Sergio Bizzio – El escritor comido

Si David Lynch escribiera una novela, seguramente se parecería mucho a El escritor comido del autor argentino Sergio Bizzio. De hecho, me pareció una novela sumamente cinematográfica, tanto así que creo que en manos de un buen director, como el mencionado Lynch o se me ocurre quizás Paul Thomas Anderson, hubiera sido incluso hasta más impactante en cine que en su formato original, pero bueno, no me voy a concentrar en lo que podría haber sido sino en lo que es.

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La historia inicialmente parece tratar de un escritor de best-sellers pedorros, una especie de Paulo Coelho pero considerablemente más terraja (ya que estoy, cabe mencionar que Paulo Coelho aparece como personaje en un brevísimo momento y parece un tipo bastante chill). Este escritor brasilero llamado Mauro Saupol se hizo famoso a base de libros de auto-ayuda disfrazados de novelas con moraleja. La historia comienza cuando tras la presentación de su biografía, la avioneta donde viajaba cae en una selva y él, el superviviente, decide hacerse pasar por muerto unos días para ver qué dice la gente sobre el fallecido autor.

Pero esta linealidad narrativa del primer capítulo desaparece abruptamente cuando comienza el segundo capítulo y te encontrás con un grupo de personajes diferentes y un contexto también distinto. Es más, los 5 capítulos que componen la novela tienen cada uno una nueva perspectiva de la vida de Mauro Saupol, y, lo que es incluso más interesante, un estilo marcadamente distinto al resto. Dentro de estas particularidades, el propio Bizzio compara su novela con El corazón de las tinieblas de Conrad, Impresiones en África de Roussel y Muerte en Venecia de Manny destaca como inspiración visual la película Apocalypse Now de Coppola (¿ven que es cinematográfico?). Yo agregaría elementos de La piel que habito de Almodóvar y ahí quizás se podrían hacer una idea de la ensalada de influencias estéticas y narrativas que tiene esta novela.

Por lo demás, es un libro de lo más satírico. Al principio la cantidad de meta comentarios y observaciones cínicas me dieron un poco de miedo de que me terminaran hartando, pero realmente Bizzio escribe con una inteligencia tan aguda y con un sentido del humor tan fresco que es esto lo que me terminó gustando más del libro. Pero este comentario ácido sobre el mundillo de la literatura comercial es tan solo uno de los varios planos que se tratan en la novela. Debo decir que la historia en su plano más superficial me dejó de interesar a medida que iban cambiando las perspectivas, así que a nivel puramente anecdótico no me resultó demasiado interesante. Pero la destreza de Bizzio por cubrir los distintos géneros literarios y su fantástico sentido del humor fueron más que suficientes para disfrutar El escritor comido. Tiene una forma de describir los procesos mentales internos de un personaje y cómo esto es visto desde afuera con un poder de observación que pocas veces he visto. Y aquí me permito hacerle una mención al último capítulo, que gira en torno a un par de adolescentes, porque quedé verdaderamente impresionada con el realismo de la construcción de estos personajes y la forma en que interactuaban entre sí. No es fácil darle forma y voz a adolescentes, pero Bizzio sin lugar a dudas lo logra.

En conclusión, es una novela muy divertida y extremadamente original, por momentos muy graciosa y por momentos un tanto fuerte, que opera en distintos niveles, a mi ver algunos más interesantes que otros (hay un trasfondo que tiene que ver con la identidad que a mí no me resultó pero quizás a otro sí) y que, sin lugar a dudas, está maravillosamente escrita. Completamente recomendado para una lectura ágil.

La chica desechó la oferta con un gesto y, subrayando su preferencia por dialogar en el interior del párrafo, entre comillas, dijo: “No digas que nos conocimos hoy; mi hermana odia que lleve extraños a casa. Decí que fuiste mi profesor de teatro y que hace años que no nos vemos”. “Es que yo”, dijo Saupol, “de teatro no sé nada”. “¿De qué sabés?”. “De música, de literatura”. “¿Qué música?”. “Comercial”. La chica lo miró de arriba abajo: no podía creer que a un hombre de su edad le gustara la música comercial. Y al mismo tiempo… “¿Qué literatura?”, le preguntó. “Punk”, dijo Saupol. “¿Punk? ¿Literatura punk? ¿Qué es literatura punk?”, dijo ella. “¿Punk?”, preguntó Saupol. “Dijiste literatura punk”, dijo ella. “¿Yo dije punk?”, dijo Saupol llevándose un dedo al pecho.

Veredicto: 3.5/5

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