13 Reasons Why (2017)

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Si estás leyendo este post entonces probablemente ya hayas visto o leído sobre 13 Reasons Why. Basada en el libro homónimo de Jay Asher, la serie comienza con las secuelas del suicidio de la adolescente Hannah Baker, quien a lo largo de los 13 episodios narra las distintas razones por las que decidió acabar con su vida. ¿Un poco oscuro? Después nos enteramos que las 13 razones corresponden a 13 personas con las que Hannah tuvo malas experiencias. ¿Mal gusto? Sumémosle elementos trending como la nostalgia a los ochentas y la vigilancia, porque Hannah narra las razones por las que se suicidó en 13 cassettes (como si alguien los extrañara), uno por cada persona que le hizo mal, a quienes se los envía a través de un mensajero vigilante.

A pesar de que el target principal de 13 Reasons Why es la audiencia adolescente, cada vez son más los medios que afirman que debería aplicarse la censura para menores de 18, como fue el caso de Nueva Zelanda. Pero existen ejemplos de cómo una serie puede tratar temas complejos sin necesidad de alarmar a la población, como My So-Called Life o As If (una joya inglesa que casi nadie llegó a ver). Podrán tener personajes adolescentes o jóvenes adultos, pero los temas que abordan y los dilemas de fondo son bastante profundos, sin caer en un intento de libro de autoayuda para adolescentes o guía de advertencias para padres. Podría decirse que con 13 Reasons Why pasa lo mismo, pero no es tan simple. No es simple porque después de verla en realidad no queda claro ni la audiencia a la que apunta ni el fin de representar el suicidio de una manera tan cruda, vengativa y manipuladora. Gran parte de su público, sobre todo los adolescentes, afirman que el contenido sirve para que la población conozca los problemas que los jóvenes tienen que enfrentar hoy en día. ¿Estamos hablando del símbolo de una generación? ¿De un posible culto? No, y espero que varios opinen lo mismo, por el bien de todos.

Desde su estreno el 31 de marzo, la serie se convirtió en la más twitteada del año en solo su primera semana. Y se pudo ver todo el abanico de reacciones, desde demasiado positivas (como quienes piden que se exhiba en las secundarias americanas para enseñar las consecuencias del bullying) a bastante negativas (hay importantes organizaciones de prevención del suicidio y referentes en el tema que afirman que puede provocar más autoeliminaciones). ¿Por qué la diferencia de recepciones? En realidad, el tema de las opiniones es tan complejo como el del mensaje de la serie en sí, porque en realidad nunca llega a quedar claro cuál es el mensaje, ni siquiera cuál es la trama. Todo gira en torno a un suicidio pero pocas veces se ilustra lo que la persona que lo termina cometiendo está atravesando emocionalmente. Básicamente, se utiliza como el desencadenador de la trama, que busca que la audiencia se pregunte constantemente qué le hizo Clay a Hannah. Todo esto sería válido, aunque de mal gusto, si 13RW no se posicionara como la voz de la generación adolescente de hoy en día, y como la ventana para ver el porqué y qué sucede cuando hay un suicidio. Ahí es donde 13 Reasons Why pasa de ser compleja a problemática.

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Pero la serie es cuestionable en varios aspectos. Para comenzar, en la poca relevancia que se le da a la salud mental de la protagonista. En escasos momentos se hace referencia a lo que es vivir con depresión o con pensamientos suicidas. Incluso, el único personaje que termina demostrándolo de una manera u otra es Alex. La serie, a través de Hannah, acredita su autoeliminación como una sumatoria de hechos dolorosos, que van desde actos de bullying al abuso sexual, obviando ilustrar el proceso emocional que termina llevándola a su decisión final. A lo sumo, lo que podemos advertir como comportamiento “de riesgo” son sus lágrimas y un corte de pelo… Claro, hay que admitir que la depresión no es material “jugoso”, menos para Netflix y su capacidad de binge-watching. La depresión no tiene esos momentos de tensión, de venganza, de romance juvenil ni nada que pueda sobresaltar a una audiencia. Pero el tema es que está muy relacionada con el suicidio, además de que es cada vez más común en adolescentes; entonces hay que ver esta falta de tratamiento mental de Hannah como una oportunidad desaprovechada de representar lo que sufren millones de personas día a día. Pero suerte que no lo hicieron, porque dado el guion se hubiera dramatizado todo (en el sentido teatral de la palabra) y quitado toda la humanidad con la que tiene que ser retratada. Hay importantes ejemplos de cómo se puede interpretar magistralmente la depresión de manera que realmente le llegue a la audiencia, como es el caso de Melancholia, de Lars Von Trier y con la inolvidable actuación de Kirsten Dunst.

Otro tema muy discutible es que la trama parece sustentar la idea de que uno puede ser responsable por el suicidio de otra persona. No hay duda de que Hannah atraviesa hechos traumáticos, pero en definitiva lo que termina haciendo es construir una plataforma de venganza emocional (el “Welcome to your tape” con el que inicia cada cassette parece hasta inspirado en Saw). Por otra parte, es confuso cuando se usan razones tan distintas, como la publicación de un poema de manera anónima frente a una violación. ¿Ryan fue tan malo con ella como para hacerlo sentirse responsable por su muerte? De esta manera, por momentos la protagonista termina siendo percibida como vengativa y el proceso de decisión de su propia muerte como un acto catártico. Lo peligroso de glorificar los actos de Hannah es que puede plantar una semilla en la mente de adolescentes susceptibles a la ideación suicida.

Pero si hay algo a lo que 13 Reasons Why le erró de manera funesta es en la escena del suicidio. Al parecer, los creadores quisieron mostrarlo de la manera más real y devastadora posible porque, obviamente, es algo real y devastador. Es de esos momentos que pueden hacerte llorar sin parar o dejarte más sensible de lo común y listo. Pero lo cierto es que solo a un sociópata no le afectaría la escena, en gran parte gracias a la increíble actuación de Kate Walsh. ¿Cuál es el problema con retratarlo de una manera realista, entonces? Que es demasiado real para muchos. Uno puede ver en redes sociales cómo esa escena desencadenó sentimientos y pensamientos negativos en varias personas. Es el llamado triggering, que puede hacer que quienes hayan sufrido depresión, ideación suicida o haber sido afectados por este tipo de muertes sean especialmente vulnerables al contenido. Incluso hubo varias organizaciones de prevención del suicidio que criticaron la escena ya que violaba las guías  que deben seguir los medios al mostrar este acto, lo que puede desencadenar en daño psicológico y hasta contagio suicida, el llamado Efecto Werther. En conclusión: ¿el fin justifica el medio? No.

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Lo que me lleva a otro tema de menor polémica pero que sigue demostrando lo irresponsable que es 13RW: justificar la autolesión como alternativa al suicidio. Para peor este mensaje se transmite, de manera cuasi esperanzadora, cerca del final. También hay otras cuestiones, no tan de índole ética como las anteriores, que se pueden mencionar. Por ejemplo, están los protagonistas, Clay y Hannah, la respuesta de Netflix para el John Cusack y la Ione Skye de esta generación. Con los episodios llegamos a querer a Clay, a comprender incluso su proceder impulsivo. El tema es diferente con Hannah, con quien uno puede empatizar pero solo por todas las desgracias que le suceden. Porque lo que vemos es a una persona a la que le pasan cosas. Irónicamente, Hannah termina siendo un personaje pasivo que construye a los demás. Uno llega a comprender más a los “victimarios” porque hay un desarrollo de sus personajes. A lo mejor es por esta falta de construcción de los sentimientos de Hannah que no logro comprender ni aceptar la decisión de dejar esos cassettes póstumos. O probablemente porque no me parece aceptable en ningún contexto…

Al terminar de ver el episodio 13, y si todavía quedan energías para ver algo, uno puede reproducir “Beyond the Reasons”, un especial que explica el fin social de la serie. Hubiera sido ideal que no se necesitara de un especial para transmitir el (aparente) mensaje positivo que siempre quisieron comunicar: que la vida vale. Netflix, no era necesario lo del mensaje positivo, varios estamos de acuerdo en que el suicidio es un tema que merece ser tratado, pero siempre de manera responsable. Netflix, podés publicar decenas de especiales y hacer una campaña digital súper cool para reflejar tu punto, pero para muchos el daño ya está hecho. No le recomiendo a nadie 13 Reasons Why, ni a los curiosos ni a los identificados. Una serie que se alimenta del sensacionalismo y de la venganza para retratar algo que es humano y doloroso no debería estar al alcance de cualquier persona, a clicks de distancia. 

Películas de verano: A Bigger Splash (2015)

¿Qué mejor que celebrar el comienzo del verano encerrándose a ver películas? Desde thrillers a documentales, pasando por comedias,  Club Silencio también tiene sus musts para la temporada. Inauguramos la selección con A Bigger Splash, de Luca Guadagnino (Io sono l’amore), una película que comienza pareciendo de esas comedias extranjeras con paisajes paradisíacos pero que termina convirtiéndose en una especie de thriller. Protagonizada por Tilda Swinton (en su tercera colaboración con Guadagnino), la película se desarrolla en una idílica villa italiana, donde una estrella de rock momentáneamente muda por una cirugía de garganta (Swinton) se está recuperando junto a su amoroso novio (Matthias Schoenaerts). Pero la calma y el romance se cortan cuando, de repente, reciben la visita de la ex pareja y amigo de ella (Ralph Fiennes), un avasallador productor de música, acompañado por su atrevida y recién reconocida hija (Dakota Johnson). Entre canciones de The Rolling Stones, baños de piscina y comida exótica, los personajes conviven en el hermoso paisaje rodeados de tensión sexual y asuntos sin resolver, una sofocante bomba de tiempo provocada por los placeres y problemas de los ricos y famosos.

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Si bien tiene tensión y drama, A Bigger Splash es muy entretenida de ver. Ya los protagonistas nos aseguran que no va a ser un desperdicio de tiempo; incluso termina sucediendo lo opuesto, porque las dos horas que dura pasan volando, y eso es en gran parte gracias a las performances. Claro que ayuda contar con actores veteranos como Swinton y Fiennes, pero acá cada actor es un ingrediente que hace más gustosa a la película. Por su parte, Swinton pasa el 99% de la película muda, dependiendo de su lenguaje corporal y de susurros para transmitir ansiedad, terror o excitación. Con su personaje molesto pero que no queremos dejar de ver, Fiennes le inyecta una energía eufórica a la película, que nos mantiene atentos y tensos durante todo el desarrollo de la trama. Es interesante observar la dinámica de la relación entre estos personajes, con sus diferentes energías y roles en el entramado de la historia. En las actuaciones de reparto se destaca Johnson, que siempre que aparece en escena atrae nuestra mirada, y así es explotada, en planos sensuales y poéticos. Schoenaerts hace un buen trabajo interpretando al novio sensible e inseguro, el perfecto ejemplo de una implosión peligrosa.

Pero acá el personaje principal es la cámara, resultado de la cinematografía del talentoso Yorick Le Saux (Clouds of Sils Maria, Swimming Pool). Tal como en sus anteriores trabajos (imposible olvidarme de la exquisita fotografía de Clouds of Sils Maria), Le Saux le saca el jugo a cada toma, ya sea con la iluminación, la composición o los movimientos de cámara, dando como resultado una película completamente sensorial y vivencial. Cada aspecto técnico se filtra por el mood general de los personajes, que puede saltar rápidamente de una tranquilidad opiácea a la excitación o al shock. Lo que hace Le Saux con su cámara es crear el lenguaje de la película a través de códigos visuales que hacen que nos sumerjamos en el mundo de Guadagnino. Así, por ejemplo, a través de un dramático zoom out captamos lo simbólico del entorno y cómo afecta las acciones de los personajes; o a través de un plano subjetivo vemos el juego de seducción entre dos personajes. Pero también está lo que se logra en lo sensorial. Uno puede no haber ido a una isla italiana, pero las texturas y temperaturas que absorbemos con A Bigger Splash nos transportan fácilmente. A lo mejor es el rayo del sol de los mediodías, la frescura del interior de las casas de verano o el sabor fresco de una comida recién preparada. Con A Bigger Splash sentimos el calor y se nos hace agua la boca.

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El paisaje es otro protagonista, que hace más que cumplir con lo que todos buscan en una película extranjera (eso es, ser paradisíaco). En este filme el paisaje habla. La luz del sol radiante y el contraste con las sombras de los árboles, las nubes grises de un cielo que se tiñe de oscuro, la noche estrellada y el reflejo de la luna en la piscina o la lluvia torrencial y las gotas sobre las hojas son más que aspectos estéticos. El paisaje psicológico refuerza la cinematografía sensible de Le Saux y afecta el desarrollo de los personajes, ¿o será al revés?

A pesar de todos estos puntos a favor que tiene A Bigger Splash, es necesario destacar el cambio de tono que sorprende al espectador, que viene sumergiéndose en la sensualidad y rock’n’roll de la primera hora y media. El giro de tuerca que cae ya casi al final de la película deja con sabor raro, no por el cambio en sí, sino por lo que termina sucediéndoles a los personajes. Por otra parte, es en el final de la película cuando se le quiere dar significado a un elemento que estuvo presente a lo largo de la trama pero que nunca parece tener relevancia (y, en verdad, nunca llega a tenerla): la llegada, en paralelo, de refugiados tunecinos a la isla italiana. Sí, leyeron bien. Probablemente un intento del director para simbolizar la cercanía física y la lejanía tangible de problemas tercermundistas para estos personajes privilegiados.


Más allá de esto último, A Bigger Splash es interesante de ver, un filme que brilla en el océano de desperdicios de Hollywood. Su aspecto visual, la música y la energía que logran las performances la hacen una película sensual y vibrante, una opción perfecta para aquellos que buscan viajar con los sentidos. Pero ojo, este viaje viene con sorpresas.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2056771/

Nick Cave & the Bad Seeds: Skeleton Tree (2016)

Es complicado escribir sobre un artista al que admiramos sin caer en el abuso de referencias o en otras demostraciones de fanatismo. Pero no importa; Nick Cave y su banda The Bad Seeds lanzaron Skeleton Tree, y es ridículo no emocionarse por eso. El problema es que este disco nos agarra en un momento vulnerable, ya que es difícil ignorar el catastrófico contexto de su producción y lanzamiento. Sé que mis sentimientos y opiniones con respecto a Skeleton Tree van a cambiar con el pasar del tiempo (al menos espero poder digerirlo más ligeramente en el futuro), pero por el momento es mejor no obviar su existencia y hablar sobre su crudeza, pero también de su belleza.

Parece imposible mencionar a Skeleton Tree sin hacer referencia al trágico período que Cave viene atravesando. Como algunos sabrán, en julio del 2015 uno de sus hijos mellizos, Arthur, de 15 años, murió al caerse de un acantilado. Si bien la banda venía componiendo y grabando cuando ocurrió este horrible accidente, nadie esperaba que poco más de un año después lanzaran no solo un disco, sino también una película. Siguiendo el camino de 20,000 Days on Earth (2014) con el disco Push the Sky Away (2013), un día antes del lanzamiento del álbum Cave presentó la película One More Time With Feeling, dirigida por Andrew Dominik (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford), como una forma de evitar la prensa y como una ayuda para procesar su dolor. Lamentablemente aún no se estrenó en Uruguay pero, juzgando por el trailer, parece que va a ser el tearjerker del año.

Cause nothing really matters
We follow the line of the palms of our hands
You’re standing in the supermarket, nothing, holding hands
In your red dress, falling, falling in, falling in
A long black car is waiting ‘round
I will miss you when you’re gone
I’ll miss you when you’re gone away forever
Cause nothing really matters
I thought I knew better, so much better

-“I Need You”

Uno puede ver el hilo conductor en la discografía de la banda, la evolución natural de los sonidos entre un disco y el siguiente, y es por eso que Skeleton Tree es la perfecta continuación de Push the Sky Away, sobre todo por la exquisita instrumentación y el aire de celestialidad de los coros, una combinación que provoca piel de gallina. Pero esa no es la única reacción que puede generar el disco, por supuesto. A pesar de que sabemos que la banda ya estaba grabándolo cuando ocurrió la tragedia en la vida de Cave, no se puede ignorar que una presencia espectral envuelve a Skeleton Tree; es algo que se puede sentir y absorber, una niebla oscura y, al mismo tiempo, un lejano halo de luz que atraviesan las ocho canciones. Una presencia inamovible que hace que Cave exprese la máxima añoranza y la peor pérdida. Esta atmósfera fantasmal es resultado, en gran parte, de la unión entre percusiones introvertidas, como en suspensión, y el sintetizador tenebroso de Warren Ellis. En definitiva, una apuesta diferente por parte de The Bad Seeds, que podrían desplegar todo su virtuosismo a puro ritmo y volumen (mención especial: Dig, Lazarus, Dig!!!) pero esta vez lo demuestran sabiendo cuándo y cómo acompañar una canción. Cada componente, ya sean violines afligidos, notas de un piano dramático, raspaduras de la batería o el protagonismo del sintetizador siniestro, llega orgánicamente en el momento ideal para alterar la pasividad del oyente. Si sos asustadizo/a, en “Jesus Alone” podés hasta sentir miedo gracias a los sonidos sintéticos que recrean una escena a lo Juicio Final que se refuerza con el tono dictatorial de Cave. Por otro lado, en los primeros segundos de “Magneto” se invoca una especie de presencia amenazadora, como si estuvieras frente a una criatura salvaje mirándote a los ojos. Y en “Distant Sky” podés sentir lo más cercano a una divinidad acariciándote la cara. La contraposición de la instrumentación clásica con el uso de synths para invocar ambientes de todo tipo hacen de Skeleton Tree un disco sumamente experimental, y eso nuestro cuerpo lo percibe.

Y así como sentimos su desolación en la atmósfera de las canciones, esta vez las letras ambiguas y oscuras que siempre caracterizaron a Cave las conectamos (en algunas ocasiones, equivocadamente) casi con exclusividad a la muerte de su hijo. A lo largo de su célebre carrera (repleta de discos 10/10), se sirvió de personajes, tanto ficticios como reales, para narrar en canciones algunas de las escenas más turbias de la música contemporánea -primer premio: Murder Ballads (1996)-, pero como si se tratara de una especie de broma enfermiza del destino, esta vez el público se encuentra ante la incertidumbre de qué es biográfico y qué es inspiración del catalogado Prince of Darkness (un término que seguro hace reír a Cave). A lo mejor no importa, porque sabemos que lo que expresa en lírica debe ser la punta del iceberg de lo que siente, y eso nos pone en una posición delicada a quienes estamos del otro lado, quietos, esperando a que pronuncie las primeras palabras. Y ya en el principio lo sentimos, Skeleton Tree abre con tres versos que nos sacuden y presentan de qué va el disco: You fell from the sky / Crash landed in a field / Near the river Adur. No se sabe si estas palabras se escribieron antes o después del accidente (si fue antes, la premonición es muy perturbadora como para considerarla), pero lo interesante acá es la decisión del artista de introducir el disco advirtiendo que los siguientes 39 minutos van a ser turbulentos.

Claro que a lo largo de las ocho canciones nos volvemos a encontrar con algunas figuras recurrentes de la discografía de Nick Cave & the Bad Seeds (la querida imagen de la sirena es un caso), pero en esta ocasión Cave también nos presenta sus nuevos fetiches, como los supermercados (quizás un símbolo de cómo el duelo nos pega más fuerte en los lugares más mundanos) y una continua referencia a una mujer de vestido (probablemente se trate de su esposa, Susie Bick).

Oh, the urge to kill somebody was basically overwhelming
I had such hard blues down there in the supermarket queues
And I had a sudden urge to become someone, someone like you
Who started out with less than anyone I ever knew

-“Magneto”

Es extraño sentir que Nick Cave está compartiendo lo más personal de su vida y no narrando una obra de su mente genia y oscura, pero esto no es nuevo: la última vez que estuvimos frente a algo similar fue con The Boatman’s Call (1997), pero la diferencia es que en un disco ilustra lo que es sentir el amor y en el otro lo que es perderlo (a grandes rasgos, claramente). Esto lo podemos ver contraponiendo “Into My Arms” con “I Need You”, dos canciones hermosas, cantadas en primera persona, con espíritu biográfico, que hacen llorar hasta al más insensible, pero que dejan al oyente en estados muy diferentes después de escucharlas. Quizás es porque hacen un trabajo espectacular transmitiendo la sensación de estar enamorado o sufriendo un duelo. Y así como Skeleton Tree abrió con tres versos que rompieron nuestra paz mental, parece que nos obliga a aceptar el estado de las cosas ya hacia el final cuando un Nick con voz melancólica reitera que nada es gratuito, como si estuviera demostrando que su visión de un amor sin dolor era verdad.

Lo que sí es una novedad para la banda son las vocals, tanto por parte de Cave como de The Bad Seeds. No se puede ignorar el cambio en su voz y cómo las letras afectan la performance de uno de sus principales instrumentos de trabajo. Sin embargo, el resultado dista de ser negativo. En una canción el artista puede asustarnos con un timbre terrorífico y a la siguiente hacernos derramar unas lágrimas cuando está a punto de quebrarse. Y no siempre los cambios son tan dramáticos. Por ejemplo, con “Rings of Saturn” podemos sentir cierto encantamiento en su voz, reforzados por los coros puros de la banda; y en “Anthrocene” incluso se puede percibir algunos vestigios de un Cave del pasado. Por otro lado, las atmósferas de Skeleton Tree perderían bastante fuerza si no fuera por los coros de la banda, que se alejan completamente de las energías punk o rock que supieron entregar para unirse en etéreos sonidos onomatopéyicos.

They told us our gods would outlive us
They told us our dreams would outlive us
They told us our gods would outlive us
But they lied

-“Distant Sky”

Ya lo había dicho: Skeleton Tree es un camino turbulento, pero digno de ser recorrido una y otra vez. Un camino que empieza hundiéndonos con You fell from the sky pero que nos deja algo más tranquilos (o resignados) con el último verso, And it’s alright now, como si se tratara de una conversación entre él y su hijo, o entre él y su mente oscura y hermosa. La belleza del disco está en las atmósferas que fluyen entre sí, en la especie de niebla que atravesamos solos pero guiados por un Nick Cave que apenas reconocemos pero que recibimos con los brazos abiertos. Y él es el que más lo nota, como menciona en el trailer de One More Time With Feeling: “Most of us don’t want to change, really. I mean, why should we? What we do want is sort of modifications on the original model. We keep on being ourselves but just, hopefully, better versions of ourselves. But what happens when an event occurs that is so catastrophic that you just change?”. Nick y The Bad Seeds habrán cambiado pero eso no significa que no están siendo una mejor versión de sí mismos. 

Veredicto: 9/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/34xaLN7rDecGEK5UGIVbeJ

The Julie Ruin: Hit Reset (2016)

Hoy en día es casi imposible pasar una semana sin leer un artículo en el que se mencione al feminismo. Si bien la lucha por los derechos de las mujeres tiene una larga historia, por suerte en estos últimos años el tema se está tratando cada vez más, y el término está perdiendo el estigma que se le adjudicaba. Frente a esta oleada de definiciones, de ejemplos sobre lo que es feminista y lo que no, etc., hubo una persona que se hizo extrañar: Kathleen Hanna. La icónica artista feminista, quien fue la cara más visible de Bikini Kill y Le Tigre, estuvo un poco desaparecida por su batalla con la enfermedad de Lyme, retratada crudamente en el documental The Punk Singer (2013), en el que se la ve enfrentando los problemas físicos y neurológicos que genera la infección. Y la verdad es que es de las pocas cosas que pueden parar la energía explosiva de Hanna, una de las voces más expresivas del feminismo de la tercera generación y la abanderada del movimiento Riot Grrrl.

Necesitaba que volviera Kathleen, y no sabía cuánto hasta que lanzó Hit Reset con The Julie Ruin, que agrupa también a Kathi Wilcox. Claro que no me olvido de Run Fast (2013), el primer disco de la banda, que nos introdujo al más perfecto dance punk, con teclados pop, guitarras filosas, palmas que son imposibles de no acompañar y coros que se te quedan pegados en la mente. Pero con su disco sophomore reivindican su potencia y doblan la apuesta. Más allá de que este lanzamiento es un claro signo de la recuperación de Hanna (en este momento no se me ocurre ningún vocalista con mayor potencia vocal) y de la vuelta de un ícono feminista, Hit Reset viene para darle una cachetada a los opresores así como para mantenernos despiertas, ya sea en la sociedad, en la familia, en las relaciones o en nuestra mente.

Con Hit Reset Hanna deja la postura política del feminismo que siempre defendió para entrar a un plano más personal. En este trabajo, el feminismo no es un discurso que se proyecta a gritos sino una postura que se representa. La artista se aleja un poco del mensaje colectivo para hacer foco en lo individual, que termina representando y llegándole a más personas, ya que en canciones de tres minutos sentimos la lucha, tanto externa como interna, de una mujer que nunca se va a dejar vencer. Pero esta lucha no es nada solemne, por el contrario, viene acompañada con ritmos que dan ganas de bailar con una sonrisa.

You may be a bit outrageous
And I might scream with anticipation
But I— I’ll decide

And I might make mistakes and chances
Though I may be at a disadvantage
But I— I’ll decide

-“I Decide”

Hit Reset
comienza con la canción homónima, un mensaje que hace referencia a la infancia de la cantante, específicamente a la relación con el déspota de su padre. Pero las alusiones biográficas no acaparan el álbum, aunque sí el sexismo y abuso emocional que sufrió en su vida. Sí, claro que en la trágica “Let Me Go” le pide a su esposo que le tenga piedad y la deje terminar con su enfermedad (no menciona directamente a la eutanasia pero el mensaje es bastante claro…), así como “Calverton” es una dulce balada dedicada a su madre. Pero es en las más ácidas (y, casualmente, mis favoritas) como “Planet You”, “Mr. So and So” y “I’m Done” en las que tanto ella como el resto de la banda brillan, con una energía instrumental y vocal que nos llega directo a la piel. En estas canciones tenemos la dosis de sarcasmo que caracteriza a Hanna, que ilustra con precisión la condescendencia que tiene que soportar a través de escenas cotidianas e intercambios con personajes nocivos que todos tenemos en nuestra vida, ya sean amigos narcisistas, parejas que no nos aprecian o posers intelectuales. Son ese tipo de canciones que provocan mucha rabia, ganas de bailar y cantar al mismo tiempo.

I jump out of my plane
In a parachute that says “girls rule”
With a Sleater-Kinney T-shirt on
And when I land you know I’m just gonna have to demand a booklist
Just you just write it out by hand
And make sure it tells me why feminism needs to exist
Take a picture with me
Oops, I snuck a kiss
Come on, it was just a joke
My girlfriend’s a really big fan
Silence, silence
I’ll wear you like a shield to hide me from what I really feel
And criticism, by the way, you play so good for a girl
And thanks for all you do, pat, pat on the head
Stand too close now go change the world

You can’t say goodbye before I get my hello
Mr. So and So
It’s all just for show
Except his sweaty glow
Mr. So and So

-“Mr. So and So”

A su vez, hay canciones que pueden funcionar perfectamente como himnos feministas, distintos a los que creó con Bikini Kill porque esta vez se alejan del “Nosotras” para darle paso al “Yo”. Ya sea con el manifiesto sobre el consenso en “I Decide” o en las aspiraciones que van en contra de nuestros ideales con “Roses More Than Water”, Kathleen logra articular lo que yo no sabía que pensaba hasta el momento.

Maybe I want roses more than water and to be a
Loving father’s daughter
Maybe I want something much more like a
Brownie sundae party behind closed doors or
A typewriter palace with a shark filled moat
Maybe I’ll be hoaxed by my own demise
“I hear she saw a cliff and kept on driving”
Maybe I’m more hell-bent on living than I am on just surviving

-“Roses More Than Water”

Pero estas letras ingeniosas no están aisladas como mensajes sociopolíticos, como sucede con otras bandas punk. Acá la música es valiosa, y en serio. La guitarra es lo suficientemente agresiva como para darle dramatismo a la canción sin opacar al resto de la composición, los teclados ochentosos hacen que todo sea un poco más light-hearted sin caer en lo humorístico, el bajo de Wilcox sigue siendo tan expresivo como lo conocíamos pero más refinado, y la batería marca nuestro paso rabioso siguiendo la marcha que lidera Kathleen. La magia de The Julie Ruin es que nos da la agresividad del punk, el groove del dance y lo político del feminismo sin poder (y sobre todo, sin querer) procesarlos por separado. Con Hit Reset no estoy escuchando solo uno de los discos punks más inteligentes o algunos de los ritmos más bailables de los últimos años. Es algo más. Hit Reset me da esperanzas, no solo como amante del punk y aficionada del dance, sino también como feminista, como mujer. Hace ya un tiempo que no sentía que un disco fuera tan necesario y la respuesta a lo que estaba buscando. ¿Por qué necesitábamos a Kathleen? Porque a veces necesitamos que alguien grite para despertarnos. Y cuando Kathleen grita, yo escucho.

Veredicto: 9/10 y un gran ❤
Spotify: https://open.spotify.com/album/4D4vLiYKRycKzBSX1Y1sjg

Tres europeas sobre mujeres perturbadas

Es obvio que en el cine busco entretenimiento, pero a veces busco algo más, algo que me haga sentir mejor. Una especie de receta que tiene que tener diálogos graciosos, o una historia inspiradora, o un tema con el que me identifique, o (y esta es la clave del éxito) una fotografía que me haga viajar. Sí, el típico cliché, pero es verdad que una película puede ser más que un antidepresivo: puede ser un regulador del humor, un ansiolítico, un estimulante y cualquier otro tipo de droga sin los jodidos efectos secundarios. Por ejemplo, con el cine de terror busco vivir una catarsis de miedo sabiendo que estoy segura en mi cuarto. Me pasa algo distinto cuando veo películas de personas desequilibradas: hacen que me sienta más en control con mi propia vida (a falta de un support group…¡cine!). Se ve que eso es lo que estaba buscando el fin de semana pasado porque, sin buscarlo, vi tres películas encabezadas por mujeres que otros definirían como inestables pero yo las veo más bien como malentendidas. Al final, no conseguí lo que quería; no me sentí mejor conmigo misma; por el contrario, terminé empatizando demasiado con las protagonistas, y pensando que, en realidad, no estamos tan lejos de ser vistos como uno de esos personajes “inestables”.

Stockholm (2013)
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Comienzo la selección con Stockholm, una película española que, irónicamente, está titulada en inglés. Esta sigue la noche que comparten dos personas, un tal él y una tal ella (sí, es todo con pronombre, aunque en una parte él comenta que se llama Bartolo…). En la escena inicial, él (Javier Pereira) ve a una mujer, ella (Aura Garrido), por la que siente una atracción instantánea (según él, enamoramiento). Desde el primer intercambio que tienen se plantea la dinámica de la relación: él insiste, ella frena, él seduce, ella rechaza. ¿Pero por qué no lo rechaza de una y listo? Porque la engancha con distintas conversaciones que se convierten en el hilo conductor de la película. Al principio me preocupé: pensé que este acoso iba a desencadenar una trama oscura sobre violación y/o secuestro (¿por qué otra razón se llamaría Stockholm?). Pero me fui olvidando de ese factor racional gracias al guión, que aporta diálogos ágiles y situaciones románticas, dramáticas, cómicas y hasta tenebrosas. De todas maneras, mi preocupación inicial de que la película diera un giro turbio se intensificó hacia el final, cuando de repente Stockholm se vuelve psicológicamente inquietante. La fotografía ayuda a transmitir este cambio: la comedia romántica que se plantea en la oscuridad de la noche contrasta con el drama psicológico que percibimos en la claridad de la mañana siguiente. Pero lo más destacable de Stockholm son sus actuaciones, naturales pero complejas, que hacen que sintamos cosas tan fuertes y contrastadas como el desprecio o la compasión. Y si bien el final es un poco predecible, es el cambio drástico de tono (y las sensaciones que provoca en nosotros) la verdadera sorpresa de la película, una especie de balde de agua fría que nos recuerda la influencia que puede tener el trato de una persona con otra.

Efecto psicofármaco: antidepresivo que cayó mal.
Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2380207/

 

Liebe Mich! (2014)
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Continúo la categoría con Love Me! o Liebe Mich! en su idioma original. La película alemana retrata la lucha del día a día de Sarah (Lilli Meinhardt), una joven que en su búsqueda por recibir cariño y aprobación, todo le sale mal. Su falta de equilibrio emocional (producto de la frialdad de quienes la rodean) logra que se desborde constantemente, lo que hace que las personas la rechacen, hasta su propio padre. Lo destacable de la película, desarrollada en un hermoso verano de Berlín (y no en un invierno azulado como se esperaría de esta trama), es la relación de Sarah, una Lolita ya adulta (si es que eso existe), y los contextos donde se desarrolla. Su comportamiento parece reducirse en lo reaccionario, pero cuando vemos la relación que tiene con su padre, comenzamos a comprender al personaje y vemos que en realidad es más complejo de lo que pintaba. O quizás la palabra no es complejo, sino humano, y es por esa razón que, a pesar de ser un papel un poco básico, simpatizamos con Sarah. Liebe Mich! no es una gran contribución al cine alemán: el guión está OK, las actuaciones son acordes y la fotografía es agradable. El valor del film no está en lo cinematográfico, sino en ilustrar que a veces no necesitamos una mala decisión o un hecho traumático para perder el control, sino algo más rutinario, que involucra a los contextos y relaciones de nuestro día a día.

Efecto psicofármaco: regulador del humor por contraste.
Veredicto: 5/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3590648/

 

Journal d’une femme de chambre (2015)
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Finalizo este apartado con Journal d’une femme de chambre, una francesa protagonizada por la magnética Léa Seydoux. Bueno, magnética porque tiene algo en la mirada que hipnotiza, porque en realidad en esta película está más apática que nunca. Basada en la novela homónima del escritor francés Octave Mirbeau, la película se centra en Célestine (Seydoux), una mucama inteligente y calculadora que comienza a trabajar en el hogar de los Lanlair. Ya en su primer día de trabajo vemos qué sacrificios tiene que hacer Célestine para conservarlo e, incluso, para sobrevivir. La señora de la casa la maltrata y el “hombre de la familia” la vive acosando sexualmente; además de que tiene que interactuar con sus compañeros de trabajo: Marianne, una frágil cocinera, y Joseph, un misterioso jardinero con el que desarrolla una historia turbia. La película es la cuarta adaptación de la novela, precedida por una de Martov (1916), otra de Jean Renoir (1946) y la de Luis Buñuel (1964). No vi ninguna de estas versiones ni leí la novela, pero esta versión de Benoît Jacquot es la mejor siesta dominical que te podés tomar (yo me quedé dormida plácidamente). La trama está resuelta de una manera confusa, sobre todo por un manejo desprolijo de recursos narrativos, como el de flashbacks demasiado largos. Por otro lado, los diálogos son básicos y hasta antinaturales, lo que no ayuda a las actuaciones toscas y forzadas. Por momentos, Léa Seydoux llega a transmitirnos algo de humanidad en lo que es un papel robótico y confuso. Debe ser su actuación más impenetrable hasta el momento, ¡y eso que es Léa Seydoux! Claro que la fotografía es linda, pero eso es gracias a los hermosos paisajes de la campiña francesa. Visualmente no hay nada para destacar excepto el excesivo uso de zooms que no significan nada, sino que buscan aportarle un valor poético a una película totalmente vacía. Un chiste sin gracia.

Efecto psicofármaco: somnífero placentero.
Veredicto: 3/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2711898/

Primal Scream: Chaosmosis (2016)

2016 viene siendo el año de Screamadelica. A lo mejor es porque estamos en el aniversario 25 de su lanzamiento, pero ni el público ni los críticos pueden superar la adicción que les genera el disco más droga de la historia. Y los entiendo, porque yo también caí en la obsesión. Pero en el 2016 se tendría que haber hablado un poco más sobre lo último de Primal Scream: Chaosmosis. El problema es que el grupo escocés sufre la maldición, como les sucede a otras bandas, de ser siempre comparado con su mejor trabajo. Eso es lo que le pasa con Chaosmosis. Su onceavo álbum tiene casi todo para ser un éxito pop: ritmos bailables, coros pegadizos y anticipadas colaboraciones con princesas semi-indies. Y si bien logra que movamos el esqueleto, al disco le falta la energía que caracteriza a la banda, la que la hace una de mis favoritas a la hora de estimularme con música.

Pero con Chaosmosis Primal Scream se queda a media potencia. El acid house y punktronica que supo abanderar le abren paso a un dance pop más domado, acompañado de un cambio en la lírica de las canciones. Es que a pesar de que ya hace un tiempo que están limpios de drogas, el tema sigue latente, ya sea con analogías o reflexiones directas. Las letras reflejan un cambio de perspectiva de Bobby Gillespie, que se demuestra más introspectivo y pesimista. Quien nos enamoró con sus representaciones de viajes ácidos (como en “Higher Than the Sun”), ahora nos da una reflexión consciente sobre las consecuencias del abuso de sustancias. Es inevitable extrañar los orígenes house de Primal Scream y sus canciones sensoriales, poco digeridas, pero al menos en este cambio vemos que se están arriesgando.

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Ojo, esto no significa que el disco no sea disfrutable. Es más, son los distintos ambientes que crea los que mantienen nuestro interés a lo largo de las diez canciones. Comenzamos con la sensual “Trippin’ on Your Love”, con una instrumentación y coros femeninos (de las casi imperceptibles hermanas Haim) que hacen revivir levemente la energía de amor y paz del Screamadelica. Enseguida, el ambiente cambia a uno mucho más oscuro con “(Feeling Like A) Demon Again” y unos perturbadores sonidos que nos transportan a Japón; no de una forma tan directa como el Visions de Grimes, pero sí con recursos sonoros que asociamos con la cultura nipona, como los de videojuegos o de animés. Pasamos al tercer track, “I Can Change”, un groove que relaja y provoca bailar lentamente; la palabra perfecta para resumirlo es “soothing”. A continuación, tenemos “100 % or Nothing”, la segunda colaboración con Haim, que se destaca del resto del repertorio al tener un poco más de potencia tanto en ritmo como en vocales.

Nos frenamos a la mitad del disco con “Private Wars”, que sirve de intermedio, algo así como “Inner Flight” en Screamadelica, excepto que esta última es una experiencia estética, mientras que “Private Wars” es una especie de lullaby acústica que dan ganas de saltear. Justo cuando estábamos por quedarnos dormidos, el disco nos sacude con “Where the Light Gets In”, una canción que parecería ser más de Sky Ferreira en colaboración con Primal Scream y no al revés. Los sintetizadores setentosos y el coro que hipnotiza hacen de esta una de las canciones dance más cool del año. ¿Será esta unión la versión 2.0 de Gillespie y Kate Moss? Parece bastante obvio después al comparar el video “Where the Light Gets In” con el de “Some Velvet Morning”.

Y como si buscaran romper drásticamente la atmósfera dance pop, se nos presenta “When the Blackout Meets the Fallout”, la más agresiva de Chaosmosis, una referencia directa a la energía frenética del XTRMNTR. A continuación tenemos “Carnival of Fools”, un track extraño, que genera sentimientos encontrados por los cambios en el ritmo y por las distintas texturas que crea el uso rústico de los sintetizadores. Pero antes de que perdamos el interés, tenemos la canción más sensorial del disco: “Golden Rope”. En esta, Gillespie no solo deja de concentrarse en la primera persona sino que también nos devuelve la esencia rock de Primal Scream con la guitarra eléctrica y el dramatismo de gaitas y coros góspel. Finalmente, y como si se tratara de una receta obligatoria de todo cierre de disco, Chaosmosis termina con la melancólica pero bastante bailable “Autumn In Paradise”.

Hay que reconocer la constante búsqueda de Primal Scream por abrir nuevos caminos y despegarse de los géneros que le han adjudicado. Estamos hablando de una banda que tiene más de treinta años y que nunca repitió fórmulas exitosas, como sucede con otras veteranas. Además, ¿por qué Bobby Gillespie seguiría hablando sobre el ácido? Eso sería bastante aburrido (y preocupante). Yo también soy responsable de perpetuar esta constante comparación de Primal Scream con su mejor trabajo, pero eso es lo que pasa cuando sientan la vara tan alto. En Chaosmosis, Gillespie expone su visión de la madurez, y aporta su más que relevante perspectiva sobre el camino que la música dance tiene que seguir hoy en día. Y lo hace con ritmos y momentos que pueden hasta dar piel de gallina.

Veredicto: 7/10
Spotify: https://open.spotify.com/album/1lR4wYAc8boPYQ0nby3X5J

5 razones para empezar a ver Peaky Blinders

Qué lindo es cuando encuentro una serie que me gusta y que además está MUY buena. Especialmente cuando sigue “al aire”, porque así puedo vivir el suspenso de una manera más o menos alineada al ritmo de los capítulos, y ahorrarme la decepción de ver el final en cualquier tipo de búsqueda online (como me pasó con The Sopranos, por ejemplo). Si hace mucho tiempo no sentís eso, entonces te recomiendo ver Peaky Blinders, a lo mejor se convierte en tu nueva serie favorita. Acá te dejo cinco excusas para que la empieces a ver.

SU MÚSICA
La principal razón por la que la empecé a ver (además de mi amor por Cillian Murphy) fue por su selección musical, que tanto alababan ciertos sitios “respetables”. Y es que es imposible que pase desapercibida; ya en la intro nos encontramos con la espectacular “Red Right Hand” de Nick Cave and the Bad Seeds. Sí, el tono lúgubre y la criminalidad de las letras del genio de Cave le sientan perfecto a Peaky Blinders, pero es la forma en que la serie explota la canción a su favor lo que hace a esta elección simplemente maravillosa. Si bien la intro va variando de capítulo a capítulo (incluso, para los episodios más dramáticos se utiliza un cover de mi querida PJ Harvey), casi siempre podemos ver un paralelismo entre la canción y lo que vemos en esa primera escena. Sobre todo, vemos la relación ente el protagonista, Tommy Shelby, y el sujeto del que trata “Red Right Hand”.

He’s a god, he’s a man,
He’s a ghost, he’s a guru
They’re whispering his name
Through this disappearing land
But hidden in his coat
Is a red right hand

Después está la banda sonora. ¿Qué serie de hoy en día cuenta con un soundtrack compuesto por Nick Cave and the Bad Seeds, Radiohead, PJ Harvey, The White Stripes y otros destacados de la escena de rock contemporánea? Más al tratarse de un contexto de hace cien años atrás. Aparte de este original recurso (que ya en María Antonieta Sofía Coppola supo utilizar), es la relación que tiene cada canción con la escena que musicaliza lo que potencia toda la narrativa de la serie. Nada es al azar, todo está súper curado.

música

SU PROTAGONISTA, CILLIAN MURPHY
Confieso que vería y volvería a ver cualquier película o serie en la que haya actuado Cillian Murphy (sí, incluso In Time), simplemente porque me encanta. Aunque empecé a ver Peaky Blinders por un motivo algo inmaduro, lo que me terminó pasando fue aún más irracional: me enamoré del personaje que creó Murphy: Tommy Shelby. El protagonista es el jefe de una mafia de Birmingham que se dedica a las apuestas de caballos. Pero Tommy no es de esos mafiosos a lo Tony Montana: él tiene cierta moral y códigos, es el jefe de familia y el sostén para una banda de gángsters irascibles. “Things I do, I do it for my family” resumiría bastante el motor de su conducta.

Lo que más fascina de Tommy es la forma en que evoluciona con las temporadas, sin caer en cambios abruptos para mostrarnos una nueva cara del personaje. En cambio, lo que podemos apreciar a lo largo de la serie son leves ajustes de sus códigos y comportamientos, producidos por el poder y las preocupaciones que va ganando. Así, se va haciendo más complejo, más humano, más interesante. Tal como nos pasaría en la vida real, a medida que lo vemos reaccionar ante distintos hechos más lo vamos conociendo, aunque también más confundidos nos deja su complejidad. Y si bien el guion es excelente, Tommy Shelby sería poca cosa sin Cillian Murphy. No podría imaginarme a este personaje sin la mirada desafiante pero semi-risueña del actor, sin el énfasis picante que le da a sus comentarios irónicos o su caminar tan cool cada vez que entra y sale de cuadro.

cillian murphy

SU FOTOGRAFÍA Y ARTE
Me encanta cuando las series hacen un “esfuerzo” extra y de verdad te sumergen en un ambiente que solo conocés a través del arte o libros de historia. Tal es el caso de Agatha Christie’s Poirot y su hermosa interpretación de la Inglaterra de los treinta. Pero bueno, si buscás la belleza de la arquitectura y el estilo elegante de los veinte, te advierto que no los vas a encontrar en Peaky Blinders. Lo que logra su arte es trasladaros a un contexto totalmente desconocido: el de Birmingham después de la Primera Guerra Mundial, cubierto de humo y barro. 

Todos los esfuerzos artísticos (desde el diseño de producción, la cinematografía, el estilismo, etc.) se unen para crear tomas que podríamos congelar en frames que superan la belleza de stills de cualquier megaproducción cinematográfica. Por su parte, la fotografía te aleja y te acerca, entra y sale de foco, como si fueras un habitante más de Birmingham, chusmeando y cuidándote de no ser descubierto. El arte te envuelve en una bruma de putrefacción y humedad que hacen que sientas una pesadez que quizás experimentás en un ómnibus, un día lluvioso, a las ocho de la mañana. Y no me olvido del vestuario o maquillaje, dos de los sellos de la serie. El gracioso pero original corte de pelo de los Shelby y el diseño de gorra que lucen todos ellos se convirtieron en signos representativos de la pandilla y de la serie.

Quizás no veas la elegancia de la arquitectura y la increíble moda de la época, pero esta forma de mostrarnos el contexto es la que permite que entendamos a sus personajes. Y tal como su arte, no los vemos en blanco y negro: es en grises que se maneja la serie.

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SUS PERSONAJES FEMENINOS
Cada vez más, como mujeres pero también como espectadores, estamos exigiendo más variedad de personajes femeninos. Estamos cansados de la estereotipificación de las mujeres en la pantalla, de obsesiones de guionistas y directores que se convierten en clichés (como la tan poco vigente manic pixie dream girl), o de la clásica reducción de papeles al estilo “la esposa de…”, “la madre de…”, etc. Por eso es que me alegré tanto cuando encontré una serie como Miss Fisher’s Murder Mysteries. Y a pesar de que es muy difícil escapar de ser la-algo-de-alguien, lo que logra Peaky Blinders es construir personajes femeninos que van más allá de roles.

No voy a ahondar en detalles (después de todo, esto no es una review) pero te puedo adelantar que te vas a encontrar con una espía y con una mujer que supo liderar a una pandilla. Todo eso mientras desafían al patriarcado inglés. Nice.

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Peaky Blinders

SU “PERFECTO EQUILIBRIO”
Este apartado resume la unión de distintos componentes que hacen de Peaky Blinders una serie original y entretenida. Seguro alguna vez escuchaste o dijiste: “Ay, pero no estoy para ver tanta sangre”. O también: “Me aburren los dramas ingleses”. A pesar de ser un drama, tener un poquito de sangre y ser una producción inglesa, esta serie desafía los preconceptos que tenemos de todas estas y otras tantas clasificaciones.

A modo de ejemplo, por más que esté situada en Birmingham, no describiría a Peaky Blinders como una serie bien británica al estilo Downton Abbey. Este tipo de series siempre buscan transmitir la cultura británica de la época, los valores conservadores y el prototipo del lord inglés y de la English Rose. Esto no sucede en ningún momento en Peaky Blinders. Y si bien se trata de la lucha de una pandilla por mantenerse a flote, es más la forma en que todo va entretejiéndose que la acción sangrienta lo que vemos en la pantalla. Además, en caso de ver sangre, no es nada que no hayamos visto en otras series. Por lo menos, acá las muertes son más “humanas” o realistas.

Pero PB también tiene su dosis de romance, aunque no de la manera en que estamos acostumbrados a verlo. No se nos muestran amores a primera vista o historias perfectas. Por el contrario, las historias de amor se sitúan en medio de un ambiente de tensión y criminalidad. Pero no por eso son menos románticas, ¿no?

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Si esta enumeración no te convenció de empezar a ver Peaky Blinders quizás David Bowie sí lo logre. ¿David Bowie? Sí, porque él era un GRAN fan de la serie; tal es así que pidió (sí, PIDIÓ) que incluyeran su música en la banda sonora e incluso se sacó fotos disfrazado de Tommy Shelby. Y hay más anécdotas como estas… En conclusión: David Bowie te recomendaría ver Peaky Blinders, y seguro su opinión te parece más relevante que la mía, ¿no?