Nick Cave & the Bad Seeds: Skeleton Tree (2016)

Es complicado escribir sobre un artista al que admiramos sin caer en el abuso de referencias o en otras demostraciones de fanatismo. Pero no importa; Nick Cave y su banda The Bad Seeds lanzaron Skeleton Tree, y es ridículo no emocionarse por eso. El problema es que este disco nos agarra en un momento vulnerable, ya que es difícil ignorar el catastrófico contexto de su producción y lanzamiento. Sé que mis sentimientos y opiniones con respecto a Skeleton Tree van a cambiar con el pasar del tiempo (al menos espero poder digerirlo más ligeramente en el futuro), pero por el momento es mejor no obviar su existencia y hablar sobre su crudeza, pero también de su belleza.

Parece imposible mencionar a Skeleton Tree sin hacer referencia al trágico período que Cave viene atravesando. Como algunos sabrán, en julio del 2015 uno de sus hijos mellizos, Arthur, de 15 años, murió al caerse de un acantilado. Si bien la banda venía componiendo y grabando cuando ocurrió este horrible accidente, nadie esperaba que poco más de un año después lanzaran no solo un disco, sino también una película. Siguiendo el camino de 20,000 Days on Earth (2014) con el disco Push the Sky Away (2013), un día antes del lanzamiento del álbum Cave presentó la película One More Time With Feeling, dirigida por Andrew Dominik (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford), como una forma de evitar la prensa y como una ayuda para procesar su dolor. Lamentablemente aún no se estrenó en Uruguay pero, juzgando por el trailer, parece que va a ser el tearjerker del año.

Cause nothing really matters
We follow the line of the palms of our hands
You’re standing in the supermarket, nothing, holding hands
In your red dress, falling, falling in, falling in
A long black car is waiting ‘round
I will miss you when you’re gone
I’ll miss you when you’re gone away forever
Cause nothing really matters
I thought I knew better, so much better

-“I Need You”

Uno puede ver el hilo conductor en la discografía de la banda, la evolución natural de los sonidos entre un disco y el siguiente, y es por eso que Skeleton Tree es la perfecta continuación de Push the Sky Away, sobre todo por la exquisita instrumentación y el aire de celestialidad de los coros, una combinación que provoca piel de gallina. Pero esa no es la única reacción que puede generar el disco, por supuesto. A pesar de que sabemos que la banda ya estaba grabándolo cuando ocurrió la tragedia en la vida de Cave, no se puede ignorar que una presencia espectral envuelve a Skeleton Tree; es algo que se puede sentir y absorber, una niebla oscura y, al mismo tiempo, un lejano halo de luz que atraviesan las ocho canciones. Una presencia inamovible que hace que Cave exprese la máxima añoranza y la peor pérdida. Esta atmósfera fantasmal es resultado, en gran parte, de la unión entre percusiones introvertidas, como en suspensión, y el sintetizador tenebroso de Warren Ellis. En definitiva, una apuesta diferente por parte de The Bad Seeds, que podrían desplegar todo su virtuosismo a puro ritmo y volumen (mención especial: Dig, Lazarus, Dig!!!) pero esta vez lo demuestran sabiendo cuándo y cómo acompañar una canción. Cada componente, ya sean violines afligidos, notas de un piano dramático, raspaduras de la batería o el protagonismo del sintetizador siniestro, llega orgánicamente en el momento ideal para alterar la pasividad del oyente. Si sos asustadizo/a, en “Jesus Alone” podés hasta sentir miedo gracias a los sonidos sintéticos que recrean una escena a lo Juicio Final que se refuerza con el tono dictatorial de Cave. Por otro lado, en los primeros segundos de “Magneto” se invoca una especie de presencia amenazadora, como si estuvieras frente a una criatura salvaje mirándote a los ojos. Y en “Distant Sky” podés sentir lo más cercano a una divinidad acariciándote la cara. La contraposición de la instrumentación clásica con el uso de synths para invocar ambientes de todo tipo hacen de Skeleton Tree un disco sumamente experimental, y eso nuestro cuerpo lo percibe.

Y así como sentimos su desolación en la atmósfera de las canciones, esta vez las letras ambiguas y oscuras que siempre caracterizaron a Cave las conectamos (en algunas ocasiones, equivocadamente) casi con exclusividad a la muerte de su hijo. A lo largo de su célebre carrera (repleta de discos 10/10), se sirvió de personajes, tanto ficticios como reales, para narrar en canciones algunas de las escenas más turbias de la música contemporánea -primer premio: Murder Ballads (1996)-, pero como si se tratara de una especie de broma enfermiza del destino, esta vez el público se encuentra ante la incertidumbre de qué es biográfico y qué es inspiración del catalogado Prince of Darkness (un término que seguro hace reír a Cave). A lo mejor no importa, porque sabemos que lo que expresa en lírica debe ser la punta del iceberg de lo que siente, y eso nos pone en una posición delicada a quienes estamos del otro lado, quietos, esperando a que pronuncie las primeras palabras. Y ya en el principio lo sentimos, Skeleton Tree abre con tres versos que nos sacuden y presentan de qué va el disco: You fell from the sky / Crash landed in a field / Near the river Adur. No se sabe si estas palabras se escribieron antes o después del accidente (si fue antes, la premonición es muy perturbadora como para considerarla), pero lo interesante acá es la decisión del artista de introducir el disco advirtiendo que los siguientes 39 minutos van a ser turbulentos.

Claro que a lo largo de las ocho canciones nos volvemos a encontrar con algunas figuras recurrentes de la discografía de Nick Cave & the Bad Seeds (la querida imagen de la sirena es un caso), pero en esta ocasión Cave también nos presenta sus nuevos fetiches, como los supermercados (quizás un símbolo de cómo el duelo nos pega más fuerte en los lugares más mundanos) y una continua referencia a una mujer de vestido (probablemente se trate de su esposa, Susie Bick).

Oh, the urge to kill somebody was basically overwhelming
I had such hard blues down there in the supermarket queues
And I had a sudden urge to become someone, someone like you
Who started out with less than anyone I ever knew

-“Magneto”

Es extraño sentir que Nick Cave está compartiendo lo más personal de su vida y no narrando una obra de su mente genia y oscura, pero esto no es nuevo: la última vez que estuvimos frente a algo similar fue con The Boatman’s Call (1997), pero la diferencia es que en un disco ilustra lo que es sentir el amor y en el otro lo que es perderlo (a grandes rasgos, claramente). Esto lo podemos ver contraponiendo “Into My Arms” con “I Need You”, dos canciones hermosas, cantadas en primera persona, con espíritu biográfico, que hacen llorar hasta al más insensible, pero que dejan al oyente en estados muy diferentes después de escucharlas. Quizás es porque hacen un trabajo espectacular transmitiendo la sensación de estar enamorado o sufriendo un duelo. Y así como Skeleton Tree abrió con tres versos que rompieron nuestra paz mental, parece que nos obliga a aceptar el estado de las cosas ya hacia el final cuando un Nick con voz melancólica reitera que nada es gratuito, como si estuviera demostrando que su visión de un amor sin dolor era verdad.

Lo que sí es una novedad para la banda son las vocals, tanto por parte de Cave como de The Bad Seeds. No se puede ignorar el cambio en su voz y cómo las letras afectan la performance de uno de sus principales instrumentos de trabajo. Sin embargo, el resultado dista de ser negativo. En una canción el artista puede asustarnos con un timbre terrorífico y a la siguiente hacernos derramar unas lágrimas cuando está a punto de quebrarse. Y no siempre los cambios son tan dramáticos. Por ejemplo, con “Rings of Saturn” podemos sentir cierto encantamiento en su voz, reforzados por los coros puros de la banda; y en “Anthrocene” incluso se puede percibir algunos vestigios de un Cave del pasado. Por otro lado, las atmósferas de Skeleton Tree perderían bastante fuerza si no fuera por los coros de la banda, que se alejan completamente de las energías punk o rock que supieron entregar para unirse en etéreos sonidos onomatopéyicos.

They told us our gods would outlive us
They told us our dreams would outlive us
They told us our gods would outlive us
But they lied

-“Distant Sky”

Ya lo había dicho: Skeleton Tree es un camino turbulento, pero digno de ser recorrido una y otra vez. Un camino que empieza hundiéndonos con You fell from the sky pero que nos deja algo más tranquilos (o resignados) con el último verso, And it’s alright now, como si se tratara de una conversación entre él y su hijo, o entre él y su mente oscura y hermosa. La belleza del disco está en las atmósferas que fluyen entre sí, en la especie de niebla que atravesamos solos pero guiados por un Nick Cave que apenas reconocemos pero que recibimos con los brazos abiertos. Y él es el que más lo nota, como menciona en el trailer de One More Time With Feeling: “Most of us don’t want to change, really. I mean, why should we? What we do want is sort of modifications on the original model. We keep on being ourselves but just, hopefully, better versions of ourselves. But what happens when an event occurs that is so catastrophic that you just change?”. Nick y The Bad Seeds habrán cambiado pero eso no significa que no están siendo una mejor versión de sí mismos. 

Veredicto: 9/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/34xaLN7rDecGEK5UGIVbeJ

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The Julie Ruin: Hit Reset (2016)

Hoy en día es casi imposible pasar una semana sin leer un artículo en el que se mencione al feminismo. Si bien la lucha por los derechos de las mujeres tiene una larga historia, por suerte en estos últimos años el tema se está tratando cada vez más, y el término está perdiendo el estigma que se le adjudicaba. Frente a esta oleada de definiciones, de ejemplos sobre lo que es feminista y lo que no, etc., hubo una persona que se hizo extrañar: Kathleen Hanna. La icónica artista feminista, quien fue la cara más visible de Bikini Kill y Le Tigre, estuvo un poco desaparecida por su batalla con la enfermedad de Lyme, retratada crudamente en el documental The Punk Singer (2013), en el que se la ve enfrentando los problemas físicos y neurológicos que genera la infección. Y la verdad es que es de las pocas cosas que pueden parar la energía explosiva de Hanna, una de las voces más expresivas del feminismo de la tercera generación y la abanderada del movimiento Riot Grrrl.

Necesitaba que volviera Kathleen, y no sabía cuánto hasta que lanzó Hit Reset con The Julie Ruin, que agrupa también a Kathi Wilcox. Claro que no me olvido de Run Fast (2013), el primer disco de la banda, que nos introdujo al más perfecto dance punk, con teclados pop, guitarras filosas, palmas que son imposibles de no acompañar y coros que se te quedan pegados en la mente. Pero con su disco sophomore reivindican su potencia y doblan la apuesta. Más allá de que este lanzamiento es un claro signo de la recuperación de Hanna (en este momento no se me ocurre ningún vocalista con mayor potencia vocal) y de la vuelta de un ícono feminista, Hit Reset viene para darle una cachetada a los opresores así como para mantenernos despiertas, ya sea en la sociedad, en la familia, en las relaciones o en nuestra mente.

Con Hit Reset Hanna deja la postura política del feminismo que siempre defendió para entrar a un plano más personal. En este trabajo, el feminismo no es un discurso que se proyecta a gritos sino una postura que se representa. La artista se aleja un poco del mensaje colectivo para hacer foco en lo individual, que termina representando y llegándole a más personas, ya que en canciones de tres minutos sentimos la lucha, tanto externa como interna, de una mujer que nunca se va a dejar vencer. Pero esta lucha no es nada solemne, por el contrario, viene acompañada con ritmos que dan ganas de bailar con una sonrisa.

You may be a bit outrageous
And I might scream with anticipation
But I— I’ll decide

And I might make mistakes and chances
Though I may be at a disadvantage
But I— I’ll decide

-“I Decide”

Hit Reset
comienza con la canción homónima, un mensaje que hace referencia a la infancia de la cantante, específicamente a la relación con el déspota de su padre. Pero las alusiones biográficas no acaparan el álbum, aunque sí el sexismo y abuso emocional que sufrió en su vida. Sí, claro que en la trágica “Let Me Go” le pide a su esposo que le tenga piedad y la deje terminar con su enfermedad (no menciona directamente a la eutanasia pero el mensaje es bastante claro…), así como “Calverton” es una dulce balada dedicada a su madre. Pero es en las más ácidas (y, casualmente, mis favoritas) como “Planet You”, “Mr. So and So” y “I’m Done” en las que tanto ella como el resto de la banda brillan, con una energía instrumental y vocal que nos llega directo a la piel. En estas canciones tenemos la dosis de sarcasmo que caracteriza a Hanna, que ilustra con precisión la condescendencia que tiene que soportar a través de escenas cotidianas e intercambios con personajes nocivos que todos tenemos en nuestra vida, ya sean amigos narcisistas, parejas que no nos aprecian o posers intelectuales. Son ese tipo de canciones que provocan mucha rabia, ganas de bailar y cantar al mismo tiempo.

I jump out of my plane
In a parachute that says “girls rule”
With a Sleater-Kinney T-shirt on
And when I land you know I’m just gonna have to demand a booklist
Just you just write it out by hand
And make sure it tells me why feminism needs to exist
Take a picture with me
Oops, I snuck a kiss
Come on, it was just a joke
My girlfriend’s a really big fan
Silence, silence
I’ll wear you like a shield to hide me from what I really feel
And criticism, by the way, you play so good for a girl
And thanks for all you do, pat, pat on the head
Stand too close now go change the world

You can’t say goodbye before I get my hello
Mr. So and So
It’s all just for show
Except his sweaty glow
Mr. So and So

-“Mr. So and So”

A su vez, hay canciones que pueden funcionar perfectamente como himnos feministas, distintos a los que creó con Bikini Kill porque esta vez se alejan del “Nosotras” para darle paso al “Yo”. Ya sea con el manifiesto sobre el consenso en “I Decide” o en las aspiraciones que van en contra de nuestros ideales con “Roses More Than Water”, Kathleen logra articular lo que yo no sabía que pensaba hasta el momento.

Maybe I want roses more than water and to be a
Loving father’s daughter
Maybe I want something much more like a
Brownie sundae party behind closed doors or
A typewriter palace with a shark filled moat
Maybe I’ll be hoaxed by my own demise
“I hear she saw a cliff and kept on driving”
Maybe I’m more hell-bent on living than I am on just surviving

-“Roses More Than Water”

Pero estas letras ingeniosas no están aisladas como mensajes sociopolíticos, como sucede con otras bandas punk. Acá la música es valiosa, y en serio. La guitarra es lo suficientemente agresiva como para darle dramatismo a la canción sin opacar al resto de la composición, los teclados ochentosos hacen que todo sea un poco más light-hearted sin caer en lo humorístico, el bajo de Wilcox sigue siendo tan expresivo como lo conocíamos pero más refinado, y la batería marca nuestro paso rabioso siguiendo la marcha que lidera Kathleen. La magia de The Julie Ruin es que nos da la agresividad del punk, el groove del dance y lo político del feminismo sin poder (y sobre todo, sin querer) procesarlos por separado. Con Hit Reset no estoy escuchando solo uno de los discos punks más inteligentes o algunos de los ritmos más bailables de los últimos años. Es algo más. Hit Reset me da esperanzas, no solo como amante del punk y aficionada del dance, sino también como feminista, como mujer. Hace ya un tiempo que no sentía que un disco fuera tan necesario y la respuesta a lo que estaba buscando. ¿Por qué necesitábamos a Kathleen? Porque a veces necesitamos que alguien grite para despertarnos. Y cuando Kathleen grita, yo escucho.

Veredicto: 9/10 y un gran ❤
Spotify: https://open.spotify.com/album/4D4vLiYKRycKzBSX1Y1sjg

Primal Scream: Chaosmosis (2016)

2016 viene siendo el año de Screamadelica. A lo mejor es porque estamos en el aniversario 25 de su lanzamiento, pero ni el público ni los críticos pueden superar la adicción que les genera el disco más droga de la historia. Y los entiendo, porque yo también caí en la obsesión. Pero en el 2016 se tendría que haber hablado un poco más sobre lo último de Primal Scream: Chaosmosis. El problema es que el grupo escocés sufre la maldición, como les sucede a otras bandas, de ser siempre comparado con su mejor trabajo. Eso es lo que le pasa con Chaosmosis. Su onceavo álbum tiene casi todo para ser un éxito pop: ritmos bailables, coros pegadizos y anticipadas colaboraciones con princesas semi-indies. Y si bien logra que movamos el esqueleto, al disco le falta la energía que caracteriza a la banda, la que la hace una de mis favoritas a la hora de estimularme con música.

Pero con Chaosmosis Primal Scream se queda a media potencia. El acid house y punktronica que supo abanderar le abren paso a un dance pop más domado, acompañado de un cambio en la lírica de las canciones. Es que a pesar de que ya hace un tiempo que están limpios de drogas, el tema sigue latente, ya sea con analogías o reflexiones directas. Las letras reflejan un cambio de perspectiva de Bobby Gillespie, que se demuestra más introspectivo y pesimista. Quien nos enamoró con sus representaciones de viajes ácidos (como en “Higher Than the Sun”), ahora nos da una reflexión consciente sobre las consecuencias del abuso de sustancias. Es inevitable extrañar los orígenes house de Primal Scream y sus canciones sensoriales, poco digeridas, pero al menos en este cambio vemos que se están arriesgando.

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Ojo, esto no significa que el disco no sea disfrutable. Es más, son los distintos ambientes que crea los que mantienen nuestro interés a lo largo de las diez canciones. Comenzamos con la sensual “Trippin’ on Your Love”, con una instrumentación y coros femeninos (de las casi imperceptibles hermanas Haim) que hacen revivir levemente la energía de amor y paz del Screamadelica. Enseguida, el ambiente cambia a uno mucho más oscuro con “(Feeling Like A) Demon Again” y unos perturbadores sonidos que nos transportan a Japón; no de una forma tan directa como el Visions de Grimes, pero sí con recursos sonoros que asociamos con la cultura nipona, como los de videojuegos o de animés. Pasamos al tercer track, “I Can Change”, un groove que relaja y provoca bailar lentamente; la palabra perfecta para resumirlo es “soothing”. A continuación, tenemos “100 % or Nothing”, la segunda colaboración con Haim, que se destaca del resto del repertorio al tener un poco más de potencia tanto en ritmo como en vocales.

Nos frenamos a la mitad del disco con “Private Wars”, que sirve de intermedio, algo así como “Inner Flight” en Screamadelica, excepto que esta última es una experiencia estética, mientras que “Private Wars” es una especie de lullaby acústica que dan ganas de saltear. Justo cuando estábamos por quedarnos dormidos, el disco nos sacude con “Where the Light Gets In”, una canción que parecería ser más de Sky Ferreira en colaboración con Primal Scream y no al revés. Los sintetizadores setentosos y el coro que hipnotiza hacen de esta una de las canciones dance más cool del año. ¿Será esta unión la versión 2.0 de Gillespie y Kate Moss? Parece bastante obvio después al comparar el video “Where the Light Gets In” con el de “Some Velvet Morning”.

Y como si buscaran romper drásticamente la atmósfera dance pop, se nos presenta “When the Blackout Meets the Fallout”, la más agresiva de Chaosmosis, una referencia directa a la energía frenética del XTRMNTR. A continuación tenemos “Carnival of Fools”, un track extraño, que genera sentimientos encontrados por los cambios en el ritmo y por las distintas texturas que crea el uso rústico de los sintetizadores. Pero antes de que perdamos el interés, tenemos la canción más sensorial del disco: “Golden Rope”. En esta, Gillespie no solo deja de concentrarse en la primera persona sino que también nos devuelve la esencia rock de Primal Scream con la guitarra eléctrica y el dramatismo de gaitas y coros góspel. Finalmente, y como si se tratara de una receta obligatoria de todo cierre de disco, Chaosmosis termina con la melancólica pero bastante bailable “Autumn In Paradise”.

Hay que reconocer la constante búsqueda de Primal Scream por abrir nuevos caminos y despegarse de los géneros que le han adjudicado. Estamos hablando de una banda que tiene más de treinta años y que nunca repitió fórmulas exitosas, como sucede con otras veteranas. Además, ¿por qué Bobby Gillespie seguiría hablando sobre el ácido? Eso sería bastante aburrido (y preocupante). Yo también soy responsable de perpetuar esta constante comparación de Primal Scream con su mejor trabajo, pero eso es lo que pasa cuando sientan la vara tan alto. En Chaosmosis, Gillespie expone su visión de la madurez, y aporta su más que relevante perspectiva sobre el camino que la música dance tiene que seguir hoy en día. Y lo hace con ritmos y momentos que pueden hasta dar piel de gallina.

Veredicto: 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/1lR4wYAc8boPYQ0nby3X5J

PJ Harvey: The Hope Six Demolition Project (2016)

Dejemos algo en claro: PJ Harvey nunca va a hacer un mal disco. Sí, se puede ir a un sonido más mainstream (como en Stories From the City, Stories From the Sea), o lanzar un art album un poco más difícil de escuchar (como White Chalk), pero nunca nos va a aburrir con algo ya hecho, menos por ella misma. Y dejemos otra cosa en claro: PJ es un 10. Sí, tiene discos más geniales que otros, pero su capacidad camaleónica representa ese gran aspiracional para todo artista que se podría resumir por “artistry” (ese concepto que tanto le gusta a Kanye West).

Hace dos años leí que podría llegar a pasar hasta una década para escuchar nuevo material de mi artista favorita. Esta noticia no solo desalentaba a fans como yo, sino también al panorama general de la música, ya que a lo largo de sus 25 años de carrera, Harvey se mantuvo siempre a la vanguardia, y se convirtió en un enigma tanto para la prensa como para el público. ¿Quién es, realmente, Polly Jean Harvey? Probablemente nunca lo sabremos, pero con sus últimos trabajos al menos podemos conocer los temas que le interesan, o mejor dicho, le preocupan.

Volvamos a esa noticia de que PJ no iba a sacar un álbum en muchos años. Bueno, ese rumor pareció evaporarse el año pasado cuando Polly y su banda llevaron a cabo Recording in Progress, una instalación artística en la que el público podía presenciar la grabación del disco a través de un vidrio unidireccional. Esto fue algo inesperado, más viniendo de ella, que siempre fue muy reservada con su proceso de creación. Esta sorpresa, más unos teasers polentosos que vimos a principios de año, nos adelantaban una nueva faceta de Harvey, y la prensa empezó a especular.

Flashforward a abril del 2016: PJ lanza The Hope Six Demolition Project y días después se convierte en el disco más vendido del Reino Unido. Las reviews no son malas, pero tampoco son geniales. Se ve mucha comparación con Let England Shake, varias menciones al “escándalo” por lo que dice en “The Community of Hope” y, sobre todo, una crítica a la falta de profundidad de sus letras.

The Hope Six Demolition Project es un disco distinto, ya con el nombre que parece un trabalenguas y su tapa rústica podemos presentirlo. No es algo que hayamos escuchado antes y no es fácil de digerir la primera vez que entramos en contacto con él. Inspirado en sus viajes por Afganistán, Kosovo y Washington D.C.; muchos críticos estaban esperando que The Hope Six Demolition Project fuera la versión internacional de Let England Shake (¿Let the World Shake?), pero ese no fue el resultado, y ya en el primer track nos queda claro. “The Community of Hope” nos inyecta un extraño optimismo gracias a su melodía alegre, que a pesar de sus cambios de ritmo nos mantiene moviendo la cabeza sin parar. Pero ni bien escuchamos la letra sombría nuestra cabecita empieza a detenerse. Este contraste entre melodías lindas y letras oscuras es un recurso que aparece a lo largo del disco, que acompañado de la inocente voz de Harvey nos llega con una dosis de ironía:

Here’s the Hope Six Demolition Project
stretching down to Benning Road
a well-known pathway of death,
(at least, that’s what I’m told).
Here’s the one sit-down restaurant
in Ward Seven. Nice.
Okay, now this is just drug town,
just zombies, but that’s just life.

– “The Community of Hope”

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Casi todas las letras conservan esa perspectiva de observador, lo que se aleja bastante de las canciones más vivenciales del disco anterior. Este cambio de perspectiva irritó a la crítica, que la acusó de no profundizar en lo que sintió, e incluso, de no plantear soluciones para las atrocidades que veía. ¿Por qué el cambio de perspectiva es visto como un retroceso? ¿No es la gracia que PJ continúe experimentando con nuevas formas de expresión lírica? Lo que más irrita es la condescendencia de la prensa cuando la etiquetan de irresponsable al plantear escenarios complejos desde una posición de outsider, cuando el punto es que ES una outsider. Después de tantos años, uno esperaría que no se la subestimara de esta manera, o por lo menos, que se captara la ironía de algunas de sus letras, como el “(at least, that’s what I’m told).”. Y es que así como investigó algunos de los conflictos bélicos más brutales de Inglaterra para plasmarlos de una manera dolorosa pero hermosa en Let England Shake, literalmente salió a conocer la situación de conflictos actuales para registrar y comunicar lo que vio, sin llenar huecos narrativos. Si bien no terminan siendo las letras más profundas, atrevidas o inteligentes que haya escrito la artista (personalmente, me costó asimilarlas al principio), este inesperado cambio de mirada sorprende, guste o no.

A restlessness took hold my brain,
and questions I could not hold back.
An orange monkey on a chain
on a bleak uneven track

told me that to understand
you must travel back in time.
I took a plane to a foreign land
and said, I’ll write down what I find.

– “The Orange Monkey”

El resultado de su viaje transcontinental son canciones que funcionan como fotografías en las que vemos a la artista en el centro, sumida en la confusión, sin saber qué hacer con lo que está viendo (quizás su respuesta a esto fue grabar el disco). Sumado al material audiovisual que registró su colaborador, el cineasta y fotógrafo Seamus Murphy, los panoramas adquieren realidad y dramatismo. Y a pesar de que tanto en los videos como en las canciones se exponen todo tipo de hechos mundanos pero desoladores, son los niños los grandes protagonistas y la fuente de inspiración (y de desesperación) de Harvey.

Little children, don’t disappear
I heard it was twenty-eight thousand
lost upon a revolving wheel
I heard it was twenty-eight thousand
all that’s left after a year
I heard it was twenty-eight thousand
a faded face, the trace of an ear
I heard it was twenty-eight thousand

– “The Wheel”

Sin duda la voz de PJ ayuda a transmitir la energía de cada uno de los once tracks. En cuestión de segundos, puede ir desde un semi-falsetto que parecería quebrarse en cualquier momento a una nota grave y más tranquila. Además, cuenta con el apoyo del coro masculino de su banda, que le aporta un espíritu de comunidad a un álbum bastante solitario. Precisamente, lo que se destaca de Hope Six es la riqueza de las melodías, distintas atmósferas que conforman un disco gitano, nutrido de instrumentos que brillan en los momentos ideales y guiado por el gancho de versos que no riman pero que la genia de PJ Harvey los hace funcionar.

Al terminar de escuchar Hope Six, uno se puede sentir un poco confundido, con sensaciones encontradas. ¿Es un disco esperanzador, realista o pesimista? Si hay dudas sobre la posición de PJ, podemos seguir la pista de los últimos versos de las canciones, que con dramatismo o ironía cierran el mensaje de cada una de estas complejas composiciones:

They’re gonna’ put a Walmart here. (“The Community of Hope”)

This is how the world will end. (The Ministry of Defence”)

If we haven’t learnt by now / then we’re a sham. (“A Line in the Sand”)

A circle is broken, she says. (“Chain of Keys”)

What will become of us? (“River Anacostia”)

That’s what they want, oh yeah / Money, honey (“The Ministry of Social Affairs”)

And watch them fade out. (“The Wheel”)

Repasemos qué se puede juzgar del último trabajo de Polly: ¿sus notas de viaje transformadas en canciones? ¿Los increíbles instrumentos que nos transportan física y temporalmente? ¿El hecho de que se haya grabado en presencia de cientos de personas? A PJ se le está exigiendo que todo cuadre perfectamente, que continúe en el camino de la excelencia, y encima, que cumpla un rol social. Yo no pido eso. Yo pido que PJ Harvey continúe siendo PJ Harvey, ese camaleón que me sorprende y no me muestra lo que ya probó que sabe hacer, por más que signifique que su nuevo disco me guste un poco menos que otros. A esta altura, no tiene que ser puntuada ni compite con nadie, excepto consigo misma.

Veredicto (escala PJ Harvey): 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/5IKDqSC2lTcDWRqHUDGgwF

Discos favoritos 2015: Puesto 1

Bueno, ¡llegamos al fin al Puesto 1 de mis discos favoritos del 2015! Esta es una artista que descubrí apenas el año pasado pero de la que ya estoy perdidamente enamorada. Lo único que voy a adelantar en este innecesario párrafo de introducción es que tiene TODO lo que quieren las guachas.

PUESTO 1 – Julia Holter – Have You In My Wilderness 

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Lo primero que me fascinó del cuarto disco de Julia Holter es que por momentos parece que se va a entregar a las estructuras típicas de las canciones pop, pero es en ese preciso instante en que Julia parece seguir otro tren de pensamiento y de repente abandona lo que venía construyendo para entregarse completamente a esta nueva sensación y nosotros la seguimos como embobados. Porque son esas transiciones, esos dinamismos de su forma de ver el mundo y sentirlo, lo que les da a cada una de las canciones una sinceridad devastante y una belleza que te estruja el alma. Es como si estuviera dando pinceladas impresionistas con su voz y, afortunadamente, su excelente banda está en completa sintonía con ella, y acompañan cada una de esas pinceladas con las propias, en total armonía.

Su voz es hermosa, de una dulzura y una delicadeza abrumadoras, se siente a la vez frágil pero segura, vulnerable porque es la manifestación de sus estados más interiores, pero fuerte en esa valentía y convicción de querer exponerse completamente a nosotros. Así lo afirma en el título de su álbum, Have You In My Wilderness: quiere darnos la bienvenida, a nosotros como oyentes y a aquellos afortunados a quienes vayan dirigidas las canciones, a su yo sin tapujos, a su yo sin filtros, a su yo más primitivo y salvaje. Pero además de su voz, este disco cuenta con los arreglos musicales más hermosos que escuché en mucho tiempo. Lejos están de los discos anteriores de Julia, donde aún se escuchaba una experimentación que, si bien es siempre interesante, a veces entorpecía el sentimiento. Aquí los arreglos de cada canción están pulidos a la perfección, llenando los espacios que deben ser llenados pero también pausando en los momentos justos, cada canción respira tranquilamente, sin ningún apuro, cada nota y cada instrumento aparece cuando se convierte en inevitable.

En algunos momentos me hace acordar a mi adorada Kate Bush, al principio de “Silhouette”, por ejemplo, y en “Everytime Boots”, y así como hacía Kate, Julia logra adaptar su voz a la atmósfera de la canción, y es simpática y juguetona en algunas como en el comienzo del disco, “Feel You”, quizás la canción más pop de todas, pero que, sin embargo, comienza con unas notas de clavecín; luego en “How Long?” saca a relucir sus graves en unas vocales lúgubres, como de sirena llorando en una roca; y en la jazzera “Vasquez” adopta un tono más pillado; en fin, ya me entienden.

Temáticamente, muchas de las canciones parecen conectadas al agua de una forma u otra, ya sea la lluvia encantadora de “Feel You” u otra lluvia que no llega en “Betsy On The Roof” , una lluvia que se hace desear tanto como “las respuestas” a la desesperada protagonista; “I only swim to you“, exclama en “Silhouette”; luego está la pobre Lucette, varada en una isla; en “Sea Calls Me Home”, los llamados del mar, extendiéndose abierto y libre frente a ella, ¡pero ella no sabe nadar! Sus letras suelen ser enigmáticas, poéticas, con una abstracción que no se refugia en la oscuridad de significados sino en la expresión de un sentimiento, dejando la narrativa en un segundo plano.

Ya debo haber mencionado todas las canciones de alguna forma u otra, es que realmente es un disco perfecto, pero para dejar establecidas mis favoritas voy a seleccionar: “Silhouette” por esa mágica transición que hace en la tercera parte de la canción; “Sea Calls Me Home”, por la claridad de su voz y la declaración “I can’t swim. It’s lucidity. So clear!”, esas ganas de entregarse a pesar del reconocimiento de los miedos que conlleva, un verso cuyas inflexiones cambia maravillosamente hacia el final (¡y ese saxo!); “Night Song”, de la que solo voy a decir que ya no puedo escuchar sin llorar (bueno, voy a decir algo más y es que cuando vi Carol por primera vez, el regreso en el bondi fue en un loop de esta canción, y fue la combinación más maravillosa de cine/música que experimenté en mucho tiempo) y “Betsy On The Roof”, con sus capas de voces y la explosión musical en su clímax.

En conclusión: WOW.

SPOTIFY: https://open.spotify.com/album/1kVTV6AoeMjAOMOJyVfYOl

Discos favoritos 2015: Puesto 2

La emoción que siento por esta persona es enorme. Recuerdo cuando la descubrí en el 2014 y me obsesioné con lo que para mí fue una de las mejores canciones del año, en la que describe una especie de ataque de pánico con humor ácido, con desgano existencial, con una guitarra medio letárgica y una forma de cantar hablando, que, para toda su aparente falta de convicción, no deja de ser absolutamente contundente y resonante conmigo.

PUESTO 2 – Courtney Barnett – sometimes i sit and think, and sometimes i just sit.Cournetbarnett

Lo ya mencionado sobre la increíble “Avant Gardener” (que era parte de un EP doble que sacó Courtney en el 2013) es también válido para su primer disco. Siempre tengo sentimientos encontrados sobre hablar de “generaciones” y agrupar los dilemas de una era bajo un corte temporal arbitrario, pero si me terminara inclinando para ese lado, diría que Courtney Barnett es mi candidata elegida para ser la voz de mi generación. Reúne lo mejor de dos mundos, sus letras son absolutamente ingeniosas y de lo más inteligente que he escuchado ever, pero jamás se tornan pretenciosas; no es que sea humildad -esa característica que tan rápido se transforma en algo fastidioso-, es simplemente una postura no desafiante, una confianza sin alardes en su forma de observar el mundo. Por supuesto que toda esta falta de solemnidad es resultado de, entre otras cosas, su excelente sentido del humor.

La mayoría de las canciones de Barnett se construyen sobre lo mundano, y es increíble ver como en espacio de unos minutos lo mundano se convierte en una reflexión sobre una cuestión más profunda, más abarcativa, más relacionada con la base de la existencia. Y lo más alucinante de esto es que es cero pesado, cero pasmoso. Viene atado a su humor ácido, más bien tirando a cínico, pero que jamás se pone demasiado oscuro, y el resultado final termina siendo una combinación fascinante de sentimientos, algo así como cuando sonreís con los ojos tristes. Un claro ejemplo de esta sublime transición aparece en los siguientes versos de uno de los mejores temas del disco, “Depreston”, en la que Courtney describe una visita inmobiliaria a una casa y tras varias observaciones sobre los puntos fuertes de la propiedad y del barrio, canta: “Then I see the handrail in the shower, a collection of those canisters for coffee tea and flour, And a photo of a young man in a van in Vietnam, And I can’t think of floorboards anymore, whether the front room faces south or north, And I wonder what she bought it for” ; de pronto asocia la baranda de la ducha con la edad de la señora que falleció en la casa, y la conecta con la foto del joven en Vietnam, quizás su hijo o su marido, probablemente también fallecidos ya que la señora murió sola, y se siente conmovida por la situación, culpable por estar pensando en las trivialidades de la casa cuando esta tiene una historia tan humana detrás de cada rincón…, pero, ¡esperen! Courtney no se sube a su caballito moral y nos canta desde ahí arriba, enseguida después de estos instantes de reflexión, vuelve a su preocupación inicial, el dinero, si la podrá costear. No sé a ustedes, pero cosas como esta la convierten en una de las mejores liricistas de todos los tiempos. Sí, SUPERLATIVOS.

Afortunadamente, Courtney no solo se destaca por su destreza como escritora: el sonido que le saca a su guitarra es lo máximo, alternando entre temas con una energía grungy cuando corresponde y otros que se destacan por distorsiones melancólicas, como en la épica “Small Poppies”. No hay una sola canción en todo el disco que no tenga su momento de brillantez, pero para destacar alguna otra voy a incluir “Pedestrian at Best”, un éxito instantáneo y una de los versos que más me identifica (“Put me on a pedestal, I’ll only disappoint you”), “Nobody Really Cares If You Don’t Go to the Party”, sobre el FOMO y “Kim’s Caravan”, uno de sus momentos más serios y musicalmente intensos, en la que admite que no importa de qué hable, nosotros vamos a interpretar lo que queramos.

En fin, ¿qué más puedo decir de esta joven ansiosa, hilarante, inteligente y fascinante millennial y su fantástico disco debut? Sus canciones son como cuentos y su guitarra combina lo mejor de los 90’s y la psicodelia en un sonido fresco y honesto. Si alguien me preguntara qué tipo de música sería si fuera música, no dudaría un segundo en contestar que intentaría ser como ella.

SPOTIFY: https://open.spotify.com/album/4xRrnbv5WmQp6CJXksbF1t

Discos favoritos 2015: Puesto 3

Debo admitir con mucha vergüenza que me enteré de la existencia de este disco por casualidad, a pesar de ser fan de la inigualable Róisín Murphy hace mucho tiempo, desde su época en Moloko hasta ahora. Encima fue en esas discusiones que uno (o yo) se vanagloria de tener la razón y cuando llega Google a dar sentencia, se da cuenta que estaba equivocado. Hablando de Murphy, un amigo de Club Silencio mencionó de pasada este nuevo disco y, yo, incrédula, dije que hacía 8 años que no sacaba un disco. Bueno, por suerte estaba equivocada, ya que Hairless Toys terminó siendo uno de mis discos favoritos del año.

PUESTO 3 – Róisín Murphy – Hairless Toys 

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El primer día que me dispuse a escucharlo, estaba sola y re loca en casa, una tarde de calor agradable y tranquila, un feriado que no recuerdo con exactitud. Lo escuche a máximo volumen mientras me paseaba de un lado para el otro, cerrando los ojos y sintiendo que podía tocar la música. Sí, bueno, sustancia y pasión. Lo bueno de esta experiencia es que me ayudó a meterme de lleno al mundo que Murphy creó para su tercer disco solista. Hairless Toys es muy diferente del juguetón Ruby Blue y del extremadamente bailable OverpoweredHairless Toys muestra a una artista que se sigue desafiando y de paso nos desafía a nosotros como oyentes también.

No podés apresurarte al escuchar este disco, exige nuestra completa atención, nos pide que nos sumerjamos en cada canción y vayamos descubriendo su historia segundo a segundo, historias repletas de giros sorpresivos, letras enigmáticas y una de las voces más interesantes de la historia de la música. Me hago cargo de este superlativo sin ningún problema porque la voz de Róisín es así de especial. Es un disco oscuro, por momentos perturbador, introspectivo, atmosférico y decididamente experimental.

Entre mis favoritas de un disco de tan solo 8 canciones destaco: “Exploitation”, sobre los peligros y diversiones del sexo en la que se repite la pregunta “Who’s exploiting who?” con perturbadora insistencia, una canción épica, rica en instrumentalización con su misteriosa guitarra jazzera y esos sintes inolvidables; “House of Glass”, (con una de mis letras favoritas People like us, From broken homes, Never throw stones, Leave us alone), que avanza en un in crescendo hipnotizante, una mezcla de sonidos espaciales y otros más terrenales, retro, cinematográficos; y “Unputdownable”, en la que demuestra su habilidad de disco diva y su trademark de metáforas larguísimas, en la que habla de un buen libro que no podés dejar de leer (o, entre líneas, de una persona que te tiene muy enganchada), una canción que no puedo resistir cantar a los gritos.

Y como si todo esto no fuera poco, mi Rosita querida fue la que dirigió los videos de los singles del disco, demostrando que no hay límites para su talento y que además de ser una genia musical, tiene un amor muy profundo por el buen cine. Hay de todo un poco entre sus videos y es muy difícil elegir uno para compartir acá, pero debido a que este tiene referencias a una de mis películas favoritas de todo los tiempos –Persona de Ingmar Bergman-, voy a ir con este.

En conclusión, hablar de este disco solo pone de manifiesto mis carencias al escribir, pero no sé si es necesariamente mi culpa, o si sencillamente no se puede poner en palabras humanas música que es directamente, alienígena.

SPOTIFY: https://open.spotify.com/album/4FcK8q5oQnZZZCWkW8BlBS