Tres comedias del 2016

Zootopia (2016)

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No esperaba mucho de esta película animada de Disney pero no tardó nada en conquistarme. El nombre de la película es también el nombre de la ciudad donde transcurre la acción, un lugar habitado por mamíferos antropomorfizados, una ciudad donde conviven predadores con presas en completa armonía, donde parece reinar la tolerancia y el respeto por todos, un lugar donde todos pueden hacer sus sueños realidad. Al menos esto es lo que piensa nuestra protagonista Judy Hopps (la alegre Ginnifer Goodwin), una conejita llena de entusiasmo que se muda a la gran ciudad para cumplir su sueño de convertirse en policía. ¡Pero nunca ha habido policías conejos! En general esta tarea queda a cargo de los mamíferos más grandes y fuertes, como el búfalo capitán con la imponente voz de mi bienamado Idris Elba. Pero esto es Disney y no hay forma de que Judy se rinda antes de darle un buen intento, así que la vemos enfrentarse a pruebas en que tendrá que utilizar su ingenio para compensar por su pequeñez y debilidad, no sin también atravesar obstáculos de su propia psicología: dudas, inseguridades y ganas de rendirse. Pronto logra su cometido pero descubre que el sistema la va a continuar oprimiendo, el Jefe de Policía Bogo la destina a ser una inspectora de tránsito pero el destino le presentará con una oportunidad de probarse a sí misma. Así es como termina a cargo de resolver un misterioso caso y recluta la ayuda del personaje más impensado: el zorro Nick Wilde (con la voz e increíblemente la apariencia del maravillosamente sarcástico Jason Bateman). Este par de amigos tiene tanta química que son absolutamente fascinantes juntos: mientras que Judy está determinada a romper con el estereotipo de su raza, Nick se entregó completamente a él, cuando vio que nadie jamás lo tomaría por otra cosa que no fuera un zorro taimado y astuto. La combinación entre el optimismo de una y el cinismo del otro es maravillosa y su relación se desarrolla de una manera sumamente orgánica. Es una película que funciona en muchos niveles, la historia policíaca se mantiene sorprendente y llena de suspenso hasta el final, la comedia viene de muchos estilos y no afloja, los protagonistas son complejos y queribles y su relación tiene el golpe emocional que te afloja un poco las lágrimas, y como trasfondo de todo esto, hay un excelente mensaje político que en ningún momento se torna en exceso sermoneador ni moralizante. Es una película que se trata de romper con estereotipos, que en más de una ocasión juega con nuestros prejuicios y nos muestra cómo nosotros como espectadores también esperamos ciertas cosas y luego nos da vuelta el panquequito para que lo veamos desde otro punto de vista, nunca de forma molesta, casi siempre de manera muy graciosa. Para ser una película sobre racismo institucionalizado, es increíblemente divertida, emotiva y graciosa y con una animación súper cargada de hermosos colores. Muy recomendada.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2948356/

 

Hail, Caesar! (2016)

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Empecemos por aclarar que esto no es una película convencional, es más bien un ejercicio estético de los directores en un práctico paquetito narrativo que es básicamente una oda al cine. No son los primeros ni mucho menos en hacer esto (ya ha habido historias de amor al cine como Nuovo Cinema Paradiso, Hugo, The Purple Rose of Cairo y otras más viñetísticas y experimentales como Holy Motors) y admito que tampoco crearon algo único y especial, pero Hail, Caesar! es una película entretenida, graciosa y realmente gratificante para los amantes del cine. En el sentido más lineal y superficial de la película, tenemos como centro a Eddie Mannix (Josh Brolin), un tipo que se encarga de que las cosas fluyan correctamente en un estudio de producción de Hollywood en la década de los 50. En aquella época los estudios tenían rígidos contratos con los actores y medio que los obligaban hacer lo que quisieran; básicamente los estudios eran dueños de sus estrellas, entonces necesitaban a gente como Mannix para mantenerlos bajo control y que no le dieran una mala imagen a la compañía. El de Mannix es un trabajo muy poco glamoroso, y en el transcurso de la película, lo vemos enfrentarse a unas dudas vocacionales a la vez que intenta localizar al actor estrella de una de las producciones del estudio: Baird Whitlock (George Clooney). Whitlock es el protagonista de una de las películas más importantes de Capitol, una historia épica que glorifica a la figura de Jesús, o sea, un clásico. Pero las averiguaciones de Mannix lo llevarán a interactuar con muchísimos personajes excéntricos (como es común con los hermanos Coen), todos interpretados por un elenco impresionante (entre ellos Scarlett Johansson, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Jonah Hill, Frances McDormand), y es así como los Coens nos dan un pantallazo general de lo que era la industria del cine en los 50, un pantallazo que muestra los aspectos más fríos y por decirlo de alguna manera, capitalistas, del mundillo, pero que no está desprovisto de una grandísima cuota de amor y respeto por lo que era la industria del cine en aquella época. Es este balance entre la mirada irónica y humorística y, por otro lado, la admiración y encanto que tienen con Hollywood lo que hizo que la película me resultara sumamente entrañable y divertida. Hay secuencias de westerns, de musicales, de películas de nado sincronizado (leyeron bien); hay conversaciones con actores, con columnistas de chismes, y a la vez hay un trasfondo entero sobre el comunismo que se colaba discretamente por la industria. Hay, también, gran destreza en el guión que entrelaza todos estos aspectos sin jamás ponerse demasiado oscuro ni confuso y en la dirección que se toma su tiempo en cada uno de estos momentos, emulando las técnicas de los distintos géneros que muestran y manteniendo varios de los trademarks que hacen que amemos a los talentosos hermanos. Quizás la película es más disfrutable cuantas más referencias históricas podés interpretar (como lo son todas las películas sobre el cine), pero creo que los Coens hacen un gran trabajo de acercar estas temáticas a las audiencias más casuales y brindan una gran dosis de humor y celebridades en papeles bizarros para compensar por cualquier otra pérdida.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0475290/


Finding Dory (2016)

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Qué pena me dio esta película. Yo amo muchísimo a Pixar y la gran mayoría de sus películas me parecen excelentes, incluida Finding Nemo, en cuya historia y personajes se basaron para crear esta secuela. Esta vez la película se centra en otra búsqueda: la de los padres de Dory (Ellen DeGenerers). Tenía mis dudas frente al personaje de Dory como protagonista, me parecía que su trademark de no tener memoria se podía convertir en algo repetitivo si toda la atención está puesta en ella. Lamentablemente al ver esta película me pareció que mis miedos estaban en lo correcto. El humor se descansa muchísimo en esta característica del personaje y se termina abusando del recurso. A pesar de que la voz de DeGenerers es una perfecta mezcla de calidez e inocencia, la sensación de maravilla que producía el vasto mundo oceánico en Nemo ya no impresiona tanto en esta. Los personajes de Nemo y su padre Marlin aportan poco y nada, sino que la película brilla más fuerte en sus nuevos personajes, en particular el pulpo malhumorado con la voz del capo de la vida Ed O’Neill (el de Married with Children para las viejas generaciones y el abuelo de Modern Family para los millennials). Este es por lejos el personaje más gracioso e interesante de la película, y el desarrollo de su arco es bastante más emotivo y significativo que el de la protagonista. O’Neill no es el único miembro de Modern Family en prestar su voz para la película, también está Ty Burrell como la beluga aprendiendo a usar su sistema de ecolocalización y el resto de los personajes secundarios incluye a Idris Elba y Dominic West como leones marinos con acentos medio cockney, Diane Keaton y Sigourney Weaver haciendo de ella misma, sí, muy bizarro. En resumen, la animación como es de esperarse está muy bien, pero no produce la misma sensación de infinito que había en Nemo, el guión es un reciclado importante del de la anterior película pero igual logra un par de momentos bastante emocionantes (uno en particular me sacó unas lágrimas, pero eso no significa nada, soy muy fácil) y aunque bastante menos efectivo que en Nemo, sigue habiendo unas buenas dosis de humor. No sé, no es una mala película en absoluto, pero me faltó la magia, y Pixar sin magia para mí se traduce en decepción.

Veredicto: 5/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2277860/ 

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Beasts of No Nation (2015)

Netflix vuelve al ataque, esta vez en el mundo del cine. Su primera película original es osada, ambiciosa y reúne un equipo extremadamente talentoso. Beasts of No Nation es un drama bélico que tiene como protagonista a Agu, un niño de un país anónimo del oeste de África que pasa de tener una vida normal junto a su padre, madre y dos hermanos, a luchar bajo el mando de un carismático pero atemorizante warlord (señor de guerra) que comanda un batallón de una de las tantas facciones de las guerrillas africanas. La película narrada por el joven Agu nos hace parte de su horrible recorrido por su “carrera militar”, desde su entrenamiento en medio de la selva, salpicado de rituales místicos, lavados de cerebro, extremas pruebas de lealtad, y demás, hasta su participación en las escaramuzas y su desesperada pero determinada lucha por la supervivencia.

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Basada en la novela de Uzodinma Iweala y adaptada y dirigida por Cary Joji Fukunaga, el capo que dirigió la primera excelente temporada de True Detective (y también la reciente Jane Eyre del 2011), la película tiene escenas que te dejan sin aliento. Fukunaga sabe cómo hacer que una escena de acción vibre por su realismo e inmediatez, y esta no es una excepción; aquí también nos deleita con más de un exquisito plano secuencia, que lejos de ser una muestra de arrogancia del realizador, nos transmite la sensación de urgencia que vive Agu momento a momento. Hay pasajes hermosos que consisten de escenas que se funden la una con la otra de una forma poética, pero que también manifiestan el estado de ánimo de los participantes y su carencia de referencias temporales; esto último se debe a los ritmos frenéticos de sus vidas, sí, pero también al uso cada vez más indiscriminado de las drogas. Dato interesante: como el director de fotografía original se lastimó un brazo antes de la filmación, Fukunaga se terminó encargando de esto también, así que el producto que vemos es casi completamente la visión del director.

Pero Fukunaga no es el único que se destaca en este filme; Abraham Attah, quien interpreta a Agu, nos brinda una de las mejores actuaciones por un niño de las últimas décadas, su rostro un lienzo en donde se plasman las transformaciones de su personaje: fresco y alegre al comienzo de la película, y serio, siempre alerta más adelante, logrando una sensación de ausencia a nivel superficial, como si el Agu verdadero hubiese ido a recluirse a los confines de su mente, pero manteniendo siempre una línea a tierra a través de sus ojos, de una mirada profunda e intensa. Sinceramente, te rompe el corazón. Él y el resto de sus compañeros de batallón, especialmente el joven que interpreta a Strika, el amigo silencioso de Agu, son excelentes. Pero además cabe destacar a Idris Elba como el comandante. Casi irreconocible de sus otros papeles, salvo por ese físico imponente que lo delata, Elba se sumerge completamente en el rol, manejando su acento con credibilidad y siendo por momentos terrible y compasivo, desagradable y carismático, extremadamente convincente en sus discursos contra el gobierno, netamente fascinante cuando alienta a sus soldados al ataque, ya sea rugiendo gritos de guerra o cantando y bailando a ritmos nativos. Es increíble como Elba va destapando tapa tras tapa de este personaje que construyó tan cuidadosamente -un tipo brutal que es tanto la figura paternal de los niños como su perdición-, y sin embargo, jamás intenta robarle el protagonismo a Attah y a los demás niños, es un actor generoso. Es una excelente actuación merecedora de reconocimiento, y si la Academia se permite ser un poco menos conservadora, quizás se anime a nominar esta producción de Netflix.

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Una de las cosas más admirables del guión es que se trata de un país anónimo. No busca señalar a nadie en particular, sino condenar estas acciones en todos lados. No tiene alineaciones políticas, los personajes pertenecen a bandos pero apenas los distinguimos el uno del otro; los discursos son genéricos, despotricando contra el otro bando al que se acusa vagamente de ser culpable de lo que está sucediendo. Pero sabemos que no es así, no es el otro bando, está todo corrupto. No hay afiliaciones que parezcan más buenas que otras, solo hay brutalidad y una violencia innecesaria. No hay indicaciones de que las cosas mejorarían si nuestro grupo -es decir, el grupo al que seguimos en la película- ganara ni perdiera, es todo muy desolador. Por esto y otros motivos, Beasts of No Nation no es muy fácil de ver. Mirarla es acercarse a una realidad que es en extremo desalentadora, es pasar un poco más de dos horas en un estado de angustia e indignación, un recordatorio de miles de vidas vividas en otra parte del mundo, en donde la televisión es de imaginación, una carcasa sin pantalla, una ficción. Esto también es una ficción, pero lamentablemente, es mucho menos ficción de lo que nos gustaría. Pero no desesperen, quizás no todo esté perdido. ¡A mirarla!

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1365050/