MONFIC 2017: Call Me by Your Name

Es una sensación especial cuando vas a ver una de tus películas más esperadas del año. Es necesario mantener cierto control sobre nuestro entusiasmo para que la experiencia de verla sea una experiencia de verla y no una experiencia de compararla con lo que esperábamos que fuera. Por otro lado, tampoco podemos callar ese entusiasmo del todo, lo cual significa que a veces uno va más dispuesto a perdonarle alguna falta o a dejarse llevar por sus emociones más fuertes y eso tampoco es tan grave. En este caso, había escuchado bastante sobre la película, nada en términos de detalle, pero sí con suficientes superlativos de gente de confianza como para que estuviera en riesgo de terminar decepcionándome. Afortunadamente, esto no ocurrió y terminé viendo una de las mejores películas del año.

Las dos horas y pico de película en realidad cuentan con poco de historia: es una premisa sencilla que se desencadena con hipnotizante languidez y busca más colocarnos en un estado mental específico y dentro de un ambiente especial. Elio es un pibe de 17 años que lleva una vida bastante peculiar: es un chico con una muy rica vida intelectual a quien vemos hablar francés, inglés e italiano de manera intercambiable, transcribe música como pasatiempo y por supuesto también es un ávido lector. No por eso cae en los estereotipos de intelectuales con desmedida torpeza social o timidez pero está claro que su vida emocional y social no ha tenido tanto desarrollo como la de su intelecto. Sucede que mientras veranea en Italia con sus padres (que no dejan de ser casi tan fascinantes como él), le debe ceder su cuarto a un profesor estadounidense invitado del padre a quedarse por unas semanas a trabajar y vivir con ellos. Oliver (Armie Hammer) es una figura arrebatadora para nuestro joven Elio (así como para todo el pueblito de Italia o al menos eso parece): alto y hermoso, inteligente y sensible, espontáneo y seguro de sí mismo, Oliver es un enigma y un objeto de fascinación para Elio.

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Si bien Call Me by Your Name es, entre otras cosas, una historia de amor, el director Guadagnino (quien nos había dado otra película de verano con A Bigger Splash) se toma su tiempo en acercar a sus protagonistas: vemos viñeta tras viñeta de sus pequeñas interacciones o de momentos en que Elio lo observa casi que hasta antropológicamente y es a través del punto de vista de Elio que percibimos a Oliver, quien al principio parece hasta distante y soberbio pero pronto llegaremos a conocer más íntimamente. Estos pequeños momentos están retratados a la perfección: con una sensualidad que va en aumento y un contraste maravilloso entre los cuerpos y personalidades de sus protagonistas. Pero aquí me detendré porque no quiero contar mucho más de la anécdota ya que es un verdadero placer ver el crescendo constante que se sucede ante nosotros.

En su punto más básico es una historia conocida: un intenso amor de verano con mucho de lo que esto implica. Pero la película es mucho más que una historia de amor: es una historia de coming-of-ageuna madurez que es dada por el descubrimiento del amor y, en consecuencia, el descubrimiento de una identidad. Una de las cosas que me pareció más interesante del filme es la naturaleza interna de los conflictos; si bien la película está ambientada en los 80 y salir del closet era entendiblemente bastante más complejo que hoy en día, el guión omite centrarse en las presiones sociales, que igualmente repercuten en el comportamiento de los personajes, sin duda, para dedicar su atención al coraje que implica el acto de amar y de entregarse completamente a la experiencia de amar a otra persona. El coraje de Elio en amar a Oliver de la forma en que lo hace, con todo su corazón y con toda la euforia y pena que esto conlleva es verdaderamente hermoso, y no sería posible sin la fantástica actuación de Chalamet que brinda una pureza y autenticidad electrizante a la película y que logra que el trayecto de Elio sea devastadoramente agridulce. Se ha comparado su actuación con la de Exarchopoulos en La vie d’Adele y no es difícil ver por qué (aunque en mi opinión hay muy pocas actuaciones que puedan tocar la de Adele en esa película).

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Si la película tiene, quizás, una falta (además del trabajo de edición que me pareció un poco torpe), es que es un mundo en apariencia demasiado perfecto. Hasta los aspectos más tristes y trágicos de la historia vienen acompañados de una contrapartida de una belleza e idealismo utópicos. Estos son personajes tan hermosos, tan cultivados, tan ricos en intelecto y en espíritu, tan privilegiados en sus experiencias que quizás puedan alienar a algunos miembros de la audiencia. Pero permitamos por un momento inhibir nuestro cinismo y dejémonos llevar por la pureza de sentimientos que nos regala la película.

En conclusión, siento que Call Me by Your Name es una de esas películas que te nace catalogar como hermosas. No solo porque los paisajes de Italia son, efectivamente, bellísimos y porque además son fotografiados con tremenda habilidad, sino porque es una película que inspira sentimientos muy lindos. Sí, la forma en que se desarrolla la historia de amor entre Elio y Oliver es emocionante desde todo punto de vista, pero, asimismo, la película no trata únicamente sobre encontrar el amor, sino de encontrase a uno mismo a través de una experiencia real de amor y eso la hace doblemente conmovedora. Es una historia emotiva, desgarradoramente honesta y un festín tanto para nuestros sentidos como para nuestro corazón. Así que, por si todavía no fue obvio, vayan a verla que no decepciona.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5726616/

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Películas de verano: A Bigger Splash (2015)

¿Qué mejor que celebrar el comienzo del verano encerrándose a ver películas? Desde thrillers a documentales, pasando por comedias, Club Silencio también tiene sus musts para la temporada. Inauguramos la selección con A Bigger Splash, de Luca Guadagnino (Io sono l’amore), una película que comienza pareciendo de esas comedias extranjeras con paisajes paradisíacos pero que termina convirtiéndose en una especie de thriller. Protagonizada por Tilda Swinton (en su tercera colaboración con Guadagnino), la película se desarrolla en una idílica villa italiana, donde una estrella de rock momentáneamente muda por una cirugía de garganta (Swinton) se está recuperando junto a su amoroso novio (Matthias Schoenaerts). Pero la calma y el romance se cortan cuando, de repente, reciben la visita de la ex pareja y amigo de ella (Ralph Fiennes), un avasallador productor de música, acompañado por su atrevida y recién reconocida hija (Dakota Johnson). Entre canciones de The Rolling Stones, baños de piscina y comida exótica, los personajes conviven en el hermoso paisaje rodeados de tensión sexual y asuntos sin resolver, una sofocante bomba de tiempo provocada por los placeres y problemas de los ricos y famosos.

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Si bien tiene tensión y drama, A Bigger Splash es muy entretenida de ver. Ya los protagonistas nos aseguran que no va a ser un desperdicio de tiempo; incluso termina sucediendo lo opuesto, porque las dos horas que dura pasan volando, y eso es en gran parte gracias a las performances. Claro que ayuda contar con actores veteranos como Swinton y Fiennes, pero acá cada actor es un ingrediente que hace más gustosa a la película. Por su parte, Swinton pasa el 99% de la película muda, dependiendo de su lenguaje corporal y de susurros para transmitir ansiedad, terror o excitación. Con su personaje molesto pero que no queremos dejar de ver, Fiennes le inyecta una energía eufórica a la película, que nos mantiene atentos y tensos durante todo el desarrollo de la trama. Es interesante observar la dinámica de la relación entre estos personajes, con sus diferentes energías y roles en el entramado de la historia. En las actuaciones de reparto se destaca Johnson, que siempre que aparece en escena atrae nuestra mirada, y así es explotada, en planos sensuales y poéticos. Schoenaerts hace un buen trabajo interpretando al novio sensible e inseguro, el perfecto ejemplo de una implosión peligrosa.

Pero acá el personaje principal es la cámara, resultado de la cinematografía del talentoso Yorick Le Saux (Clouds of Sils Maria, Swimming Pool). Tal como en sus anteriores trabajos (imposible olvidarme de la exquisita fotografía de Clouds of Sils Maria), Le Saux le saca el jugo a cada toma, ya sea con la iluminación, la composición o los movimientos de cámara, dando como resultado una película completamente sensorial y vivencial. Cada aspecto técnico se filtra por el mood general de los personajes, que puede saltar rápidamente de una tranquilidad opiácea a la excitación o al shock. Lo que hace Le Saux con su cámara es crear el lenguaje de la película a través de códigos visuales que hacen que nos sumerjamos en el mundo de Guadagnino. Así, por ejemplo, a través de un dramático zoom out captamos lo simbólico del entorno y cómo afecta las acciones de los personajes; o a través de un plano subjetivo vemos el juego de seducción entre dos personajes. Pero también está lo que se logra en lo sensorial. Uno puede no haber ido a una isla italiana, pero las texturas y temperaturas que absorbemos con A Bigger Splash nos transportan fácilmente. A lo mejor es el rayo del sol de los mediodías, la frescura del interior de las casas de verano o el sabor fresco de una comida recién preparada. Con A Bigger Splash sentimos el calor y se nos hace agua la boca.

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El paisaje es otro protagonista, que hace más que cumplir con lo que todos buscan en una película extranjera (eso es, ser paradisíaco). En este filme el paisaje habla. La luz del sol radiante y el contraste con las sombras de los árboles, las nubes grises de un cielo que se tiñe de oscuro, la noche estrellada y el reflejo de la luna en la piscina o la lluvia torrencial y las gotas sobre las hojas son más que aspectos estéticos. El paisaje psicológico refuerza la cinematografía sensible de Le Saux y afecta el desarrollo de los personajes, ¿o será al revés?

A pesar de todos estos puntos a favor que tiene A Bigger Splash, es necesario destacar el cambio de tono que sorprende al espectador, que viene sumergiéndose en la sensualidad y rock’n’roll de la primera hora y media. El giro de tuerca que cae ya casi al final de la película deja con sabor raro, no por el cambio en sí, sino por lo que termina sucediéndoles a los personajes. Por otra parte, es en el final de la película cuando se le quiere dar significado a un elemento que estuvo presente a lo largo de la trama pero que nunca parece tener relevancia (y, en verdad, nunca llega a tenerla): la llegada, en paralelo, de refugiados tunecinos a la isla italiana. Sí, leyeron bien. Probablemente un intento del director para simbolizar la cercanía física y la lejanía tangible de problemas tercermundistas para estos personajes privilegiados.


Más allá de esto último, A Bigger Splash es interesante de ver, un filme que brilla en el océano de desperdicios de Hollywood. Su aspecto visual, la música y la energía que logran las performances la hacen una película sensual y vibrante, una opción perfecta para aquellos que buscan viajar con los sentidos. Pero ojo, este viaje viene con sorpresas.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2056771/