Discos favoritos del 2016

Me encantan las listas. Me encanta recopilar mis cosas favoritas según distintos criterios. Uno que no puede faltar es catalogar lo mejor de cada año, porque para mí, por ejemplo, es interesantísimo crear un mapa musical de todos los sonidos que coexistieron en el 2016. Esta no es una lista que pretende ningún tipo de objetividad, es una lista de mis preferencias y para los que conocen mi gusto musical quizás sea una lista bastante obvia, pero creo que eso está medio bueno. En fin, concluyo este artículo el mismo día que voy a ir a escuchar a uno de los seleccionados, y encima en mi ciudad natal, ¡mirá que es bella la vida a veces, eh!

PUESTO 10 – Jessy Lanza – Oh No

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Es hora de que Jessy Lanza comience a ser parte de “la conversación”. ¿Qué conversación? No sé, pero siempre hay una conversación y la gente tira nombres pero me parece que el de Jessy Lanza no es arrojado con la frecuencia con que lo merece. Esta es una delicia de pop minimalista, co-producido por Lanza y Jeremy Greenspan de los Junior Boys, quienes claramente están bien en sintonía porque escuchar Oh No de principio a fin pone de manifiesto la increíble cohesión de su sonido, que pasa por temones para bailar y baladas para mecerse mirando al vacío, ambos extremos que no dejan de sentirse como partes de un todo. Oh No no se siente ochentoso como un throwback sino como que estuviéramos viviendo los 80, parte 2 ahora mismo, porque a pesar de recibir inspiraciones musicales de la década, Oh No se siente como pop fresco, gracias a las habilidades de producción de los involucrados y a la voz aterciopelada r&b-esca de Jessy, cuyas letras son directas y lidian muchísimo con la comunicación (o ausencia de esta). A pesar de que Oh No tiene claros momentos destacados, creo que funciona mejor como un todo, y vale la pena entregarse a la historia que nos cuenta Lanza a través de estos 10 exquisitos temas.

Temas favoritos: “It Means I Love You”, “Oh No”, “Going Somewhere”


PUESTO 9 – Nicolas Jaar – Sirens

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Para mí Nicolas Jaar tiene un oído sobrehumano, una capacidad sonora tan imaginativa que combina elementos completamente inesperados de forma tal que cuando los escuchás tal cual los plantea él, de repente te parece que los disonantes sonidos nacieron juntos. Sirens es el segundo LP de este neoyorquino descendiente de chilenos y su sangre chilena parece ser la protagonista de este politizado disco que no por ello deja de tener sus momentos bailables. “Ya dijimos NO pero el SÍ está en todo” puede leerse en la tapa del disco y sentirse en la canción “No”, presentando un mensaje abundantemente claro y directo, que a pesar de inspirarse en la dictadura chilena, creo que nadie nos culparía por extender su significado de desencanto político a otras realidades más globales. Hablando de “No”, una gran compañera del disco y esa canción en particular es la película del director chileno Pablo Larraín que también se llama No, capaz que no viene al caso pero no quería dejar de recomendarla. Pero bueno, así como entendí esta directísima referencia, Sirens es un disco que revela sus secretos a los más atentos y debe ser un campo minado de cosas interesantes (no solo políticas sino musicales) para los que les interesa hacer el trabajo arqueológico. Para mí se siente como un delicioso collage que pone de manifiesto el inmenso talento de Jaar para crear moods y para saltar de piezas intensamente atmosféricas a otras más adrenalínicamente bailables.

Temas favoritos: “No”, “The Governor”, “Killing Time”


PUESTO 8 – Parquet Courts – Human Performance

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Bueno, saliendo un poco de los sonidos más electrónicos, tenemos el quinto disco de la banda indie rock con influencias punkillas Parquet Courts. Son originarios de New York, donde como dicen probablemente si tirás una piedra seguramente le emboques a alguna banducha de varones genérica. Pero justamente si hay algo que no me ocurre con Parquet Courts es que me suene genérica, de hecho me pasa lo contrario: a pesar de que no tengan un sonido súper peculiar, hay algo que me llama la atención de inmediato, serán esos momentos Velvet Undergroundescos (hola “One Man, No City”), será ese sentido del humor bien seco…, qué será, será. Me pasa que cuando siento que una canción va a caer en la típica, algún sonido sale a rescatarla (como los maravillosos riffs de “Dust” o “Paraphrased”) o la letra de Savage pega especialmente fuerte y se disipa cualquier sensación de been there, done that. Y hablando de las letras de Savage, probablemente sea ese el aspecto a destacar de la banda: ingeniosas, inteligentes, a menudo graciosas, repletas de excelentes observaciones y con una clara vibra existencial, es realmente un desperdicio escuchar el disco sin prestarle atención al talento de liricista de Savage. En definitiva, el nuevo disco de Parquet Courts es perfecto para el millennial ansioso y existencialista que vive en nosotros.

Temas favoritos: “Dust”, “Human Performance”, “Berlin Got Blurry”


PUESTO 7 – Kanye West – The Life of Pablo

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Yo qué sé, a esta altura tengo un poco de ganas de que Kanye haga un disco bien pedorro así lo dejo de escuchar por un tiempo porque eso de separar al arte del artista se pone bien complejo con este loco, pero bueno, por otro lado no me querría perder genialidades como terminan siendo sus discos, The Life of Pablo no siendo una excepción por supuesto. Lo primero que me llamó la atención de este disco fue la riqueza de sus samples, a mí me metés Goldfrapp, Nina Simone y Barbara Tucker en un mismo disco y un poco me pira la bocha sí, sin contar las decenas de otros que suenan preciosos y que ni conozco, porque claramente la biblioteca musical de Kanye es descomunal. En fin, pero además de esto, es un álbum divertido, empieza con quizás la canción más solemne -pero sumamente conmovedora- del disco, pero luego se estalla en momentos de humor (“I Love Kanye”, o seaaaa) y temas bien bailables (quizás me entró más fuerte por la cantidad de sabores house que tiene). A veces se siente un poco abrumador, hay TANTAS cosas, tantos detalles, tanto recorte y pegue, pero Kanye hace que funcione. Es una especie de relajo con orden y no tengo ningún problema con eso. Muchas de las letras lidian con la fama y la figura de Kanye, incluso en tercera persona, pero también tiene momentos de vulnerabilidad muy lindos, reflexiones sobre su familia y amigos, es más, parece haber un corte luego de “I Love Kanye” donde estas reflexiones se hacen más persistentes, creando una armonía bastante interesante en el disco. Y tras escucharlo una vez más mientras escribía estas breves palabras me arrepiento de mi comentario inicial, no quiero que Kanye deje de hacer discos buenos, la pérdida sería demasiado fuerte.

Temas favoritos: “Fade”, “No More Parties in L.A.”, “Waves”


PUESTO 6 – Lucy Dacus – No Burden

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Los que me conocen dirían que esta música es re yo y estarían en lo correcto, después de todo esta es la primera de 3 minitas cantautoras medio indie que van a aparecer en esta lista, pero bueno, todos tenemos un punto débil y este es el mío. ¿Pero cuál es la diferencia con las otros dos? Lucy Dacus tiene una dulzura bastante especial, está en su placentera y melódica voz, está en sus inteligentes y graciosas letras con un tono de sutil burla, está en su música que te envuelve como una frazada en invierno (a mí también me asqueó un poquito la imagen, sí). Me gusta que tenga poco de estrella de rock, es más bien un “no sé, hice estas canciones y ta, las vine a cantar si les parece bien” y creo que esa actitud interactúa muy bien con la música que produce, incluso el título del álbum lo confiesa, no quiere ser una carga para nadie. Y así, despojada de esas presiones, viene con sus ingeniosas observaciones de lo mundano y el comportamiento humano que elevan al álbum a algo verdaderamente hermoso. En la canción que abre el disco, “I Don’t Wanna Be Funny Anymore”, habla de lo difícil que es salir de las casillas en que nos meten nuestros conocidos, en “Strange Torpedo” describe a ese amor destroy que todos tuvimos alguna vez (“I thought you’d hit rock bottom, But I’m starting to think that it doesn’t exist, Cause you’ve been falling for so long, And you haven’t hit anything solid yet) y luego está el verso que reaparece en más de una canción, “Without you I am surely the last of my kind”. En fin, quizás sea un disco intrascendente para la mayoría de ustedes, pero si comparten mi gusto por estas chicas que escriben y cantan de maravilla, es una gran adición a la colección.

Temas favoritos: “Strange Torpedo”, “I Don’t Wanna Be Funny Anymore”, “Map On A Wall”


PUESTO 5 – Rihanna – ANTI

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Capaz que este es el disco más punk de la lista, el claro sonido del “me chupa un huevo”. A Rihanna le dejó de importar todo y a cambio nos regaló esta maravilla de su discografía. Comienza con la simple genialidad de “Consideration”, en la que declara de primera que tiene que hacer las cosas a su manera y que a su vez nos va a cubrir todo con glitter, ¡compro! ANTI tiene algo para todos los gustos, sus ritmos y melodías fluctúan sin ningún tipo de vergüenza pasando por delicias r&b-escas (“Needed Me”), dancehall (“Work”), covers psicodélicos (“Same ol’ Mistakes”), más Popescas (“Never Ending”), old school doo-wop (“Love On The Brain”) y baladas de piano (“Close to You”). En sus letras, RiRi balancea su seguridad en sí misma con momentos de vulnerabilidad a la perfección, permitiéndole a su voz brillar en los diferentes estilos que domina tan bien. ANTI es un disco que no aburre, además del dinamismo de su construcción, simplemente tiene demasiados puntos altos, demasiadas canciones que compiten la una con la otra para ver cuál será la favorita del momento, así que cada instancia de escucharlo es una nueva oportunidad para redescubrirlo.

Temas favoritos: “Consideration”, “Love On the Brain”, “Needed Me”


PUESTO 4 – Solange – A Seat at the Table

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Parece imposible hablar de este disco sin hacer una mención a la hermana mayor de Solange, nada más y nade menos que Beyoncé, cuyo álbum Lemonade fue adorado por tanto fans como críticos, pero que para esta humilde comentadora, fue inferior a la belleza que produjo su hermana menor en el mismo año. A Seat at the Table se siente tan absolutamente sincero, relevante y por sobre todas las cosas, tan bello, que siento que merece puntos extra por lograr ser un testamento de empowerment de género y raza que no busca llegarnos por el lado de la protesta vociferante o de los ritmos abrasivos, sino que nos habla desde un estado de introspectiva reflexión y vulnerabilidad hermosa. Y aunque esa exploración tiene significados culturales globales, Solange focaliza su perspectiva a través de una mirada personal, armando el disco alrededor de interludios de miembros de su familia y amigos; estos interludios están tan bien posicionados que generan una continuidad súper interesante para quien escucha el disco de principio a fin (¡como corresponde!) Su voz es de una dulzura que jamás se torna melosa y el disco está lleno de melodías y armonías que se derriten en tus oídos (perdón, no es un buen día para construir imágenes, se ve). En conclusión, A Seat at the Table es un disco que ofrece la triple genialidad de destacarse en términos de politización, personalización artística y musicalización, ¿qué más querés?

Temas favoritos: “Cranes in the Sky”, “Don’t Touch My Hair”, “Borderline (An Ode to Self Care)”


PUESTO 3 – Radiohead – A Moon Shaped Pool

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De este disco escribí cuando salió, concluyendo “Para los que ya amábamos a Radiohead, es una gran adición a su discografía, llena de momentos memorables. Y para los que todavía no se habían enamorado de la banda, creo que es una excelente introducción, y qué envidia me daría tener toda la discografía vieja para escuchar por primera vez. Es un disco lleno de palpables vulnerabilidades, que muestra a las estrellas de la banda todavía en el pico de su talento creativo, tanto a nivel lírico y vocal como a nivel instrumental. Un disco no, un discazo.”

Temas favoritos: “Daydreaming”, “True Love Waits”, “Present Tense”


PUESTO 2 – Mitski – Puberty 2

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Ay, amigos, no saben lo que me costó elegir entre este y el disco siguiente para puestos uno y dos, ambos son tan increíbles y tan yo que me costó un montón, así que espero que entiendan que los amo a los dos con pasión. Mitski, ay, Mitski. Esta cantautora de ascendencia japonesa y yanqui es todo lo que está bien en el mundo. Este es un disco que me hace sentir adolescente. ¿A qué me refiero con esto? Es de esos discos que quiero memorizar todas las canciones y cantarlas en mi cuarto con dramatismo, es un disco que me da ganas de rasgarme la ropa y tirarme al piso de rodillas, agitando la cabellera para todos lados, no sé si sentirán identificados con esas sensaciones, pero hace mucho que no me pasaba con esta intensidad. No, no hay ningún tema que no me guste. Es un disco puro, un disco que nace de este angst no ya adolescente porque estamos grandes, pero de esta nueva oleada de angst de esta edad que debería ser adulta pero no se siente del todo adulta. Tiene distorsión y tiene una clara inspiración noventosa, de garage, del indie cuando ese término todavía no existía, cuando no se lo tiraba a cualquier banda que salía apenas del mainstream, del indie bien primitivo, y esa música es acompañada por la inigualable voz de Mitski que a mí me pega directo en el pecho y parece estar rogándome que la cante con ella, como si sus letras fueran también mis letras. Lo único que no me gusta del disco es que no es más largo, pero a su vez, esa sensación de que te dejen con ganas de más es un impresionante logro en sí mismo. En fin, realmente estoy tan obsesionada con este disco al momento de escribir esto que siento que no puedo escribir nada que no sea fangirlismo al extremo, así que, les pido simplemente que lo escuchen e intenten no rasgar sus vestimentas, besis.

Temas favoritos: TODOS, bueno “I Bet On Losing Dogs”, “Fireworks”, “Your Best American Girl”


PUESTO 1 – Angel Olsen – MY WOMAN

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Cerrá y vamos. En el 2014 descubrí a Angel Olsen con su disco anterior Burn Your Fire For No Witness e instantáneamente se convirtió en una de mis nuevas favoritas junto a Courtney Barnett y Julia Holter. Una vez dije que entre esas tres, me quedaba con Julia Holter en términos de composición, con Courtney Barnett en términos de letras y con Angel Olsen en términos de voz, pero este nuevo disco de Olsen quiere hacerse con el primer puesto en las tres categorías, chicos. MY WOMAN es un disco completamente realizado, es una obra perfecta en la que Olsen muestra todas sus facetas y sus innumerables talentos. Me gusta que la construcción del disco parece estar más o menos dividida en dos partes, la primera un poco más alternativa y movidita y la segunda considerablemente más folk y lenta, aunque ambos lados tienen tintes del otro. MY WOMAN también tiene altos contenidos de empowerment pero no es un disco politizado, es un disco súper personal que habla de la experiencia de Angel Olsen como mujer y es a través de esa extrema personalización en la que Olsen se posiciona como autora que nosotros podemos conectar con el disco, porque su introspección es tan precisa que logra una universalización de sentimientos muy linda. Afortunadamente para todos los románticos en nosotros, si bien el disco de Olsen habla de la experiencia de ser Angel Olsen, el amor es un gran protagonista, Olsen acá se perfila a sí misma y a su individualidad a través de su relación con el amor y cómo lidia con este sentimiento y sus desafíos. Y por supuesto, al comando de este liricismo está la incomparable voz de Olsen que parece arrancada de otra época. Este disco sigue probando por qué aquella vez destaqué su voz sobre mis otras favoritas del momento, es realmente exquisita en todas sus modalidades y al menos a mí, me transporta a otro plano en el que por unos segundos parecería no existir nada más.

Temas favoritos: “Sister”, “Woman”, “Not Gonna Kill You”

Casi casi entran al top: Blonde de Frank Ocean, Hopelessness de ANOHNI, The Colour in Anything de James Blake, Take Her Up To Monto de Roísín Murphy, I, Gemini de Let’s Eat Grandma.

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Nick Cave & the Bad Seeds: Skeleton Tree (2016)

Es complicado escribir sobre un artista al que admiramos sin caer en el abuso de referencias o en otras demostraciones de fanatismo. Pero no importa; Nick Cave y su banda The Bad Seeds lanzaron Skeleton Tree, y es ridículo no emocionarse por eso. El problema es que este disco nos agarra en un momento vulnerable, ya que es difícil ignorar el catastrófico contexto de su producción y lanzamiento. Sé que mis sentimientos y opiniones con respecto a Skeleton Tree van a cambiar con el pasar del tiempo (al menos espero poder digerirlo más ligeramente en el futuro), pero por el momento es mejor no obviar su existencia y hablar sobre su crudeza, pero también de su belleza.

Parece imposible mencionar a Skeleton Tree sin hacer referencia al trágico período que Cave viene atravesando. Como algunos sabrán, en julio del 2015 uno de sus hijos mellizos, Arthur, de 15 años, murió al caerse de un acantilado. Si bien la banda venía componiendo y grabando cuando ocurrió este horrible accidente, nadie esperaba que poco más de un año después lanzaran no solo un disco, sino también una película. Siguiendo el camino de 20,000 Days on Earth (2014) con el disco Push the Sky Away (2013), un día antes del lanzamiento del álbum Cave presentó la película One More Time With Feeling, dirigida por Andrew Dominik (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford), como una forma de evitar la prensa y como una ayuda para procesar su dolor. Lamentablemente aún no se estrenó en Uruguay pero, juzgando por el trailer, parece que va a ser el tearjerker del año.

Cause nothing really matters
We follow the line of the palms of our hands
You’re standing in the supermarket, nothing, holding hands
In your red dress, falling, falling in, falling in
A long black car is waiting ‘round
I will miss you when you’re gone
I’ll miss you when you’re gone away forever
Cause nothing really matters
I thought I knew better, so much better

-“I Need You”

Uno puede ver el hilo conductor en la discografía de la banda, la evolución natural de los sonidos entre un disco y el siguiente, y es por eso que Skeleton Tree es la perfecta continuación de Push the Sky Away, sobre todo por la exquisita instrumentación y el aire de celestialidad de los coros, una combinación que provoca piel de gallina. Pero esa no es la única reacción que puede generar el disco, por supuesto. A pesar de que sabemos que la banda ya estaba grabándolo cuando ocurrió la tragedia en la vida de Cave, no se puede ignorar que una presencia espectral envuelve a Skeleton Tree; es algo que se puede sentir y absorber, una niebla oscura y, al mismo tiempo, un lejano halo de luz que atraviesan las ocho canciones. Una presencia inamovible que hace que Cave exprese la máxima añoranza y la peor pérdida. Esta atmósfera fantasmal es resultado, en gran parte, de la unión entre percusiones introvertidas, como en suspensión, y el sintetizador tenebroso de Warren Ellis. En definitiva, una apuesta diferente por parte de The Bad Seeds, que podrían desplegar todo su virtuosismo a puro ritmo y volumen (mención especial: Dig, Lazarus, Dig!!!) pero esta vez lo demuestran sabiendo cuándo y cómo acompañar una canción. Cada componente, ya sean violines afligidos, notas de un piano dramático, raspaduras de la batería o el protagonismo del sintetizador siniestro, llega orgánicamente en el momento ideal para alterar la pasividad del oyente. Si sos asustadizo/a, en “Jesus Alone” podés hasta sentir miedo gracias a los sonidos sintéticos que recrean una escena a lo Juicio Final que se refuerza con el tono dictatorial de Cave. Por otro lado, en los primeros segundos de “Magneto” se invoca una especie de presencia amenazadora, como si estuvieras frente a una criatura salvaje mirándote a los ojos. Y en “Distant Sky” podés sentir lo más cercano a una divinidad acariciándote la cara. La contraposición de la instrumentación clásica con el uso de synths para invocar ambientes de todo tipo hacen de Skeleton Tree un disco sumamente experimental, y eso nuestro cuerpo lo percibe.

Y así como sentimos su desolación en la atmósfera de las canciones, esta vez las letras ambiguas y oscuras que siempre caracterizaron a Cave las conectamos (en algunas ocasiones, equivocadamente) casi con exclusividad a la muerte de su hijo. A lo largo de su célebre carrera (repleta de discos 10/10), se sirvió de personajes, tanto ficticios como reales, para narrar en canciones algunas de las escenas más turbias de la música contemporánea -primer premio: Murder Ballads (1996)-, pero como si se tratara de una especie de broma enfermiza del destino, esta vez el público se encuentra ante la incertidumbre de qué es biográfico y qué es inspiración del catalogado Prince of Darkness (un término que seguro hace reír a Cave). A lo mejor no importa, porque sabemos que lo que expresa en lírica debe ser la punta del iceberg de lo que siente, y eso nos pone en una posición delicada a quienes estamos del otro lado, quietos, esperando a que pronuncie las primeras palabras. Y ya en el principio lo sentimos, Skeleton Tree abre con tres versos que nos sacuden y presentan de qué va el disco: You fell from the sky / Crash landed in a field / Near the river Adur. No se sabe si estas palabras se escribieron antes o después del accidente (si fue antes, la premonición es muy perturbadora como para considerarla), pero lo interesante acá es la decisión del artista de introducir el disco advirtiendo que los siguientes 39 minutos van a ser turbulentos.

Claro que a lo largo de las ocho canciones nos volvemos a encontrar con algunas figuras recurrentes de la discografía de Nick Cave & the Bad Seeds (la querida imagen de la sirena es un caso), pero en esta ocasión Cave también nos presenta sus nuevos fetiches, como los supermercados (quizás un símbolo de cómo el duelo nos pega más fuerte en los lugares más mundanos) y una continua referencia a una mujer de vestido (probablemente se trate de su esposa, Susie Bick).

Oh, the urge to kill somebody was basically overwhelming
I had such hard blues down there in the supermarket queues
And I had a sudden urge to become someone, someone like you
Who started out with less than anyone I ever knew

-“Magneto”

Es extraño sentir que Nick Cave está compartiendo lo más personal de su vida y no narrando una obra de su mente genia y oscura, pero esto no es nuevo: la última vez que estuvimos frente a algo similar fue con The Boatman’s Call (1997), pero la diferencia es que en un disco ilustra lo que es sentir el amor y en el otro lo que es perderlo (a grandes rasgos, claramente). Esto lo podemos ver contraponiendo “Into My Arms” con “I Need You”, dos canciones hermosas, cantadas en primera persona, con espíritu biográfico, que hacen llorar hasta al más insensible, pero que dejan al oyente en estados muy diferentes después de escucharlas. Quizás es porque hacen un trabajo espectacular transmitiendo la sensación de estar enamorado o sufriendo un duelo. Y así como Skeleton Tree abrió con tres versos que rompieron nuestra paz mental, parece que nos obliga a aceptar el estado de las cosas ya hacia el final cuando un Nick con voz melancólica reitera que nada es gratuito, como si estuviera demostrando que su visión de un amor sin dolor era verdad.

Lo que sí es una novedad para la banda son las vocals, tanto por parte de Cave como de The Bad Seeds. No se puede ignorar el cambio en su voz y cómo las letras afectan la performance de uno de sus principales instrumentos de trabajo. Sin embargo, el resultado dista de ser negativo. En una canción el artista puede asustarnos con un timbre terrorífico y a la siguiente hacernos derramar unas lágrimas cuando está a punto de quebrarse. Y no siempre los cambios son tan dramáticos. Por ejemplo, con “Rings of Saturn” podemos sentir cierto encantamiento en su voz, reforzados por los coros puros de la banda; y en “Anthrocene” incluso se puede percibir algunos vestigios de un Cave del pasado. Por otro lado, las atmósferas de Skeleton Tree perderían bastante fuerza si no fuera por los coros de la banda, que se alejan completamente de las energías punk o rock que supieron entregar para unirse en etéreos sonidos onomatopéyicos.

They told us our gods would outlive us
They told us our dreams would outlive us
They told us our gods would outlive us
But they lied

-“Distant Sky”

Ya lo había dicho: Skeleton Tree es un camino turbulento, pero digno de ser recorrido una y otra vez. Un camino que empieza hundiéndonos con You fell from the sky pero que nos deja algo más tranquilos (o resignados) con el último verso, And it’s alright now, como si se tratara de una conversación entre él y su hijo, o entre él y su mente oscura y hermosa. La belleza del disco está en las atmósferas que fluyen entre sí, en la especie de niebla que atravesamos solos pero guiados por un Nick Cave que apenas reconocemos pero que recibimos con los brazos abiertos. Y él es el que más lo nota, como menciona en el trailer de One More Time With Feeling: “Most of us don’t want to change, really. I mean, why should we? What we do want is sort of modifications on the original model. We keep on being ourselves but just, hopefully, better versions of ourselves. But what happens when an event occurs that is so catastrophic that you just change?”. Nick y The Bad Seeds habrán cambiado pero eso no significa que no están siendo una mejor versión de sí mismos. 

Veredicto: 9/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/34xaLN7rDecGEK5UGIVbeJ

The Julie Ruin: Hit Reset (2016)

Hoy en día es casi imposible pasar una semana sin leer un artículo en el que se mencione al feminismo. Si bien la lucha por los derechos de las mujeres tiene una larga historia, por suerte en estos últimos años el tema se está tratando cada vez más, y el término está perdiendo el estigma que se le adjudicaba. Frente a esta oleada de definiciones, de ejemplos sobre lo que es feminista y lo que no, etc., hubo una persona que se hizo extrañar: Kathleen Hanna. La icónica artista feminista, quien fue la cara más visible de Bikini Kill y Le Tigre, estuvo un poco desaparecida por su batalla con la enfermedad de Lyme, retratada crudamente en el documental The Punk Singer (2013), en el que se la ve enfrentando los problemas físicos y neurológicos que genera la infección. Y la verdad es que es de las pocas cosas que pueden parar la energía explosiva de Hanna, una de las voces más expresivas del feminismo de la tercera generación y la abanderada del movimiento Riot Grrrl.

Necesitaba que volviera Kathleen, y no sabía cuánto hasta que lanzó Hit Reset con The Julie Ruin, que agrupa también a Kathi Wilcox. Claro que no me olvido de Run Fast (2013), el primer disco de la banda, que nos introdujo al más perfecto dance punk, con teclados pop, guitarras filosas, palmas que son imposibles de no acompañar y coros que se te quedan pegados en la mente. Pero con su disco sophomore reivindican su potencia y doblan la apuesta. Más allá de que este lanzamiento es un claro signo de la recuperación de Hanna (en este momento no se me ocurre ningún vocalista con mayor potencia vocal) y de la vuelta de un ícono feminista, Hit Reset viene para darle una cachetada a los opresores así como para mantenernos despiertas, ya sea en la sociedad, en la familia, en las relaciones o en nuestra mente.

Con Hit Reset Hanna deja la postura política del feminismo que siempre defendió para entrar a un plano más personal. En este trabajo, el feminismo no es un discurso que se proyecta a gritos sino una postura que se representa. La artista se aleja un poco del mensaje colectivo para hacer foco en lo individual, que termina representando y llegándole a más personas, ya que en canciones de tres minutos sentimos la lucha, tanto externa como interna, de una mujer que nunca se va a dejar vencer. Pero esta lucha no es nada solemne, por el contrario, viene acompañada con ritmos que dan ganas de bailar con una sonrisa.

You may be a bit outrageous
And I might scream with anticipation
But I— I’ll decide

And I might make mistakes and chances
Though I may be at a disadvantage
But I— I’ll decide

-“I Decide”

Hit Reset
comienza con la canción homónima, un mensaje que hace referencia a la infancia de la cantante, específicamente a la relación con el déspota de su padre. Pero las alusiones biográficas no acaparan el álbum, aunque sí el sexismo y abuso emocional que sufrió en su vida. Sí, claro que en la trágica “Let Me Go” le pide a su esposo que le tenga piedad y la deje terminar con su enfermedad (no menciona directamente a la eutanasia pero el mensaje es bastante claro…), así como “Calverton” es una dulce balada dedicada a su madre. Pero es en las más ácidas (y, casualmente, mis favoritas) como “Planet You”, “Mr. So and So” y “I’m Done” en las que tanto ella como el resto de la banda brillan, con una energía instrumental y vocal que nos llega directo a la piel. En estas canciones tenemos la dosis de sarcasmo que caracteriza a Hanna, que ilustra con precisión la condescendencia que tiene que soportar a través de escenas cotidianas e intercambios con personajes nocivos que todos tenemos en nuestra vida, ya sean amigos narcisistas, parejas que no nos aprecian o posers intelectuales. Son ese tipo de canciones que provocan mucha rabia, ganas de bailar y cantar al mismo tiempo.

I jump out of my plane
In a parachute that says “girls rule”
With a Sleater-Kinney T-shirt on
And when I land you know I’m just gonna have to demand a booklist
Just you just write it out by hand
And make sure it tells me why feminism needs to exist
Take a picture with me
Oops, I snuck a kiss
Come on, it was just a joke
My girlfriend’s a really big fan
Silence, silence
I’ll wear you like a shield to hide me from what I really feel
And criticism, by the way, you play so good for a girl
And thanks for all you do, pat, pat on the head
Stand too close now go change the world

You can’t say goodbye before I get my hello
Mr. So and So
It’s all just for show
Except his sweaty glow
Mr. So and So

-“Mr. So and So”

A su vez, hay canciones que pueden funcionar perfectamente como himnos feministas, distintos a los que creó con Bikini Kill porque esta vez se alejan del “Nosotras” para darle paso al “Yo”. Ya sea con el manifiesto sobre el consenso en “I Decide” o en las aspiraciones que van en contra de nuestros ideales con “Roses More Than Water”, Kathleen logra articular lo que yo no sabía que pensaba hasta el momento.

Maybe I want roses more than water and to be a
Loving father’s daughter
Maybe I want something much more like a
Brownie sundae party behind closed doors or
A typewriter palace with a shark filled moat
Maybe I’ll be hoaxed by my own demise
“I hear she saw a cliff and kept on driving”
Maybe I’m more hell-bent on living than I am on just surviving

-“Roses More Than Water”

Pero estas letras ingeniosas no están aisladas como mensajes sociopolíticos, como sucede con otras bandas punk. Acá la música es valiosa, y en serio. La guitarra es lo suficientemente agresiva como para darle dramatismo a la canción sin opacar al resto de la composición, los teclados ochentosos hacen que todo sea un poco más light-hearted sin caer en lo humorístico, el bajo de Wilcox sigue siendo tan expresivo como lo conocíamos pero más refinado, y la batería marca nuestro paso rabioso siguiendo la marcha que lidera Kathleen. La magia de The Julie Ruin es que nos da la agresividad del punk, el groove del dance y lo político del feminismo sin poder (y sobre todo, sin querer) procesarlos por separado. Con Hit Reset no estoy escuchando solo uno de los discos punks más inteligentes o algunos de los ritmos más bailables de los últimos años. Es algo más. Hit Reset me da esperanzas, no solo como amante del punk y aficionada del dance, sino también como feminista, como mujer. Hace ya un tiempo que no sentía que un disco fuera tan necesario y la respuesta a lo que estaba buscando. ¿Por qué necesitábamos a Kathleen? Porque a veces necesitamos que alguien grite para despertarnos. Y cuando Kathleen grita, yo escucho.

Veredicto: 9/10 y un gran ❤
Spotify: https://open.spotify.com/album/4D4vLiYKRycKzBSX1Y1sjg

Primal Scream: Chaosmosis (2016)

2016 viene siendo el año de Screamadelica. A lo mejor es porque estamos en el aniversario 25 de su lanzamiento, pero ni el público ni los críticos pueden superar la adicción que les genera el disco más droga de la historia. Y los entiendo, porque yo también caí en la obsesión. Pero en el 2016 se tendría que haber hablado un poco más sobre lo último de Primal Scream: Chaosmosis. El problema es que el grupo escocés sufre la maldición, como les sucede a otras bandas, de ser siempre comparado con su mejor trabajo. Eso es lo que le pasa con Chaosmosis. Su onceavo álbum tiene casi todo para ser un éxito pop: ritmos bailables, coros pegadizos y anticipadas colaboraciones con princesas semi-indies. Y si bien logra que movamos el esqueleto, al disco le falta la energía que caracteriza a la banda, la que la hace una de mis favoritas a la hora de estimularme con música.

Pero con Chaosmosis Primal Scream se queda a media potencia. El acid house y punktronica que supo abanderar le abren paso a un dance pop más domado, acompañado de un cambio en la lírica de las canciones. Es que a pesar de que ya hace un tiempo que están limpios de drogas, el tema sigue latente, ya sea con analogías o reflexiones directas. Las letras reflejan un cambio de perspectiva de Bobby Gillespie, que se demuestra más introspectivo y pesimista. Quien nos enamoró con sus representaciones de viajes ácidos (como en “Higher Than the Sun”), ahora nos da una reflexión consciente sobre las consecuencias del abuso de sustancias. Es inevitable extrañar los orígenes house de Primal Scream y sus canciones sensoriales, poco digeridas, pero al menos en este cambio vemos que se están arriesgando.

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Ojo, esto no significa que el disco no sea disfrutable. Es más, son los distintos ambientes que crea los que mantienen nuestro interés a lo largo de las diez canciones. Comenzamos con la sensual “Trippin’ on Your Love”, con una instrumentación y coros femeninos (de las casi imperceptibles hermanas Haim) que hacen revivir levemente la energía de amor y paz del Screamadelica. Enseguida, el ambiente cambia a uno mucho más oscuro con “(Feeling Like A) Demon Again” y unos perturbadores sonidos que nos transportan a Japón; no de una forma tan directa como el Visions de Grimes, pero sí con recursos sonoros que asociamos con la cultura nipona, como los de videojuegos o de animés. Pasamos al tercer track, “I Can Change”, un groove que relaja y provoca bailar lentamente; la palabra perfecta para resumirlo es “soothing”. A continuación, tenemos “100 % or Nothing”, la segunda colaboración con Haim, que se destaca del resto del repertorio al tener un poco más de potencia tanto en ritmo como en vocales.

Nos frenamos a la mitad del disco con “Private Wars”, que sirve de intermedio, algo así como “Inner Flight” en Screamadelica, excepto que esta última es una experiencia estética, mientras que “Private Wars” es una especie de lullaby acústica que dan ganas de saltear. Justo cuando estábamos por quedarnos dormidos, el disco nos sacude con “Where the Light Gets In”, una canción que parecería ser más de Sky Ferreira en colaboración con Primal Scream y no al revés. Los sintetizadores setentosos y el coro que hipnotiza hacen de esta una de las canciones dance más cool del año. ¿Será esta unión la versión 2.0 de Gillespie y Kate Moss? Parece bastante obvio después al comparar el video “Where the Light Gets In” con el de “Some Velvet Morning”.

Y como si buscaran romper drásticamente la atmósfera dance pop, se nos presenta “When the Blackout Meets the Fallout”, la más agresiva de Chaosmosis, una referencia directa a la energía frenética del XTRMNTR. A continuación tenemos “Carnival of Fools”, un track extraño, que genera sentimientos encontrados por los cambios en el ritmo y por las distintas texturas que crea el uso rústico de los sintetizadores. Pero antes de que perdamos el interés, tenemos la canción más sensorial del disco: “Golden Rope”. En esta, Gillespie no solo deja de concentrarse en la primera persona sino que también nos devuelve la esencia rock de Primal Scream con la guitarra eléctrica y el dramatismo de gaitas y coros góspel. Finalmente, y como si se tratara de una receta obligatoria de todo cierre de disco, Chaosmosis termina con la melancólica pero bastante bailable “Autumn In Paradise”.

Hay que reconocer la constante búsqueda de Primal Scream por abrir nuevos caminos y despegarse de los géneros que le han adjudicado. Estamos hablando de una banda que tiene más de treinta años y que nunca repitió fórmulas exitosas, como sucede con otras veteranas. Además, ¿por qué Bobby Gillespie seguiría hablando sobre el ácido? Eso sería bastante aburrido (y preocupante). Yo también soy responsable de perpetuar esta constante comparación de Primal Scream con su mejor trabajo, pero eso es lo que pasa cuando sientan la vara tan alto. En Chaosmosis, Gillespie expone su visión de la madurez, y aporta su más que relevante perspectiva sobre el camino que la música dance tiene que seguir hoy en día. Y lo hace con ritmos y momentos que pueden hasta dar piel de gallina.

Veredicto: 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/1lR4wYAc8boPYQ0nby3X5J

Radiohead: A Moon Shaped Pool (2016)

Mirá que son pillos los chicos de Radiohead, ¿eh? Después de misteriosamente eliminar todo su contenido de redes sociales, un marketing efectivo y gratuito del que podrían aprender muchos “creativos publicitarios”, sacaron dos temas cada uno con su propio video y finalmente anunciaron que el nuevo disco saldría el domingo (obvio que iba a salir un domingo) 8 de mayo. El estrés que deben de haber pasado los críticos de música para no quedarse afuera de ser de los primeros en publicar su crítica, mamita querida. Yo, por mi parte, porque no soy ni crítica de música ni me interesa ser la primera en nada, vengo a darles mis impresiones pasados unos 10 días de escuchar esta preciosura de disco.

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Cuando me lo bajé y vi el disco en mis local files de Spotify, me aparecían todos en orden alfabético. “La puta madre”, pensé, “no tiene el track number y me los ordena mal”, PERO NO, el orden está correcto. Interesante. La primera impresión que me dio A Moon Shaped Pool es que es uno de sus trabajos más accesibles, y toneladas más escuchable que The King of Limbs. Esto no quiere decir que se descansaron en un sonido básico, porque esto es Radiohead, pero creo que si lo ponés de fondo en una reunión familiar no va a saltar la tía abuela a gritar “¿QUÉ ES ESTOOO?” Lo segundo que se me hizo evidente enseguida es que es un disco muy cinematográfico. Por supuesto que esto tiene todo el sentido de la vida ya que Jonny Greenwood (el guitarrista y más de la banda) no es ajeno al mundo del cine. Es más, ha sido el responsable de crear las bandas sonoras de las últimas películas de mi amado Paul Thomas Anderson (que, dicho sea de paso, dirigió el hermoso video de “Daydreaming”), y, en mi opinión, es un gran responsable de las atmósferas tan únicas que se crean en las películas del director.

El primer single, “Burn the Witch”, es un claro ejemplo de estas dos impresiones: de su accesibilidad y su cinematografidad (soy fan de los neologismos, sí). La instrumentalización es muy parecida a lo que podés escuchar en la película There Will Be Blood de PTA (que, no es por nada, no, pero está en mi Top 10 de todos los tiempos) y la temática a mi entender trata de una versión moderna de lo que eran las cazas de brujas. Si lo conectamos con su accionar en redes sociales, creo que esto puede sugerir que las nuevas cazas de brujas se dan online, donde la viralización produce estados de paranoia extremos o “low flying panic attacks“, ¿acaso no es esta una de las frases más impresionantes que hayan escuchado en los últimos tiempos? La respuesta es sí.

El siguiente single, “Daydreaming”, es demasiado hermoso para poner en palabras. El video es espectacular también y acompaña y construye sobre la canción muy efectivamente. Vemos a Thom Yorke (el cantante, ostentando el pelo más grasoso que he visto en un video en mi vida) caminando por distintos espacios, abriendo puertas y saliendo a otros lugares, sin conectar jamás con las escenas por las que transita, para finalmente terminar en una cueva mirando al fuego (lo que claramente nos remite a la alegoría de la caverna de Platón). No sé, la letra es lo suficientemente ambigua como para que podamos asignarle el significado que más nos llegue. Yo elijo verla como un comentario sobre las vidas automáticas que llevamos, quizás nos gustaría pensar que somos seres iluminados que ven las cosas como son, pero no estamos conectando con nada ni nadie, vamos de un lugar a otro sin entender ni escuchar ni ver realmente, como si buscáramos algo más, cuando está todo ahí mismo si ponemos el esfuerzo de ver. Al final vuelve a la cueva porque entiende que lo único que estamos haciendo es ver las sombras en la pared, confundiéndolas con la realidad. Algunos especulan con lo que dice al final de la canción, con el sonido en reverso, yo a tanto no llego, mis disculpas. Ah, y una cosita más, no sé si a alguien le va resultar relevante esto, pero me hizo acordar muchísimo a la banda sonora de Under the Skin, que por supuesto también amo.

También tiene sus momentos oscuros, como en la súper ambiental “Ful Stop” (que para mí suena medio post-punky e incluso un poco goth, no me maten), en la que exclama “Truth will mess you up” y “You really messed up” como quien no quiere la cosa. Pero ta, luego te tiran un “Glass Eye” para volver a derretirte el corazón. Dios mío lo que son los vientos de esta canción, te desarman el alma, y la letra para mí es como una “How to Disappear Completely” más directa, una especie de ataque de pánico, de ansiedad social, seguida por la desolación y apatía. Muy alegre todo. Llegó el momento de “Identikit” con esas melodías vocales inolvidables y un momento estrella para la guitarra de Jonny y las fatales líneas “When I see you messing me around / I don’t want to know, I don’t want to know, I don’t want to“. Luego “The Numbers” y “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” tienen una orquestación muy de banda sonora, que, por supuesto, amo.

Por otro lado, ¿quién no se puede identificar con la letra de “Present Tense”?

“I won’t get heavy
Don’t get heavy
Keep it light and
Keep it moving
I am doing
No harm
As my world
Comes crashing down
I’m dancing
Freaking out
Deaf, dumb, and blind”

Bailar para olvidar y distraernos de nuestros pesares, de las personas que se van de nuestras vidas, lo que me retrotrae un poco a “Daydreaming”, ¿no? Y esas guitarras me suenan bastante a Kings of Convenience y los loops de los vocales al principio son fuah. Y ta, terminar con la devastante “True Love Waits”, una canción que vienen tocando en vivo desde 1995 pero que todavía no habían grabado en estudio, no es la frutillita de la torta, es una ensalada de frutas completa. Sí, no sirvió la analogía, pero no puedo aspirar a escribir bien cuando hablo de una de las canciones más hermosas de la discografía de Radiohead. “I’m not living / I’m just killing time,” no nos pueden hacer esto.

En fin, hay demasiado para decir de este disco. Y ni siquiera cubrí todas las canciones. Para los que ya amábamos a Radiohead, es una gran adición a su discografía, llena de momentos memorables. Y para los que todavía no se habían enamorado de la banda, creo que es una excelente introducción, y qué envidia me daría tener toda la discografía vieja para escuchar por primera vez. Es un disco lleno de palpables vulnerabilidades, que muestra a las estrellas de la banda todavía en el pico de su talento creativo, tanto a nivel lírico y vocal como a nivel instrumental. Un disco no, un discazo.

 

 

PJ Harvey: The Hope Six Demolition Project (2016)

Dejemos algo en claro: PJ Harvey nunca va a hacer un mal disco. Sí, se puede ir a un sonido más mainstream (como en Stories From the City, Stories From the Sea), o lanzar un art album un poco más difícil de escuchar (como White Chalk), pero nunca nos va a aburrir con algo ya hecho, menos por ella misma. Y dejemos otra cosa en claro: PJ es un 10. Sí, tiene discos más geniales que otros, pero su capacidad camaleónica representa ese gran aspiracional para todo artista que se podría resumir por “artistry” (ese concepto que tanto le gusta a Kanye West).

Hace dos años leí que podría llegar a pasar hasta una década para escuchar nuevo material de mi artista favorita. Esta noticia no solo desalentaba a fans como yo, sino también al panorama general de la música, ya que a lo largo de sus 25 años de carrera, Harvey se mantuvo siempre a la vanguardia, y se convirtió en un enigma tanto para la prensa como para el público. ¿Quién es, realmente, Polly Jean Harvey? Probablemente nunca lo sabremos, pero con sus últimos trabajos al menos podemos conocer los temas que le interesan, o mejor dicho, le preocupan.

Volvamos a esa noticia de que PJ no iba a sacar un álbum en muchos años. Bueno, ese rumor pareció evaporarse el año pasado cuando Polly y su banda llevaron a cabo Recording in Progress, una instalación artística en la que el público podía presenciar la grabación del disco a través de un vidrio unidireccional. Esto fue algo inesperado, más viniendo de ella, que siempre fue muy reservada con su proceso de creación. Esta sorpresa, más unos teasers polentosos que vimos a principios de año, nos adelantaban una nueva faceta de Harvey, y la prensa empezó a especular.

Flashforward a abril del 2016: PJ lanza The Hope Six Demolition Project y días después se convierte en el disco más vendido del Reino Unido. Las reviews no son malas, pero tampoco son geniales. Se ve mucha comparación con Let England Shake, varias menciones al “escándalo” por lo que dice en “The Community of Hope” y, sobre todo, una crítica a la falta de profundidad de sus letras.

The Hope Six Demolition Project es un disco distinto, ya con el nombre que parece un trabalenguas y su tapa rústica podemos presentirlo. No es algo que hayamos escuchado antes y no es fácil de digerir la primera vez que entramos en contacto con él. Inspirado en sus viajes por Afganistán, Kosovo y Washington D.C.; muchos críticos estaban esperando que The Hope Six Demolition Project fuera la versión internacional de Let England Shake (¿Let the World Shake?), pero ese no fue el resultado, y ya en el primer track nos queda claro. “The Community of Hope” nos inyecta un extraño optimismo gracias a su melodía alegre, que a pesar de sus cambios de ritmo nos mantiene moviendo la cabeza sin parar. Pero ni bien escuchamos la letra sombría nuestra cabecita empieza a detenerse. Este contraste entre melodías lindas y letras oscuras es un recurso que aparece a lo largo del disco, que acompañado de la inocente voz de Harvey nos llega con una dosis de ironía:

Here’s the Hope Six Demolition Project
stretching down to Benning Road
a well-known pathway of death,
(at least, that’s what I’m told).
Here’s the one sit-down restaurant
in Ward Seven. Nice.
Okay, now this is just drug town,
just zombies, but that’s just life.

– “The Community of Hope”

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Casi todas las letras conservan esa perspectiva de observador, lo que se aleja bastante de las canciones más vivenciales del disco anterior. Este cambio de perspectiva irritó a la crítica, que la acusó de no profundizar en lo que sintió, e incluso, de no plantear soluciones para las atrocidades que veía. ¿Por qué el cambio de perspectiva es visto como un retroceso? ¿No es la gracia que PJ continúe experimentando con nuevas formas de expresión lírica? Lo que más irrita es la condescendencia de la prensa cuando la etiquetan de irresponsable al plantear escenarios complejos desde una posición de outsider, cuando el punto es que ES una outsider. Después de tantos años, uno esperaría que no se la subestimara de esta manera, o por lo menos, que se captara la ironía de algunas de sus letras, como el “(at least, that’s what I’m told).”. Y es que así como investigó algunos de los conflictos bélicos más brutales de Inglaterra para plasmarlos de una manera dolorosa pero hermosa en Let England Shake, literalmente salió a conocer la situación de conflictos actuales para registrar y comunicar lo que vio, sin llenar huecos narrativos. Si bien no terminan siendo las letras más profundas, atrevidas o inteligentes que haya escrito la artista (personalmente, me costó asimilarlas al principio), este inesperado cambio de mirada sorprende, guste o no.

A restlessness took hold my brain,
and questions I could not hold back.
An orange monkey on a chain
on a bleak uneven track

told me that to understand
you must travel back in time.
I took a plane to a foreign land
and said, I’ll write down what I find.

– “The Orange Monkey”

El resultado de su viaje transcontinental son canciones que funcionan como fotografías en las que vemos a la artista en el centro, sumida en la confusión, sin saber qué hacer con lo que está viendo (quizás su respuesta a esto fue grabar el disco). Sumado al material audiovisual que registró su colaborador, el cineasta y fotógrafo Seamus Murphy, los panoramas adquieren realidad y dramatismo. Y a pesar de que tanto en los videos como en las canciones se exponen todo tipo de hechos mundanos pero desoladores, son los niños los grandes protagonistas y la fuente de inspiración (y de desesperación) de Harvey.

Little children, don’t disappear
I heard it was twenty-eight thousand
lost upon a revolving wheel
I heard it was twenty-eight thousand
all that’s left after a year
I heard it was twenty-eight thousand
a faded face, the trace of an ear
I heard it was twenty-eight thousand

– “The Wheel”

Sin duda la voz de PJ ayuda a transmitir la energía de cada uno de los once tracks. En cuestión de segundos, puede ir desde un semi-falsetto que parecería quebrarse en cualquier momento a una nota grave y más tranquila. Además, cuenta con el apoyo del coro masculino de su banda, que le aporta un espíritu de comunidad a un álbum bastante solitario. Precisamente, lo que se destaca de Hope Six es la riqueza de las melodías, distintas atmósferas que conforman un disco gitano, nutrido de instrumentos que brillan en los momentos ideales y guiado por el gancho de versos que no riman pero que la genia de PJ Harvey los hace funcionar.

Al terminar de escuchar Hope Six, uno se puede sentir un poco confundido, con sensaciones encontradas. ¿Es un disco esperanzador, realista o pesimista? Si hay dudas sobre la posición de PJ, podemos seguir la pista de los últimos versos de las canciones, que con dramatismo o ironía cierran el mensaje de cada una de estas complejas composiciones:

They’re gonna’ put a Walmart here. (“The Community of Hope”)

This is how the world will end. (The Ministry of Defence”)

If we haven’t learnt by now / then we’re a sham. (“A Line in the Sand”)

A circle is broken, she says. (“Chain of Keys”)

What will become of us? (“River Anacostia”)

That’s what they want, oh yeah / Money, honey (“The Ministry of Social Affairs”)

And watch them fade out. (“The Wheel”)

Repasemos qué se puede juzgar del último trabajo de Polly: ¿sus notas de viaje transformadas en canciones? ¿Los increíbles instrumentos que nos transportan física y temporalmente? ¿El hecho de que se haya grabado en presencia de cientos de personas? A PJ se le está exigiendo que todo cuadre perfectamente, que continúe en el camino de la excelencia, y encima, que cumpla un rol social. Yo no pido eso. Yo pido que PJ Harvey continúe siendo PJ Harvey, ese camaleón que me sorprende y no me muestra lo que ya probó que sabe hacer, por más que signifique que su nuevo disco me guste un poco menos que otros. A esta altura, no tiene que ser puntuada ni compite con nadie, excepto consigo misma.

Veredicto (escala PJ Harvey): 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/5IKDqSC2lTcDWRqHUDGgwF

Discos favoritos 2015: Puesto 1

Bueno, ¡llegamos al fin al Puesto 1 de mis discos favoritos del 2015! Esta es una artista que descubrí apenas el año pasado pero de la que ya estoy perdidamente enamorada. Lo único que voy a adelantar en este innecesario párrafo de introducción es que tiene TODO lo que quieren las guachas.

PUESTO 1 – Julia Holter – Have You In My Wilderness 

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Lo primero que me fascinó del cuarto disco de Julia Holter es que por momentos parece que se va a entregar a las estructuras típicas de las canciones pop, pero es en ese preciso instante en que Julia parece seguir otro tren de pensamiento y de repente abandona lo que venía construyendo para entregarse completamente a esta nueva sensación y nosotros la seguimos como embobados. Porque son esas transiciones, esos dinamismos de su forma de ver el mundo y sentirlo, lo que les da a cada una de las canciones una sinceridad devastante y una belleza que te estruja el alma. Es como si estuviera dando pinceladas impresionistas con su voz y, afortunadamente, su excelente banda está en completa sintonía con ella, y acompañan cada una de esas pinceladas con las propias, en total armonía.

Su voz es hermosa, de una dulzura y una delicadeza abrumadoras, se siente a la vez frágil pero segura, vulnerable porque es la manifestación de sus estados más interiores, pero fuerte en esa valentía y convicción de querer exponerse completamente a nosotros. Así lo afirma en el título de su álbum, Have You In My Wilderness: quiere darnos la bienvenida, a nosotros como oyentes y a aquellos afortunados a quienes vayan dirigidas las canciones, a su yo sin tapujos, a su yo sin filtros, a su yo más primitivo y salvaje. Pero además de su voz, este disco cuenta con los arreglos musicales más hermosos que escuché en mucho tiempo. Lejos están de los discos anteriores de Julia, donde aún se escuchaba una experimentación que, si bien es siempre interesante, a veces entorpecía el sentimiento. Aquí los arreglos de cada canción están pulidos a la perfección, llenando los espacios que deben ser llenados pero también pausando en los momentos justos, cada canción respira tranquilamente, sin ningún apuro, cada nota y cada instrumento aparece cuando se convierte en inevitable.

En algunos momentos me hace acordar a mi adorada Kate Bush, al principio de “Silhouette”, por ejemplo, y en “Everytime Boots”, y así como hacía Kate, Julia logra adaptar su voz a la atmósfera de la canción, y es simpática y juguetona en algunas como en el comienzo del disco, “Feel You”, quizás la canción más pop de todas, pero que, sin embargo, comienza con unas notas de clavecín; luego en “How Long?” saca a relucir sus graves en unas vocales lúgubres, como de sirena llorando en una roca; y en la jazzera “Vasquez” adopta un tono más pillado; en fin, ya me entienden.

Temáticamente, muchas de las canciones parecen conectadas al agua de una forma u otra, ya sea la lluvia encantadora de “Feel You” u otra lluvia que no llega en “Betsy On The Roof” , una lluvia que se hace desear tanto como “las respuestas” a la desesperada protagonista; “I only swim to you“, exclama en “Silhouette”; luego está la pobre Lucette, varada en una isla; en “Sea Calls Me Home”, los llamados del mar, extendiéndose abierto y libre frente a ella, ¡pero ella no sabe nadar! Sus letras suelen ser enigmáticas, poéticas, con una abstracción que no se refugia en la oscuridad de significados sino en la expresión de un sentimiento, dejando la narrativa en un segundo plano.

Ya debo haber mencionado todas las canciones de alguna forma u otra, es que realmente es un disco perfecto, pero para dejar establecidas mis favoritas voy a seleccionar: “Silhouette” por esa mágica transición que hace en la tercera parte de la canción; “Sea Calls Me Home”, por la claridad de su voz y la declaración “I can’t swim. It’s lucidity. So clear!”, esas ganas de entregarse a pesar del reconocimiento de los miedos que conlleva, un verso cuyas inflexiones cambia maravillosamente hacia el final (¡y ese saxo!); “Night Song”, de la que solo voy a decir que ya no puedo escuchar sin llorar (bueno, voy a decir algo más y es que cuando vi Carol por primera vez, el regreso en el bondi fue en un loop de esta canción, y fue la combinación más maravillosa de cine/música que experimenté en mucho tiempo) y “Betsy On The Roof”, con sus capas de voces y la explosión musical en su clímax.

En conclusión: WOW.

SPOTIFY: https://open.spotify.com/album/1kVTV6AoeMjAOMOJyVfYOl