Discos favoritos del 2016

Me encantan las listas. Me encanta recopilar mis cosas favoritas según distintos criterios. Uno que no puede faltar es catalogar lo mejor de cada año, porque para mí, por ejemplo, es interesantísimo crear un mapa musical de todos los sonidos que coexistieron en el 2016. Esta no es una lista que pretende ningún tipo de objetividad, es una lista de mis preferencias y para los que conocen mi gusto musical quizás sea una lista bastante obvia, pero creo que eso está medio bueno. En fin, concluyo este artículo el mismo día que voy a ir a escuchar a uno de los seleccionados, y encima en mi ciudad natal, ¡mirá que es bella la vida a veces, eh!

PUESTO 10 – Jessy Lanza – Oh No

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Es hora de que Jessy Lanza comience a ser parte de “la conversación”. ¿Qué conversación? No sé, pero siempre hay una conversación y la gente tira nombres pero me parece que el de Jessy Lanza no es arrojado con la frecuencia con que lo merece. Esta es una delicia de pop minimalista, co-producido por Lanza y Jeremy Greenspan de los Junior Boys, quienes claramente están bien en sintonía porque escuchar Oh No de principio a fin pone de manifiesto la increíble cohesión de su sonido, que pasa por temones para bailar y baladas para mecerse mirando al vacío, ambos extremos que no dejan de sentirse como partes de un todo. Oh No no se siente ochentoso como un throwback sino como que estuviéramos viviendo los 80, parte 2 ahora mismo, porque a pesar de recibir inspiraciones musicales de la década, Oh No se siente como pop fresco, gracias a las habilidades de producción de los involucrados y a la voz aterciopelada r&b-esca de Jessy, cuyas letras son directas y lidian muchísimo con la comunicación (o ausencia de esta). A pesar de que Oh No tiene claros momentos destacados, creo que funciona mejor como un todo, y vale la pena entregarse a la historia que nos cuenta Lanza a través de estos 10 exquisitos temas.

Temas favoritos: “It Means I Love You”, “Oh No”, “Going Somewhere”


PUESTO 9 – Nicolas Jaar – Sirens

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Para mí Nicolas Jaar tiene un oído sobrehumano, una capacidad sonora tan imaginativa que combina elementos completamente inesperados de forma tal que cuando los escuchás tal cual los plantea él, de repente te parece que los disonantes sonidos nacieron juntos. Sirens es el segundo LP de este neoyorquino descendiente de chilenos y su sangre chilena parece ser la protagonista de este politizado disco que no por ello deja de tener sus momentos bailables. “Ya dijimos NO pero el SÍ está en todo” puede leerse en la tapa del disco y sentirse en la canción “No”, presentando un mensaje abundantemente claro y directo, que a pesar de inspirarse en la dictadura chilena, creo que nadie nos culparía por extender su significado de desencanto político a otras realidades más globales. Hablando de “No”, una gran compañera del disco y esa canción en particular es la película del director chileno Pablo Larraín que también se llama No, capaz que no viene al caso pero no quería dejar de recomendarla. Pero bueno, así como entendí esta directísima referencia, Sirens es un disco que revela sus secretos a los más atentos y debe ser un campo minado de cosas interesantes (no solo políticas sino musicales) para los que les interesa hacer el trabajo arqueológico. Para mí se siente como un delicioso collage que pone de manifiesto el inmenso talento de Jaar para crear moods y para saltar de piezas intensamente atmosféricas a otras más adrenalínicamente bailables.

Temas favoritos: “No”, “The Governor”, “Killing Time”


PUESTO 8 – Parquet Courts – Human Performance

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Bueno, saliendo un poco de los sonidos más electrónicos, tenemos el quinto disco de la banda indie rock con influencias punkillas Parquet Courts. Son originarios de New York, donde como dicen probablemente si tirás una piedra seguramente le emboques a alguna banducha de varones genérica. Pero justamente si hay algo que no me ocurre con Parquet Courts es que me suene genérica, de hecho me pasa lo contrario: a pesar de que no tengan un sonido súper peculiar, hay algo que me llama la atención de inmediato, serán esos momentos Velvet Undergroundescos (hola “One Man, No City”), será ese sentido del humor bien seco…, qué será, será. Me pasa que cuando siento que una canción va a caer en la típica, algún sonido sale a rescatarla (como los maravillosos riffs de “Dust” o “Paraphrased”) o la letra de Savage pega especialmente fuerte y se disipa cualquier sensación de been there, done that. Y hablando de las letras de Savage, probablemente sea ese el aspecto a destacar de la banda: ingeniosas, inteligentes, a menudo graciosas, repletas de excelentes observaciones y con una clara vibra existencial, es realmente un desperdicio escuchar el disco sin prestarle atención al talento de liricista de Savage. En definitiva, el nuevo disco de Parquet Courts es perfecto para el millennial ansioso y existencialista que vive en nosotros.

Temas favoritos: “Dust”, “Human Performance”, “Berlin Got Blurry”


PUESTO 7 – Kanye West – The Life of Pablo

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Yo qué sé, a esta altura tengo un poco de ganas de que Kanye haga un disco bien pedorro así lo dejo de escuchar por un tiempo porque eso de separar al arte del artista se pone bien complejo con este loco, pero bueno, por otro lado no me querría perder genialidades como terminan siendo sus discos, The Life of Pablo no siendo una excepción por supuesto. Lo primero que me llamó la atención de este disco fue la riqueza de sus samples, a mí me metés Goldfrapp, Nina Simone y Barbara Tucker en un mismo disco y un poco me pira la bocha sí, sin contar las decenas de otros que suenan preciosos y que ni conozco, porque claramente la biblioteca musical de Kanye es descomunal. En fin, pero además de esto, es un álbum divertido, empieza con quizás la canción más solemne -pero sumamente conmovedora- del disco, pero luego se estalla en momentos de humor (“I Love Kanye”, o seaaaa) y temas bien bailables (quizás me entró más fuerte por la cantidad de sabores house que tiene). A veces se siente un poco abrumador, hay TANTAS cosas, tantos detalles, tanto recorte y pegue, pero Kanye hace que funcione. Es una especie de relajo con orden y no tengo ningún problema con eso. Muchas de las letras lidian con la fama y la figura de Kanye, incluso en tercera persona, pero también tiene momentos de vulnerabilidad muy lindos, reflexiones sobre su familia y amigos, es más, parece haber un corte luego de “I Love Kanye” donde estas reflexiones se hacen más persistentes, creando una armonía bastante interesante en el disco. Y tras escucharlo una vez más mientras escribía estas breves palabras me arrepiento de mi comentario inicial, no quiero que Kanye deje de hacer discos buenos, la pérdida sería demasiado fuerte.

Temas favoritos: “Fade”, “No More Parties in L.A.”, “Waves”


PUESTO 6 – Lucy Dacus – No Burden

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Los que me conocen dirían que esta música es re yo y estarían en lo correcto, después de todo esta es la primera de 3 minitas cantautoras medio indie que van a aparecer en esta lista, pero bueno, todos tenemos un punto débil y este es el mío. ¿Pero cuál es la diferencia con las otros dos? Lucy Dacus tiene una dulzura bastante especial, está en su placentera y melódica voz, está en sus inteligentes y graciosas letras con un tono de sutil burla, está en su música que te envuelve como una frazada en invierno (a mí también me asqueó un poquito la imagen, sí). Me gusta que tenga poco de estrella de rock, es más bien un “no sé, hice estas canciones y ta, las vine a cantar si les parece bien” y creo que esa actitud interactúa muy bien con la música que produce, incluso el título del álbum lo confiesa, no quiere ser una carga para nadie. Y así, despojada de esas presiones, viene con sus ingeniosas observaciones de lo mundano y el comportamiento humano que elevan al álbum a algo verdaderamente hermoso. En la canción que abre el disco, “I Don’t Wanna Be Funny Anymore”, habla de lo difícil que es salir de las casillas en que nos meten nuestros conocidos, en “Strange Torpedo” describe a ese amor destroy que todos tuvimos alguna vez (“I thought you’d hit rock bottom, But I’m starting to think that it doesn’t exist, Cause you’ve been falling for so long, And you haven’t hit anything solid yet) y luego está el verso que reaparece en más de una canción, “Without you I am surely the last of my kind”. En fin, quizás sea un disco intrascendente para la mayoría de ustedes, pero si comparten mi gusto por estas chicas que escriben y cantan de maravilla, es una gran adición a la colección.

Temas favoritos: “Strange Torpedo”, “I Don’t Wanna Be Funny Anymore”, “Map On A Wall”


PUESTO 5 – Rihanna – ANTI

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Capaz que este es el disco más punk de la lista, el claro sonido del “me chupa un huevo”. A Rihanna le dejó de importar todo y a cambio nos regaló esta maravilla de su discografía. Comienza con la simple genialidad de “Consideration”, en la que declara de primera que tiene que hacer las cosas a su manera y que a su vez nos va a cubrir todo con glitter, ¡compro! ANTI tiene algo para todos los gustos, sus ritmos y melodías fluctúan sin ningún tipo de vergüenza pasando por delicias r&b-escas (“Needed Me”), dancehall (“Work”), covers psicodélicos (“Same ol’ Mistakes”), más Popescas (“Never Ending”), old school doo-wop (“Love On The Brain”) y baladas de piano (“Close to You”). En sus letras, RiRi balancea su seguridad en sí misma con momentos de vulnerabilidad a la perfección, permitiéndole a su voz brillar en los diferentes estilos que domina tan bien. ANTI es un disco que no aburre, además del dinamismo de su construcción, simplemente tiene demasiados puntos altos, demasiadas canciones que compiten la una con la otra para ver cuál será la favorita del momento, así que cada instancia de escucharlo es una nueva oportunidad para redescubrirlo.

Temas favoritos: “Consideration”, “Love On the Brain”, “Needed Me”


PUESTO 4 – Solange – A Seat at the Table

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Parece imposible hablar de este disco sin hacer una mención a la hermana mayor de Solange, nada más y nade menos que Beyoncé, cuyo álbum Lemonade fue adorado por tanto fans como críticos, pero que para esta humilde comentadora, fue inferior a la belleza que produjo su hermana menor en el mismo año. A Seat at the Table se siente tan absolutamente sincero, relevante y por sobre todas las cosas, tan bello, que siento que merece puntos extra por lograr ser un testamento de empowerment de género y raza que no busca llegarnos por el lado de la protesta vociferante o de los ritmos abrasivos, sino que nos habla desde un estado de introspectiva reflexión y vulnerabilidad hermosa. Y aunque esa exploración tiene significados culturales globales, Solange focaliza su perspectiva a través de una mirada personal, armando el disco alrededor de interludios de miembros de su familia y amigos; estos interludios están tan bien posicionados que generan una continuidad súper interesante para quien escucha el disco de principio a fin (¡como corresponde!) Su voz es de una dulzura que jamás se torna melosa y el disco está lleno de melodías y armonías que se derriten en tus oídos (perdón, no es un buen día para construir imágenes, se ve). En conclusión, A Seat at the Table es un disco que ofrece la triple genialidad de destacarse en términos de politización, personalización artística y musicalización, ¿qué más querés?

Temas favoritos: “Cranes in the Sky”, “Don’t Touch My Hair”, “Borderline (An Ode to Self Care)”


PUESTO 3 – Radiohead – A Moon Shaped Pool

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De este disco escribí cuando salió, concluyendo “Para los que ya amábamos a Radiohead, es una gran adición a su discografía, llena de momentos memorables. Y para los que todavía no se habían enamorado de la banda, creo que es una excelente introducción, y qué envidia me daría tener toda la discografía vieja para escuchar por primera vez. Es un disco lleno de palpables vulnerabilidades, que muestra a las estrellas de la banda todavía en el pico de su talento creativo, tanto a nivel lírico y vocal como a nivel instrumental. Un disco no, un discazo.”

Temas favoritos: “Daydreaming”, “True Love Waits”, “Present Tense”


PUESTO 2 – Mitski – Puberty 2

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Ay, amigos, no saben lo que me costó elegir entre este y el disco siguiente para puestos uno y dos, ambos son tan increíbles y tan yo que me costó un montón, así que espero que entiendan que los amo a los dos con pasión. Mitski, ay, Mitski. Esta cantautora de ascendencia japonesa y yanqui es todo lo que está bien en el mundo. Este es un disco que me hace sentir adolescente. ¿A qué me refiero con esto? Es de esos discos que quiero memorizar todas las canciones y cantarlas en mi cuarto con dramatismo, es un disco que me da ganas de rasgarme la ropa y tirarme al piso de rodillas, agitando la cabellera para todos lados, no sé si sentirán identificados con esas sensaciones, pero hace mucho que no me pasaba con esta intensidad. No, no hay ningún tema que no me guste. Es un disco puro, un disco que nace de este angst no ya adolescente porque estamos grandes, pero de esta nueva oleada de angst de esta edad que debería ser adulta pero no se siente del todo adulta. Tiene distorsión y tiene una clara inspiración noventosa, de garage, del indie cuando ese término todavía no existía, cuando no se lo tiraba a cualquier banda que salía apenas del mainstream, del indie bien primitivo, y esa música es acompañada por la inigualable voz de Mitski que a mí me pega directo en el pecho y parece estar rogándome que la cante con ella, como si sus letras fueran también mis letras. Lo único que no me gusta del disco es que no es más largo, pero a su vez, esa sensación de que te dejen con ganas de más es un impresionante logro en sí mismo. En fin, realmente estoy tan obsesionada con este disco al momento de escribir esto que siento que no puedo escribir nada que no sea fangirlismo al extremo, así que, les pido simplemente que lo escuchen e intenten no rasgar sus vestimentas, besis.

Temas favoritos: TODOS, bueno “I Bet On Losing Dogs”, “Fireworks”, “Your Best American Girl”


PUESTO 1 – Angel Olsen – MY WOMAN

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Cerrá y vamos. En el 2014 descubrí a Angel Olsen con su disco anterior Burn Your Fire For No Witness e instantáneamente se convirtió en una de mis nuevas favoritas junto a Courtney Barnett y Julia Holter. Una vez dije que entre esas tres, me quedaba con Julia Holter en términos de composición, con Courtney Barnett en términos de letras y con Angel Olsen en términos de voz, pero este nuevo disco de Olsen quiere hacerse con el primer puesto en las tres categorías, chicos. MY WOMAN es un disco completamente realizado, es una obra perfecta en la que Olsen muestra todas sus facetas y sus innumerables talentos. Me gusta que la construcción del disco parece estar más o menos dividida en dos partes, la primera un poco más alternativa y movidita y la segunda considerablemente más folk y lenta, aunque ambos lados tienen tintes del otro. MY WOMAN también tiene altos contenidos de empowerment pero no es un disco politizado, es un disco súper personal que habla de la experiencia de Angel Olsen como mujer y es a través de esa extrema personalización en la que Olsen se posiciona como autora que nosotros podemos conectar con el disco, porque su introspección es tan precisa que logra una universalización de sentimientos muy linda. Afortunadamente para todos los románticos en nosotros, si bien el disco de Olsen habla de la experiencia de ser Angel Olsen, el amor es un gran protagonista, Olsen acá se perfila a sí misma y a su individualidad a través de su relación con el amor y cómo lidia con este sentimiento y sus desafíos. Y por supuesto, al comando de este liricismo está la incomparable voz de Olsen que parece arrancada de otra época. Este disco sigue probando por qué aquella vez destaqué su voz sobre mis otras favoritas del momento, es realmente exquisita en todas sus modalidades y al menos a mí, me transporta a otro plano en el que por unos segundos parecería no existir nada más.

Temas favoritos: “Sister”, “Woman”, “Not Gonna Kill You”

Casi casi entran al top: Blonde de Frank Ocean, Hopelessness de ANOHNI, The Colour in Anything de James Blake, Take Her Up To Monto de Roísín Murphy, I, Gemini de Let’s Eat Grandma.

Recomendaciones 2016: Netflix Edition

Other People (2016)

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Esta película podría ser rápidamente desechada como otro híbrido de drama y comedia sobre un joven lidiando con el cáncer de su madre, pero a pesar de lo pesada que suena la trama, Other People se siente casi siempre muy fresca y por sobre todas las cosas, el filme de Chris Kelly derrocha honestidad emocional. El protagonista interpretado por Jesse Plemmons (un tipo que no me deja de impresionar y que ya está muy lejos de aquel papel bizarro en Breaking Bad) le agrega otro dinamismo a la película, ya que se trata de un escritor de comedia gay que además de lidiar con su ausencia de trabajo y su reciente ruptura con su novio de hace años, debe volver a su pueblo y casa natal a cuidar de su madre. Entonces la película no solo lidia con esta relación filial sino con la forma en que David afronta su hogar de la infancia mientras intenta reafirmarse a sí mismo y su estilo de vida frente a su familia y la gente del pueblo en general. Sí, por supuesto que esta película no está reinventando nada, pero no es la intención tampoco, lo que deben lograr estas pequeños indies es autenticidad y a esta película eso le sobra. Gran parte es el guión de Kelly pero no habría funcionado sin las excelentes interpretaciones de Plemmons en el papel protagónico y en particular de la ex-SNL Molly Shannon en el papel de la madre. Y tampoco crean que es todo tragedia, porque me reí más de una vez y bastante. En fin, lo que le falta a Other People en términos de originalidad lo compensa ampliamente con sinceridad y espíritu, unas buenas risas, un par de lágrimas y dos de las mejores actuaciones del año.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4158876/


Blue Jay (2016)

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En teoría Blue Jay bien podría ser una de mis películas favoritas, después de todo este otro indie también se trata de dos personas que vuelven a su pueblo natal de visita y tienen una experiencia medio reveladora. Porque estas dos personas son Jim (Mark Duplass quien también escribe el guión) y Amanda (la hermosa y talentosa Sarah Paulson), quienes habían sido novios en el liceo y que eventualmente se separaron y perdieron contacto. Así es que casualmente se reencuentran en su pueblo natal y terminan pasando el día juntos. La película es súper íntima, filmada en blanco y negro para quitarle la atención a todo lo que no sea estos actores interactuando mutuamente. Funciona en una especie de tiempo real y con un realismo extremo que la acerca mucho a la improvisación; de hecho leí por ahí que el guión era una base y luego los actores tuvieron lugar para la espontaneidad donde la química entre Duplass y Paulson se hace evidente y eleva muchísimo a la película. En mi caso hubo algo que no me terminó de convencer, a pesar de lo bien que suena así en teoría y a pesar de que no llega a la hora y media me resultó un poco larga, pero no quiero dejar de recomendarla porque realmente vale la pena por la honestidad de su guión, la palpable pasión del equipo por el proyecto y las devastantes actuaciones de sus dos protagonistas. No es necesario haber vivido una historia de re-conexión para sentirte identificado con al menos un par de las temáticas que surgen de las conversaciones de estos dos y como en el caso de Other People, definitivamente vale la pena por las excelentes actuaciones de sus protagonistas.

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5912454/

American Honey (2016)

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Esta es la película que vengo esperando hace años y años, chiquilines. Déjense de Harmony Korines y Larry Clarks, directores que también han querido mostrar la juventud yanqui en todo su esplendor white trash pero que siempre me resultaron explotadoras, sensacionalistas, forzadas, falsas y por sobre todas las cosas repulsivas. Parece que era necesario que una señora británica nos viniera a mostrar esto sin un dejo de todas esas críticas. Así llega Andrea Arnold (la de Fish Tank, otra que deben ver si no lo hicieron) con su relación de aspecto trademark de 4:3 (el que se ve cuadrado) y su cámara íntima y apretada en esa camioneta en la que pasamos casi toda la película. American Honey trata de una adolescente (la novata y cautivante Sasha Lane) que se une a un grupo de vendedores ambulantes, todos jóvenes pobres que abandonaron sus hogares (uno solo puede imaginarse los problemas que tendrían allí) para adoptar esta nueva familia de inadaptados y viajar a través del país en camionetas con la música al mango, liderados por el as del capitalismo Krystal (Riley Keough quien está siempre mostrando más piel que otra cosa), quien los mantiene a todos engatusados a través de rituales y premios muy al estilo de lo que sucede en Wall Street pero a nivel white trash suburbano. La película es larga (163 minutos) y muchos dirían que “no pasa nada” en ella. Pero si son el tipo de persona que usarían esa crítica, quizás no es para ustedes. La película no tiene una trama convencional, pero no por ello carece de interés. Arnold comunica sus temas de formas más peculiares, por ejemplo a través del uso de la repetición como forma de transmitir el tedio de lo que eventualmente se convierte en la rutina de Star, nuestra protagonista. Porque si bien todos los chicos tienen esa calidad de outsider (de hecho me gustaría felicitar al director de casting por encontrar chicos realmente auténticos), Star quizás por ser la única chica de color en el grupo, o porque a pesar de no haber estado contenta con su vida en su pueblo natal no quiere decir que este nuevo estilo de vida sea el ideal para ella, o quizás por ambos motivos y por otros más, es todavía más ajena a este mundo, entonces Arnold nos muestra su adaptación y/o rechazo de este nuevo estilo de vida a través de la repetición, de las múltiples escenas de los chicos cantando en la camioneta, de los intentos de venta, y de sus interacciones con un chico del grupo que le gusta interpretado por Shia LaBeouf a la desagradable perfección. El excelente trabajo de fotografía logra una intimidad increíble a la vez que nos limita la experiencia a las vivencias de los personajes, quizás reflejando la limitación en la perspectiva de Star también, quien a pesar de estar viajando a través del país con este grupo de bizarros, permanece alienada de casi todos los paisajes y personajes que la rodean. La película avanza al ritmo de sus caprichos, de su sed de nuevas experiencias, de su persecución de su propio estilo del sueño americano, a la vez que va deconstruyendo la cultura yanqui y su juventud perdida. Y al final de todo la película también es un coming-of-age, un viaje de auto-descubrimiento para Star que se vive a través de sus experiencias pero también a través de cuidados simbolismos que llegan a su expresión máxima en el magnífico final que me dejó boquiabierta. American Honey no es solo cine del bueno, es también cine del importante y sin lugar a dudas una de mis películas favoritas del año.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3721936/

Películas de verano: A Bigger Splash (2015)

¿Qué mejor que celebrar el comienzo del verano encerrándose a ver películas? Desde thrillers a documentales, pasando por comedias,  Club Silencio también tiene sus musts para la temporada. Inauguramos la selección con A Bigger Splash, de Luca Guadagnino (Io sono l’amore), una película que comienza pareciendo de esas comedias extranjeras con paisajes paradisíacos pero que termina convirtiéndose en una especie de thriller. Protagonizada por Tilda Swinton (en su tercera colaboración con Guadagnino), la película se desarrolla en una idílica villa italiana, donde una estrella de rock momentáneamente muda por una cirugía de garganta (Swinton) se está recuperando junto a su amoroso novio (Matthias Schoenaerts). Pero la calma y el romance se cortan cuando, de repente, reciben la visita de la ex pareja y amigo de ella (Ralph Fiennes), un avasallador productor de música, acompañado por su atrevida y recién reconocida hija (Dakota Johnson). Entre canciones de The Rolling Stones, baños de piscina y comida exótica, los personajes conviven en el hermoso paisaje rodeados de tensión sexual y asuntos sin resolver, una sofocante bomba de tiempo provocada por los placeres y problemas de los ricos y famosos.

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Si bien tiene tensión y drama, A Bigger Splash es muy entretenida de ver. Ya los protagonistas nos aseguran que no va a ser un desperdicio de tiempo; incluso termina sucediendo lo opuesto, porque las dos horas que dura pasan volando, y eso es en gran parte gracias a las performances. Claro que ayuda contar con actores veteranos como Swinton y Fiennes, pero acá cada actor es un ingrediente que hace más gustosa a la película. Por su parte, Swinton pasa el 99% de la película muda, dependiendo de su lenguaje corporal y de susurros para transmitir ansiedad, terror o excitación. Con su personaje molesto pero que no queremos dejar de ver, Fiennes le inyecta una energía eufórica a la película, que nos mantiene atentos y tensos durante todo el desarrollo de la trama. Es interesante observar la dinámica de la relación entre estos personajes, con sus diferentes energías y roles en el entramado de la historia. En las actuaciones de reparto se destaca Johnson, que siempre que aparece en escena atrae nuestra mirada, y así es explotada, en planos sensuales y poéticos. Schoenaerts hace un buen trabajo interpretando al novio sensible e inseguro, el perfecto ejemplo de una implosión peligrosa.

Pero acá el personaje principal es la cámara, resultado de la cinematografía del talentoso Yorick Le Saux (Clouds of Sils Maria, Swimming Pool). Tal como en sus anteriores trabajos (imposible olvidarme de la exquisita fotografía de Clouds of Sils Maria), Le Saux le saca el jugo a cada toma, ya sea con la iluminación, la composición o los movimientos de cámara, dando como resultado una película completamente sensorial y vivencial. Cada aspecto técnico se filtra por el mood general de los personajes, que puede saltar rápidamente de una tranquilidad opiácea a la excitación o al shock. Lo que hace Le Saux con su cámara es crear el lenguaje de la película a través de códigos visuales que hacen que nos sumerjamos en el mundo de Guadagnino. Así, por ejemplo, a través de un dramático zoom out captamos lo simbólico del entorno y cómo afecta las acciones de los personajes; o a través de un plano subjetivo vemos el juego de seducción entre dos personajes. Pero también está lo que se logra en lo sensorial. Uno puede no haber ido a una isla italiana, pero las texturas y temperaturas que absorbemos con A Bigger Splash nos transportan fácilmente. A lo mejor es el rayo del sol de los mediodías, la frescura del interior de las casas de verano o el sabor fresco de una comida recién preparada. Con A Bigger Splash sentimos el calor y se nos hace agua la boca.

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El paisaje es otro protagonista, que hace más que cumplir con lo que todos buscan en una película extranjera (eso es, ser paradisíaco). En este filme el paisaje habla. La luz del sol radiante y el contraste con las sombras de los árboles, las nubes grises de un cielo que se tiñe de oscuro, la noche estrellada y el reflejo de la luna en la piscina o la lluvia torrencial y las gotas sobre las hojas son más que aspectos estéticos. El paisaje psicológico refuerza la cinematografía sensible de Le Saux y afecta el desarrollo de los personajes, ¿o será al revés?

A pesar de todos estos puntos a favor que tiene A Bigger Splash, es necesario destacar el cambio de tono que sorprende al espectador, que viene sumergiéndose en la sensualidad y rock’n’roll de la primera hora y media. El giro de tuerca que cae ya casi al final de la película deja con sabor raro, no por el cambio en sí, sino por lo que termina sucediéndoles a los personajes. Por otra parte, es en el final de la película cuando se le quiere dar significado a un elemento que estuvo presente a lo largo de la trama pero que nunca parece tener relevancia (y, en verdad, nunca llega a tenerla): la llegada, en paralelo, de refugiados tunecinos a la isla italiana. Sí, leyeron bien. Probablemente un intento del director para simbolizar la cercanía física y la lejanía tangible de problemas tercermundistas para estos personajes privilegiados.


Más allá de esto último, A Bigger Splash es interesante de ver, un filme que brilla en el océano de desperdicios de Hollywood. Su aspecto visual, la música y la energía que logran las performances la hacen una película sensual y vibrante, una opción perfecta para aquellos que buscan viajar con los sentidos. Pero ojo, este viaje viene con sorpresas.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2056771/

Tres películas destacadas del 2016

Indignation (2016)

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El debut de James Schamus como director, basado en una novela de Philip Roth, es una de esas películas que más parecen una obra de teatro que otra cosa. Este filme consiste de largas escenas de diálogo y, por lo tanto, su éxito depende muchísimo de la construcción de las escenas que haga Schamus y principalmente de la destreza de los actores para recitar las sofisticadas líneas de Roth. ¿Pero de qué se trata? Bueno, la trama gira en torno al joven Marcus, un chico judío de Nueva Jersey que va a una prestigiosa universidad de Ohio en la década de los 50, cuando la mayoría de los chicos estaban yendo a luchar en la guerra de Corea, a menos claro que fueras un bocho universitario como él. Son tantas las presiones de la época y el contexto que rodean al personaje de Marcus que su destino en retrospectiva parece inevitable: su procedencia judía a pesar de considerarse ateo, la fuerte represión sexual no solo de la época sino de su entorno, la intensidad de su padre que parece haber tenido una crisis nerviosa por las consecuencias de la guerra y la separación de su hijo, la lucha de clases, su falta de espiritualidad y hasta su elevado intelecto parecería ser más un estorbo que otra cosa. Marcus es interpretado por una estrella en ascenso, Logan Lerman (sí, el que hizo las de Percy Jackson, pero también The Perks of Being a Wallflower), quien logra recitar sus líneas con la afectación propia de su personaje y de la época y que transpira sus ansiedades y preocupaciones maravillosamente. A Lerman lo acompaña Sarah Gadon como su compañera e interés romántico Olivia Hutton y el gran Tracy Letts como el decano de la universidad, con quien tiene las mejores escenas de la película por lejos. Por momentos la película sufre de una sobre-dramatización de ciertos particulares que no terminan de conectar con la inevitabilidad del arco de Marcus y depende un poco de nosotros aportar la reflexión necesaria para atar todos sus cabos; a su vez, algunos de sus recursos estilísticos, como su entreverado montaje, parecen más afectaciones para justificar lo “fílmico” que otra cosa, pero fuera de eso es una experiencia fascinante, filmada en hermosos colores y muy bien encuadrada, ideal para quienes disfrutan de un guión rico en diálogos.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4193394/

 

The Innocents (2016)

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¿Qué tendrán las monjas que resultan tan cinematográficas, no les parece? La película de la directora Anne Fontaine, que parece contar con un equipo mayoritariamente femenino, gira en torno a Mathilde, una doctora de la Cruz Roja francesa (la bellísima Lou de Laâge) que está trabajando en la Polonia de 1945 y que se topa con un convento de monjas que necesitan de su ayuda desesperadamente. Es que ocurre que el convento había sido invadido por un grupo de soldados quienes violaron a las monjas, dejando a varias embarazadas, lo cual es extremadamente problemático en muchos niveles. Además de haber sufrido lo que es una de las peores violencias que existen en la humanidad, las monjas sufren la vergüenza de su condición, que no solo les recuerda el desagradable hecho sino que por supuesto va en contra de toda su filosofía, por lo que lo quieren mantener en secreto y es a duras penas que reclutan la ayuda de Mathilde; para peor, las monjas no pueden ser tocadas y por tanto su tratamiento se hace casi imposible, sin mencionar el problema de qué hacer con los bebés luego de nacidos. En fin, está complicado, no solo para ellas sino también para Mathilde, quien debe asistir al convento en secreto, porque ella también podría sufrir las consecuencias de estar practicando medicina por su lado, ya que es solo una mujer después de todo. La historia por supuesto es basada en hechos reales y peca un poquitito de esa auto-satisfacción de las películas basadas en hechos verídicos que solo por ello parecen justificar su existencia, es decir, quizás para la mayoría a nivel guión no es una cosa magnífica, aunque en mi caso la perspectiva fuertemente feminista me compró completamente, porque resulta muy fresco ver el viejo debate de persona de ciencia/persona de fe desde el punto de vista de una mujer, en particular en una época en que las voces de las mujeres todavía no significaban mucho, y de fondo está la sororité que surge entre ellas que es muy hermosa, en particular la relación de Mathilde con Maria (Agata Buzek en una de mis actuaciones favoritas del año). Y como si esto fuera poco, la fotografía de Caroline Champetier (Holy Motorses una cosa de locos, chiquilines, no exagero cuando digo que es mi favorita del año, no solo por la belleza de sus colores e iluminación, sino por lo magnífico de sus composiciones, creando hermosas postales en cada uno de sus fotogramas. Ah, y como deberes les pido que reconozcan cuál es la canción con la que termina.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4370784/

Hell or High Water (2016)

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El western es un género al que no mucha gente le tiene aprecio, algo que siempre me confundió porque en lo que va de mi vida como fan del cine, debe ser uno de los géneros más consistentes en términos de calidad que he visto, pero bueno, no voy a obligar a nadie a gustar de algo, aunque sí intentaré convencerlos de que le den una chance a esta. No es un western clásico a lo John Ford y John Wayne, sino que tiene una vibra más moderna como el nuevo clásico de los hermanos Coen No Country for Old Men. En este caso seguimos a dos bandos, el de los criminales, dos hermanos (Chris Pine y Ben Foster) que se dedican a robar unos bancos del oeste de Texas como parte de un gran plan que de mezquino tiene muy poco, y por otro lado, la ley y el orden, los Texas rangers interpretados por el sublime Jeff Bridges y su compañero Alberto (Gil Birmingham), descendiente de nativos americanos y por lo tanto bulleado indiscriminadamente por el personaje de Bridges, quien tras todos esos insultos no puede ocultar el evidente cariño que le tiene a su colega. El guión de Taylor Sheridan (el mismo de Sicario) es excelente, a pesar de concentrase en la acción del crimen y su resolución, logra aportar increíble dimensión y personalidad a los hermanos Howard, desarrollando en paralelo una motivación personal para cada uno a la vez que realiza un astuto comentario sobre el sub-mundo del oeste de Texas (donde parece que nadie anda por la calle -ni por los bancos- sin su arma personal) y sobre el criminal por excelencia, el símbolo del capitalismo: la institución bancaria. Desde el ángulo de Bridges está la un tanto trillada pero efectiva faceta de “el policía a punto de retirarse en su último caso”, que el actor destroza con su carisma, logrando una de las mejores actuaciones del 2016. David Mackenzie (el que dirigió el drama carcelario que les recomendé acá) dirige esta película con la seguridad de un veterano, construyendo la historia con paciencia en los primeros dos actos y logrando un clímax en extremo excitante y satisfactorio en el tercero y último, apoyado por la bella fotografía de Giles Nuttgens y la banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis. Hell or High Water está inmersa en un mundo asfixiante del que poco sabemos pero que adquiere vida gracias a las páginas de Sheridan, la dirección de Mackenzie y las interpretaciones del excelente elenco, quienes crean una historia fascinante de principio a fin en la que a final de cuentas nos daría igual ver a cualquiera de los dos bandos ganar, ¡decime la última vez que te pasó eso!

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2582782/

Arrival (2016)

Probablemente ya haya dicho esto sobre alguna otra película, pero banquen, porque es verdad también para Arrival, y es que esta película parece haber sido ideada por un grupo de personas que se juntaron y dijeron “¿y si combinamos pila de las cosas que le gustan a Scarlett en una sola película?” y de esta forma crearon la maravilla que es Arrival. Qué son algunas de estas cosas, se preguntarán. La traducción, los lenguajes, la concepción del tiempo y la memoria, dilemas existenciales, la música de Max Richter y por sobre todas las cosas, los aliens. Realmente siento que no puedo pedir más, pero claro, una cosa es tener los elementos para crear algo fantástico, otra cosa es crearlo; así que ahora faltaba ver si el director canadiense Denis Villeneuve (el mismo de Sicario) los podía combinar de una manera interesante.

Comencemos con la premisa básica: tenemos a Amy Adams interpretando a Louise Banks, una lingüista bastante pro y que tiene una seguridad en sí misma de estilo sutil, que me recordó a personajes como Clarice Starling de El silencio de los inocentes. El día a día de Louise es muy tranqui, trabaja como profesora en una universidad, nada muy loco, pero con la llegada de unas naves del espacio a la tierra, le llega a ella también la oportunidad de probar algo diferente con sus talentos. La oferta del ejército consiste en reclutarla para que logre traducir el lenguaje de los aliens que llegaron en esas naves y que si bien no hacen mucho más que quedarse ahí dentro esperando, parecen dispuestos a intentar alguna forma de comunicación. Así es como lo que quizás sería el evento más importante en la historia de la humanidad pasa a estar bajo la responsabilidad del equipo liderado por Louise y también por un físico llamado Ian (interpretado por Jeremy Renner). Pero cero presión.

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A partir de esto la película gira en torno a los avances que hacen Louise e Ian con los aliens y la forma en que el descubrimiento de este nuevo lenguaje afecta a la lingüista de maneras insospechadas pero verdaderamente fantásticas. Demás está decir que no voy a contarles ningún spoiler, pero para hacerles una idea, entre las genialidades que ocurren en la película, está la representación más extrema de una popular teoría de la lengua que dice que es el lenguaje lo que determina nuestra percepción del mundo y que si nos sumergimos completamente en otra lengua, podemos lograr resetear nuestro cerebro y percibir el mundo de una manera completamente diferente. En fin, así como el guión de Eric Heisserer  (recién descubro que es el mismo del remake de The Thing) basado en la historia de Ted Chiang, lidia con este tema de una manera novedosa y fascinante, es la forma en que lo combina con una gran variedad de temáticas de una manera orgánica y fluida lo que lo hace destacarse sobre el resto. Esto no es una película de Nolan donde las ideas parecen escapárseles al escritor/director, dejándote con esa molesta sensación de que en manos de un equipo más competente lo que eran grandes ideas podían convertirse en grandes películas. Arrival no sufre de ideas demasiado grandes, ni tampoco de diálogos expositivos que rompan con su fluidez (aunque admito que hay una narración que resulta un poco desencajada, pero muy útil), ni con alardes de intelectualidad no realizada opacada por despliegues innecesarios de CGI, Arrival es una película que tiene completa seguridad en sí misma y sabe perfectamente quién es. Está clarísimo que Villeneuve tenía muy claro lo que quería lograr y cuando la película termina, queda doblemente claro que realmente lo logra.

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Lo mejor de todo es que si bien hasta ahora parece que la aproximación de Villeneuve a la historia es altamente intelectual, se sorprenderán de saber que el mayor impacto de la película está a nivel emocional. Porque detrás de todos los fascinantes conceptos que se manejan -muchos de los cuales ni voy a mencionar- el momento climático impacta por su humanidad, se trata de un punto en la vida de Louise que trasciende toda lógica sin por ello convertirse en sentimentalismo barato, una decision tan devastantemente conmovedora que logra bajar a tierra (qué expresión ideal, ¿no?) cualquier pretensión intelectual de la película para conectar con nosotros a un nivel puramente emocional. Es la manifestación máxima de lo que es el personaje de Louise, un personaje que por momentos parece perderse bajo la cantidad de conceptos interesantes que maneja la película, pero que si prestamos atención se nota que se construye y desarrolla junto con la trama, revelándonos de a poco quién es hasta que se hace evidente que tanto la historia dentro de la película como la película en sí misma jamás habrían funcionado sin un personaje como este, con una forma de razonar que me llena de orgullo para quien es una representante de la raza humana, y una de las primeras claves de esto está en la forma en que de hecho se hace con este puesto de trabajo al comienzo del filme. Y aquí corresponde darle una merecida mención al único miembro del elenco que vale la pena: Amy Adams. Sinceramente no es una actriz que me despierte pasiones y de hecho tiene algo que me parece un poco irritante, pero no puedo negar que al momento de actuar la mina derrocha talento y se mete debajo de la piel de Louise con una maestría espectacular; en particular destaco cierta humildad en su interpretación, no busca hacer grandes despliegues sino que confía en la sutileza de una interpretación honesta y la verdad es que no hay absolutamente nada que criticarle.

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Pero parece que llegó el momento para revelar que aunque amé esta película con toda mi alma, hay un par de cositas mínimas que no me gustaron, porque sí, soy insoportable y a todo le encuentro algo. La más importante está en quizás la ejecución de los diálogos, y acá déjenme ser clara, el contenido de lo que se dialoga suele estar genial, pero por aquí y por allá se cuela alguna línea un poco demasiado hollywoodense (quizás sea la inspiración de Contacto o de Spielberg), pero más allá de esos momentos casi imperceptibles, la película hereda muy poco del estilo de los grandes estudios. El diseño de producción está espectacular, por supuesto, y tiene momentos fotografiados con una destreza especial (noten por ejemplo la primera vez que vemos bien una de las naves alienígenas) aunque por momentos algunas escenas parecen estar un poco oscuritas. De cualquier forma, la verdadera estrella a nivel técnico es la música, primero me gustaría destacar la hermosa humanidad de la canción de Max Richter que abre y cierra la película con una simetría sublime y segundo la combinación de esta con los sonidos que realmente parecen venir de otro mundo del excelente compositor Jóhann Jóhannsson. La música, en particular la canción de Richter, son aspectos integrales de la película y evidencia adicional de la increíble visión de Villeneuve.

Y hablando de Villeneuve nuevamente, cerremos con él, porque de verdad Arrival es la obra de un artista en el pico de su carrera, una obra tan impactante como controlada, donde realmente se siente que todo el equipo estaba empujando para el mismo lado, liderados por un director con una visión clarísima, logrando un filme que termina y te deja con una sensación de que acabás de ver algo realmente maravilloso, que te obliga a mirar al que tenés al lado y hacer una pequeña negación con la cabeza, apretando los labios con una sonrisa, pensando “no puede ser”, porque obras así de lindas hay pocas y cuando llegan no podemos evitar pasar por unos segundos de incredulidad. Pero mirando Arrival queda clarísimo, llegar, llegan.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2543164/

Fantastic Beasts and Where to Find Them (2016)

Vamos a empezar con una nota personal: el mundo de Harry Potter fue re importante en mi vida. Creo que empecé a leer los libros cuando recién había salido el tercero y a partir de ese momento cada lanzamiento de un nuevo tomo era básicamente mi momento más esperado del año. Recuerdo haberme devorado los libros más gruesos sin interrupciones, leyendo mientras comía, caminaba y hacía otras cosas terminadas en -aba. Luego me agarré la costumbre de releer todos los anteriores antes de que saliera el último, así que algunos los llegué a leer más de diez veces, alternando entre inglés y español, ¿porque por qué no, no? Luego con el advenimiento de las películas era de esas que criticaba todos los cambios y me quejaba de las cosas que no incluían que me parecían re importantes y más tarde, con las últimas de la saga, ya no recordaba tanto el detalle del libro y las disfrutaba como una oportunidad para revivir ese fantástico mundo creado por J.K. Rowling. A lo que voy es que si vos sacás una de las películas de Harry Potter y la analizás fuera de su contexto, sí, la verdad es que la mayoría no son súper, pero no funcionan así, son parte de un imaginario que acompañó a toda una generación de jóvenes y el valor emocional que tienen para cada uno de nosotros trasciende a cosas como que Emma Watson era un queso actuando o que la dirección de Yates en las últimas se puso un poco solemne en exceso.

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Animales fantásticos… entonces busca crear otra de estas sagas que sirvan la doble función de evocar esos sentimientos nostálgicos en las generaciones Pottereanas mientras crea una nueva base de fans en los jóvenes de ahora. Por ahora no me consta que este grupo de nuevos personajes logre crear el impacto de Harry, Ron y Hermione, pero desde mi punto de vista decididamente parcial, debo admitir que la idea de tener más chances de explorar el mundo de la magia de Rowling me entusiasmó bastante. Realmente hay que agradecerle a J.K. porque quién hubiera dicho que nosotros los fans de los libros íbamos a tener una oportunidad de ver películas sobre este mundo sin saber lo que iba a pasar de antemano. Dicho esto, el debut de Rowling como guionista (las otras películas eran adaptaciones de sus libros mientras que esta la escribió ella directamente para la pantalla) deja algunas cosas que desear. Si bien el título de la película remite a los animales fantásticos y la trama aparentemente gira en torno a Newt Scamander, un escritor especializado en animales mágicos y sus aventuras en Nueva York, las criaturas, aunque generalmente fascinantes, resultan un tanto secundarias. Sí, la película tiene algunas escenas medio Pokémon Go de captura de animales y toda la cosa, pero en realidad Animales fantásticos… se siente como una preparación para lo que se vendrá en las secuelas, con un villano para reemplazar a Voldemort que hace su primera aparición en un mini cameo que no voy a revelar por si no lo saben.

Scamander, interpretado por el afectadísimo Eddie Redmayne, es un personaje que a mi juicio funcionaría mucho mejor como sidekick (secuaz) que como principal. Es un poco demasiado bizarrito y ni cerca de lo suficientemente carismático, pero estoy dispuesta a darle una chance a Rowling para que profundice un poco más en él. Las circunstancias de sus aventuras lo acercan a Tina (una genial Katherine Waterston), una ex-aurora noble pero torpe e innegablemente adorable, su hermana Queenie (una gata, pero no muy talentosa con la magia) y el muggle Kowalski (Dan Fogler, el más destacado del elenco), un divino súper inocente y amoroso al que le re pinta toda la movida de la magia. El grupete se enreda por aquí y por allá con aspectos del guión que se divagan y mezclan con torpeza, mientras nos dan a conocer la Nueva York de los años 20 y lo que es la organización de magos de esta ciudad, en donde aparece Colin Farrell, un casting que me parece de lo más random que vi en mi vida. Lo interesante es que si bien la trama de la película en sí dejó que desear, la construcción y desarrollo del mundo mágico permanecieron fascinantes: cada detalle que mostraban del mundo de los magos y brujas de Nueva York, de la época, los bares y ministerios, las criaturas mágicas en sí mismas, las magias oscuras con sus metáforas históricas (realmente el concepto de los obscurus me encantó), en fin, todo el detalle que se colaba indefectiblemente por la mediocridad de la trama fue un verdadero encanto.

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A pesar de que la película gira en torno a la magia, a mí me faltó un poquito de esto. Algo que tenían las películas anteriores era esa atmósfera de maravilla, una especie de inocencia de descubrimiento, una sensación de que todo era posible y que habría una sorpresa esperando a cada momento. Por momentos la ingenuidad del muggle Kowalski nos acerca a estos sentimientos, pero en general la película me resultó bastante apagada. No ayudó tampoco que el director Yates esté obsesionado con esa fotografía oscura y sombría y que la música de James Newton Howard, aunque decente, permaneció bastante sutil; nada igualó esos segundos de emoción cuando aparece el título de la película y se escucha la clave musical del inigualable John Williams, extraído por supuesto de las películas de Harry Potter. Sin embargo, la decoración y vestuarios estaban hermosos y los efectos especiales hicieron lo suyo. Los intentos de humor no siempre daban en el blanco pero un par de risas metí. Y luego está el temita de la edición, con la que tuve bastantes problemas; detesté la forma en que editaron las escenas de acción, mucho corte, mucho ángulo para un revoleo de varita, quedate quieto haceme el favor, y no me queda claro si fue un tema del guión mismo o de lo que dejaron afuera en el corte final, pero algunos saltos narrativos se hicieron muy confusos porque faltaban transiciones.

En fin, si llegaron hasta acá capaz que les pareció que medio que odié la película, cuando en realidad no fue así. Simplemente me encargué de desahogarme de los problemas principales que tuve con ella, pero a grandes rasgos fue una experiencia disfrutable, especialmente gracias al ornitorrinco mágico. Por ahora yo elijo verla como una especie de primera prueba de lo que será esta nueva saga y elijo también tenerle fe al equipo para corregir algunas de las cosas que no funcionaron en esta primera entrega. Después de todo, las dos primeras de Harry tampoco fueron la gran cosa. Lo que aún no estoy preparada para hacer es entregarme al cinismo de los que acusan a Rowling de avara por querer seguir “currando” con este mundo; la mina me dio una de mis cosas favoritas de mi niñez/adolescencia y de donde sacó toda esa magia seguro que puede sacar más, y aún en sus peores momentos, el mundo de estos magos y brujas siempre vale la pena: te cambio 10 Marvels por 1 de estas. Así que, arriba J.K. y todos mis compañeros potterheads, vamos por más.

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3183660/

Mária Svarbová y sus inquietantes piscinas eslovacas

Al parecer Mária Svarbová es una fotógrafa eslovaca, pero la primera vez que me topé con su obra pensé que era más bien una artista plástica. Es que sus fotografías, en particular la serie que compartimos debajo, están enmarcadas con un nivel de detalle y composición tan preciso que parece irreal. Creo que lo que más me sorprende a mí es lo estáticas que resultan, si bien la fotografía consiste de capturar un instante, no por ello es un arte que carece de movimiento, pero Svarbová logra una calma medio espeluznante, creando atmósferas completamente inertes.

Sus primeros estudios estuvieron relacionados con la conservación y restauración de obras de arte, lo cual le generó un interés por las artes plásticas que definitivamente se ve reflejado en su obra fotográfica. Sus fotos tienen un componente surreal y de ensueño y suelen manejar una paleta de colores de delicados pasteles. A su vez, Svarbová opta por tener humanos casi robóticos en sus fotografías, con expresiones vacías, o más bien, con rostros inexpresivos y desconectados. Son humanos deshumanizados, ya que en parte su idea es presentar la automatización con la que vivimos, la eterna rutina carente de sentido. Yo diría que esta serie hasta tiene algo de clínico, más que escenas de piscinas por momentos parecen hospitales, escenas prístinas pero sin vida.

Su obra es altamente atmosférica, evocativa y minimalista y tiene una cierta pureza que yo encuentro perturbadora, quizás porque el tipo de reflexión que inspira no es del todo alentadora.

Ella misma ha dicho sobre su fotografía: “A partir del re-trabajo del concepto de la fotonovela que se originó a través de una combinación del cine y las historietas, mis fotografías son sucesiones de escenas cortas en las cuales la frontalidad y la ausencia de contrastes eliminan cualquier tipo de dimensión narrativa para dar lugar a la plenitud de la superficie fotográfica.”

Les dejamos su sitio web para que puedan ver sus otros increíbles trabajos: http://www.mariasvarbova.com/ y acá debajo una muestra de su serie “Swimming Pool”.

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