Dunkirk (2017)

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La verdad es que no sé por qué demoré tanto en ir a ver Dunkirk (Dunkerque en español). No le encuentro razón (bueno, sí, a lo mejor fue por el estrés del día a día y por haberme obsesionado con Shameless UK), porque en definitiva se trata de una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, realizada por uno de mis directores favoritos y protagonizada por dos de mis actores predilectos: Cillian Murphy y Tom Hardy. Tampoco me puedo olvidar que está Hans Zimmer, un maestro de la composición musical que casi me convence de comprar sus clases de Masterclass.

Pero bueno, la fui a ver, con expectativas pero también temiendo de que se tratara de otra película sentimental de esa temática. Y no es que haya problema con el sentimentalismo, se entiende que fue uno de los principales horrores (o el principal, quién soy yo para juzgarlo) del siglo XX. Siempre tuve fascinación con esa guerra, debo haber visto decenas de documentales y leído muchísimo sobre el tema, pero a veces, cuando uno va al cine, quiere veralgo nuevo. Y ese algo nuevo me lo dio Dunkirk.

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A pesar de mi atracción por el tema, sabía poco sobre Dunkerque, la batalla entre los Aliados y los nazis en el sitio francés del nombre de la película. Este fue el lugar donde las Fuerzas Armadas británicas se vieron rodeadas y atrapadas en la costa francesa por la Alemania nazi desde el 26 de mayo hasta el 4 de junio de 1940, hasta que lograron una inverosímil evacuación hacia el Reino Unido gracias a la honorable participación de pequeñas embarcaciones (como yates, botes pesqueros, etc.). Sin embargo, lo que parece hasta milagroso cuando se lee, se termina convirtiendo en una proeza en la película. ¿Por qué? Porque Nolan, como el maestro que es en guion y en dirección gracias a su manejo de los tiempos y lugares de la narración, nos muestra la batalla a través de tres tiempos y lugares distintos: una semana en la tierra por parte del desesperado Ejército británico, un día en el mar desde la perspectiva de los civiles que iban en yate a rescatarlos, y una hora en el aire a través de los ojos de la concentrada Fuerza Aérea. El manejo de la relación tiempo-lugar se hace de tal manera que no llega a confundir, ya a la media hora uno ve la magia de la narrativa de la película y de cómo todo se va conectando perfectamente, hasta completar el puzzle, un juego que Nolan parecería hacer sin esfuerzo.

Por otra parte, si bien muchas personas juzgan una película por sus actuaciones, en Dunkirk son muy buenas pero ninguna se destaca en particular (es decir, no hay de esas actuaciones súper dramáticas que les encanta a los de la Academia), y eso no es en vano. Acá se nos presentan a los británicos en supervivencia. No hay una historia detrás de cada personaje (excepto la del pobre George, un ayudante del yate), ellos son todos hombres de guerra, con la mente atenta para sobrevivir pero con el ánimo a punto de colapsar. Y eso es necesario para hacer que brille la magia de la película, el ingrediente Nolan. Un ingrediente que no tendría tal sabor sin la presencia de uno de sus principales colaboradores: Hans Zimmer. No hay mucho más para decir de la banda sonora que no se haya dicho antes sobre el trabajo del compositor: cómo parecería crear los ritmos de la película, acentuar los momentos de tensión y transmitir la inquietud de una calma que no va a perdurar demasiado. Pero acá Zimmer se destaca por incorporar los sonidos naturales de la costa y el mar, así como los industriales de los ataques en el aire, de los barcos y de las bombas, de los torpedos y de las ametralladoras, y la lista continúa. Si no fuera porque nadie se puede imaginar lo estresante y doloroso que debe ser estar en esa posición, parecería que hemos encontrado una posible banda sonora de lo que es estar en fuego cruzado.

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Otra novedad que me percaté al prenderse las luces del cine fue que en ningún momento se mostró la presencia del enemigo, de los nazis. Además, en ningún momento se buscó demonizarlos. En Dunkirk vemos cómo funciona la guerra, táctica a táctica, de una manera fría. Por otro lado, se da por entendido que la dirección de fotografía no decepciona, trabajo del suizo Hoyte Van Hoytema, que ha hecho la cinematografía de películas como Her (2013), Interstellar (2014) y Spectre (2015), así como la del video/campaña publicitaria de la fragancia “Kenzo World” (2016), que al parecer todos mis conocidos compartieron en sus redes. Puede que en el filme no existan tomas inolvidables como la de Apocalypse Now (1979) y sus palmeras incendiadas con napalm mientras suena “This is the End” de The Doors, o la escena perturbadora de la masacre de los soldados americanos en Normandía de Saving Private Ryan (1998); pero de todos modos pude sentir el frío de la costa francesa, la humedad de los uniformes mojados, la claustrofobia de un buque militar y la soledad que se vive en el aire. Por eso, y la música, es que Dunkirk es mejor apreciada en un cine.

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Sin embargo, no todo superó mis expectativas, y esto es algo que me viene sucediendo con Nolan y su trabajo como guionista. Algunos diálogos son demasiado simples e incluso caen en la búsqueda por generar momentos conmovedores, que debo aclarar que no son de mis favoritos. Pero bueno, se trata de una película bélica, en donde uno de los mensajes muy bien podría ser que todos, incluso los simples pescadores, quieren pelear por su país, y ese es un mensaje positivo imposible de desaprovechar. Además, después de todo, es una película de guerra, y en la guerra los diálogos son simples y precisos, ¿no?

En conclusión, Dunkirk es una película bélica, pero sobre todo, es una de supervivencia. Nos invita a formar parte de una batalla que duró casi diez días en 105 minutos, y hace que uno quiera salir corriendo a investigar un poco más sobre Dunkerque. Si eso no es entretenimiento, no sé qué lo es.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5013056/

 

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5 razones para empezar a ver Peaky Blinders

Qué lindo es cuando encuentro una serie que me gusta y que además está MUY buena. Especialmente cuando sigue “al aire”, porque así puedo vivir el suspenso de una manera más o menos alineada al ritmo de los capítulos, y ahorrarme la decepción de ver el final en cualquier tipo de búsqueda online (como me pasó con The Sopranos, por ejemplo). Si hace mucho tiempo no sentís eso, entonces te recomiendo ver Peaky Blinders, a lo mejor se convierte en tu nueva serie favorita. Acá te dejo cinco excusas para que la empieces a ver.

SU MÚSICA
La principal razón por la que la empecé a ver (además de mi amor por Cillian Murphy) fue por su selección musical, que tanto alababan ciertos sitios “respetables”. Y es que es imposible que pase desapercibida; ya en la intro nos encontramos con la espectacular “Red Right Hand” de Nick Cave and the Bad Seeds. Sí, el tono lúgubre y la criminalidad de las letras del genio de Cave le sientan perfecto a Peaky Blinders, pero es la forma en que la serie explota la canción a su favor lo que hace a esta elección simplemente maravillosa. Si bien la intro va variando de capítulo a capítulo (incluso, para los episodios más dramáticos se utiliza un cover de mi querida PJ Harvey), casi siempre podemos ver un paralelismo entre la canción y lo que vemos en esa primera escena. Sobre todo, vemos la relación ente el protagonista, Tommy Shelby, y el sujeto del que trata “Red Right Hand”.

He’s a god, he’s a man,
He’s a ghost, he’s a guru
They’re whispering his name
Through this disappearing land
But hidden in his coat
Is a red right hand

Después está la banda sonora. ¿Qué serie de hoy en día cuenta con un soundtrack compuesto por Nick Cave and the Bad Seeds, Radiohead, PJ Harvey, The White Stripes y otros destacados de la escena de rock contemporánea? Más al tratarse de un contexto de hace cien años atrás. Aparte de este original recurso (que ya en María Antonieta Sofía Coppola supo utilizar), es la relación que tiene cada canción con la escena que musicaliza lo que potencia toda la narrativa de la serie. Nada es al azar, todo está súper curado.

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SU PROTAGONISTA, CILLIAN MURPHY
Confieso que vería y volvería a ver cualquier película o serie en la que haya actuado Cillian Murphy (sí, incluso In Time), simplemente porque me encanta. Aunque empecé a ver Peaky Blinders por un motivo algo inmaduro, lo que me terminó pasando fue aún más irracional: me enamoré del personaje que creó Murphy: Tommy Shelby. El protagonista es el jefe de una mafia de Birmingham que se dedica a las apuestas de caballos. Pero Tommy no es de esos mafiosos a lo Tony Montana: él tiene cierta moral y códigos, es el jefe de familia y el sostén para una banda de gángsters irascibles. “Things I do, I do it for my family” resumiría bastante el motor de su conducta.

Lo que más fascina de Tommy es la forma en que evoluciona con las temporadas, sin caer en cambios abruptos para mostrarnos una nueva cara del personaje. En cambio, lo que podemos apreciar a lo largo de la serie son leves ajustes de sus códigos y comportamientos, producidos por el poder y las preocupaciones que va ganando. Así, se va haciendo más complejo, más humano, más interesante. Tal como nos pasaría en la vida real, a medida que lo vemos reaccionar ante distintos hechos más lo vamos conociendo, aunque también más confundidos nos deja su complejidad. Y si bien el guion es excelente, Tommy Shelby sería poca cosa sin Cillian Murphy. No podría imaginarme a este personaje sin la mirada desafiante pero semi-risueña del actor, sin el énfasis picante que le da a sus comentarios irónicos o su caminar tan cool cada vez que entra y sale de cuadro.

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SU FOTOGRAFÍA Y ARTE
Me encanta cuando las series hacen un “esfuerzo” extra y de verdad te sumergen en un ambiente que solo conocés a través del arte o libros de historia. Tal es el caso de Agatha Christie’s Poirot y su hermosa interpretación de la Inglaterra de los treinta. Pero bueno, si buscás la belleza de la arquitectura y el estilo elegante de los veinte, te advierto que no los vas a encontrar en Peaky Blinders. Lo que logra su arte es trasladaros a un contexto totalmente desconocido: el de Birmingham después de la Primera Guerra Mundial, cubierto de humo y barro. 

Todos los esfuerzos artísticos (desde el diseño de producción, la cinematografía, el estilismo, etc.) se unen para crear tomas que podríamos congelar en frames que superan la belleza de stills de cualquier megaproducción cinematográfica. Por su parte, la fotografía te aleja y te acerca, entra y sale de foco, como si fueras un habitante más de Birmingham, chusmeando y cuidándote de no ser descubierto. El arte te envuelve en una bruma de putrefacción y humedad que hacen que sientas una pesadez que quizás experimentás en un ómnibus, un día lluvioso, a las ocho de la mañana. Y no me olvido del vestuario o maquillaje, dos de los sellos de la serie. El gracioso pero original corte de pelo de los Shelby y el diseño de gorra que lucen todos ellos se convirtieron en signos representativos de la pandilla y de la serie.

Quizás no veas la elegancia de la arquitectura y la increíble moda de la época, pero esta forma de mostrarnos el contexto es la que permite que entendamos a sus personajes. Y tal como su arte, no los vemos en blanco y negro: es en grises que se maneja la serie.

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SUS PERSONAJES FEMENINOS
Cada vez más, como mujeres pero también como espectadores, estamos exigiendo más variedad de personajes femeninos. Estamos cansados de la estereotipificación de las mujeres en la pantalla, de obsesiones de guionistas y directores que se convierten en clichés (como la tan poco vigente manic pixie dream girl), o de la clásica reducción de papeles al estilo “la esposa de…”, “la madre de…”, etc. Por eso es que me alegré tanto cuando encontré una serie como Miss Fisher’s Murder Mysteries. Y a pesar de que es muy difícil escapar de ser la-algo-de-alguien, lo que logra Peaky Blinders es construir personajes femeninos que van más allá de roles.

No voy a ahondar en detalles (después de todo, esto no es una review) pero te puedo adelantar que te vas a encontrar con una espía y con una mujer que supo liderar a una pandilla. Todo eso mientras desafían al patriarcado inglés. Nice.

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Peaky Blinders

SU “PERFECTO EQUILIBRIO”
Este apartado resume la unión de distintos componentes que hacen de Peaky Blinders una serie original y entretenida. Seguro alguna vez escuchaste o dijiste: “Ay, pero no estoy para ver tanta sangre”. O también: “Me aburren los dramas ingleses”. A pesar de ser un drama, tener un poquito de sangre y ser una producción inglesa, esta serie desafía los preconceptos que tenemos de todas estas y otras tantas clasificaciones.

A modo de ejemplo, por más que esté situada en Birmingham, no describiría a Peaky Blinders como una serie bien británica al estilo Downton Abbey. Este tipo de series siempre buscan transmitir la cultura británica de la época, los valores conservadores y el prototipo del lord inglés y de la English Rose. Esto no sucede en ningún momento en Peaky Blinders. Y si bien se trata de la lucha de una pandilla por mantenerse a flote, es más la forma en que todo va entretejiéndose que la acción sangrienta lo que vemos en la pantalla. Además, en caso de ver sangre, no es nada que no hayamos visto en otras series. Por lo menos, acá las muertes son más “humanas” o realistas.

Pero PB también tiene su dosis de romance, aunque no de la manera en que estamos acostumbrados a verlo. No se nos muestran amores a primera vista o historias perfectas. Por el contrario, las historias de amor se sitúan en medio de un ambiente de tensión y criminalidad. Pero no por eso son menos románticas, ¿no?

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Si esta enumeración no te convenció de empezar a ver Peaky Blinders quizás David Bowie sí lo logre. ¿David Bowie? Sí, porque él era un GRAN fan de la serie; tal es así que pidió (sí, PIDIÓ) que incluyeran su música en la banda sonora e incluso se sacó fotos disfrazado de Tommy Shelby. Y hay más anécdotas como estas… En conclusión: David Bowie te recomendaría ver Peaky Blinders, y seguro su opinión te parece más relevante que la mía, ¿no?