Current Mood: Halloween

Andie Wilkinson(Fotografía: Andie Wilkinson)

Odio cuando mi hermano Charlie se tiene que ir.

Mis padres están todo el tiempo intentando explicarme lo enfermo que está. Dicen que yo tengo suerte de tener un cerebro que tiene químicos que fluyen correctamente, que llegan a sus destinos, como ríos sin represas. Cuando me quejo de lo aburrido que estoy sin un hermanito para jugar, me hacen sentir culpable señalándome el hecho de que el aburrimiento de Charlie sin dudas es mayor que el mío, considerando que a él lo confinan a una habitación oscura de un psiquiátrico.

Siempre les ruego que le den una última oportunidad. Al principio lo hacían, claro. Charlie volvió a casa varias veces, aunque cada una de estas veces fue más corta que la anterior. Todas las veces, sin falta, todo parece comenzar de nuevo. Empezamos a encontrar a los gatos del barrio con los ojos arrancados en el baúl de sus juguetes, las hojas de afeitar de mi padre aparecen en el tobogán de bebés del parque de enfrente, las vitaminas de mamá son reemplazadas por pedazos de pastillas para el lavavajillas. Ahora mis padres están llenos de duda y usan las “últimas oportunidades” muy de vez en cuando. Dicen que su condición lo hace encantador, que le es muy fácil fingir normalidad y engañar a los doctores que lo tratan para que lo dejen salir en rehabilitación. Dicen que para estar a salvo de él, voy a tener que soportar mi aburrimiento.

Odio cuando Charlie se tiene que ir. Me hace tener que fingir ser bueno hasta que vuelva.  

(Traducción de la historia original de horrorinpureform publicada en el subreddit Short Scary Stories.)

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Cuando el terror sale de la pantalla

Halloween es quizás la única fecha comercial que de verdad me parece divertida. Si bien lo festejé pocas veces en mi vida (al menos de la manera convencional), siempre encuentro una forma de celebrarlo. Lo que vengo haciendo en los últimos años es aprovechar esa noche para ver maratones de clásicos del terror. Mientras me preparo para deliberar cuáles quiero ver este 31 de octubre, compartiré algunas anécdotas en las que este tipo de películas dejaron de ser un entretenimiento para transformarse en una verdadera pesadilla, Freddy Krueger style.

THE X-FILES (1993-2002?)

Mi fanatismo con esta serie viene de la infancia; así como era fan de The X-Files también lo era de Frutillita. Particularmente la asocio con las noches de desvelo que sufría durante los veranos que pasaba con mis abuelos y primos en Atlántida, en donde nos quedábamos hasta tarde mirando episodios que habíamos grabado en VHS.

Si bien estaba de vacaciones, el escenario era el contexto perfecto para que mi vulnerabilidad se intensificara: estaba lejos de casa, sin mis padres, viendo cosas que no eran para una niña de mi edad y, para peor, no tenía tele en el cuarto (la cual siempre me tranquilizó).

No eran los extraterrestres lo que me aterraban de The X-Files, sino los capítulos más perturbadores. Haría un post completo de estos, pero mencionaré dos en especial que marcaron mis noches en Atlántida.

El primero en realidad es la combinación de dos episodios de la primera temporada: “Squeeze” y “Tooms”. El expediente X en cuestión trataba del asesino serial mutante Eugene Tooms (sé que “mutante” no suena amenazante, pero créanme que este personaje lo es), quien tenía la capacidad de elastizar, comprimir y enlongar su cuerpo lo suficiente como para pasar por todo tipo de lugar. No solo me perturbaba que este ser pudiera acceder hasta a los sitios más recónditos (lo que significaba que nunca podría llegar a ocultarme de verdad), sino que me alteraba su mirada depredadora, con sus penetrantes ojos de reptil, su sonrisa maníaca, su constante silencio y su asquerosa guarida.

Como si un capítulo con este mutante no fuera suficiente (temporada 1, episodio 3), la historia continúa en el episodio 21, en el que el personaje es liberado de la cárcel. Conocer a Tooms hizo que momentos tan mundanos como darme una ducha, esperar sentada en el auto o dejar la ventana mínimamente abierta fuera más estresante de lo humanamente tolerable.

El otro capítulo que afectó mi experiencia de verano se emitió años después, en las últimas temporadas de la serie. Se llama “Badlaa” (temporada 8, episodio 10), y era nuevamente un asesino pseudo mutante que me dejó sin dormir por días. Se trata de un mendigo de la India a quien le faltan las piernas, por lo que se tiene que trasladar en un una especie de madera con ruedas que lo coloca apenas sobre el nivel del piso. No era su aspecto ni su condición lo que me aterraba, sino su tranquilidad e inexpresividad a la hora de atacar.

Quizás el temor que me generaba era sobre todo producto de la edición, específicamente del sonido. De esta manera, cada vez que escuchaba las oxidadas ruedas del carro del mendigo sabía que algo escalofriante se aproximaba. Era la anticipación lo que hacía que mi corazón latiera más fuerte.

Recuerdo estar acostada, tapada con las sábanas y una manta hasta la cabeza en noches de 30° para dejar de escuchar ese rechinar de ruedas que sentía a lo lejos pero que parecía acercarse. Una de las formas de protegerme contra esta amenaza era dormir en la cucheta de arriba; era mi forma más racional de reaccionar ante este miedo: el mendigo no podría alcanzarme. Quizás si hubiese estado Mulder en esa temporada me habría sentido más segura.

THE RING (2002)

Flashback al año 2003: mi padre trabajaba en México y cada dos meses lo iba a visitar. Vivíamos en una casa grande, con techos altos, habitaciones espaciosas y una larga escalera. Si bien era espectacular, contrastaba mucho con el apartamento de Montevideo, donde todos y todo estaban a pasos de distancia.

Este escenario también propiciaba la intensidad de mis comportamientos obsesivos, sobre todo aquellos que se disparaban por el miedo. Mi cuarto era muy grande, con una ventana del ancho de la habitación, muy luminosa. A pesar de ser espacioso, solo tenía mi cama, la de un acompañante y una tele enorme. Pero también contaba con mi propio vestidor y baño (que era más grande que mi actual cuarto). Toda la experiencia The O.C. a la cual no estaba acostumbrada.

Si bien de día era espectacular, de noche podía resultar abrumador todo ese espacio sin utilizar. No se escuchaba ni un sonido excepto el crujir de las escaleras. Además, el sentimiento de soledad al estar lejos de todo lo conocido no ayudaba. Pero voy al grano: una noche me junté con unas amigas mexicanas a ver The Ring, que recién había salido en DVD. Prometía ser una noche de catarsis comunal y risas. Pero la realidad fue otra.

Inicialmente, el verdadero impacto lo generaron la fotografía y el arte de la película, en el sombrío estado de Washington. Ya todos sabrán de qué se trata la película, si no pueden ver el trailer aquí. Años después vi la versión original japonesa, y si bien me aterró, no me generó el impacto de la remake. Gran parte es por el contexto y momento de mi vida en que las vi. Otra razón es por el tratamiento visual de esta última versión, así como el manejo de los ritmos de la película, desde las escenas hasta la duración de cada toma. ¿Quién no estuvo al borde del infarto con la interminable pero intensa escena en la que Samara sale de la pantalla?

The Ring representó mucho más que una scary movie, significó más de dos meses sin poder dormir normalmente y de revisar mi vestidor incontables veces (lo que hizo despegar mi TOC), ya que tenía miedo que me sucediera como en la película de abrir la puerta y encontrar una chica con el rostro desfigurado. O el pánico que sentía cuando de repente un canal quedaba con ruido en esa pantalla gigante que tenía en el cuarto (lo tomaba como si un amigo de repente se transformara en enemigo). Pero sobre todo, lo que significó esta película fue la evolución de un insomnio a un estado semi depresivo en el que apenas caía la noche mi ansiedad se disparaba.


SAW (2004)

Esta es la anécdota más “reciente” (de hace unos diez años). Me acuerdo que estábamos veraneando con mi familia en Punta del Este (ahora que lo pienso, ¡todo sucede en veranos!), y una noche fui a ver Saw, mejor conocido como El juego del miedo, la primera de la redundante saga.

Más allá de sus aspectos gory, del espeluznante muñeco y su voz, y de los desafíos mortales que se les imponía a las víctimas, el impacto psicológico que tuvo en mí fue increíble. Me acuerdo que volví del cine a la casa que estábamos alquilando y a partir de esa noche empecé a dormir en el living (ya que, nuevamente, ¡mi cuarto no tenía televisión!).

Quizás lo que me perturbaba más era la forma que tenía el asesino Jigsaw de elegir a las víctimas, sus motivos “morales”. Me afectó tanto que empezaba a agradecer en voz alta las cosas que tenía en mi vida, como si Jigsaw estuviera espiándome y viendo en qué desperdiciaba mi existencia para después castigarme.

Además del hecho de que todas estas anécdotas sucedieron en verano, si hay un factor en común que reúnen es mi forma de reaccionar: nunca me quejé, nunca lloré ni fui a buscar ayuda. Me lamentaba cuando caía la noche y esperaba ansiosamente a que se asomara el sol por la ventana. Igualmente, cada vez que mi pánico parecía salir de mi cuerpo me preguntaba a mí misma: ¿por qué este psicópata me elegiría a mí?

A Girl Walks Home Alone at Night (2014)

Tengo tantos sentimientos encontrados con respecto a esta película y están combatiendo tan ferozmente por ser el vencedor que lo que voy a hacer es darle un espacio a cada uno para que diga lo que tenga que decir, y ahí, quizás, decidir cuál es el ganador. Comienzo por el título, que amo, esas cuatro partes de la frase y las pausas que uno hace, irremediablemente, al leerla, ya tienen algo de creepy y fantástico: a girl… walks home… aloneat night. Pero si bien la película trata de una chica vampira que se pasea por las calles de un pequeño pueblo de Irán, llamado Bad City (de ese nombre que se parece mucho a Sin City sí que no soy fan), acechando a posibles víctimas y conquistándolos medio que a modo de sirena, sin moverse casi de su lugar, suplantando el canto por un atractivo poderoso, la película tiene poco de atemorizante. Eso es medio que una lástima.

a girl walks home alone at night

En paralelo a nuestra solitaria protagonista, interpretada por Sheila Vand de una manera hipnotizante, tenemos a Arash (interpretado por Arash Marandi, de talento mediocre pero atractivo superlativo), una especie de James Dean del medio oriente, un tipo solitario que vive con su padre adicto y parece no tener mucha vida social a pesar de ser una bomba sexual. Nuestros protagonistas pronto se cruzan en una historia que podría resumirse en apenas dos o tres líneas, y conectan de una manera especial, según nos quiere hacer creer la directora/escritora Ana Lily Amirpour, pero a mí nunca me termina de convencer esta relación, y este es el motivo principal de la parte negativa de mis sentimientos encontrados.

No hay mucho más que agregar en cuanto a trama, hay algún personaje más pero cada uno parece sacado de una película de occidente, recortado y pegado en esta, como un collage. Es un buen trabajo de recorte y pegue, a no confundirse, la directora logra unirlos de una manera muy armoniosa, pero me hubiera gustado que le agregara más de sí misma. La banda sonora ecléctica (y, sinceramente, fenomenal) contrasta con la puesta en escena de una manera interesante pero que muchas veces intenta demasiado acercarse a sus influencias hollywoodenses. La fotografía en blanco y negro es un ejercicio en estilo, pero qué agradable que les quedó a la vista. Expresionista, de sombras profundas y contrastes espectaculares, las imágenes son hermosas y las tomas largas y el slow motion ayudan a cementar una estética que es sin lugar a dudas lo más atractivo del filme.

a girl walks home alone at night arash vampire

Admito que el guión me parece bastante flojo, pero esto no quiere decir que no tenga nada redimible. Al contrario, hay varias escenas que se destacan muchísimo (el encuentro con el niño en la calle; el encuentro entre la vampira y Arash cuando este último está drogado hasta las patas) y además, hay algo muy renovador en ver una película cuya historia se desarrolla en un país como Irán (aunque fue filmada en California), dirigida por una mujer descendiente de iraníes y que retrata a la sociedad (y en especial la juventud) de una manera, bueno, muy contraria a lo que uno tiende a ver en las producciones de este país (te hablo a vos, Kiarostami). En particular se destaca el reverso de roles entre el hombre y la mujer: la protagonista parece ser una especie de antiheroína que lucha en contra de los daños de la sociedad patriarcal, un aspecto de la película que es en extremo interesante pero que lamentablemente pasa a segundo plano en la segunda mitad del filme.

Esta producción distribuida por Vice (obvio) y producida por Elijah Wood (¿qué?) es el debut de la directora y en parte por eso no sería justo ser demasiado severa. Luce y se oye espectacular, y tiene más de una escena bastante inolvidable (el baile seductor del dealer y clon del pibe de Die Antwoord es otra muy buena que no había mencionado) y sus connotaciones feministas en un contexto en que tan rara vez se ha manifestado es algo digno de felicitar, pero al final de cuentas se confía demasiado en sus elecciones estilísticas y profundiza muy poco en la mayoría de sus temas. Los historias de los personajes secundarios se cierran (o no) a las apuradas y la de los protagonistas, bueno, lo dejo a su criterio si les convence su resolución. A mí muy poco. Pero con estas consideraciones tenidas en cuenta, es un esfuerzo que vale la pena mirar, porque si es para mirar algo tan lindo como esto, ¿por qué no, no?

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2326554/

Recordando el día número 20.000 de Nick Cave

Antes de comenzar con mis comentarios sobre esta película, debo aclarar que si no sos fan de Nick Cave o no te atrae el misticismo de este hombre, quizás 20,000 Days on Earth no sea de tu mayor interés. Para quienes sí lo conocemos (¡y somos fans!), significa más que una mirada documental de su vida: es una ventana hacia su lado más vulnerable, tanto desde el punto de vista personal como artístico; una de esas piezas que te ponen la piel de gallina.

Este “documental dramático” no está destinado a difundir la obra del australiano, ni hace foco en detalles jugosos de su vida privada (aunque decepciona que ni se mencione su relación con PJ Harvey…). A través de la narrativa única que caracteriza a Cave, la película desarrolla de manera ficticia lo que sería su día número 20.000 en la Tierra, en el que el artista nos invita a recorrer por los distintos rincones de sus pensamientos y sentimientos, y aprovecha para rememorar algunos de los momentos más significativos de su carrera.

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20,000 Days on Earth oscila delicadamente entre la ficción y el documental. Así, más que un famoso a conocer, Nick Cave se convierte en un personaje a descubrir. En lo que parecería ser un día ordinario en su vida, se lo muestra en su rutina de esposo, padre y artista, destacando momentos de la creación del álbum que se encontraba produciendo en aquel momento: Push the Sky Away (2013), que funciona perfectamente como banda sonora del documental. Pero obviamente, y como no podría ser de otra forma tratándose de Cave, esta presentación de “un día en la vida de…” no es convencional, no es un especial a lo Oprah o Diane Sawyer. Quizás es el miedo por perder su memoria lo que lo motiva a exponerse de esta manera; una forma controlada de registrar sus vivencias y pensamientos para siempre.

Si bien 20,000 Days on Earth cuenta con una fotografía espectacular, en donde cada escena, plano y toma acompaña de manera poética lo que narra el músico, se nos presenta al personaje principal y secundarios de una manera muy espontánea. Por ejemplo, en las numerosas escenas en las que él maneja por Brighton, sentimos que estamos en el asiento del pasajero escuchando sus reflexiones.

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Uno de los momentos más magnéticos de la película es cuando el protagonista mantiene una típica sesión de psicoanálisis, en la que discute acerca de las raíces de algunos de sus pensamientos, comportamientos y principales inspiraciones. Si bien esta es una escena, la apertura del músico hacia las cuestiones más profundas de su vida se mantiene durante hora y media con nosotros, los espectadores. Como resultado, Nick Cave se expresa desde un punto de vista natural y vulnerable, pero nosotros lo recibimos como pura sabiduría. Aquí un ejemplo inspirador, que significó el motor de la redacción de este artículo:

To act on a bad idea is better than to not act at all. Because the worth of the idea never becomes apparent until you do it. Sometimes this idea can be the smallest thing in the world, a little flame that you hunch over and cup with your hand, and pray will not be extinguished by all the storm that howls about it. If you could hold onto that flame, great things can be constructed around it, that are massive and powerful and world changing, all held up by the tiniest of ideas.

Este punto de vista introspectivo se puede apreciar en el que quizás es el recurso más experimental del documental: las apariciones de importantes colaboradores de la carrera del músico (como la espectacular Kylie Minogue), pero desde un planteamiento espectral (o levemente esquizofrénico, si seguimos por la línea psicológica), como fantasmas del pasado que vuelven para cerrar asuntos pendientes con él.

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Quizás no te atraiga la figura de Nick Cave, ni su música, ni explorar esta forma original de presentar cinematográficamente la figura de un ícono, pero si sentís curiosidad por el problema del arte y su musa, esta es una oportunidad ideal para conocer el proceso de creación de uno de los artistas contemporáneos más míticos. La disciplina y exigencia de Cave ante una historia, un personaje, una idea, una canción o una melodía inspira, ya que no sentimos que estamos ante la presencia de un genio demostrando su sabiduría a lo Dalí, sino ante un hombre apasionado en busca de la revelación de la esencia del mundo que lo rodea:

In the end, I am not interested in that which I fully understand. The words I’ve written over the years are just a veneer. There are truths that lie beneath the surface of the words, truths that rise up without warning like the humps of a sea monster, and then disappear. What performance and song is to me is finding a way to tempt the monster to the surface. To create a space where the creature can break through what is real and what is known to us. This shimmering space, where imagination and reality intercept, this is where all love and tears and joy exist. And this is the place, this is where we live.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2920540/

Dos películas de ciencia ficción que se potencian con la sustancia

Ex Machina (2015)

Cuando me puse a mirar Ex Machina de inmediato me di cuenta que era todo lo que quería ver en ese momento: un guión altamente metafísico, una banda sonora perturbadora y una atmósfera inquietante, tres elementos que se conjugan de una manera fascinante para crear una película que perdura en la mente tiempo después de haber finalizado. El filme tiene como protagonista a Caleb (interpretado por el pelirrojo Domhnall Gleeson quien me cayó horrible en Frank y también en About Time, pero que aquí logra redimirse), un joven programador que es seleccionado para participar en un experimento de inteligencia artificial que promete cambiar al mundo.

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En tan solo minutos, el director nos coloca en la casa del excéntrico científico a cargo de este desarrollo tecnológico, un tipo que vive aislado en una casa subterránea y que es siempre desafiante, inestable y, sin lugar a dudas, un genio. Nathan es interpretado por Oscar Isaac, a quien nunca había visto en un papel así y amé, es una actuación extremadamente carismática, peligrosa y llena de energía, y definitivamente es una parte fundamental del éxito de la película. Nathan dio origen a Ava (nombre poco sutil, pero se perdona), quien bien podría ser la primera muestra de verdadera inteligencia artificial en el mundo, pero para demostrarlo, Nathan recluta a Caleb para que lleve a cabo el test de Turing (sí, el mismo Turing de la película The Imitation Game). El test de Turing consiste en una serie de conversaciones con la “máquina” para determinar si esta realmente puede pasar por un ser humano. Las conversaciones entre Caleb y Ava (interpretada a la perfección por la sueca Alicia Vikander) son probablemente la parte más atractiva de la película, y mucho recae en la actuación de Vikander, que logra combinar movimientos e impresiones propias de lo que reconoceríamos como una máquina, con reacciones y sentimientos que provocan una empatía real, no solo en Caleb, sino en nosotros mismos.

Tengo sentimientos encontrados con el guión. Por un lado, creo que el guionista y director Alex Garland hace abuso de nuestra suspensión de incredulidad. Hay más de un aspecto del desarrollo de la trama que se derrumba ante el análisis, pero en mi caso yo se las perdono porque estos problemas tenían que ver con las cosas más mecánicas y poco interesantes de la historia, algunas de las cuales pueden afectar el arco dramático principal pero no tanto. Por otro lado, los temas presentados en el guión, aquellos que tienen que ver con exploraciones más filosóficas, como la naturaleza de la existencia, qué nos hace humanos, qué queremos decir con “consciencia”, así como un sinfín de dilemas éticos, estos tienden a ser satisfactorios o, como mínimo, buen alimento para la reflexión.

Este es uno de los temas más comunes dentro del género de la ciencia ficción y si bien no podría decir que Ex Machina se destaca por su originalidad, sí sobresale por la complejidad de su guión, la muy bien lograda minimalista y calustrofóbica estética, el talento del elenco, los excelentes efectos especiales y, como suelo destacar como dentro de mis cosas favoritas, lo consistentemente tenso y alarmante de su atmósfera.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0470752/

Coherence (2013)

Para disfrutar Coherence es necesario perdonarle algunas cosas. Es una película de muy bajo presupuesto, filmada en tan solo 5 días y con diálogos mayormente improvisados. La cámara es la omnipresente shaky-cam, así que a los que tienen propensidad para las nauseas, les recomiendo abstenerse. No posee un elenco reconocible, salvo Xander de Buffy (también llamado Nicholas Brendon) y, como Ex Machina, a veces pide demasiado de nosotros, en especial cuando las acciones de los personajes son un poquito demasiado difíciles de creer, pero obviando estas faltas, es una película sumamente entretenida, que tiene una energía increíble que no pierde intensidad en sus 90 minutos de duración, y que te deja la mente dando vueltas.

coherence

Me voy a limitar a dar una muy breve descripción de la trama, porque cuanto menos sabés de esta, más fascinante es ver cómo se va desarrollando: un grupo de amigos y parejas que oscilan los 40 años se juntan a cenar la misma noche en que un cometa va a pasar muy cercano a la tierra. Ni bien comienza la película, comienzan a experimentar eventos que parecen sobrenaturales, y esto va en aumento a medida que avanza la noche, provocando tensión entre los amigos y una historia cogementes (mindfuck?) para la audiencia. Este es el debut del escritor y director James Ward Byrkit y la verdad es que es una excelente forma de comenzar su carrera. Es un guión intrincado que recompensa a los más atentos al detalle y que si bien tiene giros inesperados, es muy satisfactorio porque nunca se aleja demasiado de la coherencia (guiñada, guiñada) como para perdernos completamente. Es como un primo lejano de una idea que podría haber sido de Buñuel (como El ángel exterminador El discreto encanto de la burguesía), pero con la paranoia elevada a su máxima potencia.

Veredicto: 7/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2866360/ 

Las vibrantes ilustraciones en Paint de Miranda Lorikeet

Miranda Lorikeet es una artista nacida en Sydney que se dedica a hacer ilustraciones en el viejo y querido Paint. Esto limita sus herramientas, pero no su creatividad. Su obra impacta y sorprende de inmediato, por su deliciosa paleta de colores que a menudo tiende a gradientes de rosados, por su concepción de lo femenino en relación y armonía con la naturaleza y por su vibrante sensualidad.

Sus ilustraciones transmiten paz y estados reflexivos, y suelen tener como protagonistas a mujeres desnudas contemplativas pero fuertes y seguras de sí mismas, en paisajes que casi siempre contienen un cuerpo de agua y una figura astral que interactúa con la protagonista. Las líneas de sus cuerpos dibujan portes dignos y llenos de gracia, de una delicadeza sensible y hermosa.

Adoro la celebración de lo femenino, la desinhibición, la ponderación y la destilación hasta lo más básico del diseño y de la exploración del alma humana.

También conocida como Lazy Bones, Miranda publica su obra en un tumblr, alternando con textos propios, fotos y respuestas a las preguntas que le hacen sus seguidores. Para los interesados en su proceso, vean este posteo de su blog.

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Blood Moon 

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Reject/Dissect

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Poolside Views (un dibujo de cuando te vas de una fiesta para estar sola un rato)

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Give it a Whirl/Diamon and Pearl (un dibujo sobre observar algo despareciendo lentamente)

miranda-lorikeet-rose-cliffRose/Cliff (un dibujo sobre encontrar algo y dejarlo ir)

Current Mood: Scully y Sagan, sentados bajo un árbol

the-x-files-scully-gillian-anderson-herrenvolkNo ocurre nada en contradicción con la naturaleza, solo en contradicción con lo que sabemos de ella.”

“En la ciencia suele ocurrir que un científico diga: “¿sabés qué?, ese es un muy buen argumento, yo estaba equivocado” y luego de esto cambie de opinión y desde ese momento no vuelva a mencionar su antigua posición. Realmente sucede. No sucede tan frecuentemente como debería, ya que los científicos también son humanos y a veces, el cambio es doloroso. Pero sucede todos los días. No recuerdo la última vez que pasó algo así en política o religión.” – Carl Sagan