Blade Runner 2049 (2017)

Cuando voy a ver una película, me gusta hacerlo con la mente abierta; pero en la mayoría de los casos, es imposible escapar de los pre-conceptos y prejuicios que se generan de forma automática antes de verla. Cuanto menos sabés de la película, por supuesto, es más fácil rehuirles, pero debo decir que esto no me pasa casi nunca así que el desafío -y pasa en el cine, pasa en la vida, pasa en TNT- es no permitir que estos prejuicios nublen nuestro juicio final. Con Blade Runner 2049 manejaba altas expectativas por dos motivos principales: 1. la película original del 82 dirigida por Ridley Scott es una de mis favoritas y 2. el director de esta secuela, Denis Villeneuve, ha tenido una carrera bastante estelar hasta la fecha y estuvo a cargo de mi película favorita del 2016: ArrivalTodo esto sin mencionar que el trailer me polenteó hasta niveles descomunales, convenciéndome de que difícil que alguien supere el trabajo de Roger Deakins a nivel de fotografía: sí, exagerado, ¿pero acaso vieron el trailer? O SEA.

Entonces, ¿cuál es el veredicto? Blade Runner 2049 es una muy buena película pero por ahora no va a destronar a ninguna de mis favoritas de mis listas. Empecemos con una breve reseña de la anécdota: esta vez volvemos a seguir a un blade runner (una especie de policía que se encarga de rastrear y matar replicants -seres creados artificialmente que apenas se distinguen de los humanos biológicos-) llamado K (Ryan Gosling), quien es asignado a un caso que va ganando complejidad a medida que avanza la película, hasta llevarlo a desentrañar una red de secretos que involucran al blade runner de la película original, Deckard (Harrison Ford). Esta búsqueda hará que K recorra un montón de tierras nuevas de la California futurista, expandiendo así el mundo creado por la original, sumándole a las oscuras callejuelas de Los Angeles iluminadas por neón, otras ciudades abandonadas o en ruinas y bañadas por una luz amarilla que te deja sin aliento. Esta expansión del mundo juega un poco a favor y otro en contra, porque si bien la distingue de la original y nos regala imágenes verdaderamente avasallantes, arruina un poco la atmósfera claustrofóbica y pestilente que tenía la original.

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Pero Deakins retrata todos estos territorios de una forma tan hermosa e impactante que es difícil quejarse, no debe haber escena en la película en la que no podríamos pausar, imprimir y encuadrar, gracias al sentido estético de este genio y al equipo detrás del arte de la película. Sin duda que este es uno de los puntos más altos del filme. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de la banda sonora, un elemento inolvidable de la original (compuesto por Vangelis), pero que aquí no logra destacarse y hasta desaparece por trechos largos de la película. Esta nueva banda sonora fue compuesta por la dupla de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, pero originalmente iba a estar a cargo de Johan Johansson, el usual colaborador de Villeneuve, y me quedé con tremendas ganas de saber qué habría hecho él con el material.

Así que dijimos que a nivel visual tenemos una película que expande el universo de la original; esto mismo sucede a nivel de guión. Se nota el respeto que tiene el director por la original, pero a su vez no teme tomar ciertos de los temas de la película de Scott (quien, dicho sea de paso, es el productor de esta nueva entrega) y aportarles nuevos significados. Se toma su tiempito para hacerlo, con 2 horas y 40 minutos de duración, la película tiene bastantes más diálogos que su predecesora, y en algunos casos esto funciona de maravilla, como el aspecto de la historia de amor de K con otro ser artificial (una maravillosa Ana de Armas) muy a lo Her, que resulta a la vez fascinante y conmovedor, pero en otros genera unas trabas en el ritmo de la película, afectando su dinamismo, como el caso de las escenas de Jared Leto quien se dedica a monologar incesantemente escupiendo algunas de las ideas de la película ya masticadas para nuestra comodidad. Cabe hacer una mención especial a la antagonista de K, otra replicant interpretada con magistral frialdad por Sylvia Hoeks (mi MVP del elenco) y a la jefa de nuestro blade runner, otra mujer bien dotada para la calculada frialdad, la inigualable Robin Wright.

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Como hizo con Arrival, Villeneuve logra una combinación maravillosa de temáticas que se complementan las unas con las otras y que tienen algo para interesarnos a todos, pero en el centro del filme, hay un motivador principal que me pareció de una universalidad tremenda. K, como todos nosotros, busca ser alguien y ese alguien no puede ser alguien del montón, K busca un propósito y un significado para su vida; dicho sencillamente, K busca y desea ser especial, ser el héroe de la película, ser el elegido, el Frodo, el Harry Potter, el Anakin, el Neo (claro que esto es un tropo hecho y derecho), algo que, quizás en menor escala, muchos de nosotros hemos sentido, que somos diferentes, que somos Alguien con mayúscula. Queda descubrir si K es este ser a menudo profético o si deberá enfrentarse con la realidad que vivimos cuando maduramos, si es que llegamos a ese punto, y nos damos cuenta que somos tan solo una parte de la historia, pero que esto no significa que no tenemos algo que contribuir.

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En definitiva, Blade Runner 2049 es una película ambiciosa y otra gran obra de quien se está convirtiendo en uno de mis directores favoritos. Por momentos esta ambición la lleva por el mal camino, alargando la película innecesariamente, entorpeciendo su ritmo un poco y expandiendo el universo del filme de Scott con osadía, maravillándonos con estas nuevas imágenes pero también haciéndonos añorar el microcosmos de la precursora del que tanto dependía su carácter hipnótico. Sus ideas son elevadas aunque no todas son exploradas satisfactoriamente y aunque por aquí y por allá hay ciertos momentos de verdadera emoción, resulta un poco demasiado fría y calculada, casi que hasta muy prolija para ser la heredera de Blade Runner. Pero es una película fascinante que me atrevo a decir solo ganará puntos con cada nueva visita y si tienen la chance de verla en la gran pantalla, no lo duden ni un segundo, porque si hay algo que sí está a nivel de obra maestra, es la fotografía de Roger Deakins.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1856101/

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The Big Short (2015)

Todos estuvimos presentes cuando en el 2008 se desató la crisis financiera que afectó al mundo entero, pero pocos entendimos realmente qué era lo que había pasado. A nivel popular, se sabía que era consecuencia de la burbuja económica del mercado inmobiliario, pero no mucho más. Tratando de buscar el sentido detrás del desastre (o siendo oportunistas), en los últimos años se estrenaron varias películas centradas en Wall Street. Además del contexto, todas tienen en común el reflejar los peligros y consecuencias de la especulación, ya sea a nivel micro (cómo afecta a la vida de un ciudadano) como macro (cómo repercute en economías internacionales). Ejemplos son Margin Call y The Wolf of Wall Street que, a pesar de ser muy diferentes en trama y género, nos muestran la turbiedad que rodea al mercado bursátil neoyorquino. Las dos nos entretuvieron, pero ninguna nos enseñó lo que aprendimos con la nominada al Oscar a Mejor Película, The Big Short.

A primera vista, The Big Short (La gran apuesta en español) se destaca por su casting. En la receta tenemos la intensidad de Christian Bale, la comedia de Steve Carell, la provocación de Ryan Gosling y la sabiduría de Brad Pitt (uno de los productores de la película). Todos ellos explotan estas cualidades que los caracterizan pero también logran sorprendernos con personajes que se mueven en los grises, un logro del guion también ya que en esta historia todos podrían ser vistos como villanos. Otro dato que llama la atención es que está dirigida por Adam McKay (nominado al Oscar a Mejor Director por esta película), escritor y director de comedias como Anchorman: The Legend of Ron Burgundy y Step Brothers, además de ser,  junto a Will Ferrell, el creador de Funny or Die. ¿Qué giro de comedia se le puede dar a una catástrofe económica? McKay parece tener la respuesta.

Basada en el libro homónimo del aclamado economista y escritor Michael Lewis (el mismo que escribió el que inspiró Moneyball), The Big Short se concentra en los distintos actores del sistema financiero (bancos, traders, fondos financieros, inversores, agencias de clasificación, etc.) que jugaron un rol importante durante los años que precedieron a la crisis. Tejida en varios hilos de historias liderados por los protagonistas, la película logra explicarnos cómo y por qué se produjo la crisis al presentarnos a quienes predijeron este desenlace y terminaron sacando provecho del corrupto funcionamiento del sistema financiero.

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No entraré en detalles sobre la trama porque hay mucho concepto económico y básicamente sería escribir cual texto de historia lo ocurrido, pero sí te voy a plantear numerosas razones para verla, así como alguna ayuda para entenderla. Para comenzar, The Big Short puede ser calificada como material educativo. Seguramente después de verla los espectadores tendrán un panorama más completo sobre lo que sucedió, y más importante aún, se enterarán de que se continúan repitiendo algunos modelos peligrosos. ¿Acaso NADIE aprendió de los errores?

Por otro lado, tenemos un guion inteligente, con personajes ambiguos, diálogos filosos y un humor irónico que acompaña muy bien a los protagonistas. Todo esto ayuda a cumplir la gran hazaña de encontrar la comedia en un hecho tan trágico. Se destacan especialmente los recursos utilizados para guiar la historia y explicar los conceptos más complejos, como el romper la cuarta pared (la película está narrada por el personaje de Ryan Gosling) y el uso de paréntesis en la historia, encabezados por figuras de distintos ámbitos del espectáculo (Margot Robbie, Anthony Bourdain y Selena Gómez) que nos aclaran de una manera satírica los tecnicismos de Wall Street. De esta manera, la película no tiene que recurrir a diálogos explicativos y utiliza un medio divertido para que los espectadores entiendan y se entretengan.

En cuanto al aspecto visual, la fotografía le sienta muy bien al estilo y humor del guion. Lo primero que uno nota (además del tono frío característico de Wall Street) es la cámara libre a la que pocas veces se nos expone en cine y tele, que transmite la sensación de movimiento, reacciona a los actores y nos coloca más en ambiente, tal como ha sabido explotar Friday Night Lights. Además, se hace referencia al espíritu ridículo y codicioso que rodea a Wall Street con tomas random de la cultura pop americana, representativas del país más capitalista.

Con respecto a las actuaciones, se destacan sobre todo la de Christian Bale (nominado al Oscar a Mejor Actor de Reparto) y la de Steve Carell. Bale nos presenta un personaje con indicios de asperger distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en películas y series (ya nos está cansando la interpretación a la Sheldon Cooper). Acá no se nos presenta un genio con un sentido del humor sassy, por el contrario, Bale encarna a un hombre inteligente, conectado con sus emociones pero consciente de sus limitaciones sociales. Liderando otro hilo de la historia está Steve Carell, que brilla con la comedia que lo caracteriza (aunque en el drama también se destaca, ¡mírenlo en Foxcatcher!) sin caer en el Michael Scott que tanto queremos. Por su parte, si bien Ryan Gosling nos conquista narrando la historia, es inevitable ver en su interpretación algunos rastros de su personaje en Crazy, Stupid, Love. Otro camino de la historia pertenece a John Magero y Jamie Shipley, que junto a Brad Pitt (en un papel que ya le vimos interpretar) representan a los underdogs de Wall Street. Si bien casi todos los protagonistas de estas distintas historias nunca llegan a interactuar entre sí, al final de la película podemos ver la clara conexión entre ellos.

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Como aclaré al principio, es difícil entender en profundidad lo que sucedió en la crisis financiera.  Y aunque la película hace un gran trabajo explicándonos los conceptos clave para entender lo que pasó, es ideal aprenderlos de antemano así se disfruta el ritmo frenético de The Big Short sin perderse de nada. Personalmente, me sirvió mucho esta entrada para entender cómo todas las partes del sector financiero se conectaban entre sí, pero es cuestión de gustos. Por las dudas, te recomendamos vichar en el sitio de tu agrado los siguientes conceptos: subprime loans, credit default swap, CDOs (collateralized debt obligations) y AAA ratings. Vas a agradecernos cuando grites “¡yo sé qué significa!” durante la película.

Los diálogos, las actuaciones, la fotografía y la música se confluyen en un ritmo que nos muestra a un Wall Street que no conocíamos, que se aleja de la comedia de The Wolf of Wall Street y de la seriedad de Margin Call. Un Wall Street donde no existe eso de ser bueno o malo y en donde podemos llegar a confundir la comedia con el terror. O acaso ese es el verdadero objetivo de la película: que le tengamos miedo al sistema financiero.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3460252/