Vivien Leigh: de Scarlett O’Hara a Blanche DuBois a mi corazón

Hace muchos años atrás, cuando Facebook todavía era algo que provocaba desconfianza y miedos de identidades robadas y psicópatas acechando tras cada solicitud de amistad (algo que quizás no cambió, pero al menos parece no importarnos tanto), decidí hacerme un perfil con mi fiel alias de Internet que utilizaba para todas las cuentas, un nombre que nunca cambié y que está tan estrechamente asociado conmigo que mucha gente desconoce el nombre que me dio mi madre, para conocerme simplemente como Scarlett. ¿Por qué Scarlett? Scarlett es el nombre de la protagonista de Lo que el viento se llevó, una de mis películas favoritas desde que tengo memoria y la actriz que la interpreta, Vivien Leigh, es una de mis mayores inspiraciones.

Un 5 de noviembre del año 1913 nacía Vivian (en ese entonces con “a”) en la India controlada por Gran Bretaña, hija de padres ingleses. A mí me gusta imaginarme que desde ese entonces se destacaba por arquear su ceja derecha en el gesto más expresivo y memorable que le haya visto a ningún actor. De hecho, fue la inspiración de muchos días pasados frente al espejo tratando de imitar esa arqueda monumental, aunque con éxito muy limitado. Pronto Vivien volvería a Londres donde eventualmente comenzaría su carrera como actriz en su escenario más querido: el teatro. Tiempo después de convertirse en una estrella de Hollywood se la oía decir que no se consideraba una estrella de cine, ella siempre fue tan solo una actriz. En fin, no es mi intención detallar su biografía ni mucho menos, pero sí me gustaría destacar sus dos personajes más memorables: la ante-mencionada heroína de Lo que el viento se llevó, Scarlett O’Hara y la protagonista de Un tranvía llamado deseo, Blance DuBois.

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Lo que el viento se llevó es una película épica (épica de verdad, son 4 horas, pero pasan volando) que trata de la caída de las costumbres y vida sureña de los Estados Unidos luego de la Guerra Civil, todo visto a través de la familia de los O’Hara, especialmente a través de la mirada de Scarlett. Cuando se anunció la producción de esta película, luego del éxito que había sido la publicación de su libro, hubo un gigantesco revuelo entorno a quién interpretaría a Scarlett. Se hicieron incontables audiciones y todas las estrellas del momento luchaban por el papel, pero muy fiel a lo que sería su personaje, fue Vivien la que finalmente se hizo oír por sobre el resto. Interpretar al epítome de una chica sureña (o una “Southern belle”), siendo una actriz mayormente de teatro, casi completamente desconocida y encima británica era como mínimo un desafío como mucho un hito dentro de la historia del cine. Y todo esto que tenía en contra hace tanto más deliciosa su increíble victoria. Nadie que haya visto Lo que el viento se llevó podría siquiera imaginarse a otra persona en el papel.

¿Por qué me gusta tanto su personaje? Porque me parece uno de los personajes más honestos, reales y atrevidos que haya producido Hollywood jamás. Scarlett es una chica a la que le sobran defectos, un personaje que irrita a muchísima gente y una protagonista por la que no todos logran total simpatía, pero nunca pude entender a estas personas. Scarlett es egoísta pero tiene en cuenta el bien común de su familia a largo plazo, es manipuladora y fría, porque debe serlo para sobrevivir en una época en que quedaron arruinados sin nadie que saque a la familia adelante, es interesada y materialista, porque supo lo que es estar muriéndose de hambre y se prometió no volver a sentir eso en su vida, y es una esposa y madre menos que ejemplar porque nunca pudo volver a su rol de persona querida y amada y tuvo que mantenerse siempre en guardia para afrontar el próximo mal que la golpee. Es todas estas cosas, pero también es una joven que pasó de ser la chica más linda del baile -cuya única preocupación era qué ponerse para la fiesta-, a tener que mantener su hogar (estamos hablando de una mansión propiamente dicha, con sus plantaciones y sus esclavos), proteger y alimentar a su familia, y muy decisivamente encargarse de todas las responsabilidades que en un/su mundo ideal, jamás hubiera tenido. Y ella toma todo esto con una energía tan vital, con unas ganas de salir adelante, con una adaptabilidad tan impresionante… la fuerza con que abandona su vieja vida y su vieja yo y su vieja forma de ser mujer para ser esta figura tan fuerte, independiente y valerosa es simplemente avasallante.

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Curiosamente, en Un tranvía llamado deseo también interpreta a una chica sureña, pero en este caso es muy diferente. Ya no es una joven energética y pragmática, sino una señora tan entregada al mundo de los sueños y la fantasía que casi no tiene contacto con la realidad que la rodea. Esta adaptación de Elia Kazan es mucho más conocida por ser el rol que dio a conocer a Marlon Brando, con su remera ajustada, sucia y sudorosa y su energía animal. Brando popularizó el estilo de actuación llamado El Método, un estilo mucho más similar al que estamos acostumbrados hoy en día pero que en 1951 contrastaba muchísimo con las formas clásicas de Vivien. Pero lejos de ser esto un problema, al contrario: Stanley Kowalski, el personaje de Brando, el que se rasga las remeras gritando Stellaaaaa, es un hombre básico, violento, primitivo, pasional, un tipo que derrocha sexualidad, pero al fin y al cabo, un hombre del pueblo. Por el contrario, Blanche es delicada, vulnerable, fantasiosa, una intelectual con la mentalidad frágil de una artista, y los modos más afectados de la actuación clásica de Vivien construyen el personaje como si hubiera sido creado para ella.

Endstation Sehnsucht / Streetcar Named Desire, A USA 1951 Regie: Elia Kazan Darsteller: Marlon Brando, Vivien Leigh Rollen: Stanley Kowalski, Blanche Dubois

¿Por qué me gusta Blanche? Si hay algo que comparte con Scarlett es su pasión, definitivamente no por las mismas cosas, ya que en Scarlett es un sentimiento más terrenal mientras que en Blanche pertenece completamente al mundo de su imaginación. Ella es una idealista, romántica, neurótica hasta la médula, vanidosa (también como Scarlett), una mujer atada a los buenos modos pero completamente inestable, una señora que llega a la casa de su hermana y su cuñado buscando escapar de una vida de promiscuidad y vergüenza que contrastan con cómo se muestra a los demás, pero es su vulnerabilidad que casi parece arder en carne viva lo que la hace un personaje tan fascinante de ver. La vemos deshacerse frente a nuestros ojos, vemos su debilidad, su vanidad sucumbiendo ante su inseguridad, todos los sueños que tenía para sí misma pendiendo de un hilo de inestabilidad mental que, al chocar contra la violencia de Kowalski, se termina haciendo añicos. Es verdaderamente impactante de ver, y más al saber que la propia Vivien Leigh estaba batallando contra su bipolaridad y muchos, incluyéndola a ella misma, admiten que interpretar este desafiante papel (tanto en el teatro como en la película) la acercaron considerablemente a la locura.

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Muchos quisieron encontrarle faltas a la leyenda que es Vivien Leigh: al principio porque su belleza la desacreditaba como actriz, luego porque se casó con Laurence Olivier quien simultáneamente opacaba su llama y ponía en duda el porqué del éxito que comenzó a tener como actriz, y más tarde por su recurrente ansiedad, bipolaridad, depresión y paranoia y la enfermedad que finalmente la mató: tuberculosis crónica. Pero pocas personas me hicieron sentir tanto como Vivien Leigh, pocas veces la ficción ha nutrido tanto mi entendimiento del ser humano: con Vivien aprendí que no hay absolutos, que somos todos diseños en escalas de grises y que siempre alguno de esos grises va a ser hermoso, con Scarlett me hizo creer posible que no importa cuanta mierda te tire la vida y cuan poco preparado estés para lidiar con ella, podés encontrarle la vuelta, que a veces es mejor rendirse por un día para lucharla al siguiente y que otras veces nos encaprichamos tanto con algo que creemos que queremos, que perdemos de vista todo lo que ya logramos; me hizo creer que aunque me obstine en mis equivocaciones y me dé cuenta de mis errores muy tarde, siempre vale la pena intentar corregirlos. De Blanche aprendí que ser generoso con los extraños puede tener mucho más peso del que creemos, que hay que respetar y cuidar la vulnerabilidad de quienes se abren con nosotros, que ser intencionalmente cruel es una de las peores cosas que podemos hacer, y por sobre todas las cosas, que el corazón de un ser humano no es algo lógico que podemos etiquetar y catalogar, sino que es dinámico y fluye y hay que saber acompañarlo.

En fin, este último párrafo me emocionó y con esto me despido, me despido como una Florencia que tiene un poquito de Scarlett, otro poquito de Blanche y otro de Vivien. Y me despido con ganas de que se acerquen, al menos un poquito, a la magia que fue Vivien Leigh.

Vivien-Leigh-Flowers

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9 comentarios el “Vivien Leigh: de Scarlett O’Hara a Blanche DuBois a mi corazón

  1. luciagreco dice:

    5 Scarletts! o 5 Blanches! que vendría siendo lo mismo

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  2. Respect querida Scarla 😉

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  3. marian dice:

    Muy buena

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  4. Anónimo dice:

    excelente artículo

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  5. Kena Álvarez Ferreira dice:

    Me emociona leer respecto a Vivien Leigh, entiendo muy bien el dolor de una vida difícil, pero además de eso entiendo la fortaleza para poder levantarse de nuevo después que la vida te ha hecho caer una y tantas veces. Felicitaciones por el artículo.

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  6. Josè Bustos dice:

    Muy bueno el artìculo. Lo que màs me impactò de “Lo que el viento…” fue el magnetismo, la belleza y la fuerza arrolladora de Scarlett O`hara, magnìficamente encarnada por Vivien L. Màs tarde vi “Un tranvia…” y volviò a impactarme V.L. con su soñadora, vulnerable e inestable Blanche, un peersonaje que se atrinchera en su mundo de fantasìa, mundo violado y derrumbado por la brutalidad de Stanley Kowalski. Blanche es, en definitiva, un alma que se quiebra y se desintegra a lo largo de la obra. Exquisita actuaciòn: llena de matices, de recovecos. Otra interpretaciòn magnìfica, tambièn basada en una obra de Tenesse Williams (en este caso novela) es “La primavera romana de la señora Stone”, aquì V.L vuelve a desnudar su interioridad y nos pone frente a los ojos, como en un espejo, el proceso de envejecer en soledad.

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    • Scarlett dice:

      ¡Hola José! Gracias. 🙂 También la vi sí, me gustó mucho, otro papel súper vulnerable para Leigh y sobre un tema que hasta hoy en día no parece tocarse mucho: el envejecimiento. Me parece además súper interesante que una actriz británica haya trabajado con referentes del sur de Estados Unidos, tanto los trabajos de Williams como Lo que el viento… tienen ese contexto, me pregunto si le atraían particularmente o si será casualidad.

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