Películas de verano: A Bigger Splash (2015)

¿Qué mejor que celebrar el comienzo del verano encerrándose a ver películas? Desde thrillers a documentales, pasando por comedias, Club Silencio también tiene sus musts para la temporada. Inauguramos la selección con A Bigger Splash, de Luca Guadagnino (Io sono l’amore), una película que comienza pareciendo de esas comedias extranjeras con paisajes paradisíacos pero que termina convirtiéndose en una especie de thriller. Protagonizada por Tilda Swinton (en su tercera colaboración con Guadagnino), la película se desarrolla en una idílica villa italiana, donde una estrella de rock momentáneamente muda por una cirugía de garganta (Swinton) se está recuperando junto a su amoroso novio (Matthias Schoenaerts). Pero la calma y el romance se cortan cuando, de repente, reciben la visita de la ex pareja y amigo de ella (Ralph Fiennes), un avasallador productor de música, acompañado por su atrevida y recién reconocida hija (Dakota Johnson). Entre canciones de The Rolling Stones, baños de piscina y comida exótica, los personajes conviven en el hermoso paisaje rodeados de tensión sexual y asuntos sin resolver, una sofocante bomba de tiempo provocada por los placeres y problemas de los ricos y famosos.

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Si bien tiene tensión y drama, A Bigger Splash es muy entretenida de ver. Ya los protagonistas nos aseguran que no va a ser un desperdicio de tiempo; incluso termina sucediendo lo opuesto, porque las dos horas que dura pasan volando, y eso es en gran parte gracias a las performances. Claro que ayuda contar con actores veteranos como Swinton y Fiennes, pero acá cada actor es un ingrediente que hace más gustosa a la película. Por su parte, Swinton pasa el 99% de la película muda, dependiendo de su lenguaje corporal y de susurros para transmitir ansiedad, terror o excitación. Con su personaje molesto pero que no queremos dejar de ver, Fiennes le inyecta una energía eufórica a la película, que nos mantiene atentos y tensos durante todo el desarrollo de la trama. Es interesante observar la dinámica de la relación entre estos personajes, con sus diferentes energías y roles en el entramado de la historia. En las actuaciones de reparto se destaca Johnson, que siempre que aparece en escena atrae nuestra mirada, y así es explotada, en planos sensuales y poéticos. Schoenaerts hace un buen trabajo interpretando al novio sensible e inseguro, el perfecto ejemplo de una implosión peligrosa.

Pero acá el personaje principal es la cámara, resultado de la cinematografía del talentoso Yorick Le Saux (Clouds of Sils Maria, Swimming Pool). Tal como en sus anteriores trabajos (imposible olvidarme de la exquisita fotografía de Clouds of Sils Maria), Le Saux le saca el jugo a cada toma, ya sea con la iluminación, la composición o los movimientos de cámara, dando como resultado una película completamente sensorial y vivencial. Cada aspecto técnico se filtra por el mood general de los personajes, que puede saltar rápidamente de una tranquilidad opiácea a la excitación o al shock. Lo que hace Le Saux con su cámara es crear el lenguaje de la película a través de códigos visuales que hacen que nos sumerjamos en el mundo de Guadagnino. Así, por ejemplo, a través de un dramático zoom out captamos lo simbólico del entorno y cómo afecta las acciones de los personajes; o a través de un plano subjetivo vemos el juego de seducción entre dos personajes. Pero también está lo que se logra en lo sensorial. Uno puede no haber ido a una isla italiana, pero las texturas y temperaturas que absorbemos con A Bigger Splash nos transportan fácilmente. A lo mejor es el rayo del sol de los mediodías, la frescura del interior de las casas de verano o el sabor fresco de una comida recién preparada. Con A Bigger Splash sentimos el calor y se nos hace agua la boca.

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El paisaje es otro protagonista, que hace más que cumplir con lo que todos buscan en una película extranjera (eso es, ser paradisíaco). En este filme el paisaje habla. La luz del sol radiante y el contraste con las sombras de los árboles, las nubes grises de un cielo que se tiñe de oscuro, la noche estrellada y el reflejo de la luna en la piscina o la lluvia torrencial y las gotas sobre las hojas son más que aspectos estéticos. El paisaje psicológico refuerza la cinematografía sensible de Le Saux y afecta el desarrollo de los personajes, ¿o será al revés?

A pesar de todos estos puntos a favor que tiene A Bigger Splash, es necesario destacar el cambio de tono que sorprende al espectador, que viene sumergiéndose en la sensualidad y rock’n’roll de la primera hora y media. El giro de tuerca que cae ya casi al final de la película deja con sabor raro, no por el cambio en sí, sino por lo que termina sucediéndoles a los personajes. Por otra parte, es en el final de la película cuando se le quiere dar significado a un elemento que estuvo presente a lo largo de la trama pero que nunca parece tener relevancia (y, en verdad, nunca llega a tenerla): la llegada, en paralelo, de refugiados tunecinos a la isla italiana. Sí, leyeron bien. Probablemente un intento del director para simbolizar la cercanía física y la lejanía tangible de problemas tercermundistas para estos personajes privilegiados.


Más allá de esto último, A Bigger Splash es interesante de ver, un filme que brilla en el océano de desperdicios de Hollywood. Su aspecto visual, la música y la energía que logran las performances la hacen una película sensual y vibrante, una opción perfecta para aquellos que buscan viajar con los sentidos. Pero ojo, este viaje viene con sorpresas.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2056771/

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Tres películas destacadas del 2016

Indignation (2016)

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El debut de James Schamus como director, basado en una novela de Philip Roth, es una de esas películas que más parecen una obra de teatro que otra cosa. Este filme consiste de largas escenas de diálogo y, por lo tanto, su éxito depende muchísimo de la construcción de las escenas que haga Schamus y principalmente de la destreza de los actores para recitar las sofisticadas líneas de Roth. ¿Pero de qué se trata? Bueno, la trama gira en torno al joven Marcus, un chico judío de Nueva Jersey que va a una prestigiosa universidad de Ohio en la década de los 50, cuando la mayoría de los chicos estaban yendo a luchar en la guerra de Corea, a menos claro que fueras un bocho universitario como él. Son tantas las presiones de la época y el contexto que rodean al personaje de Marcus que su destino en retrospectiva parece inevitable: su procedencia judía a pesar de considerarse ateo, la fuerte represión sexual no solo de la época sino de su entorno, la intensidad de su padre que parece haber tenido una crisis nerviosa por las consecuencias de la guerra y la separación de su hijo, la lucha de clases, su falta de espiritualidad y hasta su elevado intelecto parecería ser más un estorbo que otra cosa. Marcus es interpretado por una estrella en ascenso, Logan Lerman (sí, el que hizo las de Percy Jackson, pero también The Perks of Being a Wallflower), quien logra recitar sus líneas con la afectación propia de su personaje y de la época y que transpira sus ansiedades y preocupaciones maravillosamente. A Lerman lo acompaña Sarah Gadon como su compañera e interés romántico Olivia Hutton y el gran Tracy Letts como el decano de la universidad, con quien tiene las mejores escenas de la película por lejos. Por momentos la película sufre de una sobre-dramatización de ciertos particulares que no terminan de conectar con la inevitabilidad del arco de Marcus y depende un poco de nosotros aportar la reflexión necesaria para atar todos sus cabos; a su vez, algunos de sus recursos estilísticos, como su entreverado montaje, parecen más afectaciones para justificar lo “fílmico” que otra cosa, pero fuera de eso es una experiencia fascinante, filmada en hermosos colores y muy bien encuadrada, ideal para quienes disfrutan de un guión rico en diálogos.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4193394/

 

The Innocents (2016)

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¿Qué tendrán las monjas que resultan tan cinematográficas, no les parece? La película de la directora Anne Fontaine, que parece contar con un equipo mayoritariamente femenino, gira en torno a Mathilde, una doctora de la Cruz Roja francesa (la bellísima Lou de Laâge) que está trabajando en la Polonia de 1945 y que se topa con un convento de monjas que necesitan de su ayuda desesperadamente. Es que ocurre que el convento había sido invadido por un grupo de soldados quienes violaron a las monjas, dejando a varias embarazadas, lo cual es extremadamente problemático en muchos niveles. Además de haber sufrido lo que es una de las peores violencias que existen en la humanidad, las monjas sufren la vergüenza de su condición, que no solo les recuerda el desagradable hecho sino que por supuesto va en contra de toda su filosofía, por lo que lo quieren mantener en secreto y es a duras penas que reclutan la ayuda de Mathilde; para peor, las monjas no pueden ser tocadas y por tanto su tratamiento se hace casi imposible, sin mencionar el problema de qué hacer con los bebés luego de nacidos. En fin, está complicado, no solo para ellas sino también para Mathilde, quien debe asistir al convento en secreto, porque ella también podría sufrir las consecuencias de estar practicando medicina por su lado, ya que es solo una mujer después de todo. La historia por supuesto es basada en hechos reales y peca un poquitito de esa auto-satisfacción de las películas basadas en hechos verídicos que solo por ello parecen justificar su existencia, es decir, quizás para la mayoría a nivel guión no es una cosa magnífica, aunque en mi caso la perspectiva fuertemente feminista me compró completamente, porque resulta muy fresco ver el viejo debate de persona de ciencia/persona de fe desde el punto de vista de una mujer, en particular en una época en que las voces de las mujeres todavía no significaban mucho, y de fondo está la sororité que surge entre ellas que es muy hermosa, en particular la relación de Mathilde con Maria (Agata Buzek en una de mis actuaciones favoritas del año). Y como si esto fuera poco, la fotografía de Caroline Champetier (Holy Motorses una cosa de locos, chiquilines, no exagero cuando digo que es mi favorita del año, no solo por la belleza de sus colores e iluminación, sino por lo magnífico de sus composiciones, creando hermosas postales en cada uno de sus fotogramas. Ah, y como deberes les pido que reconozcan cuál es la canción con la que termina.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4370784/

Hell or High Water (2016)

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El western es un género al que no mucha gente le tiene aprecio, algo que siempre me confundió porque en lo que va de mi vida como fan del cine, debe ser uno de los géneros más consistentes en términos de calidad que he visto, pero bueno, no voy a obligar a nadie a gustar de algo, aunque sí intentaré convencerlos de que le den una chance a esta. No es un western clásico a lo John Ford y John Wayne, sino que tiene una vibra más moderna como el nuevo clásico de los hermanos Coen No Country for Old Men. En este caso seguimos a dos bandos, el de los criminales, dos hermanos (Chris Pine y Ben Foster) que se dedican a robar unos bancos del oeste de Texas como parte de un gran plan que de mezquino tiene muy poco, y por otro lado, la ley y el orden, los Texas rangers interpretados por el sublime Jeff Bridges y su compañero Alberto (Gil Birmingham), descendiente de nativos americanos y por lo tanto bulleado indiscriminadamente por el personaje de Bridges, quien tras todos esos insultos no puede ocultar el evidente cariño que le tiene a su colega. El guión de Taylor Sheridan (el mismo de Sicario) es excelente, a pesar de concentrase en la acción del crimen y su resolución, logra aportar increíble dimensión y personalidad a los hermanos Howard, desarrollando en paralelo una motivación personal para cada uno a la vez que realiza un astuto comentario sobre el sub-mundo del oeste de Texas (donde parece que nadie anda por la calle -ni por los bancos- sin su arma personal) y sobre el criminal por excelencia, el símbolo del capitalismo: la institución bancaria. Desde el ángulo de Bridges está la un tanto trillada pero efectiva faceta de “el policía a punto de retirarse en su último caso”, que el actor destroza con su carisma, logrando una de las mejores actuaciones del 2016. David Mackenzie (el que dirigió el drama carcelario que les recomendé acá) dirige esta película con la seguridad de un veterano, construyendo la historia con paciencia en los primeros dos actos y logrando un clímax en extremo excitante y satisfactorio en el tercero y último, apoyado por la bella fotografía de Giles Nuttgens y la banda sonora de Nick Cave y Warren Ellis. Hell or High Water está inmersa en un mundo asfixiante del que poco sabemos pero que adquiere vida gracias a las páginas de Sheridan, la dirección de Mackenzie y las interpretaciones del excelente elenco, quienes crean una historia fascinante de principio a fin en la que a final de cuentas nos daría igual ver a cualquiera de los dos bandos ganar, ¡decime la última vez que te pasó eso!

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2582782/