muchas veces adquiere dimensiones novelescas. Sobre lo que veníamos hablando, por ejemplo, cabe resaltar el interesantísimo contraste entre la familia mafiosa de los Gerhardts y el “sindicato” de Kansas, que abandona el arcaico sistema familiar y pasa a tener una organización corporativa. De esta parte de la historia, además, se desprende uno de los personajes más interesantes de la serie: Mike Milligan (un fascinante Bokeem Woodbine de cuya voz me enamoré por completo), un tipo en extremo carismático, un personaje muy Coen, instantáneamente icónico, con un repertorio de citas inagotable y un sentido del estilo impresionante. Mike es el encargado de acabar con los Gerhardts y consolidar la expansión del sindicato en Fargo, pero claro, cuando aparece en escena se encuentra con que hay varias complicaciones por la vuelta.

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Por supuesto que todo lo que vengo contando apenas roza la superficie y lo meramente anecdótico no es ni una décima parte de las cosas maravillosas que Fargo tiene para ofrecer. Para empezar, es muy graciosa; claro, tiene ese sentido del humor bien Coen y muy negro que no es para todos, pero para los que sí lo disfrutan, es un placer. La fotografía es hermosa, las imágenes que se alternan en la pantalla son maravillosas, tanto por la calidad de la dirección de arte (y la genial recreación de época), como por la belleza natural de los paisajes blancos o lo poético de las numerosas escenas de violencia. El recurso de la pantalla partida no me convencía mucho al principio, pero logré acostumbrarme y hasta apreciarlo. Hay algo en la combinación de estos elementos, o quizás en otra cosa que no alcanzo a nombrar, que hace de Fargo algo tan especial. Es prender la tele y ver apenas 5 segundos de cualquier episodio para reconocerla al instante; tiene una atmósfera tan particular, una identidad tan única e irreemplazable. Está en la forma en que hablan sus personajes, en su sabiduría folclórica, en sus momentos absurdos, en su violencia inesperada, en sus chistes que nos hacen sentir incómodos e inapropiados, en la fuerza de sus personajes, en la intensidad de su narración.

Se me ocurren muchas cosas para describir cómo se siente la temporada 2 de Fargo en su totalidad, por momentos alcanza los niveles de una tragedia shakespeariana, no solo por la cantidad de muertes sino por el carácter fatídico de los arcos dramáticos de nuestros protagonistas. Por otro lado podemos distanciarnos de los personajes y apreciarlos como símbolos y metáforas, del sueño americano, de los valores tradicionales, del advenimiento de una nueva era del capitalismo. O quizás debamos resignarnos a una filosofía del absurdo -hay un personaje notoriamente obsesionado con Camus- y evitar encontrar significados donde no los hay. Pero el hecho de que siquiera podamos conjurar cualquiera de estas cosas sin demasiado esfuerzo habla de lo magistral de la serie. Sobre mí debo admitir que soy bastante sentimental y el componente emocional es fundamental para que disfrute cualquier obra plenamente; Fargo, como los paisajes nevados en donde se lleva acabo, es una serie fría, pero lo que en la temporada 1 fue una de las pocas cosas que me impidió enamorarme por completo, en esta, la frialdad adquiere una dimensión más estoica que desapegada, más melancólica, quizás hasta más filosófica y reflexiva, y quizás por eso logró conquistarme del todo.

Veredicto: 10/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2802850/

Jessica Jones – Temporada 1 (2015)

La primera vez que escuché hablar de Jessica Jones fue en conexión con la otra reciente serie de superhéroes, Daredevil. No es solo que ambas estén ambientadas en la misma ciudad (New York, como tantas otras producciones de este estilo) sino que además son contemporáneas,  y como ha sido la tendencia recientemente, Marvel hará que interactúen la una con la otra. Para entonces yo ya había visto la temporada 1 de Daredevil, y si bien me pareció decente, hubo varias cosas que no me terminaron de convencer: la química entre los protagonistas la encontré chata, la calidad de la producción inconsistente, pero por sobre todas las cosas, jamás logró conectar conmigo a un nivel emocional. Esto último es lo que yo -por cierto, esta “yo” no es ni una aficionada ni mucho menos una experta del rubro-  disfruto de las historias de superhéroes, un fuerte vínculo emocional con el héroe y sus circunstancias. Al menos en dos de estas tres cosas encontré a Jessica Jones ampliamente superior.

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Jessica Jones es una exsuperhéroe que ahora trabaja de detective privado. Su súper poder es la súper fuerza y su escudo es su sarcasmo. Es malhumorada, alcohólica, desprolija, antisocial y cuando la conocemos, víctima de un cruel síndrome de estrés post traumático. ¿Cuál fue la situación traumática que se lo provocó? Bueno, aquí entraría el súper villano de nuestra historia: Kilgrave. Por supuesto que no voy a entrar en detalles sobre ningún aspecto que lleve a territorio de spoiler, pero me gustaría destacar que la forma en que se presenta al villano en la serie es magistral. No lo vemos sino luego de varios episodios, pero su presencia se siente en cada fotograma, no solo a través de los episodios de flashbacks y paranoia de Jessica, sino que su poder es tal que se extiende más allá de su mera presencia física. Y es que Kilgrave tiene el poder de manipular tu voluntad, logrando que acates cualquier orden que te dé sin siquiera dudarlo: ya sea “dame tu celular” o “desaparecé de la faz de la tierra” (sí, literalmente, porque las metáforas se pierden al momento de acatar sus órdenes). La serie comienza luego de que Jessica pudiera liberarse de las garras de Kilgrave, tras unos meses de estar bajo su control y su completa voluntad, perdiendo por completo su libre albedrío. Pero Kilgrave reaparece en su vida y Jessica deberá decidir si quiere seguir corriendo o enfrentarlo de una vez por todas.

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Ya había mencionado que Jessica (interpretada por Krysen Ritter muy adecuadamente) es bastante antisocial, pero esto no quita que tenga en la vuelta un grupo de personajes secundarios muy sólido. La principal es su hermana de alma Trish (una extremadamente popular ex actriz infantil que ahora tiene un exitoso programa de radio), una mujer independiente, fuerte, inteligente, sensible y que tiene un amor muy sincero y activo por Jessica. Este es uno de los ejemplos más claros del éxito de Jessica Jones en pasar el test de Bedchel (que mencionamos cuando hablamos de Mr. Robot). Pero además de Trish, está Luke Cage (otra persona “especial”, como le dicen ellos) que tendrá su propia serie en el 2016. La relación de Jessica con Luke es compleja y se va desarrollando de una manera muy interesante. Por otro lado están Malcolm, el vecino dulce pero drogadicto de Jessica, Jeri Hogarth, la abogada de primer nivel a la que Jessica le hace algún trabajito sucio (Carrie-Ann Moss curtiendo el look Claire de House of Cards pero más oscuro) y Will Simpson (un policía víctima de los poderes de Kilgrave), todos los cuales tienen historias secundarias que están generalmente -pero admito que no siempre- bien desarrolladas.

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Por ahora me referí más que nada a nivel de trama, pero Jessica también tiene mucho estilo. Siguiendo la tendencia moderna de hacer estas historias lo más realistas y crudas posibles, los poderes son una herramienta secundaria a las historias reales que se desarrollan frente a nuestros ojos. En esto es similar a Daredevil, pero la creadora Melissa Rosenberg (que me SHOCKEÓ descubrir que es la mujer que escribió los guiones de Twilight) decidió ir por algo más film-noiresco, y al menos yo apruebo muchísimo esta decisión. Esto se refleja en la fotografía y en la banda sonora, que va y viene de un jazz muy sutil, pero también en el humor sarcástico y pesimismo general de Jessica, elementos claves de toda buena anti-heroína film noir. No hay tanta acción como en Daredevil, aquí se trata más de meterse entre callejones, manipular, planear y tirar los planes a la mierda, pero siempre la batalla es más a nivel psicológico que físico, a pesar de que el súper poder de Jessica sea justamente la fuerza. Esto puede no gustar a muchos, pero puede ser lo que atrape a otros varios, incluida yo. A mí dame la batalla de las voluntades, la eterna discusión de culpabilidad y responsabilidad cuando estás bajo el control de Kilgrave, los inagotables dilemas morales de sopesar y medir el peor o mejor de los males. Al tomar esto como campo de batalla, los escritores pudieron lidiar con temas fascinantes y de alto interés feminista como lo son el consentimiento, el abuso (tanto físico como psicológico) y el aborto. De esta manera Jessica Jones logra un rico contenido social que otras series de superhéroes jamás tocan, por estar, quizás, más preocupadas con problemas de “mayor” amplitud.

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Es que otra diferencia que tiene con Daredevil es el alcance, comparemos a Kingpin (el súper villano de DD) con sus planes que involucran a toda un área de la ciudad, con Kilgrave, quien no parece tener un gran plan, sino que vive para torturar a Jessica, causando múltiples estragos a nivel más personal en su camino. Algo refrescante de Jessica Jones es que su pesimismo, trauma y pasado de abuso no sirven únicamente para decorar el personaje y apuntar a un humor más negro, tampoco para darle una faceta extra y forzar profundidad a través de clichés de personalidad; en el caso de Jessica, estos elementos son absolutamente parte de quien es, visibles en todo momento, y, lo que parece triste pero real a la vez, elementos que la afectaron de forma permanente. No es como si ella los batallara para luego convertirse en la superheroína que todos quieren ver, son elementos que Jessica ya aceptó y que convivirán con ella por siempre.

En resumen, hay un MONTÓN que amar de esta serie. Es una de las historias más personales y emocionantes con las que me he topado en el mundo de Marvel y eligieron ir con Netflix porque es perfecta para mirarla toda de una, está muy bien serializada y cada capítulo te deja sediento por más. No solo esto sino que hay un gran nivel de impredictibilidad y a cada rato te deja diciendo “ta, las cosas no pueden seguir empeorando” pero te desafía hasta el final. Tiene personajes muy fuertes y bien desarrollados y uno de los villanos más atemorizantes de todos los tiempos, interpretado por David Tennant (un ex Doctor Who) tan brillantemente que si lo veo por la calle le pego una piña: un ser misógino, arrogante, con gustos pseudo-refinados y con la madurez de un niño, pero bueno, qué se puede esperar de un hombre al que jamás se le negó nada, literalmente. Por ahora no sé qué futuro le depara a Jessica Jones, pero si nos quedáramos únicamente con esta temporada, igual sería una de las series más satisfactorias que vi en los últimos tiempos.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2357547/