3 excelentes indies del 2017

Good Time (2017)

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Todavía me acuerdo cuando el nombre Robert Pattinson me provocaba rechazo. Le costó trabajo pero a esta altura creo que el actor de Twilight ha logrado desvincularse de la vergüenza que acarrea asociarse con la trilogía del horror y consagrarse como uno de los mejores y más interesantes actores de su generación. Digo “interesante” porque admiro su vocación por elegir proyectos desafiantes y fuera de lo mainstream y por suerte en la mayoría de los casos, estos proyectos terminan siendo películas excelentes en sí mismas. Además de comentarles un poco de Good Time, de los hermanos directores Ben y Joshua Safdie, los jóvenes favoritos de Cannes a quien el actor mismo contactó para pedirles trabajar juntos, me gustaría mencionarles que The Lost City of Z es otra muy buena película en la que participó Pattinson el año pasado y vale la pena buscarla. Pero vayamos a Good Time, un proyecto que nació a partir de un reciclado de personajes e ideas que tenían los Safdie quienes además quisieron crear un personaje distinto para el actor, en lugar de darle un papel sombrío y melancólico, como suele interpretar, le dieron exactamente lo opuesto: Pattinson interpreta a Connie, un estafador carismático y energético hasta el punto del frenesí. La trama gira en torno a Connie y su hermano, interpretado por Ben, uno de los directores, quienes se mandan un robo en el cual el personaje de Ben es apresado. En consecuencia, Connie hará lo posible por liberarlo. Toda la trama transcurre en el correr de un día y es de una tensión insoportable. Tiene algo de la energía frenética de Victoria: los directores no están interesados en darnos un respiro, seguimos a Connie en sus planes cada vez más desesperados y descabellados contagiándonos de su nerviosismo mientras reflexionamos sobre sus intenciones y código moral hasta que esa intención en apariencia noble de rescatar a su hermano se va tiñendo de los encuentros que tiene Pattinson con otros a quienes usa y abusa de una manera desagradable. Good Time es una de mis experiencias cinematográficas favoritas del último año y una excelente forma de mostrarles a otros lo que es vivir en un constante estado de ansiedad.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt4846232/

The Florida Project (2017)

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Con The Florida Project, el director Sean Baker se consagró a mis ojos como unos de los directores más interesantes de su generación. Luego de regalarnos la maravillosa Tangerine, vuelve con otra obra maestra en cine humanista. Esta vez cambiamos California por Florida, y en lugar de contrastar el glamour y decadencia Hollywoodense con las otras realidades que conviven en Los Angeles, contrasta a la población local de bajos recursos con el lugar de sueños visitado por millones de personas cada año. La presencia de Walt Disney World, el epítome de la felicidad y la fantasía para tantas personas, tan cerca del hogar de la pequeña Moonee (Brooklyn Prince es una revelación) funciona como el subtexto de esta historia que tiene como protagonistas a una niña y su joven madre, luchando por vivir semana a semana en una habitación de motel dirigido por Bobby, un hombre de buen corazón y gigantesca paciencia (Willem Dafoe en uno de los mejores papeles que ha hecho recientemente). No es una película muy preocupada por tener una trama, es más bien un recuento de las mundanidades de la vida de estos personajes pero Baker logra una atmósfera hipnotizante mientras nos sumerge en sus vidas. Igualmente, su mayor logro como realizador es su sensibilidad: jamás percibimos una gota de explotación o morbo por la miseria de los personajes que retrata en sus películas, y si bien no evade las partes más crudas de sus vidas, nos regala momentos de auténtica belleza y joie de vivre, nuevamente, sin pecar de excesivo romanticismo o sentimentalismo. El final puede parecer un poco discordante, y no solo porque fue filmado con celular, pero a mí me embargó de emoción tanto por su significado en el contexto de la película como por ser una manifestación de creatividad verdaderamente inspiradora.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5649144/

Beach Rats (2017)

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Beach Rats es muy mi tipo de película. Como la anterior, es una película bastante ligera en términos de trama y también retrata el verano de un personaje. En este caso nos vamos hacia Brooklyn, donde nuestro protagonista Frankie (Harris Dickinson en una actuación sutil y profundamente humanista) vive sus días fumando porro con su grupo de amigos (que no parecen tan amigos), su noviecita (con la que tampoco conecta) y los veteranos con los que se contacta por Internet y conoce en la noche. La directora Eliza Hittman retrata a Frankie con increíble delicadeza y empatía, le rehuye a gritarnos en la cara las diversas temáticas que está encarando, más bien se esfuerza por crear una atmósfera de un realismo extremo que sofoca y explota de soledad, transmitiéndonos los estados mentales del protagonista a través de tomas largas y silenciosas, interrumpidas ocasionalmente por diálogos minimalistas y sonidos atmosféricos. No es necesario que Frankie hable para que entendamos lo que está sintiendo y eso, entre otros aspectos magistrales de la dirección de Hittman, elevan al filme a una de las más destacadas del año. Hay pocas películas que logran adentrarse tan bien en la psiquis de un personaje de manera tan sutil como la de Hittman, la vergüenza, confusión y culpa de Frankie producen una empatía devastadora y dan ganas de meternos en la pantalla y decirle que lo entendemos. Al final, parece que conocemos a Frankie más de lo que Frankie se conoce a sí mismo. Muero de ganas de saber lo que hará Hittman luego.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt6303866/

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MONFIC 2017: Call Me by Your Name

Es una sensación especial cuando vas a ver una de tus películas más esperadas del año. Es necesario mantener cierto control sobre nuestro entusiasmo para que la experiencia de verla sea una experiencia de verla y no una experiencia de compararla con lo que esperábamos que fuera. Por otro lado, tampoco podemos callar ese entusiasmo del todo, lo cual significa que a veces uno va más dispuesto a perdonarle alguna falta o a dejarse llevar por sus emociones más fuertes y eso tampoco es tan grave. En este caso, había escuchado bastante sobre la película, nada en términos de detalle, pero sí con suficientes superlativos de gente de confianza como para que estuviera en riesgo de terminar decepcionándome. Afortunadamente, esto no ocurrió y terminé viendo una de las mejores películas del año.

Las dos horas y pico de película en realidad cuentan con poco de historia: es una premisa sencilla que se desencadena con hipnotizante languidez y busca más colocarnos en un estado mental específico y dentro de un ambiente especial. Elio es un pibe de 17 años que lleva una vida bastante peculiar: es un chico con una muy rica vida intelectual a quien vemos hablar francés, inglés e italiano de manera intercambiable, transcribe música como pasatiempo y por supuesto también es un ávido lector. No por eso cae en los estereotipos de intelectuales con desmedida torpeza social o timidez pero está claro que su vida emocional y social no ha tenido tanto desarrollo como la de su intelecto. Sucede que mientras veranea en Italia con sus padres (que no dejan de ser casi tan fascinantes como él), le debe ceder su cuarto a un profesor estadounidense invitado del padre a quedarse por unas semanas a trabajar y vivir con ellos. Oliver (Armie Hammer) es una figura arrebatadora para nuestro joven Elio (así como para todo el pueblito de Italia o al menos eso parece): alto y hermoso, inteligente y sensible, espontáneo y seguro de sí mismo, Oliver es un enigma y un objeto de fascinación para Elio.

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Si bien Call Me by Your Name es, entre otras cosas, una historia de amor, el director Guadagnino (quien nos había dado otra película de verano con A Bigger Splash) se toma su tiempo en acercar a sus protagonistas: vemos viñeta tras viñeta de sus pequeñas interacciones o de momentos en que Elio lo observa casi que hasta antropológicamente y es a través del punto de vista de Elio que percibimos a Oliver, quien al principio parece hasta distante y soberbio pero pronto llegaremos a conocer más íntimamente. Estos pequeños momentos están retratados a la perfección: con una sensualidad que va en aumento y un contraste maravilloso entre los cuerpos y personalidades de sus protagonistas. Pero aquí me detendré porque no quiero contar mucho más de la anécdota ya que es un verdadero placer ver el crescendo constante que se sucede ante nosotros.

En su punto más básico es una historia conocida: un intenso amor de verano con mucho de lo que esto implica. Pero la película es mucho más que una historia de amor: es una historia de coming-of-ageuna madurez que es dada por el descubrimiento del amor y, en consecuencia, el descubrimiento de una identidad. Una de las cosas que me pareció más interesante del filme es la naturaleza interna de los conflictos; si bien la película está ambientada en los 80 y salir del closet era entendiblemente bastante más complejo que hoy en día, el guión omite centrarse en las presiones sociales, que igualmente repercuten en el comportamiento de los personajes, sin duda, para dedicar su atención al coraje que implica el acto de amar y de entregarse completamente a la experiencia de amar a otra persona. El coraje de Elio en amar a Oliver de la forma en que lo hace, con todo su corazón y con toda la euforia y pena que esto conlleva es verdaderamente hermoso, y no sería posible sin la fantástica actuación de Chalamet que brinda una pureza y autenticidad electrizante a la película y que logra que el trayecto de Elio sea devastadoramente agridulce. Se ha comparado su actuación con la de Exarchopoulos en La vie d’Adele y no es difícil ver por qué (aunque en mi opinión hay muy pocas actuaciones que puedan tocar la de Adele en esa película).

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Si la película tiene, quizás, una falta (además del trabajo de edición que me pareció un poco torpe), es que es un mundo en apariencia demasiado perfecto. Hasta los aspectos más tristes y trágicos de la historia vienen acompañados de una contrapartida de una belleza e idealismo utópicos. Estos son personajes tan hermosos, tan cultivados, tan ricos en intelecto y en espíritu, tan privilegiados en sus experiencias que quizás puedan alienar a algunos miembros de la audiencia. Pero permitamos por un momento inhibir nuestro cinismo y dejémonos llevar por la pureza de sentimientos que nos regala la película.

En conclusión, siento que Call Me by Your Name es una de esas películas que te nace catalogar como hermosas. No solo porque los paisajes de Italia son, efectivamente, bellísimos y porque además son fotografiados con tremenda habilidad, sino porque es una película que inspira sentimientos muy lindos. Sí, la forma en que se desarrolla la historia de amor entre Elio y Oliver es emocionante desde todo punto de vista, pero, asimismo, la película no trata únicamente sobre encontrar el amor, sino de encontrase a uno mismo a través de una experiencia real de amor y eso la hace doblemente conmovedora. Es una historia emotiva, desgarradoramente honesta y un festín tanto para nuestros sentidos como para nuestro corazón. Así que, por si todavía no fue obvio, vayan a verla que no decepciona.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5726616/

MONFIC 2017: Zama

Tras 9 años de espera vuelve Lucrecia Martel con una película que llegó a necesitar la colaboración de más de 16 productoras internacionales para finalizarse. Cuesta imaginarse la cantidad de obstáculos, trámites y pormenores a los que se habrá tenido que enfrentar Martel para concretar esta ambiciosa adaptación de la novela homónima de Antonio di Benedetto, pero al ver la película, el solo conocimiento de estas dificultades se torna doblemente curioso y hasta irónico, dado que refleja bastante fielmente las peripecias del personaje principal del filme.

Porque Zama gira en torno a Don Diego de Zama, un asesor letrado ubicado temporalmente en Paraguay en el siglo XXVIII, que busca desesperadamente ser transferido a otra ciudad para poder reunirse con su esposa e hijos a quienes no ve hace años. Esta es la trama de la película, engañadoramente sencilla, pero como con toda película de Martel, la trama es tan solo uno de los múltiples niveles de lectura del filme. La lucha de Zama contra el aparato burocrático que lo retiene allí es por momentos hilarante y por otros frustrante; también resulta en que la película esté prácticamente estática en sus primeros 90 minutos. Pero que pase poco no quiere decir que la película sea fácil de seguir. Martel crea una narrativa oscura y no se preocupa por explicar en detalle las relaciones entre los personajes ni en adentrarse demasiado en el aparato imperialista con su doble cabeza administrativa y católica que tantos obstáculos le pone a nuestro desgraciado protagonista, más bien busca brindarnos impresiones abstractas a través de viñetas que se siguen unas a otras.

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Lo que hace la directora es conjugar todos estos elementos en planos construidos con una precisión maravillosa: planos en los que se respira una opresión agobiante, donde los personajes están confinados a espacios pequeños, a menudo cortadas sus cabezas o cuerpos, y atiborrados de otros elementos que oficialmente catalogaríamos de secundarios pero nutren tanto el mundo del filme que pasan a ser tan importantes como Zama mismo: rostros de esclavos realizando labores básicas y mecánicas, personas atrapadas entre dos identidades -la familiar y la impuesta-, rostros que son los protagonistas del mundo nativo que se cuela por los planos, en una silenciosa revolución contra la fiebre imperialista, y que tiene quizás su expresión más surreal e hilarante en la intromisión de una llama desvergonzada que nos distrae de los objetivos del pobre Zama.

Estas interacciones entre varios planos de significado serían considerablemente menos efectivas sin el magnífico trabajo de sonido de Guido Berenblum (habitual colaborador de Martel) que eleva la película a una experiencia multisensorial en la que los ritmos de una escena son dictados por los sonidos mecánicos de un esclavo ventilando a su jefa y el estado psicológico del protagonista nos es comunicado por la insistencia de los sonidos de ambiente que hasta logran opacar las conversaciones que ocurren en varias escenas. Como el pez que es repudiado por el agua y vive en constante lucha por permanecer en ella, el aparato imperialista se obstina con insertarse en un lugar que lo repele eternamente, no necesariamente en actos de violencia protestante, sino en esas pequeñas revoluciones identitarias, que irrevocablemente se alejan de sus raíces pero jamás se asimilan completamente a la imposición extranjera.

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El último trecho del filme nos saca un poco de ese trance febril para llevarnos a una caótica aventura por los paisajes más salvajes del filme, en donde un evento se sigue a otro sin demasiada transición ni explicación, y vemos como una nueva inercia se apodera del protagonista, no ya las desventuras burocráticas a lo Kafka sino la persecución de ese villano omnipresente que al principio parecía relegado a un plano secundario pero que de repente cobra impulso narrativo, quizás como un último intento desesperado por adueñarse de cierta agencia o de al menos escapar del laberinto administrativo de una vez, aunque ese escape llegue, tal vez, con la muerte.

En conclusión, Zama termina de cementar a Martel como una de las mejores directoras de las últimas décadas. Quizás su voz desentona en algunos oídos, pero es innegable que no hay nadie que cante como ella. Con Zama se aleja un poco de las narrativas más modernas que habían ocupado su carrera, pero sus películas siguen siendo más que nada una experiencia, en donde lo visual y auditivo se conjugan para crear pasajes hipnotizantes y de una pluralidad interpretativa que hace que las películas sigan construyéndose en nuestro imaginario tiempo después de haberlas visto.

Veredicto: 9/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt3409848/

 

El impacto emocional de The Leftovers

Estoy sorprendida: ya me ha había pasado pero no deja de sorprenderme lo difícil que es escribir sobre algo que amo con pasión si lo comparo con escribir sobre algo de lo que puedo ofrecer más racionalidad. Pero en realidad no debería sorprenderme. ¿Qué tiene de extraño que sea difícil articular un sentimiento tan intenso? Limitarlo y restringirlo a las palabras que elijo, porque utilizar el lenguaje es delimitar, y en ocasiones como estas, cuando lo que queremos describir se siente tan expansivo, cada palabra que utilizamos es reducirlo un poquito más. Dicho esto, soy fan del lenguaje, así que acepto el desafío de intentar convertir esa sustancia amorfa de sentimientos en un lenguaje digerido, con el propósito de que vos, quizás, puedas eventualmente sentir lo mismo, o tu versión de lo mismo.

En esta oportunidad les vengo a contar sobre una hermosa serie de HBO que por estos lados pasó prácticamente desapercibida. Se llama The Leftovers (lo que podría traducirse como “las sobras”), un nombre que recuerdo me causó muchísimo rechazo y me alejó de la serie hasta que un par de recomendaciones me convencieron de darle una oportunidad, cuando la serie llevaba ya dos temporadas y estaba en producción para la tercera y última. También me preocupaba que la serie fuera co-creada por Damon Lindelof, un hombre que me generó sentimientos encontrados en el mundo de la televisión, como a muchos de ustedes seguro que también: Lindelof es uno de los creadores de LOST y uno de los principales escritores de la serie, y a pesar de que es una de las primeras series televisivas que me impactó muy sinceramente, hubo muchos elementos que me provocaron extrema frustración y hasta enojo.

Además, The Leftovers tiene parecidos con LOST. Ambas series juegan con misterios aparentemente sin respuestas, pero mientras que en LOST estos misterios a menudo eran los protagonistas y la solución a los enigmas se presentaba como uno de los atractivos de la serie (lo que condujo a una de las principales frustraciones cuando muchos de estos recibieron explicaciones pobres o quedaron sin resolver), en The Leftovers esos misterios funcionan únicamente como catalizadores para los personajes, los cuales siempre tienen el foco principal. El mayor de estos misterios, que es otra manera de decir el mayor catalizador de la serie, es su premisa original: The Leftovers comienza con un mundo igual al nuestro pero en el que ocurrió una especie de apocalipsis. Sucede que de un día para el otro, sin previo aviso (aunque en el universo de la serie esto es debatible), el 2% de la población mundial desaparece instantáneamente. Y es así como lo describo, sin importar lo que estaban haciendo, ese 2% dejó de existir, al menos en este plano. Por supuesto que a esto le sigue un gran WTF.

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La serie comienza tres años después de este acontecimiento al que nombran “the Sudden Departure” (en español lo he visto por ahí como “el abandono repentino”) o “the Rapture” (el Arrebatamiento), para aquellos que lo asocian con mitología cristiana, y justamente lidia con las repercusiones de este devastador momento para la humanidad. Si bien tenemos algunas pistas sobre cómo se manejó la catástrofe a nivel global, Lindelof y Perrota (el autor del libro en el que se basa la primera temporada y co-creador de la serie) elijen mostrarnos las consecuencias que tuvo en un selecto grupo de personajes. Y es así que llegamos a la familia Garvey, encabezados por Kevin (Justin Theroux), su esposa Laurie (Amy Brenneman) y sus hijos Tommy (Chris Zylka) y Jill (Margaret Qualley). Kevin es el jefe de policía en el pequeño pueblo de Mapleton, New York, tras haber heredado el cargo luego de que su padre, Kevin Sr. (Scott Glenn) aparentemente perdiera la cabeza. Aunque Kevin fue uno de los afortunados que no perdió un miembro de su familia en la Sudden Departure, su vida fue, como la de todo el mundo, completamente afectada por el evento. Para empezar, su esposa Laurie abandonó la familia y se unió a uno de los tantos cultos que nacen a partir de la catástrofe, “the Guilty Remnant” (“los Culpables Remanentes”), una secta misteriosa de gente que se viste de blanco, no habla y fuma un cigarro tras otro, cuya misión tal cual la describen ellos es que la gente no olvide lo que pasó. Por otro lado, Tommy está a la deriva, acompañando a una de las tantas figuras salvadoras que se alzan como mitos para brindar consuelo al 98% que quedaron; en este caso, Tommy sigue a Magic Wayne, un hombre que dice poder quitarte todas tus penas con tan solo un abrazo. Y Jill, aún viviendo en la casa familiar junto a Kevin, es una adolescente con un nivel de nihilismo y apatía bastante mayor a lo normal.

Por otro lado, también en el pueblo de Mapleton, tenemos a quien considero el corazón de la serie, Nora Durst (Carrie Coon). Nora es lo que en el show se llama una triple legacy (de legado), lo que significa que perdió a tres personas en la SD, a su esposo y a sus dos hijos. Su hermano, Matt Jamison (Christopher Eccleston) es un cura que también se vio afectado por la SD, la cual fue -de modo indirecto- responsable por la parálisis total de su esposa Mary, a quien sin embargo cuida a diario con verdadero amor. Redondeando el elenco principal con el que comenzamos la serie, tenemos a Meg (Liv Tyler), una mujer que está siendo cortejada por los Guilty Remnant y a Patti Levin (Ann Dowd), quien parece ser una de las líderes del culto en el pueblo de Mapleton, aunque según ellos, no tienen líderes.

Así que, como les comenté antes, si esta serie no trata tanto de los misterios, es porque decide entregarse completamente a estos personajes (y algunos otros que aparecerán más adelante). Los misterios, las cosas extrañas que condimentan la serie por aquí y por allá (como el caso de los perros sin dueños que andan en jaurías, las figuras que dicen lograr milagros, las señales que perciben los personajes, las aventuras por el más allá reales o imaginadas y por supuesto la naturaleza de la Sudden Departure en sí misma, entre muchos otros) no dejan de ser fascinantes y tener su importancia no solo por la atmósfera intrigante y casi que espiritual que generan sino porque hacen que los personajes confronten duras verdades sobre sí mismos hasta movilizarlos a encontrar algún significado que los satisfaga.

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Porque mucho en The Leftovers trata sobre esto, personajes que se encuentran perdidos de diversas maneras, algunos por estar luchando contra una pérdida que es demasiado dura para superar, otros porque necesitan encontrar una explicación para lo que sucedió -así como sucedió esto, pudo haber sucedido cualquier otra cosa-, otros porque no pueden continuar con sus vidas sin un propósito especial y otros que, por alguna razón, no pueden explicarse porque no son felices. O quizás sea una combinación de todas estas cosas. Y, no sé ustedes, pero se me ocurren pocas cosas con las que puedo empatizar más. Esta maravillosa sensación de empatía es uno de los grandes fuertes de The Leftovers y lo que hace que la experiencia de mirarla sea tan catártica; ver a estos personajes atravesar estas emociones de forma tan cruda y real, verlos sufriendo por no poder conectar con otros plenamente, por balancearse peligrosamente entre los mitos y realidades que luchan por el control de su mente, por construirse una historia que los ayude a dormir de noche -de forma masiva con las religiones y cultos pero también de forma más personal-, en fin, verlos sufriendo de cualquier forma sintiéndome ya tan conectada con ellos, sintiendo tan desesperadamente que los entiendo y que veo su dolor, qué decirles, es imposible no llorar.

Y lloro no necesariamente porque The Leftovers logra personajes tan reales y los coloca en situaciones verdaderamente tristes y porque estos parecen personas de verdad y me dan pena, no es necesariamente que me den pena, sino que en su lucha reconozco mi propia lucha, en sus intentos por responder a esas preguntas, por superar esos obstáculos que se interponen entre ellos y algún semblante de paz y felicidad y conexión con aquellos que queremos, reconozco mi propia búsqueda, una búsqueda que quizás me lleva por paisajes diferentes, pero que en definitiva busca lo mismo y sufre decepciones similares, miedos compartidos, autoboicots y por sobre todas las cosas, incertidumbre. Y a través de ese proceso catártico de ver a estos personajes episodio a episodio, a la par que conectamos con ellos y aprendemos a quererlos, sentimos como nuestros sentimientos y vivencias del mundo real son validadas.

Es por esto, también, que la música en The Leftovers es tan importante. Las composiciones de Max Richter tienen un poder descomunal de conectarnos con nuestros sentimientos más íntimos, de volvernos más comprensivos, más humanos. No se sorprendan de que en YouTube hay un submundo de videos con escenas del cine y la televisión reeditadas con la música de la serie, y es fascinante ver cómo logran cambiar nuestra perspectiva, cómo nos mueven a ir más allá de los que vemos en la superficie, de entender al otro por la suma de experiencias y pensamientos y sentimientos que es. Max Richter no es el único que presta su maestría técnica a la serie; esta no sería nada sin sus maravillosos escritores (incluyendo a Lindelof) que se esfuerzan por brindarnos personajes complejos y multidimensionales, que no le tienen miedo ni al absurdo ni a la incertidumbre, que nos invitan a ese mundo no para frustranos sino para que nos entreguemos y podamos ver más allá de las superficies. También me gustaría destacar la labor de la directora Mimi Leder, quien dirige varios episodios con un talento innato para evocar emociones y construir imágenes inolvidables.

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Finalmente, es el elenco, las caras y cuerpos de esos seres sufrientes y hermosos y reales, que nos terminan de conectar con sus historias. De verdad creo que puede ser el pico de las carreras de varios de estos actores, y destaco tan solo a un grupo para no aburrirlos con tantos superlativos: el Kevin de Justin Theroux, un personaje masculino que se aleja muchísimo de los clichés a los que estamos acostumbrados, un hombre que quizás no sea brillante, ni un héroe ni un villano, pero que intenta tan sinceramente ser bueno y poder entregarse a sentir amor y paz con su familia, un hombre que muestra tantas vulnerabilidades pero que no puede evitar guardarse algunas porque teme que lo alejarían de todo lo que ama; la Nora de Carrie Coon, una mujer aguerrida e independiente, una mujer que se fuerza a seguir adelante tras la peor tragedia que podía haberle ocurrido, una mujer que busca por reencontrase con alguna de sus identidades perdidas, una mujer que quiere aceptar salidas fáciles pero que no se permite dejarse engañar, una mujer que no se deja pisotear, una mujer que tiene que decidir arriesgarse a amar otra vez; la Patti de Ann Dowd, lo más cercano a un villano que nos da la serie, que logra ser amenazante, fría, graciosa y, para mi sorpresa, absolutamente desgarradora; y el Matt de Christopher Eccleston, un líder religioso sin pretensiones de superioridad, un hombre que pone a sus compañeros humanos antes que a un rígido código de valores, un hombre cuyo amor no tiene límites.

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The Leftovers no es una serie fácil de ver, no se presta tanto para el binge a menos que seas una masoquista emocional como yo, pero es una de las obras artísticas que me ha hablado más sobre lo que significa ser humano y sentir las cosas que siento. La primera temporada es especialmente dura en cuanto a que los personajes están aún con las heridas bien abiertas, pero no por esto reniega del sentido del humor seco y absurdo que caracteriza a la serie. La segunda temporada es una de las obras maestras de la televisión, conjugando la intensidad emotiva de la primera con episodios más arriesgados y surreales, alimentando la parte mitológica de la serie sin dejar de concentrarse en sus personajes; y la tercera, aunque más corta y por eso quizás enfocada en un grupo todavía más selecto de los mismos personajes, le da un cierre maravilloso y altamente satisfactorio a sus historias, especialmente a nuestra historia principal, una historia de amor y aceptación.

Me parece que no hace falta convencerlos más de que The Leftovers es una de las series más hermosas que vi en mi vida, pero quizás todavía me falte convencerlos de que le den una chance. Y aquí se encuentra un poco la dificultad, porque The Leftovers, es, en realidad, difícil de recomendar; no es, a pesar de todo, una serie para cualquiera. Como cuando empezás terapia, es una serie que precisa de tu entrega completa, que confíes en su proceso. Pero si te gustan las atmósferas misteriosas cargadas de simbolismos, si sos más de las preguntas que de las respuestas y no te molesta no entender todo lo que pasa, si valorás el desarrollo de los personajes por sobre todas las cosas, si tenés un gusto por lo surreal y, por sobre todas las cosas, si te gusta llorar desconsoladamente, entonces quizás encuentres en The Leftovers lo mismo que yo: una obra poderosa, inteligente, catártica y magistral. Una obra maestra.

Veredicto: 10/10
IMDb:
 http://www.imdb.com/title/tt2699128/

Blade Runner 2049 (2017)

Cuando voy a ver una película, me gusta hacerlo con la mente abierta; pero en la mayoría de los casos, es imposible escapar de los pre-conceptos y prejuicios que se generan de forma automática antes de verla. Cuanto menos sabés de la película, por supuesto, es más fácil rehuirles, pero debo decir que esto no me pasa casi nunca así que el desafío -y pasa en el cine, pasa en la vida, pasa en TNT- es no permitir que estos prejuicios nublen nuestro juicio final. Con Blade Runner 2049 manejaba altas expectativas por dos motivos principales: 1. la película original del 82 dirigida por Ridley Scott es una de mis favoritas y 2. el director de esta secuela, Denis Villeneuve, ha tenido una carrera bastante estelar hasta la fecha y estuvo a cargo de mi película favorita del 2016: ArrivalTodo esto sin mencionar que el trailer me polenteó hasta niveles descomunales, convenciéndome de que difícil que alguien supere el trabajo de Roger Deakins a nivel de fotografía: sí, exagerado, ¿pero acaso vieron el trailer? O SEA.

Entonces, ¿cuál es el veredicto? Blade Runner 2049 es una muy buena película pero por ahora no va a destronar a ninguna de mis favoritas de mis listas. Empecemos con una breve reseña de la anécdota: esta vez volvemos a seguir a un blade runner (una especie de policía que se encarga de rastrear y matar replicants -seres creados artificialmente que apenas se distinguen de los humanos biológicos-) llamado K (Ryan Gosling), quien es asignado a un caso que va ganando complejidad a medida que avanza la película, hasta llevarlo a desentrañar una red de secretos que involucran al blade runner de la película original, Deckard (Harrison Ford). Esta búsqueda hará que K recorra un montón de tierras nuevas de la California futurista, expandiendo así el mundo creado por la original, sumándole a las oscuras callejuelas de Los Angeles iluminadas por neón, otras ciudades abandonadas o en ruinas y bañadas por una luz amarilla que te deja sin aliento. Esta expansión del mundo juega un poco a favor y otro en contra, porque si bien la distingue de la original y nos regala imágenes verdaderamente avasallantes, arruina un poco la atmósfera claustrofóbica y pestilente que tenía la original.

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Pero Deakins retrata todos estos territorios de una forma tan hermosa e impactante que es difícil quejarse, no debe haber escena en la película en la que no podríamos pausar, imprimir y encuadrar, gracias al sentido estético de este genio y al equipo detrás del arte de la película. Sin duda que este es uno de los puntos más altos del filme. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de la banda sonora, un elemento inolvidable de la original (compuesto por Vangelis), pero que aquí no logra destacarse y hasta desaparece por trechos largos de la película. Esta nueva banda sonora fue compuesta por la dupla de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, pero originalmente iba a estar a cargo de Johan Johansson, el usual colaborador de Villeneuve, y me quedé con tremendas ganas de saber qué habría hecho él con el material.

Así que dijimos que a nivel visual tenemos una película que expande el universo de la original; esto mismo sucede a nivel de guión. Se nota el respeto que tiene el director por la original, pero a su vez no teme tomar ciertos de los temas de la película de Scott (quien, dicho sea de paso, es el productor de esta nueva entrega) y aportarles nuevos significados. Se toma su tiempito para hacerlo, con 2 horas y 40 minutos de duración, la película tiene bastantes más diálogos que su predecesora, y en algunos casos esto funciona de maravilla, como el aspecto de la historia de amor de K con otro ser artificial (una maravillosa Ana de Armas) muy a lo Her, que resulta a la vez fascinante y conmovedor, pero en otros genera unas trabas en el ritmo de la película, afectando su dinamismo, como el caso de las escenas de Jared Leto quien se dedica a monologar incesantemente escupiendo algunas de las ideas de la película ya masticadas para nuestra comodidad. Cabe hacer una mención especial a la antagonista de K, otra replicant interpretada con magistral frialdad por Sylvia Hoeks (mi MVP del elenco) y a la jefa de nuestro blade runner, otra mujer bien dotada para la calculada frialdad, la inigualable Robin Wright.

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Como hizo con Arrival, Villeneuve logra una combinación maravillosa de temáticas que se complementan las unas con las otras y que tienen algo para interesarnos a todos, pero en el centro del filme, hay un motivador principal que me pareció de una universalidad tremenda. K, como todos nosotros, busca ser alguien y ese alguien no puede ser alguien del montón, K busca un propósito y un significado para su vida; dicho sencillamente, K busca y desea ser especial, ser el héroe de la película, ser el elegido, el Frodo, el Harry Potter, el Anakin, el Neo (claro que esto es un tropo hecho y derecho), algo que, quizás en menor escala, muchos de nosotros hemos sentido, que somos diferentes, que somos Alguien con mayúscula. Queda descubrir si K es este ser a menudo profético o si deberá enfrentarse con la realidad que vivimos cuando maduramos, si es que llegamos a ese punto, y nos damos cuenta que somos tan solo una parte de la historia, pero que esto no significa que no tenemos algo que contribuir.

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En definitiva, Blade Runner 2049 es una película ambiciosa y otra gran obra de quien se está convirtiendo en uno de mis directores favoritos. Por momentos esta ambición la lleva por el mal camino, alargando la película innecesariamente, entorpeciendo su ritmo un poco y expandiendo el universo del filme de Scott con osadía, maravillándonos con estas nuevas imágenes pero también haciéndonos añorar el microcosmos de la precursora del que tanto dependía su carácter hipnótico. Sus ideas son elevadas aunque no todas son exploradas satisfactoriamente y aunque por aquí y por allá hay ciertos momentos de verdadera emoción, resulta un poco demasiado fría y calculada, casi que hasta muy prolija para ser la heredera de Blade Runner. Pero es una película fascinante que me atrevo a decir solo ganará puntos con cada nueva visita y si tienen la chance de verla en la gran pantalla, no lo duden ni un segundo, porque si hay algo que sí está a nivel de obra maestra, es la fotografía de Roger Deakins.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1856101/

mother! (2017)

Si ya escuchaste hablar de mother! seguramente ya te enteraste de la extrema controversia que la rodea. Es tal la controversia que Paramount -el estudio que la produjo- se vio forzado a publicar una declaración en defensa de la película, que, entre otras duras críticas, recibió un puntaje de F en Cinemascore, una empresa que se encarga de medir el atractivo de las películas según la recepción del público; F, por supuesto, es el puntaje mínimo y solo existen 19 películas que lo recibieron hasta la fecha. Dicho esto, aquellos que estén familiarizados con la filmografía de Aronofsky, que incluye películas como Requiem por un sueño El cisne negro, estarán acostumbrados al estilo a menudo claustrofóbico y agresivo del director y salvando ciertas afiliaciones religiosas que puedan sensibilizarlos a algunas de las temáticas manejadas por la película, no encontré en esta película nada mucho más grave de lo que se sufre con Requiem.

Primero, unas palabras para quienes todavía no la vieron: la película comienza presentándonos a una pareja sin nombres, compuesta por Jennifer Lawrence y Javier Bardem (de entrada podemos ofendernos por la diferencia de edad, por supuesto, hecho que es remarcado por otro personaje más adelante, denotando cierta auto-conciencia). Viven en una enorme casa aislada que está en vías de remodelación: ella se encarga de las reparaciones y mejoras, él es una especie de artista/escritor/poeta. Su tranquila existencia es pronto interrumpida por un hombre (Ed Harris) que resulta ser el primero de muchos invitados no-invitados que recibirán en la casa, muy a pesar de ella, y que les ocasionarán bastantes problemas, culminando en una serie de eventos perturbadores y violentos retratados con elevada precisión técnica y resignado sufrimiento en el joven rostro de Lawrence.

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Decir mucho más que esto es spoilear, algo que no solemos hacer en Club Silencio pero que no tiene mucha gracia evitar en el caso de cubrir esta película, así es que lo que sigue es un comentario plagado de spoilers con mis reflexiones, así que los espero cuando la hayan visto o si son masocas del spoiler, prosigan bajo su propio riesgo.

————–SPOILERS————–

Bueno, bienvenidos, ¡reflexionemos entonces! No avanza mucho la película hasta que te das cuenta que se trata de una alegoría. Yo no soy ninguna experta en religión ni mucho menos la Biblia pero hay ciertos elementos y pistas que podemos reconocer casi todos. Creo que la primera señal irrefutable que tuve de que la película retrata eventos bíblios fue cuando Lawrence chusmea al personaje de Ed Harris vomitando y se ve que tiene una herida en la costilla -Adán-; poco después aparece su esposa -Eva-, interpretada por Michelle Pfeiffer, quien está caracterizada por un aire de corrupción demasiado evidente y quien invadirá una zona prohibida (¿el Paraíso?) en búsqueda de un objeto brillante que yo interpreté como un símbolo de la fruta prohibida. Una vez roto este objeto, la humanidad representada por Adán y Eva es expulsada del Paraíso e inmediatamente se los ve teniendo sexo. Acto seguido, aparecen sus hijos, Caín y Abel, y como nos cuenta la historia, Caín mata a Abel. Demás está decir que el artista, el creador y poeta, es Dios, y la mujer, la que crea la casa, es Madre Naturaleza, que cuida y crea el hogar, el Planeta Tierra. Hasta ahora todo esto resulta bastante obvio y directo y la alegoría de Aronofsky parece funcionar. Por supuesto que hay otros elementos a los que el director seguramente les atribuye simbolismos pero que a mí se me escaparon, como la sustancia amarilla que toma ella o el encendedor de Harris.

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A partir de la muerte de Abel, las cosas se empiezan a ir a la mierda. La sangre derramada se cuela por el piso como la sangre ácida de Alien. Empieza a caer más gente a la casa, generando más destrucción y perturbando la paz de la pareja. En cierto momento, ella le recrimina que nunca tienen sexo y tras un avance sexual de Él que resulta bastante problemático y rozando en el abuso, finalmente tienen sexo y a la mañana siguiente ella despierta embarazada. El embarazo trae felicidad a la pareja e inspiración al artista, quien se pone a escribir su obra maestra (¿los 10 mandamientos?) . Tras su publicación, el éxito de la obra atrae a un montón de gente a la casa y aquí comienza el alargado clímax de la película, una serie de eventos que escalan en violencia, hasta culminar en batallas entre personas, destrucción masiva de la casa/Tierra y violencia contra Madre Naturaleza. Eventualmente la cruel humanidad hasta termina matando y devorándose a Jesús, en una desagradable representación de aquello de “comer el cuerpo de Cristo”.

Todo esto es a nivel alegórico, por supuesto, pero es una alegoría que no es sugerida sino martillada en nuestros cerebros. La idea central parecería ser recordarnos el mal que le hicimos y le hacemos a la naturaleza y a nuestro planeta, como si la seguidilla de huracanes, tsunamis, terremotos y demás no fuera suficiente. Pero bueno, seamos justos con Aronofsky, si una gran parte de la población todavía no cree en el cambio climático, incluyendo quien es considerado el hombre más poderoso del mundo, el presidente de Estados Unidos, entonces quizás tan obvio no es. Pero uno podría cuestionar la alegoría a nivel literal, porque, seamos francos, no funciona a este nivel: casa de artista invadida por fans que terminan tirando bombas, golpeando a su mujer y matando y devorando a su bebé impunemente no suena particularmente verosímil. Así que la película solo debería ser interpretada desde su punto de vista alegórico.

¿Y qué vemos en esta alegoría? Vemos a un dios en extremo pelele y pasivo, nada parecido al dios bíblico conocido por tener arrebatos de furia, matar bebés y probar a sus creyentes de las formas más crueles habidas y por haber. Este dios hace poco y nada para proteger a su mujer, su hogar o su bebé y está más que dispuesto a perdonar a la humanidad y darles oportunidad tras oportunidad. Por otro lado, tenemos a la humanidad. ¿Se les ocurre acaso una representación más misántropa de nuestra existencia que la propuesta por Aronofsky? O sea, tranquis, estoy de acuerdo con que somos bastante una mierda y arruinamos nuestro hogar, pero la humanidad en mother! no tiene una sola cualidad que nos redima. Y sí, probablemente es intencional porque nada en mother! es sutil y todo está exagerado hasta su punto más extremo para provocarnos rechazo, disgusto y shock. La reacción visceral que nos provoca la película es justamente la forma que tiene de insistir con su mensaje. Pero estos extremos resultan hasta infantiles.

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Elegir este contexto bíblico y en particular al personaje de la Madre Naturaleza, interpretada por una de las actrices favoritas del mundo actual, nos invita a sentir todavía más repudio. Algunos verán la violencia contra el personaje de Lawrence como otra oportunidad en la que un director hombre utiliza a su musa femenina como la víctima de actos horribles y podrán atribuirle tonos misóginos. De hecho, la película se sirve de ciertos clichés relacionados, por ejemplo, con conflictos entre parejas heterosexuales (las necesidades de él por sobre las de ella), o con agresiones machistas del día a día de toda mujer (recibir insultos como “puta” cuando rechazamos avances); estos elementos pueden servir para generar una conexión con la audiencia a favor del personaje femenino, o bien pueden alejar a muchos de mother!;  pero en mi caso, terminaron mezclando los niveles de significado que maneja la película.

Desde otro punto de vista, está el concepto de “creación”. ¿El hecho de poder crear algo justifica el hacerlo? El director como creador, a un nivel más personal, podría estar cuestionándose estas cosas. ¿Cuáles son las repercusiones de nuestras creaciones y deberíamos tenerlas en cuenta? El dios Bardem parecería no preocuparse por estas cosas sino que tiene una necesidad de crear y nunca nada le será suficiente. El “nada es suficiente”, además, se presenta como una reflexión a varios niveles: ella da y da, pero para él nunca es suficiente; él crea y crea pero nunca es suficiente; nosotros tomamos y tomamos de la Tierra, pero nunca es suficiente. Entonces, ¿es una crítica contra la sociedad judeo-cristiana patriarcal, es un mensaje anti-capitalista, es una reflexión sobre el poder de la creación o es una defensa del medio ambiente? Probablemente sea todas estas cosas, y de ahí que queda claro que es una película ambiciosa, pero queda en nosotros definir si logra lidiar con todas estas temáticas de forma efectiva o si se queda por el camino.

En mi opinión, a pesar de que considero que Aronofsky está manejando una destreza técnica elevada (cabe mencionar que yo sentí una falta de música para rematar ese ambiente claustrofóbico y repleto de ansiedad de la película, algo así como lo que Jonny Greenwood ha hecho para Paul Thomas Anderson) y que Lawrence está muy efectiva en el papel principal, la película resulta demasiado entreverada -y considerablemente básica- en la presentación de sus temáticas, más como una fábula de terror para atemorizar niños que otra cosa. Eso sí, es de esas películas que da para conversar y resultan más entretenidas de discutir o de escribir que de mirar, por eso sabrán disculpar la verborragia y los spoilers. ¡Ahora a seguirla!

Veredicto: 6/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5109784/

Dunkirk (2017)

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La verdad es que no sé por qué demoré tanto en ir a ver Dunkirk (Dunkerque en español). No le encuentro razón (bueno, sí, a lo mejor fue por el estrés del día a día y por haberme obsesionado con Shameless UK), porque en definitiva se trata de una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, realizada por uno de mis directores favoritos y protagonizada por dos de mis actores predilectos: Cillian Murphy y Tom Hardy. Tampoco me puedo olvidar que está Hans Zimmer, un maestro de la composición musical que casi me convence de comprar sus clases de Masterclass.

Pero bueno, la fui a ver, con expectativas pero también temiendo de que se tratara de otra película sentimental de esa temática. Y no es que haya problema con el sentimentalismo, se entiende que fue uno de los principales horrores (o el principal, quién soy yo para juzgarlo) del siglo XX. Siempre tuve fascinación con esa guerra, debo haber visto decenas de documentales y leído muchísimo sobre el tema, pero a veces, cuando uno va al cine, quiere veralgo nuevo. Y ese algo nuevo me lo dio Dunkirk.

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A pesar de mi atracción por el tema, sabía poco sobre Dunkerque, la batalla entre los Aliados y los nazis en el sitio francés del nombre de la película. Este fue el lugar donde las Fuerzas Armadas británicas se vieron rodeadas y atrapadas en la costa francesa por la Alemania nazi desde el 26 de mayo hasta el 4 de junio de 1940, hasta que lograron una inverosímil evacuación hacia el Reino Unido gracias a la honorable participación de pequeñas embarcaciones (como yates, botes pesqueros, etc.). Sin embargo, lo que parece hasta milagroso cuando se lee, se termina convirtiendo en una proeza en la película. ¿Por qué? Porque Nolan, como el maestro que es en guion y en dirección gracias a su manejo de los tiempos y lugares de la narración, nos muestra la batalla a través de tres tiempos y lugares distintos: una semana en la tierra por parte del desesperado Ejército británico, un día en el mar desde la perspectiva de los civiles que iban en yate a rescatarlos, y una hora en el aire a través de los ojos de la concentrada Fuerza Aérea. El manejo de la relación tiempo-lugar se hace de tal manera que no llega a confundir, ya a la media hora uno ve la magia de la narrativa de la película y de cómo todo se va conectando perfectamente, hasta completar el puzzle, un juego que Nolan parecería hacer sin esfuerzo.

Por otra parte, si bien muchas personas juzgan una película por sus actuaciones, en Dunkirk son muy buenas pero ninguna se destaca en particular (es decir, no hay de esas actuaciones súper dramáticas que les encanta a los de la Academia), y eso no es en vano. Acá se nos presentan a los británicos en supervivencia. No hay una historia detrás de cada personaje (excepto la del pobre George, un ayudante del yate), ellos son todos hombres de guerra, con la mente atenta para sobrevivir pero con el ánimo a punto de colapsar. Y eso es necesario para hacer que brille la magia de la película, el ingrediente Nolan. Un ingrediente que no tendría tal sabor sin la presencia de uno de sus principales colaboradores: Hans Zimmer. No hay mucho más para decir de la banda sonora que no se haya dicho antes sobre el trabajo del compositor: cómo parecería crear los ritmos de la película, acentuar los momentos de tensión y transmitir la inquietud de una calma que no va a perdurar demasiado. Pero acá Zimmer se destaca por incorporar los sonidos naturales de la costa y el mar, así como los industriales de los ataques en el aire, de los barcos y de las bombas, de los torpedos y de las ametralladoras, y la lista continúa. Si no fuera porque nadie se puede imaginar lo estresante y doloroso que debe ser estar en esa posición, parecería que hemos encontrado una posible banda sonora de lo que es estar en fuego cruzado.

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Otra novedad que me percaté al prenderse las luces del cine fue que en ningún momento se mostró la presencia del enemigo, de los nazis. Además, en ningún momento se buscó demonizarlos. En Dunkirk vemos cómo funciona la guerra, táctica a táctica, de una manera fría. Por otro lado, se da por entendido que la dirección de fotografía no decepciona, trabajo del suizo Hoyte Van Hoytema, que ha hecho la cinematografía de películas como Her (2013), Interstellar (2014) y Spectre (2015), así como la del video/campaña publicitaria de la fragancia “Kenzo World” (2016), que al parecer todos mis conocidos compartieron en sus redes. Puede que en el filme no existan tomas inolvidables como la de Apocalypse Now (1979) y sus palmeras incendiadas con napalm mientras suena “This is the End” de The Doors, o la escena perturbadora de la masacre de los soldados americanos en Normandía de Saving Private Ryan (1998); pero de todos modos pude sentir el frío de la costa francesa, la humedad de los uniformes mojados, la claustrofobia de un buque militar y la soledad que se vive en el aire. Por eso, y la música, es que Dunkirk es mejor apreciada en un cine.

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Sin embargo, no todo superó mis expectativas, y esto es algo que me viene sucediendo con Nolan y su trabajo como guionista. Algunos diálogos son demasiado simples e incluso caen en la búsqueda por generar momentos conmovedores, que debo aclarar que no son de mis favoritos. Pero bueno, se trata de una película bélica, en donde uno de los mensajes muy bien podría ser que todos, incluso los simples pescadores, quieren pelear por su país, y ese es un mensaje positivo imposible de desaprovechar. Además, después de todo, es una película de guerra, y en la guerra los diálogos son simples y precisos, ¿no?

En conclusión, Dunkirk es una película bélica, pero sobre todo, es una de supervivencia. Nos invita a formar parte de una batalla que duró casi diez días en 105 minutos, y hace que uno quiera salir corriendo a investigar un poco más sobre Dunkerque. Si eso no es entretenimiento, no sé qué lo es.

Veredicto: 8/10
IMDb: http://www.imdb.com/title/tt5013056/