Blade Runner 2049 (2017)

Cuando voy a ver una película, me gusta hacerlo con la mente abierta; pero en la mayoría de los casos, es imposible escapar de los pre-conceptos y prejuicios que se generan de forma automática antes de verla. Cuanto menos sabés de la película, por supuesto, es más fácil rehuirles, pero debo decir que esto no me pasa casi nunca así que el desafío -y pasa en el cine, pasa en la vida, pasa en TNT- es no permitir que estos prejuicios nublen nuestro juicio final. Con Blade Runner 2049 manejaba altas expectativas por dos motivos principales: 1. la película original del 82 dirigida por Ridley Scott es una de mis favoritas y 2. el director de esta secuela, Denis Villeneuve, ha tenido una carrera bastante estelar hasta la fecha y estuvo a cargo de mi película favorita del 2016: ArrivalTodo esto sin mencionar que el trailer me polenteó hasta niveles descomunales, convenciéndome de que difícil que alguien supere el trabajo de Roger Deakins a nivel de fotografía: sí, exagerado, ¿pero acaso vieron el trailer? O SEA.

Entonces, ¿cuál es el veredicto? Blade Runner 2049 es una muy buena película pero por ahora no va a destronar a ninguna de mis favoritas de mis listas. Empecemos con una breve reseña de la anécdota: esta vez volvemos a seguir a un blade runner (una especie de policía que se encarga de rastrear y matar replicants -seres creados artificialmente que apenas se distinguen de los humanos biológicos-) llamado K (Ryan Gosling), quien es asignado a un caso que va ganando complejidad a medida que avanza la película, hasta llevarlo a desentrañar una red de secretos que involucran al blade runner de la película original, Deckard (Harrison Ford). Esta búsqueda hará que K recorra un montón de tierras nuevas de la California futurista, expandiendo así el mundo creado por la original, sumándole a las oscuras callejuelas de Los Angeles iluminadas por neón, otras ciudades abandonadas o en ruinas y bañadas por una luz amarilla que te deja sin aliento. Esta expansión del mundo juega un poco a favor y otro en contra, porque si bien la distingue de la original y nos regala imágenes verdaderamente avasallantes, arruina un poco la atmósfera claustrofóbica y pestilente que tenía la original.

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Pero Deakins retrata todos estos territorios de una forma tan hermosa e impactante que es difícil quejarse, no debe haber escena en la película en la que no podríamos pausar, imprimir y encuadrar, gracias al sentido estético de este genio y al equipo detrás del arte de la película. Sin duda que este es uno de los puntos más altos del filme. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de la banda sonora, un elemento inolvidable de la original (compuesto por Vangelis), pero que aquí no logra destacarse y hasta desaparece por trechos largos de la película. Esta nueva banda sonora fue compuesta por la dupla de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, pero originalmente iba a estar a cargo de Johan Johansson, el usual colaborador de Villeneuve, y me quedé con tremendas ganas de saber qué habría hecho él con el material.

Así que dijimos que a nivel visual tenemos una película que expande el universo de la original; esto mismo sucede a nivel de guión. Se nota el respeto que tiene el director por la original, pero a su vez no teme tomar ciertos de los temas de la película de Scott (quien, dicho sea de paso, es el productor de esta nueva entrega) y aportarles nuevos significados. Se toma su tiempito para hacerlo, con 2 horas y 40 minutos de duración, la película tiene bastantes más diálogos que su predecesora, y en algunos casos esto funciona de maravilla, como el aspecto de la historia de amor de K con otro ser artificial (una maravillosa Ana de Armas) muy a lo Her, que resulta a la vez fascinante y conmovedor, pero en otros genera unas trabas en el ritmo de la película, afectando su dinamismo, como el caso de las escenas de Jared Leto quien se dedica a monologar incesantemente escupiendo algunas de las ideas de la película ya masticadas para nuestra comodidad. Cabe hacer una mención especial a la antagonista de K, otra replicant interpretada con magistral frialdad por Sylvia Hoeks (mi MVP del elenco) y a la jefa de nuestro blade runner, otra mujer bien dotada para la calculada frialdad, la inigualable Robin Wright.

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Como hizo con Arrival, Villeneuve logra una combinación maravillosa de temáticas que se complementan las unas con las otras y que tienen algo para interesarnos a todos, pero en el centro del filme, hay un motivador principal que me pareció de una universalidad tremenda. K, como todos nosotros, busca ser alguien y ese alguien no puede ser alguien del montón, K busca un propósito y un significado para su vida; dicho sencillamente, K busca y desea ser especial, ser el héroe de la película, ser el elegido, el Frodo, el Harry Potter, el Anakin, el Neo (claro que esto es un tropo hecho y derecho), algo que, quizás en menor escala, muchos de nosotros hemos sentido, que somos diferentes, que somos Alguien con mayúscula. Queda descubrir si K es este ser a menudo profético o si deberá enfrentarse con la realidad que vivimos cuando maduramos, si es que llegamos a ese punto, y nos damos cuenta que somos tan solo una parte de la historia, pero que esto no significa que no tenemos algo que contribuir.

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En definitiva, Blade Runner 2049 es una película ambiciosa y otra gran obra de quien se está convirtiendo en uno de mis directores favoritos. Por momentos esta ambición la lleva por el mal camino, alargando la película innecesariamente, entorpeciendo su ritmo un poco y expandiendo el universo del filme de Scott con osadía, maravillándonos con estas nuevas imágenes pero también haciéndonos añorar el microcosmos de la precursora del que tanto dependía su carácter hipnótico. Sus ideas son elevadas aunque no todas son exploradas satisfactoriamente y aunque por aquí y por allá hay ciertos momentos de verdadera emoción, resulta un poco demasiado fría y calculada, casi que hasta muy prolija para ser la heredera de Blade Runner. Pero es una película fascinante que me atrevo a decir solo ganará puntos con cada nueva visita y si tienen la chance de verla en la gran pantalla, no lo duden ni un segundo, porque si hay algo que sí está a nivel de obra maestra, es la fotografía de Roger Deakins.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1856101/

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mother! (2017)

Si ya escuchaste hablar de mother! seguramente ya te enteraste de la extrema controversia que la rodea. Es tal la controversia que Paramount -el estudio que la produjo- se vio forzado a publicar una declaración en defensa de la película, que, entre otras duras críticas, recibió un puntaje de F en Cinemascore, una empresa que se encarga de medir el atractivo de las películas según la recepción del público; F, por supuesto, es el puntaje mínimo y solo existen 19 películas que lo recibieron hasta la fecha. Dicho esto, aquellos que estén familiarizados con la filmografía de Aronofsky, que incluye películas como Requiem por un sueño El cisne negro, estarán acostumbrados al estilo a menudo claustrofóbico y agresivo del director y salvando ciertas afiliaciones religiosas que puedan sensibilizarlos a algunas de las temáticas manejadas por la película, no encontré en esta película nada mucho más grave de lo que se sufre con Requiem.

Primero, unas palabras para quienes todavía no la vieron: la película comienza presentándonos a una pareja sin nombres, compuesta por Jennifer Lawrence y Javier Bardem (de entrada podemos ofendernos por la diferencia de edad, por supuesto, hecho que es remarcado por otro personaje más adelante, denotando cierta auto-conciencia). Viven en una enorme casa aislada que está en vías de remodelación: ella se encarga de las reparaciones y mejoras, él es una especie de artista/escritor/poeta. Su tranquila existencia es pronto interrumpida por un hombre (Ed Harris) que resulta ser el primero de muchos invitados no-invitados que recibirán en la casa, muy a pesar de ella, y que les ocasionarán bastantes problemas, culminando en una serie de eventos perturbadores y violentos retratados con elevada precisión técnica y resignado sufrimiento en el joven rostro de Lawrence.

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Decir mucho más que esto es spoilear, algo que no solemos hacer en Club Silencio pero que no tiene mucha gracia evitar en el caso de cubrir esta película, así es que lo que sigue es un comentario plagado de spoilers con mis reflexiones, así que los espero cuando la hayan visto o si son masocas del spoiler, prosigan bajo su propio riesgo.

————–SPOILERS————–

Bueno, bienvenidos, ¡reflexionemos entonces! No avanza mucho la película hasta que te das cuenta que se trata de una alegoría. Yo no soy ninguna experta en religión ni mucho menos la Biblia pero hay ciertos elementos y pistas que podemos reconocer casi todos. Creo que la primera señal irrefutable que tuve de que la película retrata eventos bíblios fue cuando Lawrence chusmea al personaje de Ed Harris vomitando y se ve que tiene una herida en la costilla -Adán-; poco después aparece su esposa -Eva-, interpretada por Michelle Pfeiffer, quien está caracterizada por un aire de corrupción demasiado evidente y quien invadirá una zona prohibida (¿el Paraíso?) en búsqueda de un objeto brillante que yo interpreté como un símbolo de la fruta prohibida. Una vez roto este objeto, la humanidad representada por Adán y Eva es expulsada del Paraíso e inmediatamente se los ve teniendo sexo. Acto seguido, aparecen sus hijos, Caín y Abel, y como nos cuenta la historia, Caín mata a Abel. Demás está decir que el artista, el creador y poeta, es Dios, y la mujer, la que crea la casa, es Madre Naturaleza, que cuida y crea el hogar, el Planeta Tierra. Hasta ahora todo esto resulta bastante obvio y directo y la alegoría de Aronofsky parece funcionar. Por supuesto que hay otros elementos a los que el director seguramente les atribuye simbolismos pero que a mí se me escaparon, como la sustancia amarilla que toma ella o el encendedor de Harris.

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A partir de la muerte de Abel, las cosas se empiezan a ir a la mierda. La sangre derramada se cuela por el piso como la sangre ácida de Alien. Empieza a caer más gente a la casa, generando más destrucción y perturbando la paz de la pareja. En cierto momento, ella le recrimina que nunca tienen sexo y tras un avance sexual de Él que resulta bastante problemático y rozando en el abuso, finalmente tienen sexo y a la mañana siguiente ella despierta embarazada. El embarazo trae felicidad a la pareja e inspiración al artista, quien se pone a escribir su obra maestra (¿los 10 mandamientos?) . Tras su publicación, el éxito de la obra atrae a un montón de gente a la casa y aquí comienza el alargado clímax de la película, una serie de eventos que escalan en violencia, hasta culminar en batallas entre personas, destrucción masiva de la casa/Tierra y violencia contra Madre Naturaleza. Eventualmente la cruel humanidad hasta termina matando y devorándose a Jesús, en una desagradable representación de aquello de “comer el cuerpo de Cristo”.

Todo esto es a nivel alegórico, por supuesto, pero es una alegoría que no es sugerida sino martillada en nuestros cerebros. La idea central parecería ser recordarnos el mal que le hicimos y le hacemos a la naturaleza y a nuestro planeta, como si la seguidilla de huracanes, tsunamis, terremotos y demás no fuera suficiente. Pero bueno, seamos justos con Aronofsky, si una gran parte de la población todavía no cree en el cambio climático, incluyendo quien es considerado el hombre más poderoso del mundo, el presidente de Estados Unidos, entonces quizás tan obvio no es. Pero uno podría cuestionar la alegoría a nivel literal, porque, seamos francos, no funciona a este nivel: casa de artista invadida por fans que terminan tirando bombas, golpeando a su mujer y matando y devorando a su bebé impunemente no suena particularmente verosímil. Así que la película solo debería ser interpretada desde su punto de vista alegórico.

¿Y qué vemos en esta alegoría? Vemos a un dios en extremo pelele y pasivo, nada parecido al dios bíblico conocido por tener arrebatos de furia, matar bebés y probar a sus creyentes de las formas más crueles habidas y por haber. Este dios hace poco y nada para proteger a su mujer, su hogar o su bebé y está más que dispuesto a perdonar a la humanidad y darles oportunidad tras oportunidad. Por otro lado, tenemos a la humanidad. ¿Se les ocurre acaso una representación más misántropa de nuestra existencia que la propuesta por Aronofsky? O sea, tranquis, estoy de acuerdo con que somos bastante una mierda y arruinamos nuestro hogar, pero la humanidad en mother! no tiene una sola cualidad que nos redima. Y sí, probablemente es intencional porque nada en mother! es sutil y todo está exagerado hasta su punto más extremo para provocarnos rechazo, disgusto y shock. La reacción visceral que nos provoca la película es justamente la forma que tiene de insistir con su mensaje. Pero estos extremos resultan hasta infantiles.

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Elegir este contexto bíblico y en particular al personaje de la Madre Naturaleza, interpretada por una de las actrices favoritas del mundo actual, nos invita a sentir todavía más repudio. Algunos verán la violencia contra el personaje de Lawrence como otra oportunidad en la que un director hombre utiliza a su musa femenina como la víctima de actos horribles y podrán atribuirle tonos misóginos. De hecho, la película se sirve de ciertos clichés relacionados, por ejemplo, con conflictos entre parejas heterosexuales (las necesidades de él por sobre las de ella), o con agresiones machistas del día a día de toda mujer (recibir insultos como “puta” cuando rechazamos avances); estos elementos pueden servir para generar una conexión con la audiencia a favor del personaje femenino, o bien pueden alejar a muchos de mother!;  pero en mi caso, terminaron mezclando los niveles de significado que maneja la película.

Desde otro punto de vista, está el concepto de “creación”. ¿El hecho de poder crear algo justifica el hacerlo? El director como creador, a un nivel más personal, podría estar cuestionándose estas cosas. ¿Cuáles son las repercusiones de nuestras creaciones y deberíamos tenerlas en cuenta? El dios Bardem parecería no preocuparse por estas cosas sino que tiene una necesidad de crear y nunca nada le será suficiente. El “nada es suficiente”, además, se presenta como una reflexión a varios niveles: ella da y da, pero para él nunca es suficiente; él crea y crea pero nunca es suficiente; nosotros tomamos y tomamos de la Tierra, pero nunca es suficiente. Entonces, ¿es una crítica contra la sociedad judeo-cristiana patriarcal, es un mensaje anti-capitalista, es una reflexión sobre el poder de la creación o es una defensa del medio ambiente? Probablemente sea todas estas cosas, y de ahí que queda claro que es una película ambiciosa, pero queda en nosotros definir si logra lidiar con todas estas temáticas de forma efectiva o si se queda por el camino.

En mi opinión, a pesar de que considero que Aronofsky está manejando una destreza técnica elevada (cabe mencionar que yo sentí una falta de música para rematar ese ambiente claustrofóbico y repleto de ansiedad de la película, algo así como lo que Jonny Greenwood ha hecho para Paul Thomas Anderson) y que Lawrence está muy efectiva en el papel principal, la película resulta demasiado entreverada -y considerablemente básica- en la presentación de sus temáticas, más como una fábula de terror para atemorizar niños que otra cosa. Eso sí, es de esas películas que da para conversar y resultan más entretenidas de discutir o de escribir que de mirar, por eso sabrán disculpar la verborragia y los spoilers. ¡Ahora a seguirla!

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5109784/

Dunkirk (2017)

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La verdad es que no sé por qué demoré tanto en ir a ver Dunkirk (Dunkerque en español). No le encuentro razón (bueno, sí, a lo mejor fue por el estrés del día a día y por haberme obsesionado con Shameless UK), porque en definitiva se trata de una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, realizada por uno de mis directores favoritos y protagonizada por dos de mis actores predilectos: Cillian Murphy y Tom Hardy. Tampoco me puedo olvidar que está Hans Zimmer, un maestro de la composición musical que casi me convence de comprar sus clases de Masterclass.

Pero bueno, la fui a ver, con expectativas pero también temiendo de que se tratara de otra película sentimental de esa temática. Y no es que haya problema con el sentimentalismo, se entiende que fue uno de los principales horrores (o el principal, quién soy yo para juzgarlo) del siglo XX. Siempre tuve fascinación con esa guerra, debo haber visto decenas de documentales y leído muchísimo sobre el tema, pero a veces, cuando uno va al cine, quiere veralgo nuevo. Y ese algo nuevo me lo dio Dunkirk.

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A pesar de mi atracción por el tema, sabía poco sobre Dunkerque, la batalla entre los Aliados y los nazis en el sitio francés del nombre de la película. Este fue el lugar donde las Fuerzas Armadas británicas se vieron rodeadas y atrapadas en la costa francesa por la Alemania nazi desde el 26 de mayo hasta el 4 de junio de 1940, hasta que lograron una inverosímil evacuación hacia el Reino Unido gracias a la honorable participación de pequeñas embarcaciones (como yates, botes pesqueros, etc.). Sin embargo, lo que parece hasta milagroso cuando se lee, se termina convirtiendo en una proeza en la película. ¿Por qué? Porque Nolan, como el maestro que es en guion y en dirección gracias a su manejo de los tiempos y lugares de la narración, nos muestra la batalla a través de tres tiempos y lugares distintos: una semana en la tierra por parte del desesperado Ejército británico, un día en el mar desde la perspectiva de los civiles que iban en yate a rescatarlos, y una hora en el aire a través de los ojos de la concentrada Fuerza Aérea. El manejo de la relación tiempo-lugar se hace de tal manera que no llega a confundir, ya a la media hora uno ve la magia de la narrativa de la película y de cómo todo se va conectando perfectamente, hasta completar el puzzle, un juego que Nolan parecería hacer sin esfuerzo.

Por otra parte, si bien muchas personas juzgan una película por sus actuaciones, en Dunkirk son muy buenas pero ninguna se destaca en particular (es decir, no hay de esas actuaciones súper dramáticas que les encanta a los de la Academia), y eso no es en vano. Acá se nos presentan a los británicos en supervivencia. No hay una historia detrás de cada personaje (excepto la del pobre George, un ayudante del yate), ellos son todos hombres de guerra, con la mente atenta para sobrevivir pero con el ánimo a punto de colapsar. Y eso es necesario para hacer que brille la magia de la película, el ingrediente Nolan. Un ingrediente que no tendría tal sabor sin la presencia de uno de sus principales colaboradores: Hans Zimmer. No hay mucho más para decir de la banda sonora que no se haya dicho antes sobre el trabajo del compositor: cómo parecería crear los ritmos de la película, acentuar los momentos de tensión y transmitir la inquietud de una calma que no va a perdurar demasiado. Pero acá Zimmer se destaca por incorporar los sonidos naturales de la costa y el mar, así como los industriales de los ataques en el aire, de los barcos y de las bombas, de los torpedos y de las ametralladoras, y la lista continúa. Si no fuera porque nadie se puede imaginar lo estresante y doloroso que debe ser estar en esa posición, parecería que hemos encontrado una posible banda sonora de lo que es estar en fuego cruzado.

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Otra novedad que me percaté al prenderse las luces del cine fue que en ningún momento se mostró la presencia del enemigo, de los nazis. Además, en ningún momento se buscó demonizarlos. En Dunkirk vemos cómo funciona la guerra, táctica a táctica, de una manera fría. Por otro lado, se da por entendido que la dirección de fotografía no decepciona, trabajo del suizo Hoyte Van Hoytema, que ha hecho la cinematografía de películas como Her (2013), Interstellar (2014) y Spectre (2015), así como la del video/campaña publicitaria de la fragancia “Kenzo World” (2016), que al parecer todos mis conocidos compartieron en sus redes. Puede que en el filme no existan tomas inolvidables como la de Apocalypse Now (1979) y sus palmeras incendiadas con napalm mientras suena “This is the End” de The Doors, o la escena perturbadora de la masacre de los soldados americanos en Normandía de Saving Private Ryan (1998); pero de todos modos pude sentir el frío de la costa francesa, la humedad de los uniformes mojados, la claustrofobia de un buque militar y la soledad que se vive en el aire. Por eso, y la música, es que Dunkirk es mejor apreciada en un cine.

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Sin embargo, no todo superó mis expectativas, y esto es algo que me viene sucediendo con Nolan y su trabajo como guionista. Algunos diálogos son demasiado simples e incluso caen en la búsqueda por generar momentos conmovedores, que debo aclarar que no son de mis favoritos. Pero bueno, se trata de una película bélica, en donde uno de los mensajes muy bien podría ser que todos, incluso los simples pescadores, quieren pelear por su país, y ese es un mensaje positivo imposible de desaprovechar. Además, después de todo, es una película de guerra, y en la guerra los diálogos son simples y precisos, ¿no?

En conclusión, Dunkirk es una película bélica, pero sobre todo, es una de supervivencia. Nos invita a formar parte de una batalla que duró casi diez días en 105 minutos, y hace que uno quiera salir corriendo a investigar un poco más sobre Dunkerque. Si eso no es entretenimiento, no sé qué lo es.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5013056/

 

Alien: Covenant (2017)

Sería una tarea imposible y fútil hablar de Alien: Covenant sin hacer referencia a la cantidad de otras películas relacionadas con la saga que han existido desde la original de 1979 hasta hoy en día. A esta altura bien podría decirse que “Alien” es una marca y ha sido interpretada y re-interpretada por directores tan diversos como James Cameron (Terminator, Titanic, Avatar), quien dirigió la secuela a la original Aliens (1986) -una de las mejores películas de acción de todos los tiempos-, David Fincher (Fight Club, Seven, The Social Network), quien estuvo al mando de la controversial Alien³ y Jean-Pierre Jeunet (Amelie, Delicatessen) quien fue responsable por el divague que resultó ser Alien: Resurrección. Mis disculpas pero me niego a mencionar los híbridos entre Alien y Predator porque ni las vi, ni las quiero ver. Pero por supuesto fue Ridley Scott quien dirigió el atmosférico clásico de terror y ciencia ficción que es la película de 1979, no solo mi película favorita dentro de estos géneros sino que es directamente una de mis películas favoritas de la historia del cine en general. Así que podrán imaginarse mi entusiasmo cuando Scott anunció que regresaría a la saga con una secuencia de precuelas a la original, que explicarían un poco el origen de esta criatura de pesadillas. Así surgió la primera de estas películas, Prometheus (2012), la cual inició una mitología interesante sobre la creación no solo del alien sino también de la humanidad misma, pero cuya ejecución y estructura resultó ser demasiado similar a la de Alien como para destacarse realmente. Alien: Covenant, entonces, es la continuación de la historia que comenzó con Prometheus. Fiuuu, ¿están tan agotados como yo?

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Como sucede con todas las películas de la saga, primero se nos presenta a una nave y su tripulación. En este caso se trata de una nave colonizadora que se encuentra viajando hacia un planeta con potencial de ser habitado por la humanidad, pero que en lugar de ir al planeta que ya habían investigado profundamente, se aventura a un planeta nuevo con el que se topa casualmente pero que parece mucho mejor equipado para ser habitado que el anterior. De este planeta no saben absolutamente nada, salvo que los primeros indicadores muestran que es bastante parecido a la Tierra. La decisión de ir a ver qué onda este nuevo planeta es una de las primeras de muchas decisiones estúpidas que hace la tripulación de la nave liderada por el nuevo e inseguro capitán Oram (Billy Crudup) y que incluye a Katherine Waterston como Daniels y a un nuevo modelo del androide que conocimos en Prometheus, interpretado también por Michael Fassbender, que ahora se llama Walter.

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Empecemos por lo que está bueno, entonces. Que “Covenant” sea una nave colonial resulta realmente interesante y fresco. La tripulación está motivada por un verdadero sentido de exploración y aventura, muy parecido a como me imagino a los primeros colonizadores del Nuevo Mundo. Tienen a cargo a un montón de personas que están dormidas y que esperan despertar en lo que será su nuevo hogar. Por un lado, no está bueno arriesgar a toda esa gente a algo completamente desconocido cuando tenés otro planeta todo re estudiado, pero por otro lado, como argumentan algunos personajes, este nuevo planeta está ahí nomás y tiene tremenda pinta y significaría que no deben volver al cryo-sueño por años, algo que a nadie le pinta. Así que la trama es lanzada por un “what the hell?” gigantesco, como si no hubiera mucho que perder. Resulta que el enigmático planeta no estaba tan bueno después de todo, salvo para nosotros, la audiencia, que vamos a presenciar el exterminio de los boludos estos y una intensísima acción Fassbender-Fassbender cuando el equipo encargado de explorar (que incluye a Fassby-Walter) se tope con Fassby-David, el androide que les comenté de Prometheus, que tiene más personalidad que cualquiera de los humanos de la película. Hmm, me pregunto si eso será a propósito.

En fin, toda la primera parte que incluye decisiones estúpidas pero imágenes realmente cinemáticas se toma su tiempito sí, pero nos muestra el talento para la composición visual que tiene Scott y resulta verdaderamente hermoso de ver. Pero una vez que se va todo a la mierda, la película pierde un poco el norte y se convierte en una secuencia de escenas de acción y terror que no tienen una gota del suspenso de Prometheus, ni que hablar de Alien. Esta pérdida de suspenso no solo nace de la verdadera idiotez de los personajes y sus acciones sino de un descuido importante en la construcción de la atmósfera que Scott supo hacer tan bien en otras películas. A cambio de esta pérdida, sin embargo, tenemos una expansión de la mitología originada en Prometheus y debo decir que varias de las preguntas que propone la primera son contestadas en esta segunda precuela, casi convenciéndome de que sí hay un poco de pienso detrás de todo esto. Pero más interesante aún es la dinámica entre los dos androides. Nucleados por el tema de la creación, los paralelismos entre los creadores de los humanos y los creadores de los androides presentan líneas de cuestionamiento interesantes (aunque para nada novedosas) que se plasman maravillosamente en el androide descarriado David. Covenant tiene mucho para ser criticado, pero es fácil perdonarla cuando recordamos una de las escenas más homoeróticas de la historia del cine, ¡con androides!, ¡que se ven exactamente iguales!, ¡Y QUE ESTÁN INTERPRETADOS POR MICHAEL FASSBENDER! No quiero arruinarles esta escena con mucho detalle pero déjenme registrar acá una de las mejores líneas de diálogo del año que dudo que el 2017 pueda superar: I’ll do the fingering“. Oscar, por favor.

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Después de ese párrafo solo me queda concluir. Covenant comparte varios elementos con las otras películas de la saga, pero a pesar de todas las escenas asquerosas que hay, el terror y el alien en sí mismo es de lo menos relevante. Nos quiere remplazar a Sigourney y Noomi con Katherine, y aunque creo sinceramente que la actriz está al borde de un merecido estrellato, el personaje es demasiado aburrido como para ponerla siquiera al nivel del de Noomi Rapace. Si sos de esos que no puede perdonar las decisiones inconcebibles de los personajes, un cliché del genero de terror, vas a salir bastante molesto. Y, ey, yo suelo ser un poco de esas pero puedo perdonar fácilmente cuando todo el resto funciona bien (como en Don’t Breathe), lo cual no es el caso de Covenant. Dicho esto, Covenant sigue siendo bastante disfrutable y tiene escenas realmente destacables, y por sobre todas las cosas, tiene a uno de mis actores favoritos interpretando no solo uno sino dos papeles. Es increíble como Fassby logra una caracterización distinta para cada uno de ellos, en especial considerando que ambos son robots y eso es un gran limitante. Si sos fan de él como yo, vale la pena para verlo en una de las mejores actuaciones de su carrera, y si todavía no sos parte del #TeamFassby, quizás esto te termine de convencer.

Veredicto: 6/10
IMdb: http://www.imdb.com/title/tt2316204/

13 Reasons Why (2017)

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Si estás leyendo este post entonces probablemente ya hayas visto o leído sobre 13 Reasons Why. Basada en el libro homónimo de Jay Asher, la serie comienza con las secuelas del suicidio de la adolescente Hannah Baker, quien a lo largo de los 13 episodios narra las distintas razones por las que decidió acabar con su vida. ¿Un poco oscuro? Después nos enteramos que las 13 razones corresponden a 13 personas con las que Hannah tuvo malas experiencias. ¿Mal gusto? Sumémosle elementos trending como la nostalgia a los ochentas y la vigilancia, porque Hannah narra las razones por las que se suicidó en 13 cassettes (como si alguien los extrañara), uno por cada persona que le hizo mal, a quienes se los envía a través de un mensajero vigilante.

A pesar de que el target principal de 13 Reasons Why es la audiencia adolescente, cada vez son más los medios que afirman que debería aplicarse la censura para menores de 18, como fue el caso de Nueva Zelanda. Pero existen ejemplos de cómo una serie puede tratar temas complejos sin necesidad de alarmar a la población, como My So-Called Life o As If (una joya inglesa que casi nadie llegó a ver). Podrán tener personajes adolescentes o jóvenes adultos, pero los temas que abordan y los dilemas de fondo son bastante profundos, sin caer en un intento de libro de autoayuda para adolescentes o guía de advertencias para padres. Podría decirse que con 13 Reasons Why pasa lo mismo, pero no es tan simple. No es simple porque después de verla en realidad no queda claro ni la audiencia a la que apunta ni el fin de representar el suicidio de una manera tan cruda, vengativa y manipuladora. Gran parte de su público, sobre todo los adolescentes, afirman que el contenido sirve para que la población conozca los problemas que los jóvenes tienen que enfrentar hoy en día. ¿Estamos hablando del símbolo de una generación? ¿De un posible culto? No, y espero que varios opinen lo mismo, por el bien de todos.

Desde su estreno el 31 de marzo, la serie se convirtió en la más twitteada del año en solo su primera semana. Y se pudo ver todo el abanico de reacciones, desde demasiado positivas (como quienes piden que se exhiba en las secundarias americanas para enseñar las consecuencias del bullying) a bastante negativas (hay importantes organizaciones de prevención del suicidio y referentes en el tema que afirman que puede provocar más autoeliminaciones). ¿Por qué la diferencia de recepciones? En realidad, el tema de las opiniones es tan complejo como el del mensaje de la serie en sí, porque en realidad nunca llega a quedar claro cuál es el mensaje, ni siquiera cuál es la trama. Todo gira en torno a un suicidio pero pocas veces se ilustra lo que la persona que lo termina cometiendo está atravesando emocionalmente. Básicamente, se utiliza como el desencadenador de la trama, que busca que la audiencia se pregunte constantemente qué le hizo Clay a Hannah. Todo esto sería válido, aunque de mal gusto, si 13RW no se posicionara como la voz de la generación adolescente de hoy en día, y como la ventana para ver el porqué y qué sucede cuando hay un suicidio. Ahí es donde 13 Reasons Why pasa de ser compleja a problemática.

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Pero la serie es cuestionable en varios aspectos. Para comenzar, en la poca relevancia que se le da a la salud mental de la protagonista. En escasos momentos se hace referencia a lo que es vivir con depresión o con pensamientos suicidas. Incluso, el único personaje que termina demostrándolo de una manera u otra es Alex. La serie, a través de Hannah, acredita su autoeliminación como una sumatoria de hechos dolorosos, que van desde actos de bullying al abuso sexual, obviando ilustrar el proceso emocional que termina llevándola a su decisión final. A lo sumo, lo que podemos advertir como comportamiento “de riesgo” son sus lágrimas y un corte de pelo… Claro, hay que admitir que la depresión no es material “jugoso”, menos para Netflix y su capacidad de binge-watching. La depresión no tiene esos momentos de tensión, de venganza, de romance juvenil ni nada que pueda sobresaltar a una audiencia. Pero el tema es que está muy relacionada con el suicidio, además de que es cada vez más común en adolescentes; entonces hay que ver esta falta de tratamiento mental de Hannah como una oportunidad desaprovechada de representar lo que sufren millones de personas día a día. Pero suerte que no lo hicieron, porque dado el guion se hubiera dramatizado todo (en el sentido teatral de la palabra) y quitado toda la humanidad con la que tiene que ser retratada. Hay importantes ejemplos de cómo se puede interpretar magistralmente la depresión de manera que realmente le llegue a la audiencia, como es el caso de Melancholia, de Lars Von Trier y con la inolvidable actuación de Kirsten Dunst.

Otro tema muy discutible es que la trama parece sustentar la idea de que uno puede ser responsable por el suicidio de otra persona. No hay duda de que Hannah atraviesa hechos traumáticos, pero en definitiva lo que termina haciendo es construir una plataforma de venganza emocional (el “Welcome to your tape” con el que inicia cada cassette parece hasta inspirado en Saw). Por otra parte, es confuso cuando se usan razones tan distintas, como la publicación de un poema de manera anónima frente a una violación. ¿Ryan fue tan malo con ella como para hacerlo sentirse responsable por su muerte? De esta manera, por momentos la protagonista termina siendo percibida como vengativa y el proceso de decisión de su propia muerte como un acto catártico. Lo peligroso de glorificar los actos de Hannah es que puede plantar una semilla en la mente de adolescentes susceptibles a la ideación suicida.

Pero si hay algo a lo que 13 Reasons Why le erró de manera funesta es en la escena del suicidio. Al parecer, los creadores quisieron mostrarlo de la manera más real y devastadora posible porque, obviamente, es algo real y devastador. Es de esos momentos que pueden hacerte llorar sin parar o dejarte más sensible de lo común y listo. Pero lo cierto es que solo a un sociópata no le afectaría la escena, en gran parte gracias a la increíble actuación de Kate Walsh. ¿Cuál es el problema con retratarlo de una manera realista, entonces? Que es demasiado real para muchos. Uno puede ver en redes sociales cómo esa escena desencadenó sentimientos y pensamientos negativos en varias personas. Es el llamado triggering, que puede hacer que quienes hayan sufrido depresión, ideación suicida o haber sido afectados por este tipo de muertes sean especialmente vulnerables al contenido. Incluso hubo varias organizaciones de prevención del suicidio que criticaron la escena ya que violaba las guías  que deben seguir los medios al mostrar este acto, lo que puede desencadenar en daño psicológico y hasta contagio suicida, el llamado Efecto Werther. En conclusión: ¿el fin justifica el medio? No.

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Lo que me lleva a otro tema de menor polémica pero que sigue demostrando lo irresponsable que es 13RW: justificar la autolesión como alternativa al suicidio. Para peor este mensaje se transmite, de manera cuasi esperanzadora, cerca del final. También hay otras cuestiones, no tan de índole ética como las anteriores, que se pueden mencionar. Por ejemplo, están los protagonistas, Clay y Hannah, la respuesta de Netflix para el John Cusack y la Ione Skye de esta generación. Con los episodios llegamos a querer a Clay, a comprender incluso su proceder impulsivo. El tema es diferente con Hannah, con quien uno puede empatizar pero solo por todas las desgracias que le suceden. Porque lo que vemos es a una persona a la que le pasan cosas. Irónicamente, Hannah termina siendo un personaje pasivo que construye a los demás. Uno llega a comprender más a los “victimarios” porque hay un desarrollo de sus personajes. A lo mejor es por esta falta de construcción de los sentimientos de Hannah que no logro comprender ni aceptar la decisión de dejar esos cassettes póstumos. O probablemente porque no me parece aceptable en ningún contexto…

Al terminar de ver el episodio 13, y si todavía quedan energías para ver algo, uno puede reproducir “Beyond the Reasons”, un especial que explica el fin social de la serie. Hubiera sido ideal que no se necesitara de un especial para transmitir el (aparente) mensaje positivo que siempre quisieron comunicar: que la vida vale. Netflix, no era necesario lo del mensaje positivo, varios estamos de acuerdo en que el suicidio es un tema que merece ser tratado, pero siempre de manera responsable. Netflix, podés publicar decenas de especiales y hacer una campaña digital súper cool para reflejar tu punto, pero para muchos el daño ya está hecho. No le recomiendo a nadie 13 Reasons Why, ni a los curiosos ni a los identificados. Una serie que se alimenta del sensacionalismo y de la venganza para retratar algo que es humano y doloroso no debería estar al alcance de cualquier persona, a clicks de distancia.