Viajando con The Chemical Brothers

A pocos días del concierto de The Chemical Brothers en Montevideo, ya se puede sentir esa anticipación que genera la llegada de una banda importante, más si se trata de algo tan diferente a lo que estamos acostumbrados a recibir en esta ciudad. Para ir preparando el ambiente, recordamos algunos de los momentos en el que sus beats e imágenes se unieron perfectamente en viajes audiovisuales difíciles de olvidar. Me refiero a los videoclips, esos que tanto nos gustaba ver en MTV y en los que se invertía en dinero y creatividad back in the good old days.

En aquellos tiempos, el aspecto visual (ya fuera a través de los videos o por la producción escénica) era el que potenciaba la música de los artistas, lo que formaba su imagen y ayudaba a promocionar sus discos, no simplemente shockear, como sucede hoy en día. Si bien esto se daba en todas las escenas musicales, quizás eran las bandas que no tenían a una persona frente al micrófono las que dependían más de la colaboración de otros artistas para transmitir su energía. Y, desde el punto de vista de un director, ¿qué mejor que contar con sonidos electrónicos pegadizos para dejar volar la mente?

Si hablamos de este tipo de contenidos, varios de los de The Chemical Brothers están en la lista de los más experimentales y visualmente estimulantes. Algunos incluso abrieron nuestra mente al mundo de la electrónica y nos mostraron los efectos de las diferentes drogas desde un aspecto puramente sensorial. En definitiva, varias de sus canciones no transmiten necesariamente un mensaje, sino que te invitan a una experiencia que potencia tus sentidos. El viaje (sea cual sea) es el mensaje.

Esa experiencia a la que somos invitados va cambiando. Por ejemplo, no es lo mismo la de “The Test” que la de “The Golden Path”. Sus energías son distintas, la invitación no es la misma. Al igual que las drogas generan sensaciones muy distintas, los videos de The Chemical Brothers presentan un gran abanico de atmósferas. Viajemos, sin necesidad de ninguna sustancia y desde la seguridad de nuestras computadoras, con la siguiente selección de videoclips. 

 

El viaje del trabajo – “The Golden Path”

Director: Chris Milk

¿Quién no se sintió como el protagonista? Más allá de reflejar un sentimiento que tenemos en común varios trabajadores de oficina (el de querer escaparnos a toda costa de las tareas rutinarias y carentes de sentido), transmite esa sensación de querer más de la vida. Este viaje no es producido por algo químico, es el que nos ocasiona la saturación, el automatismo y estrés de hacer las mismas tareas en un mismo contexto, la mayor parte de la semana, una y otra vez.

Y si acaso ya estás muerto por dentro, la dulce voz de Wayne Coyne de The Flaming Lips te ayuda a captar el mensaje positivo del video: todavía estamos a tiempo de mandar todo al carajo.

 

El viaje de la paranoia – “Setting Sun”

Directores: dom&nic (Dominic Hawley y Nic Goffey)

El tema de mujeres que tienen malas experiencias con sustancias se toca en varios clips del dúo. Y si bien tienen similitudes en la narrativa (por ejemplo, en mostrar el punto de vista de la protagonista), el ambiente (y la droga que se sugiere) varía.

“Setting Sun” nos presenta el punto de vista de una persona que está viviendo un estado de confusión en el que no puede diferenciar entre lo que es real y lo que es imaginario. Gracias a recursos como planos subjetivos con movimientos frenéticos y la poca distinción entre la realidad y la fantasía, es que ese sentimiento de persecución y paranoia de la droga se proyectan junto con la canción. Y no olvidemos la aparición de una de las cosas más perturbadoras que te puede suceder: ver a tu doppelgänger, la receta perfecta para una pesadilla química.

Bonus: recordar lo cool que era la estética de la escena rave británica de los noventas.

 

El viaje de la coreografía – “Let Forever Be”

Director: Michel Gondry

No hay nada más que hacer que simplemente hipnotizarse con el increíble trabajo de la coreografía y el montaje. Esta combinación forma una especie de caleidoscopio que refleja de manera hermosa la percepción del sinfín de una vida rutinaria y predecible. 

And how does it feel like to spend a little lifetime
Sitting in the gutter screaming symphony

También es fácil identificarse con el sentimiento gracias a la actuación de la actriz y bailarina Stephanie Landwehr. Incluso si no te llega el mensaje, podés sentir empatía gracias a la forma en que manifiesta lo que está sintiendo.

 

El viaje del director – “Star Guitar”

Director: Michel Gondry

Sí, el viaje nuevamente es de Michel Gondry, la mente detrás de la idea de acompañar una canción compuesta casi únicamente por sonidos con un recurso visual original. ¿Qué se le ocurrió a Michel? A través de una toma continua de la vista de una ventana de un tren, se nos muestra un recorrido que al comienzo parecería ser monótono pero los beats que van apareciendo en la canción intervienen en el paisaje. Un concepto similar al que tuvo con “Around the World” de Daft Punk, pero resuelto de manera distinta.

En “Star Guitar”, cada armonía, ritmo o sonido que se presenta en la canción se ve reflejada en elementos visuales, no a lo Windows Media Player, sino a través de elementos urbanísticos o naturales. Al parecer, las tomas las filmó el mismo Gondry durante unas vacaciones en Francia. Se puede decir que este video es literalmente un viaje, ¿no?

 

El viaje de ser raro – “Hey Boy, Hey Girl”

Directores: dom&nic (Dominic Hawley y Nic Goffey)

Con esta canción es imposible no hacer un video con una energía tenebrosa que lo acompañe. Si bien esta es la clave del video, estamos frente a una historia en la que un elemento tan creepy como el esqueleto humano es la obsesión que ha tenido una mujer a lo largo de su vida.

Lo más atractivo del videoclip es su estética, que muestra a un Londres frío pero cool. Incluso parte de la acción se desarrolla en el mítico club Ministry of Sound. Las apariciones de los simpáticos esqueletos bailando rompen con el tono serio del video y la canción, lo que le quita de cierta manera la turbiedad de lo que está sucediendo.

 

El viaje del ácido – “The Test”

Directores: dom&nic (Dominic Hawley y Nic Goffey)

Este es quizás el video más interesante de analizar, al menos desde el punto de vista semiótico. La cantidad de signos, símbolos y metáforas que se utilizan para reflejar la experiencia que está teniendo una adolescente de ácido, en medio de una fiesta, es impresionante.

Con una canción increíble, destacada sobre todo por el timbre de voz de Richard Ashcroft, el aspecto visual resalta ese viaje que se transmite en la letra, y refleja la introspección del estado.

Pictures and things
That I’ve done before
Circlin’ around me
Out here on the floor
I’m dreamin’ this
And I’m dreamin’ that
Regrettin’ nothin’
Think about that

Si la pregunta es si el video se plantea como una apología a las drogas o hace lo contrario (la letra de la canción parece serlo), es mejor juzgarlo por nosotros mismos. Quizás la cuestión es: ¿está bueno sentir que estás inmerso en las profundidades del océano? ¿Y qué tal la sensación de que te traga una ballena cuando entrás a la fiesta? ¿Y ver las luces del club como medusas fluorescentes? Será cuestión de gustos y de ver si querés pasar el acid test….

Ahora la pregunta es: ¿qué viaje vas tener el martes? You’ve been warned.

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Mi obsesión con una muñeca rusa

Desde que comenzamos este blog me puse como objetivo escribir sobre temas que considero interesantes o que han sido relevantes de una manera u otra en mi vida. Hace años que vengo guardando posibles tópicos para compartir, y fue cuando tuve que pensar en un artista sobre quien escribir que mi mente encontró la respuesta más extraña pero lógica de todas: Sasha Pivovarova.

Gracias a mis expertas habilidades de procrastinación, me he encontrado con personajes y contenidos a los que nunca habría llegado de no ser por la adicción por información que me genera Internet. Fue un día como estos que, mientras navegaba en el mundo de los bits, me topé con una artista que se convertiría en una de mis mayores inspiraciones.

No me acuerdo bien cómo llegué a Sasha, pero sí recuerdo que fue a través de una serie de entrevistas que le hizo el canal FashionTV que comencé a investigarla. La mujer rusa del apellido complicado es conocida por ser una de las modelos más importantes de la última década. Ha sido imagen de las marcas más codiciadas, aparece en cientos de tapas de revistas, abrió desfiles de las firmas más importantes y es musa de varios fotógrafos establecidos.

Si bien lo primero que llamó mi atención fue el magnetismo que transmitía en imagen y movimiento, fue el misterio que proyectaba con cada palabra que pronunciaba en su tierno pero feroz acento ruso lo que mantuvo mi interés y generó la necesidad de descubrir más. Luego de obsesionarme lo suficiente con su portfolio como modelo (que, por cierto, va más allá del rol de modelo para acercarse al de performer), comencé a interesarme por las verdaderas pasiones de Sasha: el dibujo y la pintura.

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Lo que más me gusta de su arte es la soltura con la que se expresa y la libertad de hacerlo bajo cualquier soporte. Sasha dibuja y pinta sobre y con cualquier cosa que tenga a mano. Por ejemplo, durante las fashion weeks o sesiones de fotos se la podía ver dibujando con el maquillaje que tenía a mano sobre recibos que reciclaba. No existe formato convencional para ella, quien últimamente también ha demostrado interés por la fabricación de muñecas rústicas, la pintura sobre platos y dibujar en paredes.

Quizás lo más curioso de su obra es lo que retrata, que es básicamente su reflejo. Cuerpos estilizados, miradas felinas, pómulos definidos, gestos delicados y labios pronunciados son lo que convierten cada pieza de Sasha en un nuevo autorretrato. A pesar de esto, cada personaje tiene su esencia, como si la artista estuviera descubriendo un nuevo rasgo de su rostro. De esta manera, cada retrato es diferente pero pertenece a la misma serie, como si estuviéramos frente a una mamushka.

Sasha Pivovarova drawing a self-portrait backstage at Matthew Williamson

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Pero el mayor impacto visual de sus pinturas son los símbolos rusos que se pueden observar en las escenas que ilustra: desde su inspiración en los cuentos de hadas con los que se crió, la paleta que maneja, los detalles con los que ornamenta a sus personajes, los lugares y edificios que crea, así como en la línea que la caracteriza se puede encontrar una profunda conexión con el folclore de su tierra natal.

Sasha fue la clave para que descubriera nuevos intereses, como la moda, o animarme a retomar antiguos, como el dibujo. Además, se convirtió en mi principal inspiración a la hora de fotografiar o dibujar a mujeres: siempre busco a Sasha en cada cara femenina que retrato. Gracias a ella dejé (al menos en gran medida) de procrastinar y comencé a ejecutar. Me parecía tan inspiradora su frescura y acercamiento hacia los estímulos que la rodeaban que inmediatamente compré unos lápices y comencé a dibujar. Y es este poder creador lo que hace que me encariñe con ciertos artistas.

Pueden seguir a Sasha en Instagram para conocer más de cerca su trabajo.

Nadia Comăneci: o cómo el deporte también puede ser un arte

Esta es una de las únicas veces que me van a ver hablando de deportes, o quizás la única, pero es que la figura de Nadia Comăneci mueve algo en mí como si se tratara de un artista, y de hecho, viendo los videos de las rutinas que hacía Nadia en su época, es imposible negar que lo que ella hacía trascendía la gimnasia y el deporte, para convertirse en una obra de arte propiamente dicha.

Nadia es una ex-gimnasta que nació y se crió en la Rumania liderada por el dictador comunista Nicolae Ceaușescu, en un régimen brutal que duró 42 años y sometió a su población a muchísimas penas que no voy a trivializar en este posteo. Muchas veces le preguntaron sobre el durísimo régimen de entrenamiento que vivió durante esa época, entrenamiento que comenzó a los 6 años, pero ella siempre dijo que no le molestaba la exigencia, sino que le sirvió para llegar a donde está ahora. Nadia siempre reúsa ponerse en el lugar de una víctima.

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Ahora un poco de números: ganó 5 medallas de oro olímpicas, 2 medallas de oro en campeonatos mundiales y 9 medallas de oro en campeonatos europeos. Pero su mayor logro fue obtener el puntaje de un 10 perfecto en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976. Esa fue la primera vez que se otorgaba un 10 perfecto en toda la historia de las Olimpiadas. Lo gracioso fue que debido a que no había registro histórico de ese puntaje, los tableros de puntos no podían computar un 10, así que le asignaron un 1.00 porque era la única forma que tenían de mostrar el 10. O sea, los tableros no estaban preparados para computar su perfección, ¿entienden? Y fueron SIETE 10 perfectos. Poco después, los tableros fueron actualizados para poder mostrar esta cifra.

Cuando batió este récord fenomenal tenía 14 años. Y su reacción al obtener un puntaje que haría historia fue una sutil sonrisa. Muchas personas criticaron su falta de entusiasmo al recibir el puntaje, pero en una época en que la represión era moneda corriente, esa sonrisa de victoria me conmueve al máximo.

Como muchos otros atletas lograron para sus respectivos países, Nadia puso a Rumania en el mapa. No imagino lo que debe haber sido para los rumanos reunirse en torno de esta legendaria figura. Eso también ayudó a que el régimen de Ceaușescu se diera a conocer a nivel más mundial. El dictador la nombró “héroe del trabajo socialista” tras su victoria en Montreal, pero después la mantuvo bajo una estricta vigilancia. En 1989, ya retirada de la gimnasia pero siempre involucrada en el deporte, Nadie escapó de Rumania. Dijo sobre esto: “Era una prisionera en mi propio país. Toda la población estaba en mi misma situación. Todos tenían la obligación de hacer algo para sobrevivir. Era como estar en un río donde la corriente nos arrastraba a todos juntos. No iba a venir un bote salvavidas. Estaba bajo vigilancia, pero estaba acostumbrada a eso. ¿Qué podía hacer? Nadie pensaba en una revolución todavía. A finales de noviembre de 1989, decidí abandonar el país. Durante la noche, a través de bosques y lagos congelados, logramos cruzar hacia Hungría y luego llegar a Austria. Si hubiera tenido un pasaporte, todo habría sido más fácil, pero no tenía. Parecen cosas simples pero es difícil de explicar. No tenía miedo; yo sabía que era la única forma que tenía para recuperar mi libertad. Fue un instinto que seguí y no me arrepiento. Creo que lo que hice fue lo correcto.” Poco después de esto, con la revolución rumana y el juicio y ejecución de Ceaușescu, Rumania comenzó el camino hacia una sociedad más justa, lo que permitiría a Nadia volver a su querido país.

Nadia Comaneci, of Romania, dismounts from the uneven parallel bars at the Olympic Games in Montreal

Hoy en día Nadia participa de un montón de caridades e instituciones filantrópicas, algunas de las cuales fundó ella misma. Es una heroína rumana, una mujer que está orgullosa de su país y que ha hecho mucho por sacarlo adelante. Es un producto del régimen comunista, pero haciéndole honor al significado de su nombre, es más que nada un símbolo de esperanza. Es la única persona en recibir la Orden Olímpica dos veces, además de ser la más joven en haberla obtenido. Comăneci será para siempre recordada como una de las mejores atletas del mundo, reconocida por su innovación y originalidad, así como por su compostura estoica durante las competencias. Pero además, y todavía más importante, será para siempre una figura que te inspira a más, mucho más.

“No le escapo a un desafío por miedo. Al contrario, corro hacia él, porque la única forma de escaparle al miedo es pasarle por arriba.”


Dos películas que llevan la sicología a nuevos extremos

Experimenter (2015)

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Experimenter 
es una película difícil de criticar porque tiene todo para ganar y lamentablemente termina siendo bastante chata. Igual no nos apresuremos a descartarla, porque tiene cosas interesantes. Se trata del sicólogo social Stanley Milgram, un estadounidense que se destacó por sus experimentos sociales que comenzó en los sesentas, en especial por un experimento que hizo en la universidad de Yale que toma a la obediencia como tema de estudio. La película es narrada por su protagonista en una voz monótona y en un tono apático, rompiendo la cuarta pared a todo momento e incorporando elementos visuales bizarros como símbolos o metáforas de lo que está sucediendo. Es una narración bastante parecida a la de House of Cards, en la que el narrador a veces nos cuenta algo mientras que en segundo plano se está desarrollando algún momento de su vida.

Tomando este recurso bastante inusual para las películas biografías (que se suelen destacar por ser bastante rígidas en su estructura) y teniendo en cuenta la temática fascinante con la que trata, cuesta creer que pasada la media hora inicial de encanto, la película pierde mucho impulso. Nos introduce de inmediato en el mundo del experimento de la obediencia, un experimento inspirado por los hechos del Holocausto y la eterna pregunta de por qué tantas personas fueron capaces de cometer tales atrocidades. En su experimento, Milgram pone a sus sujetos en una posición de poder infligir dolor a otros pero a su vez los coloca bajo la autoridad de un “investigador” que los incita -no obliga- a cumplir con su deber. El experimento busca discernir el grado de culpabilidad que tenemos cuando estamos bajo la impresión de estar siguiendo órdenes y hasta qué punto podemos traicionar nuestra conciencia moral para someternos a la voluntad de una figura autoritaria. Nadie puede negar que esto es en extremo interesante. Sí, y la película nos muestra este y otros experimentos (como el que se relaciona con el concepto de seis grados de separación), pero nunca logra crear momentum ni alcanzar un clímax a nivel dramático. No me termina de convencer Peter Sarsgaard -el hombre con la mirada más lasciva de todo Hollywood- en el papel de Milgram, pero me hizo muy feliz ver a Winona Ryder interpretando a la esposa.

Para los que ya están bastante familiarizados con Stanley y sus experimentos, quizás esta película no tenga demasiado que aportar. Pero siendo asquerosamente idealista, me gustaría pensar que esta película sirve como exposición a un experimento que realmente nos informa muchísimo sobre nuestras motivaciones y formas de actuar y: ¿acaso no es cierto que si estamos un poco más conscientes de lo que nos está sucediendo capaz que tenemos un poquito más de chance de controlarlo? No lo sé, pero me gusta creer que sí.

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3726704/

The One I Love (2014)

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Admito que el género de la comedia romántica es, sin lugar a dudas, uno de los que menos me gustan. En general, todas son un cliché atrás de otro, y aunque yo no soy de esas que esperan encontrar algo verdaderamente novedoso en todo lo que consumen, sí pretendo que si me vas a contar la misma historia de siempre, lo hagas con una buena dosis de sustancia. Pero The One I Love hace más que tener una buena dosis de sustancia, la película tiene una trama muy diferente a todo lo que se suele hacer en el género. Así que, reformulando, no soy nada fan de las comedias románticas, a menos que tengan un toquecito de ciencia ficción.

Debido a la peculiaridad de esta película, voy a omitir entrar en detalles sobre la trama, porque se disfruta muchísimo más sabiendo poco de ella. Basta con decir que la película se centra en una pareja compuesta por Ethan (Mark Duplass) y Sophie (Elisabeth Moss) quienes están yendo a terapia de pareja porque están teniendo algunos problemas. Al inicio de la película su terapeuta les recomienda ir a un retiro en una casa en las afueras de la ciudad y ellos van dispuestos a cualquier cosa para arreglar su relación. Pero el desafío con el que se van a encontrar en la casa es completamente inesperado, pero absolutamente terapéutico, ya que los conduce a preguntarse cosas que son fundamentales para evaluar dónde están cómo pareja, cosas como la forma en que fueron cambiando desde el momento en que se conocieron hasta el presente y otras temáticas que se sienten totalmente auténticas y sinceras.

Cosas que me encantaron: me cayó muy bien Mark Duplass, creo que tiene un sentido del humor inteligente y muy divertido; amé ver a Elisabeth Moss tan distanciada de su personaje de Mad Men, logrando una actuación fascinante, en la que podemos descubrir distintas sutilezas interactuando entre sí de maneras hermosas; otra gran ventaja que tiene es la manera en que el director juega con la comedia, el drama y la fantasía tan armoniosamente, sin jamás perderse en ninguno de los tonos que maneja. Una contra es que los elementos de ciencia ficción, si bien disparan los desarrollos dramáticos que hacen a la película, son manejados torpemente y permanecen en un punto medio incómodo entre coherentemente explicados e intrigantemente obtusos. Pero el balance de la película es más que positivo y no solo se disfruta enormemente sino que además es una de esas películas que se prestan para discutir bastante. Así que si la ves y tenés algo que decir, ¡no te quedes callado!

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2756032/

Entrando al mondo bizarro de Johnny Ramone

Si hay un género literario que me atrae es la autobiografía. Sin duda me tiene que parecer interesante la persona en cuestión, pero ya leer cómo una figura relevante cuenta su historia me atrapa. Me hace reflexionar sobre la perspectiva que tomamos una vez recorrido cierto camino en la vida.

Cuando me refiero a este género, por supuesto que no cuento las autobiografías truchas (esas que fueron escritas completamente por un ghost writer). Tampoco me parece atractivo leer la de una persona muy joven; ¿cuál es la gracia si la persona no puede ver con ojos “sabios” y con cierta distancia el recorrido de su vida/trayectoria/whatever?

Últimamente son las autobiografías de músicos las que más me interesan. A pesar de haber tenido muy buenas experiencias con cada una de ellas, hay una que quizás es la que me resulta más fácil de analizar y recomendar: Commando de John Cummings, a.k.a. Johnny Ramone. Si bien no es la mejor que leí, parece de esas que cumple con su cometido. Esto es esencial a la hora de encontrarle el gusto: está dirigida a los fans de los Ramones. De esta manera, elementos como el diseño del libro, la simpleza pero solidez con la que el guitarrista escribe su historia, y lo que decide contar y lo que decide mantener en silencio es característico de su persona pública.

Commando-Johnny-Ramone

En un principio el libro me generó ciertas dudas por distintas razones. En primer lugar, estaba traducido al español de España. Esto lo veo como un obstáculo a la hora de captar precisamente lo que quiso transmitir el artista, más si es en un idioma en el cual puedo leer (no estoy hablando de la autobiografía de Nietzsche…). En definitiva, entiendo mejor el inglés que esa variedad del español. Más escepticismo me generó el ir leyendo el libro y observar malas traducciones…

Por otro lado, y a pesar de tener un diseño atractivo, la edición de Commando que tengo también tiene errores en el diseño gráfico. Por ejemplo, hay imágenes que aparecen cortadas y mal dispuestas en las páginas. Tengo fe en que es un tema de esta edición y no de la original.

Commando-Johnny-Ramone

¿Ustedes entienden?

Otra cosa que me hizo dudar fue el hecho de que su autobiografía saliera recién en el 2012, ocho años después de su muerte. Me cuesta confiar en un producto cuyo autor ya no está para respaldarlo. Pero averiguando más sobre el tema, me enteré de que el músico había empezado a escribir este libro en 1999, cuando le diagnosticaron cáncer de próstata.

Dejando de lado estos errores, cuando uno lee Commando (incluso en esta decepcionante versión) puede identificar perfectamente a Johnny Ramone expresándose sin censura. Leo los párrafos y encuentro al artista que todo fan de la banda reconocería: un tipo duro, honesto y simple pero con un sentido del humor particular.

En este corto repaso por su vida (¡176 páginas!), Johnny realiza un sintético y simple pantallazo de momentos claves, como su infancia en Queens, la academia militar, la época en la que trabajó en construcción, los conciertos a los que fue, el surgimiento de la banda, etc. No ahonda en detalles personales que quizás son los que más condimentan una autobiografía (o los que más venden), sino que todo parecería girar en torno a su sistema de valores y comportamiento, así como en su esencial rol para el surgimiento y legado de los Ramones. Después de todo, la banda fue su vida y la de todos los involucrados.

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Commando es un claro ejemplo de que no se necesita una narrativa larga, decorada y controversial para ser memorable. Sobre todo, recuerda que la autobiografía de un artista debe serle fiel a este y a sus seguidores. Con respecto a esto último, creo que incluso los más fans conocerán algo nuevo de Johnny, quizás a través de fotos inéditas y graciosas de él y sus amigos. Otra parte interesante del libro son sus anexos, en los que aparecen páginas de su agenda con anotaciones peculiares sobre fechas “importantes”, calificaciones a los distintos álbumes de los Ramones y una sección llamada “Lo mejor de todos los tiempos según Johnny Ramone”, en donde se puede apreciar:

  1. Béisbol
  2. Rocanrol
  3. Política
  4. Elvis
  5. Películas de terror
  6. Cine
  7. Películas de rock
  8. Películas de ciencia ficción
  9. Libros de consulta
  10. Televisión

Además, esta sección está compuesta por una serie de rankings sobre categorías tan random como: “Los mejores jugadores de los noventas”, “Favoritos del Partido Republicano”, “Libros de Elvis” y “Mejores libros de consulta sobre cine”. Sí, es tipo una curaduría de lo bizarro, pero resulta ser mi parte favorita del libro.

Es quizás la última parte del libro (la que sucede durante la etapa final del cáncer) la que más afectará a los fans de los Ramones. Si bien el autor mantiene su fuerza y rebeldía a lo largo de los capítulos, se puede notar que su espíritu se va quebrando hacia el final, cuando las sesiones de quimioterapia y los malestares son más frecuentes. Es como presenciar la caída de un gigante, de una manera dolorosa y lenta. A mí me afectó hasta las lágrimas. Y es por esta demostración de su lado más vulnerable que lo respeto y admiro más.

Tal como tocaba la guitarra, en Commando Johnny Ramone se expresa de la manera más simple pero intensa, y sorprende al lector con su sabiduría, de esa que no se consigue leyendo libros.

Vivien Leigh: de Scarlett O’Hara a Blanche DuBois a mi corazón

Hace muchos años atrás, cuando Facebook todavía era algo que provocaba desconfianza y miedos de identidades robadas y psicópatas acechando tras cada solicitud de amistad (algo que quizás no cambió, pero al menos parece no importarnos tanto), decidí hacerme un perfil con mi fiel alias de Internet que utilizaba para todas las cuentas, un nombre que nunca cambié y que está tan estrechamente asociado conmigo que mucha gente desconoce el nombre que me dio mi madre, para conocerme simplemente como Scarlett. ¿Por qué Scarlett? Scarlett es el nombre de la protagonista de Lo que el viento se llevó, una de mis películas favoritas desde que tengo memoria y la actriz que la interpreta, Vivien Leigh, es una de mis mayores inspiraciones.

Un 5 de noviembre del año 1913 nacía Vivian (en ese entonces con “a”) en la India controlada por Gran Bretaña, hija de padres ingleses. A mí me gusta imaginarme que desde ese entonces se destacaba por arquear su ceja derecha en el gesto más expresivo y memorable que le haya visto a ningún actor. De hecho, fue la inspiración de muchos días pasados frente al espejo tratando de imitar esa arqueda monumental, aunque con éxito muy limitado. Pronto Vivien volvería a Londres donde eventualmente comenzaría su carrera como actriz en su escenario más querido: el teatro. Tiempo después de convertirse en una estrella de Hollywood se la oía decir que no se consideraba una estrella de cine, ella siempre fue tan solo una actriz. En fin, no es mi intención detallar su biografía ni mucho menos, pero sí me gustaría destacar sus dos personajes más memorables: la ante-mencionada heroína de Lo que el viento se llevó, Scarlett O’Hara y la protagonista de Un tranvía llamado deseo, Blance DuBois.

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Lo que el viento se llevó es una película épica (épica de verdad, son 4 horas, pero pasan volando) que trata de la caída de las costumbres y vida sureña de los Estados Unidos luego de la Guerra Civil, todo visto a través de la familia de los O’Hara, especialmente a través de la mirada de Scarlett. Cuando se anunció la producción de esta película, luego del éxito que había sido la publicación de su libro, hubo un gigantesco revuelo entorno a quién interpretaría a Scarlett. Se hicieron incontables audiciones y todas las estrellas del momento luchaban por el papel, pero muy fiel a lo que sería su personaje, fue Vivien la que finalmente se hizo oír por sobre el resto. Interpretar al epítome de una chica sureña (o una “Southern belle”), siendo una actriz mayormente de teatro, casi completamente desconocida y encima británica era como mínimo un desafío como mucho un hito dentro de la historia del cine. Y todo esto que tenía en contra hace tanto más deliciosa su increíble victoria. Nadie que haya visto Lo que el viento se llevó podría siquiera imaginarse a otra persona en el papel.

¿Por qué me gusta tanto su personaje? Porque me parece uno de los personajes más honestos, reales y atrevidos que haya producido Hollywood jamás. Scarlett es una chica a la que le sobran defectos, un personaje que irrita a muchísima gente y una protagonista por la que no todos logran total simpatía, pero nunca pude entender a estas personas. Scarlett es egoísta pero tiene en cuenta el bien común de su familia a largo plazo, es manipuladora y fría, porque debe serlo para sobrevivir en una época en que quedaron arruinados sin nadie que saque a la familia adelante, es interesada y materialista, porque supo lo que es estar muriéndose de hambre y se prometió no volver a sentir eso en su vida, y es una esposa y madre menos que ejemplar porque nunca pudo volver a su rol de persona querida y amada y tuvo que mantenerse siempre en guardia para afrontar el próximo mal que la golpee. Es todas estas cosas, pero también es una joven que pasó de ser la chica más linda del baile -cuya única preocupación era qué ponerse para la fiesta-, a tener que mantener su hogar (estamos hablando de una mansión propiamente dicha, con sus plantaciones y sus esclavos), proteger y alimentar a su familia, y muy decisivamente encargarse de todas las responsabilidades que en un/su mundo ideal, jamás hubiera tenido. Y ella toma todo esto con una energía tan vital, con unas ganas de salir adelante, con una adaptabilidad tan impresionante… la fuerza con que abandona su vieja vida y su vieja yo y su vieja forma de ser mujer para ser esta figura tan fuerte, independiente y valerosa es simplemente avasallante.

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Curiosamente, en Un tranvía llamado deseo también interpreta a una chica sureña, pero en este caso es muy diferente. Ya no es una joven energética y pragmática, sino una señora tan entregada al mundo de los sueños y la fantasía que casi no tiene contacto con la realidad que la rodea. Esta adaptación de Elia Kazan es mucho más conocida por ser el rol que dio a conocer a Marlon Brando, con su remera ajustada, sucia y sudorosa y su energía animal. Brando popularizó el estilo de actuación llamado El Método, un estilo mucho más similar al que estamos acostumbrados hoy en día pero que en 1951 contrastaba muchísimo con las formas clásicas de Vivien. Pero lejos de ser esto un problema, al contrario: Stanley Kowalski, el personaje de Brando, el que se rasga las remeras gritando Stellaaaaa, es un hombre básico, violento, primitivo, pasional, un tipo que derrocha sexualidad, pero al fin y al cabo, un hombre del pueblo. Por el contrario, Blanche es delicada, vulnerable, fantasiosa, una intelectual con la mentalidad frágil de una artista, y los modos más afectados de la actuación clásica de Vivien construyen el personaje como si hubiera sido creado para ella.

Endstation Sehnsucht / Streetcar Named Desire, A USA 1951 Regie: Elia Kazan Darsteller: Marlon Brando, Vivien Leigh Rollen: Stanley Kowalski, Blanche Dubois

¿Por qué me gusta Blanche? Si hay algo que comparte con Scarlett es su pasión, definitivamente no por las mismas cosas, ya que en Scarlett es un sentimiento más terrenal mientras que en Blanche pertenece completamente al mundo de su imaginación. Ella es una idealista, romántica, neurótica hasta la médula, vanidosa (también como Scarlett), una mujer atada a los buenos modos pero completamente inestable, una señora que llega a la casa de su hermana y su cuñado buscando escapar de una vida de promiscuidad y vergüenza que contrastan con cómo se muestra a los demás, pero es su vulnerabilidad que casi parece arder en carne viva lo que la hace un personaje tan fascinante de ver. La vemos deshacerse frente a nuestros ojos, vemos su debilidad, su vanidad sucumbiendo ante su inseguridad, todos los sueños que tenía para sí misma pendiendo de un hilo de inestabilidad mental que, al chocar contra la violencia de Kowalski, se termina haciendo añicos. Es verdaderamente impactante de ver, y más al saber que la propia Vivien Leigh estaba batallando contra su bipolaridad y muchos, incluyéndola a ella misma, admiten que interpretar este desafiante papel (tanto en el teatro como en la película) la acercaron considerablemente a la locura.

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Muchos quisieron encontrarle faltas a la leyenda que es Vivien Leigh: al principio porque su belleza la desacreditaba como actriz, luego porque se casó con Laurence Olivier quien simultáneamente opacaba su llama y ponía en duda el porqué del éxito que comenzó a tener como actriz, y más tarde por su recurrente ansiedad, bipolaridad, depresión y paranoia y la enfermedad que finalmente la mató: tuberculosis crónica. Pero pocas personas me hicieron sentir tanto como Vivien Leigh, pocas veces la ficción ha nutrido tanto mi entendimiento del ser humano: con Vivien aprendí que no hay absolutos, que somos todos diseños en escalas de grises y que siempre alguno de esos grises va a ser hermoso, con Scarlett me hizo creer posible que no importa cuanta mierda te tire la vida y cuan poco preparado estés para lidiar con ella, podés encontrarle la vuelta, que a veces es mejor rendirse por un día para lucharla al siguiente y que otras veces nos encaprichamos tanto con algo que creemos que queremos, que perdemos de vista todo lo que ya logramos; me hizo creer que aunque me obstine en mis equivocaciones y me dé cuenta de mis errores muy tarde, siempre vale la pena intentar corregirlos. De Blanche aprendí que ser generoso con los extraños puede tener mucho más peso del que creemos, que hay que respetar y cuidar la vulnerabilidad de quienes se abren con nosotros, que ser intencionalmente cruel es una de las peores cosas que podemos hacer, y por sobre todas las cosas, que el corazón de un ser humano no es algo lógico que podemos etiquetar y catalogar, sino que es dinámico y fluye y hay que saber acompañarlo.

En fin, este último párrafo me emocionó y con esto me despido, me despido como una Florencia que tiene un poquito de Scarlett, otro poquito de Blanche y otro de Vivien. Y me despido con ganas de que se acerquen, al menos un poquito, a la magia que fue Vivien Leigh.

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