Arrival (2016)

Probablemente ya haya dicho esto sobre alguna otra película, pero banquen, porque es verdad también para Arrival, y es que esta película parece haber sido ideada por un grupo de personas que se juntaron y dijeron “¿y si combinamos pila de las cosas que le gustan a Scarlett en una sola película?” y de esta forma crearon la maravilla que es Arrival. Qué son algunas de estas cosas, se preguntarán. La traducción, los lenguajes, la concepción del tiempo y la memoria, dilemas existenciales, la música de Max Richter y por sobre todas las cosas, los aliens. Realmente siento que no puedo pedir más, pero claro, una cosa es tener los elementos para crear algo fantástico, otra cosa es crearlo; así que ahora faltaba ver si el director canadiense Denis Villeneuve (el mismo de Sicario) los podía combinar de una manera interesante.

Comencemos con la premisa básica: tenemos a Amy Adams interpretando a Louise Banks, una lingüista bastante pro y que tiene una seguridad en sí misma de estilo sutil, que me recordó a personajes como Clarice Starling de El silencio de los inocentes. El día a día de Louise es muy tranqui, trabaja como profesora en una universidad, nada muy loco, pero con la llegada de unas naves del espacio a la tierra, le llega a ella también la oportunidad de probar algo diferente con sus talentos. La oferta del ejército consiste en reclutarla para que logre traducir el lenguaje de los aliens que llegaron en esas naves y que si bien no hacen mucho más que quedarse ahí dentro esperando, parecen dispuestos a intentar alguna forma de comunicación. Así es como lo que quizás sería el evento más importante en la historia de la humanidad pasa a estar bajo la responsabilidad del equipo liderado por Louise y también por un físico llamado Ian (interpretado por Jeremy Renner). Pero cero presión.

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A partir de esto la película gira en torno a los avances que hacen Louise e Ian con los aliens y la forma en que el descubrimiento de este nuevo lenguaje afecta a la lingüista de maneras insospechadas pero verdaderamente fantásticas. Demás está decir que no voy a contarles ningún spoiler, pero para hacerles una idea, entre las genialidades que ocurren en la película, está la representación más extrema de una popular teoría de la lengua que dice que es el lenguaje lo que determina nuestra percepción del mundo y que si nos sumergimos completamente en otra lengua, podemos lograr resetear nuestro cerebro y percibir el mundo de una manera completamente diferente. En fin, así como el guión de Eric Heisserer  (recién descubro que es el mismo del remake de The Thing) basado en la historia de Ted Chiang, lidia con este tema de una manera novedosa y fascinante, es la forma en que lo combina con una gran variedad de temáticas de una manera orgánica y fluida lo que lo hace destacarse sobre el resto. Esto no es una película de Nolan donde las ideas parecen escapárseles al escritor/director, dejándote con esa molesta sensación de que en manos de un equipo más competente lo que eran grandes ideas podían convertirse en grandes películas. Arrival no sufre de ideas demasiado grandes, ni tampoco de diálogos expositivos que rompan con su fluidez (aunque admito que hay una narración que resulta un poco desencajada, pero muy útil), ni con alardes de intelectualidad no realizada opacada por despliegues innecesarios de CGI, Arrival es una película que tiene completa seguridad en sí misma y sabe perfectamente quién es. Está clarísimo que Villeneuve tenía muy claro lo que quería lograr y cuando la película termina, queda doblemente claro que realmente lo logra.

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Lo mejor de todo es que si bien hasta ahora parece que la aproximación de Villeneuve a la historia es altamente intelectual, se sorprenderán de saber que el mayor impacto de la película está a nivel emocional. Porque detrás de todos los fascinantes conceptos que se manejan -muchos de los cuales ni voy a mencionar- el momento climático impacta por su humanidad, se trata de un punto en la vida de Louise que trasciende toda lógica sin por ello convertirse en sentimentalismo barato, una decision tan devastantemente conmovedora que logra bajar a tierra (qué expresión ideal, ¿no?) cualquier pretensión intelectual de la película para conectar con nosotros a un nivel puramente emocional. Es la manifestación máxima de lo que es el personaje de Louise, un personaje que por momentos parece perderse bajo la cantidad de conceptos interesantes que maneja la película, pero que si prestamos atención se nota que se construye y desarrolla junto con la trama, revelándonos de a poco quién es hasta que se hace evidente que tanto la historia dentro de la película como la película en sí misma jamás habrían funcionado sin un personaje como este, con una forma de razonar que me llena de orgullo para quien es una representante de la raza humana, y una de las primeras claves de esto está en la forma en que de hecho se hace con este puesto de trabajo al comienzo del filme. Y aquí corresponde darle una merecida mención al único miembro del elenco que vale la pena: Amy Adams. Sinceramente no es una actriz que me despierte pasiones y de hecho tiene algo que me parece un poco irritante, pero no puedo negar que al momento de actuar la mina derrocha talento y se mete debajo de la piel de Louise con una maestría espectacular; en particular destaco cierta humildad en su interpretación, no busca hacer grandes despliegues sino que confía en la sutileza de una interpretación honesta y la verdad es que no hay absolutamente nada que criticarle.

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Pero parece que llegó el momento para revelar que aunque amé esta película con toda mi alma, hay un par de cositas mínimas que no me gustaron, porque sí, soy insoportable y a todo le encuentro algo. La más importante está en quizás la ejecución de los diálogos, y acá déjenme ser clara, el contenido de lo que se dialoga suele estar genial, pero por aquí y por allá se cuela alguna línea un poco demasiado hollywoodense (quizás sea la inspiración de Contacto o de Spielberg), pero más allá de esos momentos casi imperceptibles, la película hereda muy poco del estilo de los grandes estudios. El diseño de producción está espectacular, por supuesto, y tiene momentos fotografiados con una destreza especial (noten por ejemplo la primera vez que vemos bien una de las naves alienígenas) aunque por momentos algunas escenas parecen estar un poco oscuritas. De cualquier forma, la verdadera estrella a nivel técnico es la música, primero me gustaría destacar la hermosa humanidad de la canción de Max Richter que abre y cierra la película con una simetría sublime y segundo la combinación de esta con los sonidos que realmente parecen venir de otro mundo del excelente compositor Jóhann Jóhannsson. La música, en particular la canción de Richter, son aspectos integrales de la película y evidencia adicional de la increíble visión de Villeneuve.

Y hablando de Villeneuve nuevamente, cerremos con él, porque de verdad Arrival es la obra de un artista en el pico de su carrera, una obra tan impactante como controlada, donde realmente se siente que todo el equipo estaba empujando para el mismo lado, liderados por un director con una visión clarísima, logrando un filme que termina y te deja con una sensación de que acabás de ver algo realmente maravilloso, que te obliga a mirar al que tenés al lado y hacer una pequeña negación con la cabeza, apretando los labios con una sonrisa, pensando “no puede ser”, porque obras así de lindas hay pocas y cuando llegan no podemos evitar pasar por unos segundos de incredulidad. Pero mirando Arrival queda clarísimo, llegar, llegan.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2543164/

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Fantastic Beasts and Where to Find Them (2016)

Vamos a empezar con una nota personal: el mundo de Harry Potter fue re importante en mi vida. Creo que empecé a leer los libros cuando recién había salido el tercero y a partir de ese momento cada lanzamiento de un nuevo tomo era básicamente mi momento más esperado del año. Recuerdo haberme devorado los libros más gruesos sin interrupciones, leyendo mientras comía, caminaba y hacía otras cosas terminadas en -aba. Luego me agarré la costumbre de releer todos los anteriores antes de que saliera el último, así que algunos los llegué a leer más de diez veces, alternando entre inglés y español, ¿porque por qué no, no? Luego con el advenimiento de las películas era de esas que criticaba todos los cambios y me quejaba de las cosas que no incluían que me parecían re importantes y más tarde, con las últimas de la saga, ya no recordaba tanto el detalle del libro y las disfrutaba como una oportunidad para revivir ese fantástico mundo creado por J.K. Rowling. A lo que voy es que si vos sacás una de las películas de Harry Potter y la analizás fuera de su contexto, sí, la verdad es que la mayoría no son súper, pero no funcionan así, son parte de un imaginario que acompañó a toda una generación de jóvenes y el valor emocional que tienen para cada uno de nosotros trasciende a cosas como que Emma Watson era un queso actuando o que la dirección de Yates en las últimas se puso un poco solemne en exceso.

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Animales fantásticos… entonces busca crear otra de estas sagas que sirvan la doble función de evocar esos sentimientos nostálgicos en las generaciones Pottereanas mientras crea una nueva base de fans en los jóvenes de ahora. Por ahora no me consta que este grupo de nuevos personajes logre crear el impacto de Harry, Ron y Hermione, pero desde mi punto de vista decididamente parcial, debo admitir que la idea de tener más chances de explorar el mundo de la magia de Rowling me entusiasmó bastante. Realmente hay que agradecerle a J.K. porque quién hubiera dicho que nosotros los fans de los libros íbamos a tener una oportunidad de ver películas sobre este mundo sin saber lo que iba a pasar de antemano. Dicho esto, el debut de Rowling como guionista (las otras películas eran adaptaciones de sus libros mientras que esta la escribió ella directamente para la pantalla) deja algunas cosas que desear. Si bien el título de la película remite a los animales fantásticos y la trama aparentemente gira en torno a Newt Scamander, un escritor especializado en animales mágicos y sus aventuras en Nueva York, las criaturas, aunque generalmente fascinantes, resultan un tanto secundarias. Sí, la película tiene algunas escenas medio Pokémon Go de captura de animales y toda la cosa, pero en realidad Animales fantásticos… se siente como una preparación para lo que se vendrá en las secuelas, con un villano para reemplazar a Voldemort que hace su primera aparición en un mini cameo que no voy a revelar por si no lo saben.

Scamander, interpretado por el afectadísimo Eddie Redmayne, es un personaje que a mi juicio funcionaría mucho mejor como sidekick (secuaz) que como principal. Es un poco demasiado bizarrito y ni cerca de lo suficientemente carismático, pero estoy dispuesta a darle una chance a Rowling para que profundice un poco más en él. Las circunstancias de sus aventuras lo acercan a Tina (una genial Katherine Waterston), una ex-aurora noble pero torpe e innegablemente adorable, su hermana Queenie (una gata, pero no muy talentosa con la magia) y el muggle Kowalski (Dan Fogler, el más destacado del elenco), un divino súper inocente y amoroso al que le re pinta toda la movida de la magia. El grupete se enreda por aquí y por allá con aspectos del guión que se divagan y mezclan con torpeza, mientras nos dan a conocer la Nueva York de los años 20 y lo que es la organización de magos de esta ciudad, en donde aparece Colin Farrell, un casting que me parece de lo más random que vi en mi vida. Lo interesante es que si bien la trama de la película en sí dejó que desear, la construcción y desarrollo del mundo mágico permanecieron fascinantes: cada detalle que mostraban del mundo de los magos y brujas de Nueva York, de la época, los bares y ministerios, las criaturas mágicas en sí mismas, las magias oscuras con sus metáforas históricas (realmente el concepto de los obscurus me encantó), en fin, todo el detalle que se colaba indefectiblemente por la mediocridad de la trama fue un verdadero encanto.

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A pesar de que la película gira en torno a la magia, a mí me faltó un poquito de esto. Algo que tenían las películas anteriores era esa atmósfera de maravilla, una especie de inocencia de descubrimiento, una sensación de que todo era posible y que habría una sorpresa esperando a cada momento. Por momentos la ingenuidad del muggle Kowalski nos acerca a estos sentimientos, pero en general la película me resultó bastante apagada. No ayudó tampoco que el director Yates esté obsesionado con esa fotografía oscura y sombría y que la música de James Newton Howard, aunque decente, permaneció bastante sutil; nada igualó esos segundos de emoción cuando aparece el título de la película y se escucha la clave musical del inigualable John Williams, extraído por supuesto de las películas de Harry Potter. Sin embargo, la decoración y vestuarios estaban hermosos y los efectos especiales hicieron lo suyo. Los intentos de humor no siempre daban en el blanco pero un par de risas metí. Y luego está el temita de la edición, con la que tuve bastantes problemas; detesté la forma en que editaron las escenas de acción, mucho corte, mucho ángulo para un revoleo de varita, quedate quieto haceme el favor, y no me queda claro si fue un tema del guión mismo o de lo que dejaron afuera en el corte final, pero algunos saltos narrativos se hicieron muy confusos porque faltaban transiciones.

En fin, si llegaron hasta acá capaz que les pareció que medio que odié la película, cuando en realidad no fue así. Simplemente me encargué de desahogarme de los problemas principales que tuve con ella, pero a grandes rasgos fue una experiencia disfrutable, especialmente gracias al ornitorrinco mágico. Por ahora yo elijo verla como una especie de primera prueba de lo que será esta nueva saga y elijo también tenerle fe al equipo para corregir algunas de las cosas que no funcionaron en esta primera entrega. Después de todo, las dos primeras de Harry tampoco fueron la gran cosa. Lo que aún no estoy preparada para hacer es entregarme al cinismo de los que acusan a Rowling de avara por querer seguir “currando” con este mundo; la mina me dio una de mis cosas favoritas de mi niñez/adolescencia y de donde sacó toda esa magia seguro que puede sacar más, y aún en sus peores momentos, el mundo de estos magos y brujas siempre vale la pena: te cambio 10 Marvels por 1 de estas. Así que, arriba J.K. y todos mis compañeros potterheads, vamos por más.

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3183660/

Mária Svarbová y sus inquietantes piscinas eslovacas

Al parecer Mária Svarbová es una fotógrafa eslovaca, pero la primera vez que me topé con su obra pensé que era más bien una artista plástica. Es que sus fotografías, en particular la serie que compartimos debajo, están enmarcadas con un nivel de detalle y composición tan preciso que parece irreal. Creo que lo que más me sorprende a mí es lo estáticas que resultan, si bien la fotografía consiste de capturar un instante, no por ello es un arte que carece de movimiento, pero Svarbová logra una calma medio espeluznante, creando atmósferas completamente inertes.

Sus primeros estudios estuvieron relacionados con la conservación y restauración de obras de arte, lo cual le generó un interés por las artes plásticas que definitivamente se ve reflejado en su obra fotográfica. Sus fotos tienen un componente surreal y de ensueño y suelen manejar una paleta de colores de delicados pasteles. A su vez, Svarbová opta por tener humanos casi robóticos en sus fotografías, con expresiones vacías, o más bien, con rostros inexpresivos y desconectados. Son humanos deshumanizados, ya que en parte su idea es presentar la automatización con la que vivimos, la eterna rutina carente de sentido. Yo diría que esta serie hasta tiene algo de clínico, más que escenas de piscinas por momentos parecen hospitales, escenas prístinas pero sin vida.

Su obra es altamente atmosférica, evocativa y minimalista y tiene una cierta pureza que yo encuentro perturbadora, quizás porque el tipo de reflexión que inspira no es del todo alentadora.

Ella misma ha dicho sobre su fotografía: “A partir del re-trabajo del concepto de la fotonovela que se originó a través de una combinación del cine y las historietas, mis fotografías son sucesiones de escenas cortas en las cuales la frontalidad y la ausencia de contrastes eliminan cualquier tipo de dimensión narrativa para dar lugar a la plenitud de la superficie fotográfica.”

Les dejamos su sitio web para que puedan ver sus otros increíbles trabajos: http://www.mariasvarbova.com/ y acá debajo una muestra de su serie “Swimming Pool”.

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