Mejor es amar que ser amado

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En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para los dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada una de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida: alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser un estímulo para el amor. Se da por ejemplo el caso de un hombre que ya es abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace veinte años. Un predicador puede estar enamorado de una mujer perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo –pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénagas. Un hombre bueno puede despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón puede nacer un cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es solo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esto, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está siempre queriendo desnudar al amado. El amante ansía cualquier tipo de relación con el amado, aunque esta experiencia solo le traiga dolor.

-Carson McCullers, La balada del café triste
Arte de Michael Carson

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Jean Rhys – Buenos días, medianoche

¿Cómo se siente la depresión, cuando ya no es una novedad, cuando ya no es un estado que interrumpe un estado previo que quizás calificarías como normal, cuando, se ha convertido, ya, en el estado dominante, en el estado que ahora sí calificarías como normal? Leer Buenos días, medianoche es habitar por un momento la mente de una mujer que lo sabe perfectamente, una mujer protagonista con el nombre inventado de Sasha o una mujer escritora con el también nombre inventado de Jean Rhys (en realidad la autora se llamaba Ella Gwendolyn Rees Williams), porque, lamentablemente, la escritora no era ninguna extraña a la depresión.

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Con esta introducción queda claro que este libro no es fácil de leer. Es inmensamente deprimente, una narración contada en primera persona a través de un stream of consciousness (monólogo interno) que es relativamente sencillo de seguir, en el cual se mezclan idiomas (la autora escribe en inglés pero lo condimenta con francés), pero en el que también se suceden hechos del pasado y presente así como sus pensamientos y recuerdos mezclados con eventos que están pasando en tiempo real. Esto hace que la lectura sea sumamente íntima y afectiva, lo cual, en ciertas partes es durísimo a nivel emocional. Pero Sasha, nuestra protagonista, no busca nuestra compasión, para nada. Es una mujer deshecha, que prácticamente ha decidido tomar y tomar hasta su muerte, y que, durante el tiempo que la conocemos, vuelve a París con la plata de un amiga que estaba preocupada por ella y le pareció que unos días en París le harían bien. A través de sus recuerdos nos enteramos de sus decepciones en el amor, el trabajo, la maternidad y sus problemas con el dinero. Tras experimentar pérdidas y desilusiones en su vida, desde una muy temprana edad, Sasha recurre al uso de una máscara tras la cual esconde sus vulnerabilidades, pero la bebida y la vida y la esperanza se la querrán arrancar a la fuerza.

Sasha, como probablemente hacemos todos nosotros, vive en un constante vaivén de no darle ninguna importancia a lo que los demás piensan de ella y una paranoia extrema de como es observada por quienes la rodean. Es una contradicción entendible, pero la diferencia que ella siente con los demás es que ella no se mete con nadie, los deja en paz, no quiere lastimar a nadie ni molestar a nadie ni juzgarlos. ¿Por qué no hacen lo mismo con ella, se pregunta? ¿Por qué son todos iguales? ¿Por qué la vida la ha forzado a llegar a esa conclusión? A través de las páginas vamos viendo cómo se desintegra la máscara de protección tras la que se esconde, vemos su identidad fundirse en una nube de recuerdos y pensamientos en los cuales la realidad se torna cada vez más confusa. Así se siente la soledad, así la desesperanza, la tristeza insondable. Pero este viaje tan íntimo a través de las vulnerabilidades de una persona, bah, más que de una persona, de una mujer, porque la voz de Rhys es claramente feminista, esconde una queja, una bronca por la injusticia que rodea lo que es nacer mujer, lo que se espera de una, lo que nos vemos forzadas a hacer, en especial en esa cruel época entre una Guerra Mundial y la otra. Buenos días, medianoche es emocionante, inteligente, existencialista, deprimente, valiente, fuerte en sus vulnerabilidades, preciso en sus observaciones, brutal en sus descontrucciones y tiene algunos de los fragmentos más hermosos que he leído en mi vida.

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Johnny Morant

Les dejo tres de mis favoritos, una excelente muestra de todo lo que tiene este libro para ofrecer:

La moza pasa por mi mesa y le pido la cuenta. “Todavía queda un poco de café, madame. ¿Quiere un poco más?” Me sonríe. Sin esperar a que le conteste, me sirve lo que quedaba en el pote. Me tiene lástima, está tratando de ser amable. Mi garganta se atraganta, me arden los ojos. Esto es horrible. Ahora voy a llorar. Esto es lo peor… Si llego a hacer eso voy a tener que tirarme abajo de un ómnibus cuando salga, en serio. Trato de decidir de qué color me voy a teñir el pelo y me aferro a ese pensamiento tan fuerte como cuando te aferrás a algo cuando te estás ahogando. ¿Me lo tiño de rojo? ¿De negro? Ahora, negro -eso sería impactante. ¿Me lo tiño de rubio ceniza? Pero rubio ceniza, madame, es el color más difícil de todos.

Entro a una tabaquería. La mujer en la barra me da una de esas miradas: ¿Qué querés acá, vos? No le vendemos a turistas acá, no es nuestra clientela… Bueno, querida madame, a decir la verdad, lo que quiero acá es un trago -de hecho creo que quiero dos tragos, quizás tres. Está oscuro y hace frío afuera y todo se ha ido de mi cuerpo excepto la miseria. “Un Pernod”, le digo al mozo. Cuando me lo trae me mira de una forma traviesa, como si le hiciera gracia. ¡Dios, es gracioso, ser mujer! Y la otra -la que está en la barra- ¿se va a mandar una risita o acaso dirá algo en una voz lo suficientemente fuerte como para que yo la escuche? Así es cómo se siente. No, no dice nada… Pero lo dice todo. Bueno, está bien, querida madame, y muy bien hecho también. No dijiste nada pero lo dijiste todo.

“¿Querés saber a qué le tengo miedo? Está bien, te lo voy a decir… Le tengo miedo a los hombres -sí, le tengo mucho miedo a los hombres. Y le tengo incluso más miedo a las mujeres. Y le tengo muchísimo miedo a toda la maldita raza humana… ¿Si les tengo miedo?”, digo. “Por supuesto que les tengo miedo. ¿Quién no le tendría miedo a una manada de malditas hienas?” Pensando: “Ay, callate. Basta. ¿Qué sentido tiene?” Pero no puedo parar. Sigo desvariando. “Y cuando digo miedo -esa es solo una palabra que uso. Lo que quiero decir realmente es que los odio. Odio sus voces, odio sus ojos, odio la forma en que se ríen… Odio todo el maldito asunto. Es cruel, es estúpido, es indeciblemente horroroso.

Veredicto: 5/5

Sergio Bizzio – El escritor comido

Si David Lynch escribiera una novela, seguramente se parecería mucho a El escritor comido del autor argentino Sergio Bizzio. De hecho, me pareció una novela sumamente cinematográfica, tanto así que creo que en manos de un buen director, como el mencionado Lynch o se me ocurre quizás Paul Thomas Anderson, hubiera sido incluso hasta más impactante en cine que en su formato original, pero bueno, no me voy a concentrar en lo que podría haber sido sino en lo que es.

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La historia inicialmente parece tratar de un escritor de best-sellers pedorros, una especie de Paulo Coelho pero considerablemente más terraja (ya que estoy, cabe mencionar que Paulo Coelho aparece como personaje en un brevísimo momento y parece un tipo bastante chill). Este escritor brasilero llamado Mauro Saupol se hizo famoso a base de libros de auto-ayuda disfrazados de novelas con moraleja. La historia comienza cuando tras la presentación de su biografía, la avioneta donde viajaba cae en una selva y él, el superviviente, decide hacerse pasar por muerto unos días para ver qué dice la gente sobre el fallecido autor.

Pero esta linealidad narrativa del primer capítulo desaparece abruptamente cuando comienza el segundo capítulo y te encontrás con un grupo de personajes diferentes y un contexto también distinto. Es más, los 5 capítulos que componen la novela tienen cada uno una nueva perspectiva de la vida de Mauro Saupol, y, lo que es incluso más interesante, un estilo marcadamente distinto al resto. Dentro de estas particularidades, el propio Bizzio compara su novela con El corazón de las tinieblas de Conrad, Impresiones en África de Roussel y Muerte en Venecia de Manny destaca como inspiración visual la película Apocalypse Now de Coppola (¿ven que es cinematográfico?). Yo agregaría elementos de La piel que habito de Almodóvar y ahí quizás se podrían hacer una idea de la ensalada de influencias estéticas y narrativas que tiene esta novela.

Por lo demás, es un libro de lo más satírico. Al principio la cantidad de meta comentarios y observaciones cínicas me dieron un poco de miedo de que me terminaran hartando, pero realmente Bizzio escribe con una inteligencia tan aguda y con un sentido del humor tan fresco que es esto lo que me terminó gustando más del libro. Pero este comentario ácido sobre el mundillo de la literatura comercial es tan solo uno de los varios planos que se tratan en la novela. Debo decir que la historia en su plano más superficial me dejó de interesar a medida que iban cambiando las perspectivas, así que a nivel puramente anecdótico no me resultó demasiado interesante. Pero la destreza de Bizzio por cubrir los distintos géneros literarios y su fantástico sentido del humor fueron más que suficientes para disfrutar El escritor comido. Tiene una forma de describir los procesos mentales internos de un personaje y cómo esto es visto desde afuera con un poder de observación que pocas veces he visto. Y aquí me permito hacerle una mención al último capítulo, que gira en torno a un par de adolescentes, porque quedé verdaderamente impresionada con el realismo de la construcción de estos personajes y la forma en que interactuaban entre sí. No es fácil darle forma y voz a adolescentes, pero Bizzio sin lugar a dudas lo logra.

En conclusión, es una novela muy divertida y extremadamente original, por momentos muy graciosa y por momentos un tanto fuerte, que opera en distintos niveles, a mi ver algunos más interesantes que otros (hay un trasfondo que tiene que ver con la identidad que a mí no me resultó pero quizás a otro sí) y que, sin lugar a dudas, está maravillosamente escrita. Completamente recomendado para una lectura ágil.

La chica desechó la oferta con un gesto y, subrayando su preferencia por dialogar en el interior del párrafo, entre comillas, dijo: “No digas que nos conocimos hoy; mi hermana odia que lleve extraños a casa. Decí que fuiste mi profesor de teatro y que hace años que no nos vemos”. “Es que yo”, dijo Saupol, “de teatro no sé nada”. “¿De qué sabés?”. “De música, de literatura”. “¿Qué música?”. “Comercial”. La chica lo miró de arriba abajo: no podía creer que a un hombre de su edad le gustara la música comercial. Y al mismo tiempo… “¿Qué literatura?”, le preguntó. “Punk”, dijo Saupol. “¿Punk? ¿Literatura punk? ¿Qué es literatura punk?”, dijo ella. “¿Punk?”, preguntó Saupol. “Dijiste literatura punk”, dijo ella. “¿Yo dije punk?”, dijo Saupol llevándose un dedo al pecho.

Veredicto: 3.5/5

Entrando al mondo bizarro de Johnny Ramone

Si hay un género literario que me atrae es la autobiografía. Sin duda me tiene que parecer interesante la persona en cuestión, pero ya leer cómo una figura relevante cuenta su historia me atrapa. Me hace reflexionar sobre la perspectiva que tomamos una vez recorrido cierto camino en la vida.

Cuando me refiero a este género, por supuesto que no cuento las autobiografías truchas (esas que fueron escritas completamente por un ghost writer). Tampoco me parece atractivo leer la de una persona muy joven; ¿cuál es la gracia si la persona no puede ver con ojos “sabios” y con cierta distancia el recorrido de su vida/trayectoria/whatever?

Últimamente son las autobiografías de músicos las que más me interesan. A pesar de haber tenido muy buenas experiencias con cada una de ellas, hay una que quizás es la que me resulta más fácil de analizar y recomendar: Commando de John Cummings, a.k.a. Johnny Ramone. Si bien no es la mejor que leí, parece de esas que cumple con su cometido. Esto es esencial a la hora de encontrarle el gusto: está dirigida a los fans de los Ramones. De esta manera, elementos como el diseño del libro, la simpleza pero solidez con la que el guitarrista escribe su historia, y lo que decide contar y lo que decide mantener en silencio es característico de su persona pública.

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En un principio el libro me generó ciertas dudas por distintas razones. En primer lugar, estaba traducido al español de España. Esto lo veo como un obstáculo a la hora de captar precisamente lo que quiso transmitir el artista, más si es en un idioma en el cual puedo leer (no estoy hablando de la autobiografía de Nietzsche…). En definitiva, entiendo mejor el inglés que esa variedad del español. Más escepticismo me generó el ir leyendo el libro y observar malas traducciones…

Por otro lado, y a pesar de tener un diseño atractivo, la edición de Commando que tengo también tiene errores en el diseño gráfico. Por ejemplo, hay imágenes que aparecen cortadas y mal dispuestas en las páginas. Tengo fe en que es un tema de esta edición y no de la original.

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¿Ustedes entienden?

Otra cosa que me hizo dudar fue el hecho de que su autobiografía saliera recién en el 2012, ocho años después de su muerte. Me cuesta confiar en un producto cuyo autor ya no está para respaldarlo. Pero averiguando más sobre el tema, me enteré de que el músico había empezado a escribir este libro en 1999, cuando le diagnosticaron cáncer de próstata.

Dejando de lado estos errores, cuando uno lee Commando (incluso en esta decepcionante versión) puede identificar perfectamente a Johnny Ramone expresándose sin censura. Leo los párrafos y encuentro al artista que todo fan de la banda reconocería: un tipo duro, honesto y simple pero con un sentido del humor particular.

En este corto repaso por su vida (¡176 páginas!), Johnny realiza un sintético y simple pantallazo de momentos claves, como su infancia en Queens, la academia militar, la época en la que trabajó en construcción, los conciertos a los que fue, el surgimiento de la banda, etc. No ahonda en detalles personales que quizás son los que más condimentan una autobiografía (o los que más venden), sino que todo parecería girar en torno a su sistema de valores y comportamiento, así como en su esencial rol para el surgimiento y legado de los Ramones. Después de todo, la banda fue su vida y la de todos los involucrados.

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Commando es un claro ejemplo de que no se necesita una narrativa larga, decorada y controversial para ser memorable. Sobre todo, recuerda que la autobiografía de un artista debe serle fiel a este y a sus seguidores. Con respecto a esto último, creo que incluso los más fans conocerán algo nuevo de Johnny, quizás a través de fotos inéditas y graciosas de él y sus amigos. Otra parte interesante del libro son sus anexos, en los que aparecen páginas de su agenda con anotaciones peculiares sobre fechas “importantes”, calificaciones a los distintos álbumes de los Ramones y una sección llamada “Lo mejor de todos los tiempos según Johnny Ramone”, en donde se puede apreciar:

  1. Béisbol
  2. Rocanrol
  3. Política
  4. Elvis
  5. Películas de terror
  6. Cine
  7. Películas de rock
  8. Películas de ciencia ficción
  9. Libros de consulta
  10. Televisión

Además, esta sección está compuesta por una serie de rankings sobre categorías tan random como: “Los mejores jugadores de los noventas”, “Favoritos del Partido Republicano”, “Libros de Elvis” y “Mejores libros de consulta sobre cine”. Sí, es tipo una curaduría de lo bizarro, pero resulta ser mi parte favorita del libro.

Es quizás la última parte del libro (la que sucede durante la etapa final del cáncer) la que más afectará a los fans de los Ramones. Si bien el autor mantiene su fuerza y rebeldía a lo largo de los capítulos, se puede notar que su espíritu se va quebrando hacia el final, cuando las sesiones de quimioterapia y los malestares son más frecuentes. Es como presenciar la caída de un gigante, de una manera dolorosa y lenta. A mí me afectó hasta las lágrimas. Y es por esta demostración de su lado más vulnerable que lo respeto y admiro más.

Tal como tocaba la guitarra, en Commando Johnny Ramone se expresa de la manera más simple pero intensa, y sorprende al lector con su sabiduría, de esa que no se consigue leyendo libros.