Alien: Covenant (2017)

Sería una tarea imposible y fútil hablar de Alien: Covenant sin hacer referencia a la cantidad de otras películas relacionadas con la saga que han existido desde la original de 1979 hasta hoy en día. A esta altura bien podría decirse que “Alien” es una marca y ha sido interpretada y re-interpretada por directores tan diversos como James Cameron (Terminator, Titanic, Avatar), quien dirigió la secuela a la original Aliens (1986) -una de las mejores películas de acción de todos los tiempos-, David Fincher (Fight Club, Seven, The Social Network), quien estuvo al mando de la controversial Alien³ y Jean-Pierre Jeunet (Amelie, Delicatessen) quien fue responsable por el divague que resultó ser Alien: Resurrección. Mis disculpas pero me niego a mencionar los híbridos entre Alien y Predator porque ni las vi, ni las quiero ver. Pero por supuesto fue Ridley Scott quien dirigió el atmosférico clásico de terror y ciencia ficción que es la película de 1979, no solo mi película favorita dentro de estos géneros sino que es directamente una de mis películas favoritas de la historia del cine en general. Así que podrán imaginarse mi entusiasmo cuando Scott anunció que regresaría a la saga con una secuencia de precuelas a la original, que explicarían un poco el origen de esta criatura de pesadillas. Así surgió la primera de estas películas, Prometheus (2012), la cual inició una mitología interesante sobre la creación no solo del alien sino también de la humanidad misma, pero cuya ejecución y estructura resultó ser demasiado similar a la de Alien como para destacarse realmente. Alien: Covenant, entonces, es la continuación de la historia que comenzó con Prometheus. Fiuuu, ¿están tan agotados como yo?

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Como sucede con todas las películas de la saga, primero se nos presenta a una nave y su tripulación. En este caso se trata de una nave colonizadora que se encuentra viajando hacia un planeta con potencial de ser habitado por la humanidad, pero que en lugar de ir al planeta que ya habían investigado profundamente, se aventura a un planeta nuevo con el que se topa casualmente pero que parece mucho mejor equipado para ser habitado que el anterior. De este planeta no saben absolutamente nada, salvo que los primeros indicadores muestran que es bastante parecido a la Tierra. La decisión de ir a ver qué onda este nuevo planeta es una de las primeras de muchas decisiones estúpidas que hace la tripulación de la nave liderada por el nuevo e inseguro capitán Oram (Billy Crudup) y que incluye a Katherine Waterston como Daniels y a un nuevo modelo del androide que conocimos en Prometheus, interpretado también por Michael Fassbender, que ahora se llama Walter.

ALIEN: COVENANT

Empecemos por lo que está bueno, entonces. Que “Covenant” sea una nave colonial resulta realmente interesante y fresco. La tripulación está motivada por un verdadero sentido de exploración y aventura, muy parecido a como me imagino a los primeros colonizadores del Nuevo Mundo. Tienen a cargo a un montón de personas que están dormidas y que esperan despertar en lo que será su nuevo hogar. Por un lado, no está bueno arriesgar a toda esa gente a algo completamente desconocido cuando tenés otro planeta todo re estudiado, pero por otro lado, como argumentan algunos personajes, este nuevo planeta está ahí nomás y tiene tremenda pinta y significaría que no deben volver al cryo-sueño por años, algo que a nadie le pinta. Así que la trama es lanzada por un “what the hell?” gigantesco, como si no hubiera mucho que perder. Resulta que el enigmático planeta no estaba tan bueno después de todo, salvo para nosotros, la audiencia, que vamos a presenciar el exterminio de los boludos estos y una intensísima acción Fassbender-Fassbender cuando el equipo encargado de explorar (que incluye a Fassby-Walter) se tope con Fassby-David, el androide que les comenté de Prometheus, que tiene más personalidad que cualquiera de los humanos de la película. Hmm, me pregunto si eso será a propósito.

En fin, toda la primera parte que incluye decisiones estúpidas pero imágenes realmente cinemáticas se toma su tiempito sí, pero nos muestra el talento para la composición visual que tiene Scott y resulta verdaderamente hermoso de ver. Pero una vez que se va todo a la mierda, la película pierde un poco el norte y se convierte en una secuencia de escenas de acción y terror que no tienen una gota del suspenso de Prometheus, ni que hablar de Alien. Esta pérdida de suspenso no solo nace de la verdadera idiotez de los personajes y sus acciones sino de un descuido importante en la construcción de la atmósfera que Scott supo hacer tan bien en otras películas. A cambio de esta pérdida, sin embargo, tenemos una expansión de la mitología originada en Prometheus y debo decir que varias de las preguntas que propone la primera son contestadas en esta segunda precuela, casi convenciéndome de que sí hay un poco de pienso detrás de todo esto. Pero más interesante aún es la dinámica entre los dos androides. Nucleados por el tema de la creación, los paralelismos entre los creadores de los humanos y los creadores de los androides presentan líneas de cuestionamiento interesantes (aunque para nada novedosas) que se plasman maravillosamente en el androide descarriado David. Covenant tiene mucho para ser criticado, pero es fácil perdonarla cuando recordamos una de las escenas más homoeróticas de la historia del cine, ¡con androides!, ¡que se ven exactamente iguales!, ¡Y QUE ESTÁN INTERPRETADOS POR MICHAEL FASSBENDER! No quiero arruinarles esta escena con mucho detalle pero déjenme registrar acá una de las mejores líneas de diálogo del año que dudo que el 2017 pueda superar: I’ll do the fingering“. Oscar, por favor.

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Después de ese párrafo solo me queda concluir. Covenant comparte varios elementos con las otras películas de la saga, pero a pesar de todas las escenas asquerosas que hay, el terror y el alien en sí mismo es de lo menos relevante. Nos quiere remplazar a Sigourney y Noomi con Katherine, y aunque creo sinceramente que la actriz está al borde de un merecido estrellato, el personaje es demasiado aburrido como para ponerla siquiera al nivel del de Noomi Rapace. Si sos de esos que no puede perdonar las decisiones inconcebibles de los personajes, un cliché del genero de terror, vas a salir bastante molesto. Y, ey, yo suelo ser un poco de esas pero puedo perdonar fácilmente cuando todo el resto funciona bien (como en Don’t Breathe), lo cual no es el caso de Covenant. Dicho esto, Covenant sigue siendo bastante disfrutable y tiene escenas realmente destacables, y por sobre todas las cosas, tiene a uno de mis actores favoritos interpretando no solo uno sino dos papeles. Es increíble como Fassby logra una caracterización distinta para cada uno de ellos, en especial considerando que ambos son robots y eso es un gran limitante. Si sos fan de él como yo, vale la pena para verlo en una de las mejores actuaciones de su carrera, y si todavía no sos parte del #TeamFassby, quizás esto te termine de convencer.

Veredicto: 6/10
IMdb: http://www.imdb.com/title/tt2316204/

13 Reasons Why (2017)

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Si estás leyendo este post entonces probablemente ya hayas visto o leído sobre 13 Reasons Why. Basada en el libro homónimo de Jay Asher, la serie comienza con las secuelas del suicidio de la adolescente Hannah Baker, quien a lo largo de los 13 episodios narra las distintas razones por las que decidió acabar con su vida. ¿Un poco oscuro? Después nos enteramos que las 13 razones corresponden a 13 personas con las que Hannah tuvo malas experiencias. ¿Mal gusto? Sumémosle elementos trending como la nostalgia a los ochentas y la vigilancia, porque Hannah narra las razones por las que se suicidó en 13 cassettes (como si alguien los extrañara), uno por cada persona que le hizo mal, a quienes se los envía a través de un mensajero vigilante.

A pesar de que el target principal de 13 Reasons Why es la audiencia adolescente, cada vez son más los medios que afirman que debería aplicarse la censura para menores de 18, como fue el caso de Nueva Zelanda. Pero existen ejemplos de cómo una serie puede tratar temas complejos sin necesidad de alarmar a la población, como My So-Called Life o As If (una joya inglesa que casi nadie llegó a ver). Podrán tener personajes adolescentes o jóvenes adultos, pero los temas que abordan y los dilemas de fondo son bastante profundos, sin caer en un intento de libro de autoayuda para adolescentes o guía de advertencias para padres. Podría decirse que con 13 Reasons Why pasa lo mismo, pero no es tan simple. No es simple porque después de verla en realidad no queda claro ni la audiencia a la que apunta ni el fin de representar el suicidio de una manera tan cruda, vengativa y manipuladora. Gran parte de su público, sobre todo los adolescentes, afirman que el contenido sirve para que la población conozca los problemas que los jóvenes tienen que enfrentar hoy en día. ¿Estamos hablando del símbolo de una generación? ¿De un posible culto? No, y espero que varios opinen lo mismo, por el bien de todos.

Desde su estreno el 31 de marzo, la serie se convirtió en la más twitteada del año en solo su primera semana. Y se pudo ver todo el abanico de reacciones, desde demasiado positivas (como quienes piden que se exhiba en las secundarias americanas para enseñar las consecuencias del bullying) a bastante negativas (hay importantes organizaciones de prevención del suicidio y referentes en el tema que afirman que puede provocar más autoeliminaciones). ¿Por qué la diferencia de recepciones? En realidad, el tema de las opiniones es tan complejo como el del mensaje de la serie en sí, porque en realidad nunca llega a quedar claro cuál es el mensaje, ni siquiera cuál es la trama. Todo gira en torno a un suicidio pero pocas veces se ilustra lo que la persona que lo termina cometiendo está atravesando emocionalmente. Básicamente, se utiliza como el desencadenador de la trama, que busca que la audiencia se pregunte constantemente qué le hizo Clay a Hannah. Todo esto sería válido, aunque de mal gusto, si 13RW no se posicionara como la voz de la generación adolescente de hoy en día, y como la ventana para ver el porqué y qué sucede cuando hay un suicidio. Ahí es donde 13 Reasons Why pasa de ser compleja a problemática.

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Pero la serie es cuestionable en varios aspectos. Para comenzar, en la poca relevancia que se le da a la salud mental de la protagonista. En escasos momentos se hace referencia a lo que es vivir con depresión o con pensamientos suicidas. Incluso, el único personaje que termina demostrándolo de una manera u otra es Alex. La serie, a través de Hannah, acredita su autoeliminación como una sumatoria de hechos dolorosos, que van desde actos de bullying al abuso sexual, obviando ilustrar el proceso emocional que termina llevándola a su decisión final. A lo sumo, lo que podemos advertir como comportamiento “de riesgo” son sus lágrimas y un corte de pelo… Claro, hay que admitir que la depresión no es material “jugoso”, menos para Netflix y su capacidad de binge-watching. La depresión no tiene esos momentos de tensión, de venganza, de romance juvenil ni nada que pueda sobresaltar a una audiencia. Pero el tema es que está muy relacionada con el suicidio, además de que es cada vez más común en adolescentes; entonces hay que ver esta falta de tratamiento mental de Hannah como una oportunidad desaprovechada de representar lo que sufren millones de personas día a día. Pero suerte que no lo hicieron, porque dado el guion se hubiera dramatizado todo (en el sentido teatral de la palabra) y quitado toda la humanidad con la que tiene que ser retratada. Hay importantes ejemplos de cómo se puede interpretar magistralmente la depresión de manera que realmente le llegue a la audiencia, como es el caso de Melancholia, de Lars Von Trier y con la inolvidable actuación de Kirsten Dunst.

Otro tema muy discutible es que la trama parece sustentar la idea de que uno puede ser responsable por el suicidio de otra persona. No hay duda de que Hannah atraviesa hechos traumáticos, pero en definitiva lo que termina haciendo es construir una plataforma de venganza emocional (el “Welcome to your tape” con el que inicia cada cassette parece hasta inspirado en Saw). Por otra parte, es confuso cuando se usan razones tan distintas, como la publicación de un poema de manera anónima frente a una violación. ¿Ryan fue tan malo con ella como para hacerlo sentirse responsable por su muerte? De esta manera, por momentos la protagonista termina siendo percibida como vengativa y el proceso de decisión de su propia muerte como un acto catártico. Lo peligroso de glorificar los actos de Hannah es que puede plantar una semilla en la mente de adolescentes susceptibles a la ideación suicida.

Pero si hay algo a lo que 13 Reasons Why le erró de manera funesta es en la escena del suicidio. Al parecer, los creadores quisieron mostrarlo de la manera más real y devastadora posible porque, obviamente, es algo real y devastador. Es de esos momentos que pueden hacerte llorar sin parar o dejarte más sensible de lo común y listo. Pero lo cierto es que solo a un sociópata no le afectaría la escena, en gran parte gracias a la increíble actuación de Kate Walsh. ¿Cuál es el problema con retratarlo de una manera realista, entonces? Que es demasiado real para muchos. Uno puede ver en redes sociales cómo esa escena desencadenó sentimientos y pensamientos negativos en varias personas. Es el llamado triggering, que puede hacer que quienes hayan sufrido depresión, ideación suicida o haber sido afectados por este tipo de muertes sean especialmente vulnerables al contenido. Incluso hubo varias organizaciones de prevención del suicidio que criticaron la escena ya que violaba las guías  que deben seguir los medios al mostrar este acto, lo que puede desencadenar en daño psicológico y hasta contagio suicida, el llamado Efecto Werther. En conclusión: ¿el fin justifica el medio? No.

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Lo que me lleva a otro tema de menor polémica pero que sigue demostrando lo irresponsable que es 13RW: justificar la autolesión como alternativa al suicidio. Para peor este mensaje se transmite, de manera cuasi esperanzadora, cerca del final. También hay otras cuestiones, no tan de índole ética como las anteriores, que se pueden mencionar. Por ejemplo, están los protagonistas, Clay y Hannah, la respuesta de Netflix para el John Cusack y la Ione Skye de esta generación. Con los episodios llegamos a querer a Clay, a comprender incluso su proceder impulsivo. El tema es diferente con Hannah, con quien uno puede empatizar pero solo por todas las desgracias que le suceden. Porque lo que vemos es a una persona a la que le pasan cosas. Irónicamente, Hannah termina siendo un personaje pasivo que construye a los demás. Uno llega a comprender más a los “victimarios” porque hay un desarrollo de sus personajes. A lo mejor es por esta falta de construcción de los sentimientos de Hannah que no logro comprender ni aceptar la decisión de dejar esos cassettes póstumos. O probablemente porque no me parece aceptable en ningún contexto…

Al terminar de ver el episodio 13, y si todavía quedan energías para ver algo, uno puede reproducir “Beyond the Reasons”, un especial que explica el fin social de la serie. Hubiera sido ideal que no se necesitara de un especial para transmitir el (aparente) mensaje positivo que siempre quisieron comunicar: que la vida vale. Netflix, no era necesario lo del mensaje positivo, varios estamos de acuerdo en que el suicidio es un tema que merece ser tratado, pero siempre de manera responsable. Netflix, podés publicar decenas de especiales y hacer una campaña digital súper cool para reflejar tu punto, pero para muchos el daño ya está hecho. No le recomiendo a nadie 13 Reasons Why, ni a los curiosos ni a los identificados. Una serie que se alimenta del sensacionalismo y de la venganza para retratar algo que es humano y doloroso no debería estar al alcance de cualquier persona, a clicks de distancia.