Primal Scream: Chaosmosis (2016)

2016 viene siendo el año de Screamadelica. A lo mejor es porque estamos en el aniversario 25 de su lanzamiento, pero ni el público ni los críticos pueden superar la adicción que les genera el disco más droga de la historia. Y los entiendo, porque yo también caí en la obsesión. Pero en el 2016 se tendría que haber hablado un poco más sobre lo último de Primal Scream: Chaosmosis. El problema es que el grupo escocés sufre la maldición, como les sucede a otras bandas, de ser siempre comparado con su mejor trabajo. Eso es lo que le pasa con Chaosmosis. Su onceavo álbum tiene casi todo para ser un éxito pop: ritmos bailables, coros pegadizos y anticipadas colaboraciones con princesas semi-indies. Y si bien logra que movamos el esqueleto, al disco le falta la energía que caracteriza a la banda, la que la hace una de mis favoritas a la hora de estimularme con música.

Pero con Chaosmosis Primal Scream se queda a media potencia. El acid house y punktronica que supo abanderar le abren paso a un dance pop más domado, acompañado de un cambio en la lírica de las canciones. Es que a pesar de que ya hace un tiempo que están limpios de drogas, el tema sigue latente, ya sea con analogías o reflexiones directas. Las letras reflejan un cambio de perspectiva de Bobby Gillespie, que se demuestra más introspectivo y pesimista. Quien nos enamoró con sus representaciones de viajes ácidos (como en “Higher Than the Sun”), ahora nos da una reflexión consciente sobre las consecuencias del abuso de sustancias. Es inevitable extrañar los orígenes house de Primal Scream y sus canciones sensoriales, poco digeridas, pero al menos en este cambio vemos que se están arriesgando.

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Ojo, esto no significa que el disco no sea disfrutable. Es más, son los distintos ambientes que crea los que mantienen nuestro interés a lo largo de las diez canciones. Comenzamos con la sensual “Trippin’ on Your Love”, con una instrumentación y coros femeninos (de las casi imperceptibles hermanas Haim) que hacen revivir levemente la energía de amor y paz del Screamadelica. Enseguida, el ambiente cambia a uno mucho más oscuro con “(Feeling Like A) Demon Again” y unos perturbadores sonidos que nos transportan a Japón; no de una forma tan directa como el Visions de Grimes, pero sí con recursos sonoros que asociamos con la cultura nipona, como los de videojuegos o de animés. Pasamos al tercer track, “I Can Change”, un groove que relaja y provoca bailar lentamente; la palabra perfecta para resumirlo es “soothing”. A continuación, tenemos “100 % or Nothing”, la segunda colaboración con Haim, que se destaca del resto del repertorio al tener un poco más de potencia tanto en ritmo como en vocales.

Nos frenamos a la mitad del disco con “Private Wars”, que sirve de intermedio, algo así como “Inner Flight” en Screamadelica, excepto que esta última es una experiencia estética, mientras que “Private Wars” es una especie de lullaby acústica que dan ganas de saltear. Justo cuando estábamos por quedarnos dormidos, el disco nos sacude con “Where the Light Gets In”, una canción que parecería ser más de Sky Ferreira en colaboración con Primal Scream y no al revés. Los sintetizadores setentosos y el coro que hipnotiza hacen de esta una de las canciones dance más cool del año. ¿Será esta unión la versión 2.0 de Gillespie y Kate Moss? Parece bastante obvio después al comparar el video “Where the Light Gets In” con el de “Some Velvet Morning”.

Y como si buscaran romper drásticamente la atmósfera dance pop, se nos presenta “When the Blackout Meets the Fallout”, la más agresiva de Chaosmosis, una referencia directa a la energía frenética del XTRMNTR. A continuación tenemos “Carnival of Fools”, un track extraño, que genera sentimientos encontrados por los cambios en el ritmo y por las distintas texturas que crea el uso rústico de los sintetizadores. Pero antes de que perdamos el interés, tenemos la canción más sensorial del disco: “Golden Rope”. En esta, Gillespie no solo deja de concentrarse en la primera persona sino que también nos devuelve la esencia rock de Primal Scream con la guitarra eléctrica y el dramatismo de gaitas y coros góspel. Finalmente, y como si se tratara de una receta obligatoria de todo cierre de disco, Chaosmosis termina con la melancólica pero bastante bailable “Autumn In Paradise”.

Hay que reconocer la constante búsqueda de Primal Scream por abrir nuevos caminos y despegarse de los géneros que le han adjudicado. Estamos hablando de una banda que tiene más de treinta años y que nunca repitió fórmulas exitosas, como sucede con otras veteranas. Además, ¿por qué Bobby Gillespie seguiría hablando sobre el ácido? Eso sería bastante aburrido (y preocupante). Yo también soy responsable de perpetuar esta constante comparación de Primal Scream con su mejor trabajo, pero eso es lo que pasa cuando sientan la vara tan alto. En Chaosmosis, Gillespie expone su visión de la madurez, y aporta su más que relevante perspectiva sobre el camino que la música dance tiene que seguir hoy en día. Y lo hace con ritmos y momentos que pueden hasta dar piel de gallina.

Veredicto: 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/1lR4wYAc8boPYQ0nby3X5J

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Screamadelica – Primal Scream

Últimamente, una de las alegrías más palpables que puedo experimentar es cuando me sorprendo con música increíble que nunca antes había escuchado. Es como que cada tanto descubro algo que me demuestra la fuerza que puede tener una canción en mi día a día, de la capacidad que tiene para alterar mi estado de ánimo, acompañarlo o potenciarlo. Así como durante el verano tuve una etapa obsesiva con el Niandra Lades and Usually Just a T-Shirt de John Frusciante, este mes me trajo una nueva sorpresa: descubrir a Primal Scream y su obra de arte Screamadelica (1991).

De la banda conocía poco. Recordaba especialmente el video de “Some Velvet Morning”, protagonizado por el fundador y vocalista de la banda, Bobby Gillespie, y Kate Moss. Me acuerdo que cuando era chica (antes de la era de Youtube) ni bien escuchaba esas primeras notas me emocionaba e iba corriendo a ver el video, que me hipnotizaba tanto por la música como por la belleza de ambos protagonistas.

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Pero fue a través de un artículo, de esos tipo “Los mejores 10 finales de un disco” o algo por el estilo, que vi el nombre de la banda y decidí escuchar su discografía. De todas formas, tenía que trabajar, y es generalmente escuchando música nueva cuando lo hago mejor (será que con mis canciones favoritas me distraigo tarareando las letras en mi cabeza).

No esperaba lo que me sucedió en esa hora y pico de mi jornada laboral. Screamadelica es un disco que transmite muchas sensaciones pero sobre todo ganas de bailar. Desde canciones con coros emotivos como “Come Together” y “Loaded”, lentas como “Higher than the Sun”, hasta las más movidas “Movin’ On Up” o “Don’t Fight It, Feel It”, el disco (y gran parte de la discografía de la banda) hace más que transmitir: droga. Te invita a moverte y bailar a distintos tiempos, a cerrar los ojos y sentir las cosas profundamente y, te puede pasar como a mí, de ponerte semi-extático.

Si bien esta última interpretación puede ser exagerada, el disco en sí es considerado uno de los más representantivos de la escena acid house de la época, fuertemente influenciada por el consumo de éxtasis, entre otras sustancias. Y es que Primal Scream hace más que hablar de la droga: imita sus efectos, y de esta manera Screamadelica termina convirtiéndose en droga.

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Ya van más de treinta veces que lo escucho pero la atmósfera sigue siendo igual de emocionante y misteriosa. Con “Movin’ On Up” de comienzo, estás siendo invitado a una comunidad trippy repleta de luz, amor y sexo. Como diría Bobby Gillespie en una entrevista sobre el álbum: “It was sexy, it was druggy and it was underground”.

Con sonidos tomados del house, góspel (what?), rock&roll y dub, entre otros, Screamadelica podría ser lanzado hoy y sería igual de novedoso como lo fue en su época. Así, en el mismo año y mes en que Nevermind salió a la venta, nos recuerda (y demuestra para quienes nacimos en los noventas) que había otra forma de ser alternativo en esos años. Si hay algo seguro, es que quizás tengas que escuchar este disco cuando no estés trabajando, a menos que quieras largar todo y ponerte a bailar…

Veredicto: 10/10